jueves, 14 de marzo de 2013

Jesús entrega las llaves a san Pedro


Jesús entrega las llaves a san Pedro, 1481. Obra de Perugino
Fresco, 3,3 x 5,5 m.
Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Uno de los muros de la capilla Sixtina, donde ayer eligieron al al sucesor de Pedro, representa la entrega de las llaves del Reino de los cielos por parte de Jesús a san Pedro, después que éste lo manifieste como el Hijo de Dios. El evangelista san Mateo nos lo narra de esta manera.
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les dijo: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»
Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerán contra ella.
A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
Mateo 16, 13 - 20

Hoy la Iglesia celebra con gozo la elección del nuevo Papa Francisco y reza por él para que confiese a Cristo con verdad y decisión. Un Papa que, como sucesor de Pedro, posiblemente tenga momentos de oscuridad y abatimiento aunque con la ayuda del Espíritu Santo pensamos y rogamos será capaz de llevar la barca de Pedro a buen puerto, a pesar de que agitadas aguas y oscuras tormentas amenacen con hundirla. Un Papa que, entregando su vida por Cristo, nos aliente con su ejemplo en el combate contra el mal y nos consuele ante la dificultad que tantas veces conlleva creer y defender la verdad. 

“Un papa no está solo, dijo su antecesor Benedicto XVI, cuando guía la barca de Pedro, incluso si es su primera responsabilidad. Yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino. El Señor me ha puesto al lado a tantas personas que con generosidad, y amor a Dios y a la Iglesia, me ayudaron y estuvieron cerca de mí”. Y nosotros rezaremos por el nuevo papa para sostenerlo con nuestra oración, como ayer nos enseñaba a rezar juntos en su primera alocución publica.

Amar a la Iglesia, decía Benedicto XVI, significa también tener el coraje de hacer elecciones difíciles, sufridas y poniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no a nosotros mismos”. Porque la Iglesia es de Cristo no pertenece a nadie sino que somos un cuerpo en Él y todos nosotros, defendiéndola,  a ella defendemos a quien nos ha enviado.

"Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, y especialmente en los tiempos difíciles, (proseguia el Papa Benedicto). Nunca perdamos esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo”. El estará ahí siempre en la dificultad sosteniendo con amor a quien da todo por seguirle, animando y fortaleciendo a su siervo fiel.

Que el Señor le bendiga, Santidad, y que lo llene de fuerza en este ministerio que ahora comienza


miércoles, 13 de marzo de 2013

La elección del papa


La elección del papa, San Buenaventura en el Concilio de Lyon. 1629. Obra de Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo,  239 x 222 cm
Staatliche Kunstsammlungen, Dresde. Alemania

En estos días en que estamos asistiendo a la elección del nuevo papa, me viene a la memoria este cuadro, que hace a referencia al concilio de Lyon II,  en el que se publicó la bula Ubi Periculum en la cual se establecía que los cardenales electores debían reunirse después de diez días tras la muerte del Papa, en total aislamiento y encerrados bajo llave, cum clavis (cónclave) para deliberar y elegir al nuevo sucesor de Pedro.
Zurbarán pintó varios episodios de la vida de San Buenaventura, como este en que se ve a San Buenaventura asistiendo al concilio de Lyon. En esta ocasión nos presenta al santo franciscano desvestido de sus dignidades cardenalicias terrenas, rezando y meditando. Tiene el problema de decidir el sucesor del papa y se encuentra arrodillado frente a la tiara. Un ángel se le aparece y parece que es quien le revela la decisión adecuada ante este trance electoral. Fuera, un grupo de cardenales y obispos, meditan también sobre el asunto que, como cabía esperar, será resuelto por la inspiración divina.

El Papa es la cabeza suprema de la Iglesia católica, siendo la persona que tiene la primacía de jurisdicción así como el honor sobre toda la Iglesia. Como máximo representante de la Iglesia de Roma, el Papa tiene los títulos de Sucesor del Apóstol Pedro, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo y Metropolitano de la Provincia de Roma, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Las disposiciones del Papa, enseñanzas, se imparten de determinadas formas. Su palabra se extiende por el mundo católico por medio de encíclicas, cartas apostólicas, mensajes, discursos, etc., y en algunas ocasiones como definiciones doctrinales infalibles.

El Papa reúne en su persona y cargo los poderes legislativo, judicial y administrativo.

Ilustración de la "Crónica Villani"
Coronación de Clemente V. S. XIV
Que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales en estos momentos y sea Él quien los inspire a la hora de elegir a quien ha de guiar la iglesia en los próximos tiempos.


martes, 12 de marzo de 2013

Milagro en la piscina de Betesda


La curación del paralítico. ca. 1630 Obra de Pedro Orrente
Óleo sobre lienzo. 135x180,3cm.
Catedral de Orihuela, Murcia. España

Hoy el evangelista san Juan en su recorrido hacia la pasión del Señor nos muestra el tercer signo, la curación del paralitico en la piscina de Betesda. Este signo de curación milagrosa nos muestra a Cristo como luz poderosa y palabra que vivifica frente al obsoleto judaismo que había llegado ya al limite. Jesús es la luz que ilumina al hombre que espera la intervención misericordiosa y vivificante de Dios.

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
- «¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó:
- «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.»
Jesús le dice:
- «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
- «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
Él les contestó:
- «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron:
- «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
- «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
Juan 5, 1-3. 5-16


El autor de este cuadro Pedro Orrente hace de enlace entre las escuelas castellana y valenciana, cultivando el cuadro de género de tipo bassanesco, bien puramente pastoril o justificado por un tema bíblico. El empleo de la iluminación está inspirado en la escuela veneciana mientras que en las tonalidades rojizas se presenta deudor de Ribalta. Por este tipo de trabajos, Orrente recibió el sobrenombre del Bassano español.
El emotivo momento descrito por el evangelista San Juan, al narrar el instante en que el ángel removía las aguas de la piscina Probática, fuerza la intensidad dramática de las figuras, construidas como poderosas masas esculpidas en un escenario monumental y las líneas dominantes de la perspectiva, con un fondo de cielo de atardecer que muestra la acertada incorporación que Orrente hace de los modos venecianos.

lunes, 11 de marzo de 2013

Jesús y el centurión


Jesús y el centurión, 1571. Obra de Paolo Veronese
Óleo sobre lienzo. 192 x 297 cm
Museo del Prado, Madrid. España

El evangelio de hoy narra la historia de un milagro en el que Cristo devuelve la vida y la confianza. En el evangelio de Juan 4, 43-54 narra los hechos de manera clara y san Agustín comentando este evangelio nos dice:
Así pues, carísimos, aceptad mi opinión sobre este punto, sin menoscabo de que vosotros opinéis algo mejor. De hecho, todos tenemos un único Maestro y somos condiscípulos en una única escuela. Esto, pues, opino, y ved si no es verdadero o se acerca a la verdad lo que opino. Dos días estuvo en Samaría, y creyeron en él los samaritanos; ¡tantos días estuvo en Galilea, y los galileos no creyeron en él! Rehaced o repasad con la memoria la lectura y el sermón del día de ayer: llegó a Samaría, donde lo había predicado primero la mujer con quien había hablado de misterios grandes junto al pozo de Jacob. Tras verlo y oírlo, los samaritanos creyeron en él por la palabra de la mujer, y por la palabra de él creyeron con más firmeza y en mayor número. Así está escrito. Empleados allí dos días —número de días por el que se encomia el número de los dos preceptos, de los cuales dos preceptos pende la Ley entera y los Profetas, como recordáis que en el día de ayer encomié—, partió a Galilea y vino a la ciudad de Caná de Galilea, donde del agua hizo vino.


Pues bien, cuando convirtió allí el agua en vino, sus discípulos, como escribe Juan mismo, creyeron en él. Y, sin embargo, la casa estaba llena de una multitud de convidados. Sucedió un milagro tan grande y no creyeron en él sino sus discípulos. A esta ciudad de Galilea regresó ahora Jesús. Y he aquí que cierto funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo, vino a él y comenzó a rogarle que descendiera a la ciudad o a la casa, y sanase a su hijo, pues comenzaba a morir. Quien rogaba ¿no creía? ¿Qué aguardas que diga yo? Interroga al Señor qué opinaba de él, ya que, una vez rogado, respondió cosas de este calibre: Si no veis signos y prodigios, no creéis. Inculpa al hombre de ser tibio o frío en cuanto a la fe, o de nula fe y, más bien, de desear ponerlo a prueba con motivo de la salud de su hijo: quién era, cuánto podía. Hemos oído, en efecto, las palabras de quien rogaba; las pronunció quien oyó las palabras e inspeccionó el corazón. Finalmente, el evangelista mismo testifica con el testimonio de su relato que aún no había creído quien deseaba que el Señor viniese a su casa a curar a su hijo. En efecto, después que se le notificó que su hijo estaba sano, y descubrió que fue sanado en esa hora —la hora en que el Señor había dicho: «Vete, tu hijo vive»—, creyó él, afirma, y su casa entera. Si, pues, creyó él y su casa entera, precisamente porque se le notificó que su hijo estaba sano, y comparó la hora de los mensajeros con la hora de quien prenunciaba, cuando rogaba no creía aún.



Los samaritanos no habían aguardado signo alguno; sólo habían creído a su palabra; en cambio, sus conciudadanos merecieron oír: Si no veis signos y prodigios, no creéis; y, sin embargo, hecho tan gran milagro, allí no creyó sino él y su casa. Ante la palabra sola creyeron muy numerosos samaritanos; ante aquel milagro, creyó sola la casa donde se realizó. Por tanto ¿qué, hermanos, qué hace el Señor valer para nosotros? Entonces Galilea de Judea era la patria del Señor, porque allí se crió. Ahora, en cambio, porque aquel hecho presagia algo —en efecto, no sin motivo se habla de prodigios, sino porque presagian algo, ya que «prodigio» se llama, por así decirlo, a un prenuncio, a lo que habla por delante, a lo que significa por delante y presagia que algo sucederá—; porque, pues, todo aquello presagiaba algo, todo aquello predecía algo, pongamos de momento nosotros como patria de nuestro Señor Jesucristo, según la carne —de hecho no tuvo patria en la tierra, sino según la carne que recibió en la tierra—; pongamos, pues, como patria del Señor el pueblo de los judíos. He aquí que no se le rinde honor en su patria. Observa ahora a las turbas de los judíos, observa ya a la nación aquella dispersa por todo el orbe de las tierras y arrancada de sus raíces; observa las ramas rotas, cortadas, dispersas, secas, rotas las cuales mereció ser injertado el acebuche. Ve qué dice ahora la turba de los judíos. «A quien dais culto, a quien adoráis era nuestro hermano». Y nosotros respondamos: No se rinde honor a un profeta en su patria. En fin, ellos vieron al Señor Jesús andar en la tierra, hacer milagros, iluminar a los ciegos, abrir los oídos a los sordos, soltar las bocas de los mudos, sujetar los miembros de los paralíticos, andar sobre el mar, dominar los vientos y el oleaje, resucitar muertos, hacer tantos signos, y apenas unos pocos de ellos creyeron.



Hablo al pueblo de Dios: tantos que hemos creído, ¿qué signos hemos visto? Lo que, pues, ocurrió entonces presagiaba esto que acontece ahora. Los judíos fueron o son similares a los galileos; nosotros, similares a los samaritanos. Hemos oído el Evangelio, hemos dado nuestro consentimiento al Evangelio, mediante el Evangelio hemos creído en Cristo; no vemos ningún signo, no exigimos ninguno.



Cristo se nos muestra con confianza, dejémonos curar y recrear en Él




domingo, 10 de marzo de 2013

El Hijo pródigo


El Hijo Pródigo. 1536. Obra de Jan Sanders van  Hemessen
Óleo sobre tabla 140 x 198 cm
Museo Real de Bellas Artes, Bruselas. Bélgica

En el cuarto domingo de Cuaresma del ciclo C. la liturgia nos presenta la parábola del Hijo pródigo. El evangelista Lucas es el único que recoge esta parábola. Un hombre rico tiene dos hijos, de los cuales el más joven reclama su parte de la herencia con la intención de abandonar la casa paterna y recorrer el mundo. En sus viajes derrocha su fortuna y cae en la miseria, llegando incluso a trabajar, para sobrevivir, como cuidador de cerdos. El recuerdo del bienestar del que disfrutaba en la casa familiar le hace arrepentirse y volver a ella, donde es recibido por su padre con los brazos abiertos. Ordena que se prepare un banquete y que le den ropas de fiesta. Ante la indignación del hermano mayor por este recibimiento el padre responde:
"Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado"
Cristo a través de ella expresa el regocijo que le supone a Dios la recuperación de cualquier alma pecadora. San Agustín expresa de modo admirable en su comentario al salmo 138, como el hombre se aleja de Dios, padre misericordioso y paciente que espera el retorno del hijo que retorna, aunque sea por interes, arrepentido a la casa del padre.

De lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. ¿Qué significa de lejos? Mientras todavía estoy en camino, antes de llegar a la patria, tú penetras mis pensamientos. Atiende a aquel hijo menor, pues también él se ha convertido en cuerpo de Cristo, Iglesia procedente de la gentilidad. Y es que el hijo menor había emigrado a un país lejano. Porque había un hombre que tenía dos hijos: el mayor no había ido lejos, sino que trabajaba en el campo, y simboliza a los santos que, en tiempo de la ley, cumplían las obras y preceptos de la ley.

En cambio, el género humano, que había derivado hacia el culto a los ídolos había emigrado a un país lejano. ¿Qué más lejano de aquel que te hizo, que la hechura que tú mismo te hiciste? Así, pues, el hijo menor emigró a un país lejano, llevando consigo toda su fortuna y, según nos informa el evangelio, la derrochó viviendo perdidamente. Y empezando a pasar necesidad, fue y se ajustó con un hombre principal de aquella región, quien lo mandó a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Después de tanto trabajo, estrechez, tribulación y necesidad, se acordó de su padre, y decidió volver a casa. Se dijo: Me pondré en camino adonde está mi padre. Reconoce ahora su voz que dice; me conoces cuando me siento o me levanto. Me senté en la indigencia, me levanté por el deseo de tu pan. De lejos penetras mis pensamientos. Por eso dice el Señor en el evangelio que el padre echó a correr al encuentro del hijo que regresaba. Realmente, como de lejos había penetrado sus pensamientos, distingues mi camino y mi descanso. Mi camino, dice. ¿Cuál, sino el malo, el que él había recorrido, apartándose del padre, como si pudiera ocultarse a los ojos del vengador, o como si hubiera podido ser humillado por aquella extrema necesidad o ser ajustado para guardar cerdos, sin la voluntad del padre que quería flagelarlo lejano, para recibirlo cercano?

Así pues, como un fugitivo capturado, perseguido por la legítima venganza de Dios, que nos castiga en nuestros afectos, por cualquier sitio que vayamos y en cualquier lugar adonde hubiéramos llegado; como un fugitivo capturado, repito, dice: Distingues mi camino y mi descanso. ¿Qué significa mi camino? Aquel por el que anduve. ¿Qué significa mi descanso? El término de mi peregrinación. Distingues mi camino y mi descanso. Aquella mi meta lejana no era lejana a tus ojos: me alejé mucho, y tú estabas aquí. Distingues mi camino y mi descanso.

Todas mi sendas te son familiares. Las conocías antes de que yo las andara, antes de que yo caminara por ellas, y permitiste que yo anduviera en la fatiga, mis propios caminos para que, si en un momento dado decidiera abandonar ese trabajoso camino, regresara a tus sendas. Porque no hay dolo en mi lengua. ¿Por qué dijo esto? Porque, te lo confieso, anduve por mis sendas, me alejé de ti; me aparté de ti, con quien me iba bien, y mi propio bien fue un mal para mí sin ti. Pues de haberme ido bien sin ti, quizá no hubiera querido volver a ti. Por lo cual, confesando éste sus pecados, declarando que el cuerpo de Cristo está justificado no por sí mismo, sino por la gracia de Cristo, dijo: No hay dolo en mi lengua.

Ésta escena de la parábola que hoy nos ilustra, fue muy representada por la pintura barroca flamenca por las posibilidades que ofrecían las juergas en que el hijo pródigo dilapida su fortuna para plasmar escenas de género de ambiente tabernario. También la escena de su arrepentimiento mientras cuida a los cerdos y el recibimiento que le tributa el padre al volver a casa gozaron del favor del arte. En este cuadro podemos ver todas ellas, siendo la escena de "mala vida" la que ocupa la parte principal. Si pinchamos sobre la imagen podemos observar con mas detalle las otras escenas de la parábola representadas en la pintura.

sábado, 9 de marzo de 2013

Mater Dolorosa


Mater Dolorosa. 1570. Obra de Luis de Morales
Técnica mixta sobre tabla. 82,5 x 58 cm. 
Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia

Los sábados la Iglesia suele recordar con especial atención la figura de María. En este tiempo de cuaresma quería traer este magnifico cuadro de "el divino Morales". Una obra que corresponde a los canones contrarreformistas de Trento y que nos hace entender una espiritualidad, que ha llegado hasta nuestros días, cargada de gran contenido espiritual y teológico. Éste concilio promulgó en su última sesión de trabajo, la XXV (el 3 de diciembre de 1563), un decreto sobre las imágenes sagradas, destinado a orientar durante siglos la historia de la iconografía y de la iconología religiosa. La orientación tridentina lleva desde finales del S.XVI a una civilización figurativa bien compuesta y al mismo tiempo unitaria. Una toma de posición contra las iglesias protestantes, que eran iconoclastas por su lógica interna, y sobre el uso de las obras de arte en las iglesias. Los protestantes niegan algunas verdades que se refieren a María y acusan a la iglesia católica de haber hecho que sustituyera a Cristo. Los luteranos y los calvinistas se esfuerzan en reducir su papel en la obra de la redención y niegan hasta la autenticidad de las palabras del ángel: "Ave, Maria, gratia plena" 

Las normas que regulan la iconografía mariana, observadas más o menos por todas partes, están recogidas de este modo por el cardenal Federico Borromeo: "Hay que conservar los símbolos y los misterios que se emplean para representar a la Virgen santísima... No hay que representar a la madre de Dios desvanecida al pie de la cruz, ya que esto va contra la historia y la autoridad de los padres... Que la imagen de la santísima Virgen se parezca en vivo a aquel divino Rostro... Y para que los pintores saquen del natural con más exactitud la imagen de la Virgen , propondré el ejemplo que nos ha dejado el mismo Nicéforo: ... para color prefería el trigueño, cabellos rubios, ojos penetrantes con las pupilas claras y casi del color de oliva. Las cejas curvadas y de buen color negro, la nariz algo larga, los labios redondeados y llenos de la suavidad de las palabras; el rostro ni redondo ni agudo, sino un tanto alargado, lo mismo que las manos y los dedos más bien largos..."
Insistiendo en el parecido de la Virgen madre con el Hijo, característica iconográfica que continúa hasta el S. XVIII, el arzobispo de Milán prescribe: "Por tanto, me gustaría que los pintores, cuando hagan las imágenes de Cristo y de María, recordasen esta sola cosa que la antigüedad creyó de forma unánime y que los santos padres nos transmitieron: que el rostro del Salvador fue admirable por la perfecta semejanza que tenía con el de su madre, de manera que todo el que mire a la madre o al Hijo pueda fácilmente reconocer en la madre al Hijo y en el Hijo a la madre".Denuncia la "indecencia de los que pintan al divino niño mamando de manera que muestran desnudos el pecho y la garganta de la Virgen , siendo así que esos miembros no se deben pintar más que con mucha cautela y modestia" .

El pintor extremeño Luis de Morales, nacido en Badajoz (Extremadura) en 1509, y muerto en 1586, debido a la fama, que disfrutó en vida, y a la predilección por temas religiosos en sus obras, fue llamado "el divino".  Respondió muy bien a las exigencias iconográficas de su tiempo y fue capaz de transmitir en ellas este ideal de Trento de un mayor ardor y devoción. Sus obras estaban caracterizadas por una gran emoción y una matizada delicadeza que las hacía transcender del soporte pictórico elevándolas a cumbres espirituales insospechadas. Algunos estudiosos de Morales sostienen que su estilo manierista estaba inspirado, en Leonardo da Vinci con influencias italianas y flamencas. En su pintura se observa un alargamiento de las figuras y el uso de la técnica del esfumado leonardesco.

Ante una imagen de Morales solo nos queda mirar el personaje y dejar que la serena contemplación nos lleve a adentrarnos en lo mas profundo de la realidad que representa. Una mística pintura que eleva el alma hasta las cumbres divinas, allí donde Dios sosiega y consuela.

viernes, 8 de marzo de 2013

San Juan de Dios

Triunfo de San Juan de Dios. 1740. Obra de Corrado Giaquinto
Óleo sobre lienzo, 213x98 cm
Museo del Prado, Madrid. España

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25,40).

El martirologio de hoy nos trae de esta manera a san Juan de Dios: religioso, nacido en Portugal, que después de una vida llena de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a los necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció compañeros, con los cuales constituyó después la Orden de Hospitalarios de San Juan de Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno descanso (1550).

Nació en 1495, una época bastante convulsa. El reino de Granada había sido conquistado por los reyes Católicos y América estaba recién descubierta. Un mundo en el que se abrían grandes posibilidades de futuro para un joven que procedía de un pequeño pueblo al oeste de la península ibérica, el pueblo portugués de Montemor.

En su juventud tuvo algunas experiencias guerreras y tras desempeñar los oficios de pastor, leñador y albañil, trabajó como librero en Granada. Cierto día en 1539, escuchando el sermón de San Juan de Ávila, cambió su vida. Se convirtió y dedicó su vida a los pobres y los enfermos. Murió en Granada en 1550 tras enfermar gravemente al salvar a un joven que se estaba ahogando en el río Genil. El apellido "de Dios" se lo otorgó un obispo al conocer su obra en favor de los pobres y enfermos. 

Su vida cambió radicalmente tras escuchar al gran san Juan de Ávila, y tuvo tan extraordinaria conmoción espiritual que se puso a dar voces y gritos, "Misericordia Señor, que soy un pecador". Salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios, lo que lo llevaría a ser juzgado por loco y a verse recluido en el Hospital Real granadino. Tenía unos 40 años. 

"... porque predicaba entonces en esta ciudad un santo clérigo que se llamaba el Maestro Avila, predicador apostólico y de muy santa vida, y en la ciudad decían que este Padre Maestro lo había convertido. Y este testigo lo vido en la Iglesia mayor de la ciudad rodeado de mucha gente y dando voces, pidiendo misericordia a Dios y dándose muy grandes golpes en los pechos y decían que se había estado en la Iglesia tres días sin comer ni beber, y unos decían que era loco y otros que no era sino santo y que aquello era obra de Dios".

"... dos hombres honrados de la ciudad, compadeciéndose dél, lo tomaron por la mano, y sacándolo de entre el tumulto del pueblo, lo llevaron al Hospital Real (de Granada), que es do recogen y curan a los locos de la ciudad...".

En la sección aparte donde se recluyen a los dementes del Hospital Real, Juan sufre en propia carne el trato que se da a los enajenados allí internados: celdas oscuras, maniatados, tratados con azotes, baños de sorpresa, exorcismos o cadenas, como corresponde a la terapéutica de la época con estos enfermos:

"... como la principal cura que allí se hace a los tales sea con azotes, y metellos en ásperas prisiones y otras cosas semejantes, para que con el dolor y castigo pierdan la ferocidad y vuelvan en sí, atáronle pies y manos, y desnudo, con un cordel doblado le dieron una buena vuelta de azotes...".
Juan Ciudad advierte a sus custodios:

"... ¿por qué tratáis tan mal y con tanta crueldad a estos pobres miserables y hermanos míos... no sería mejor que os compadeciésedes dellos y de sus trabajos, y los limpiásedes y diésedes de comer con más caridad y amor que lo hacéis...?"

En su encierro, toma conciencia de su misión:

"Iesu‐Cristo me traiga tiempo y me dé gracia para que yo tenga un hospital, donde pueda recoger los pobres desamparados y faltos de juicio, y servirles como yo deseo".

Del hospital lo libró san Juan de Ávila, consciente de que no había locura alguna. Juan se puso bajo la dirección espiritual del Santo Maestro, que aprobó su deseo de dedicarse al servicio de los enfermos, como había meditado durante su permanencia en el hospital. Comienzó a recibir a pobres y enfermos y a pedir limosnas en Granada. Pronto se hizo popular el grito nocturno de Juan por las calles de Granada. "¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!". Las gentes salían a la puerta de sus casas y le daban las sobras de la comida del día. El obispo que le añadió el "de Dios" a su nombre fue quien al saber que éste cambiaba sus ropas por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, le dio un hábito negro con el que se vistió hasta la muerte.

Existe una película sobre el santo de Granada que podéis ver en este enlace. Película san Juan de Dios.

Señor,
tú que infundiste en san Juan de Dios
el espíritu de misericordia,
haz que nosotros,
practicando las obras de caridad,
merezcamos encontrarnos un día
entre los elegidos de tu reino. 

Con respecto al cuadro y su autor solo algún apunte al respecto: Corrado Giaquinto llegó a la corte en el momento en el que se terminaba el Palacio Real y la ocasión le brindó la oportunidad de sumarse a la empresa. Pintó en la escalera de honor La Religión y la Iglesia y España que les ofrece los dones de sus reinos; en el salón de columnas, El Nacimiento del Sol y el Templo de Baco y en la Capilla diversos temas. Amplió su producción a temas alegóricos, mitológicos, religiosos, etc. Sus temas mitológicos pueden aparentar algo superficial; sin embargo, el cultivo de un estilo rococó delicado no le aparta de un sentimiento profundo extraído tal vez de su origen formativo napolitano. En plena actividad, en 1762, solicita pasar por algún tiempo a Nápoles, dejando algunas de sus obras inacabadas. Este lienzo que contemplamos es un estudio para la bóveda de San Giovanni Calabita en el Hospital de Fatebene Fratelli (los hermanos de san Juan de Dios) en Roma. En 1772 aparece documentado en la sacristía grande del Palacio Real de Madrid. En la composición se muestran algunos actos de caridad realizados por el santo, en la zona baja, mientras que en la zona superior se sitúa la coronación de san Juan de Dios por la Virgen, rodeados de ángeles y santos.