jueves, 28 de noviembre de 2013

Una despedida temporal


Querido hermanos

Al final del año litúrgico, que hemos compartido en este Oratorio Monástico, nos vemos obligados a hacer un alto. Diversas circunstancias inherentes a nuestra vida religiosa nos obligan a abandonar, esperemos que temporalmente, este rincón de espiritualidad monástica para alabanza del Padre todopoderoso, del Verbo eterno, nuestro Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo, nuestro único y trino Dios.

Muchas gracias por vuestra atención, vuestros comentarios, vuestro aliento y, sobre todo, vuestra oración. Han sido unos meses de alegre trabajo, compartiendo las riquezas de la tradición monástica desde el silencio del claustro, a través de los medios digitales. Ciertamente, podemos utilizar los adelantos de la modernidad para anunciar la Salvación que nuestro Señor Jesucristo realizó en su Misterio Pascual.

Los monjes de este Oratorio Monástico os imploramos vuestras oraciones, para afrontar los nuevos caminos por los que habremos de seguir a nuestro Señor. Que el Señor os bendiga.

Gloria al Padre,
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Rodríguez Losada. Mártir

Una mártir en tiempos de Diocleciano, 1870. José María Rodríguez de Losada 
Óleo sobre lienzo, 50 × 38 cm
Museo Romantico, Madrid. España

Leyendo el evangelio de hoy, Lucas 21, 12-19, me viene a la memoria este cuadro, anónimo por el tema y el personaje pero lleno de significado en todos los tiempos. 

El texto dice así: 

Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.

Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

El lienzo representa a una mártir cristiana en tiempos del emperador Diocleciano, que persiguió a los cristianos. El cuerpo de la mártir está cubierto con una túnica blanca, tendido sobre un potro de tortura, con los pies y las muñecas atadas mediante cordeles. A los pies de la víctima, se encuentra el tajo con el hacha ensangrentada. Esta obra se inspira en los maestros españoles del siglo XVII, de tendencia tenebrista. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Francisco Collantes. La visión de Ezequiel


La visión del profeta Ezequiel, 1630. Francisco Collantes
Óleo sobre lienzo, 177 x 205 cm
Museo del Prado, Madrid. España

Hoy en la primera lectura de maitines los monjes comenzamos a leer la visión del profeta Ezequiel del Valle de los huesos (Ezequiel 37,1-14). o la visión sobre la resurrección del pueblo de Dios. 

Sin duda, tanto Ezequiel como su auditorio tuvieron que haberse pregun­tado cómo sucedería tal cosa. Con Jerusalén en ruinas y el pueblo en el exilio, las perspectivas no podían ser más obscuras y sombrías. En el pasaje de Ezequiel 37,1-39,29, la restauración de Israel (el pueblo de Dios) en triunfo sobre todas las naciones, queda desarrollada y dibujada. Por divina revelación, Ezequiel llega a la seguridad de que todo esto tendrá su cumplimiento.

El Espíritu del Señor conduce a Ezequiel en medio de un valle lleno con huesos secos. Dios invita al profeta a que hable a aquellos huesos. Ante su asombro total, Ezequiel ve cómo los huesos se animan con la vida. Esta resurrección de los huesos muertos, significa la reavivación y la restauración de la totalidad de la casa de Israel, incluyendo tanto al Reino del Norte como al del Sur. Serán reunidos como los israelitas serán reagrupados procedentes de entre las naciones con la específica promesa de que un rey gobernará sobre ellos. El gobernante o “pastor”, de nuevo identificado como “mi siervo David”, deberá ser el príncipe para siempre en tanto el pueblo se conforma a los estatutos y ordenanzas de Dios. En la tierra de Israel, Dios establecerá una vez más su santuario de forma tal, que todas las naciones conocerán que El ha santificado y purificado a su nación de Israel. Cristo sera el nuevo pastor de su pueblo los creyentes y bautizados que El ha santificado y purificado con su muerte y resurrección.

El uso de la muerte para representar un cambio de condición ayuda a entender visiones proféticas como la del libro de Ezequiel, donde se asemeja al pueblo de Dios exiliado en Babilonia a huesos secos y a personas muertas y enterradas. (Eze 37,1-12) Estas tenían que “llegar a vivir” otra vez y establecerse de nuevo en su propio suelo. (Eze 37,13-14) Se hallan elementos comparables en Apocalopsis 11, 3. 7-12 y Lucas 16, 19-31

En la visión de los últimos días el establecimiento de Israel no permanecerá oculto ni sin desafío. (Ezequiel 38, 14-39, 10). Na­ciones procedentes de las partes del norte, especialmente Gog y Magog, reunirán en masa sus ejércitos para luchar contra Israel en los postreros días. El pueblo de Dios se vera amenazado.Viviendo en ciudades sin vallar y gozando de una prosperidad sin precedentes, Israel se convertirá en el objeto codiciado de los enemigos invasores procedentes del norte. Esto, sin embargo, será un día de justicia. "Esto dice el Señor: Tú eres aquel de quien hablé antiguamente por medio de mis siervos los profetas de Israel; ya entonces profetizaron que yo te traería contra ellos. Aquel día, cuando Gog invada la tierra de Israel —oráculo del Señor—, brotará mi cólera y mi indignación." Las fuerzas de la naturaleza en forma de terremotos, lluvia granizo, fuego y azufre serán dejadas sueltas contra el feroz invasor. La confusión, el derramamiento de sangre y la pestilencia prevalecerán mientras luchan el uno con el otro. Ave de presa y bestias salvajes devorarán los ejércitos de Gog y Magog y el enemigo quedará sin ayuda, permitiendo así que Israel tome todos sus despojos de guerra. Enterrarán a los muertos y purificarán la tierra.

El capítulo, entendido en su momento como esperanza inmediata para los israelitas del fin de su exilio y de su alzamiento como nación poderosa protegida por Dios, fue interpretado por los teólogos de siglos posteriores como anuncio de lo que ocurrirá el día del Juicio Final, con la Resurrección de la carne en cumplimiento de la promesa redentora de Cristo.

Con todas las naciones conscientes de los juicios de Dios, a Israel se le asegura la restauración de su buena fortuna. Ellos vivirán con seguridad en la tierra donde nadie tendrá miedo. No quedará nadie entre las naciones, cuando Dios vierta su Espíritu sobre ellas. Israel, el pueblo de Dios, el pueblo escogido al que pertenecemos todos los creyentes sera el pueblo de la justicia y de la vida eterna en Cristo.

La visión de Ezequiel, de Francisco Collantes. quien debió de haber visitado Italia, como parece sugerir el lienzo que aquí mostramos. En un paisaje de ruinas clásicas, el pintor sitúa la visión apocalíptica del profeta, con los muertos levantándose de sus tumbas e invadiendo los restos de la civilización entre rocas y huesos descarnados. El tipo de paisaje es el mismo que durante el siglo XVII se trabajaba en Roma. Allí se afincaron numerosas colonias de pintores extranjeros, que seguían fielmente este tipo paisajístico, grandioso, tratado con la excusa de plasmar un episodio bíblico o mitológico. Los flamencos fueron los que más lo hicieron y se puede rastrear su influencia en el cielo agitado del fondo, así como en las rocas lejanas. Este lienzo sintetiza lo mejor de las tradiciones paisajísticas flamencas e italianas, con un riguroso estudio de la anatomía humana. 



lunes, 25 de noviembre de 2013

Yañez de la Almedina. Santa Catalina de Alejandria

Santa Catalina. 1505-1510. Yañez de la Almedina
Óleo sobre tabla. 212 x 112 cm. 
Museo del Prado, Madrid. España

Hoy recordamos la figura de Santa Catalina de Alejandría, que según dice el martirologio romano Santa Catalina, mártir, según la tradición, fue una virgen de Alejandría dotada tanto de agudo ingenio y sabiduría como de fortaleza de ánimo. Su cuerpo se venera piadosamente en el célebre monasterio del monte Sinaí (s. inc.).

La veneración de los restos de Santa Catalina en el monte Sinaí y la celebridad del monasterio ortodoxo que lleva su nombre y que los guarda ha hecho que casi haya disminuido la figura del mismo Moisés. Se la venera tanto en Oriente como en Occidente. 

Nada sabemos con certeza histórica de sus orígenes los datos de su muerte, según la "passio", son tardíos y se podría creer que Santa Catalina de Alejandría fuese un personaje aleccionador salido de la literatura para ilustrar la vida de los cristianos y estimularles en su fidelidad a la fe. Lo cierto es que la figura de esta santa lleva en sí la impronta de lo recto y sublime que es dar la vida por la Verdad que con toda fortaleza se busca y una vez encontrada se posee firmemente hasta la muerte. Esto es lo que atestigua la tradición, la leyenda y el arte.

Se la presenta como una joven de extremada belleza y aún mayor inteligencia. Perteneciente a una familia noble. Residente en Alejandría. Versada en los conocimientos filosóficos de la época y buscadora incansable de la verdad. Movida por la fe cristiana, se bautiza. Su vida está enmarcada en el siglo IV, cuando Maximino Daia se ha hecho Augusto del Imperio de Oriente. Sí, le ha tocado compartir el tiempo con este "hombre semibárbaro, fiera salvaje del Danubio, que habían soltado en las cultas ciudades del Oriente", según lo describe el padre Urbel, o, con términos de Lactancio, "el mundo para él era un juguete". Recrimina al emperador su conducta y lo enmudece con sus rectos razonamientos. Enfrentada con los sabios del imperio, descubre sus sofismas e incluso se convierten después de la dialéctica bizantina apareciendo como vencedora en la palestra de la razón 

Vencida por la fuerza de las armas es martirizada en la rueda de cuchillas que llegan a romperse y saltar hiriendo a sus propios verdugos y es muerta al final por la espada que corta su cabeza de un tajo.

Santa Catalina de Alejandría fue mártir, lo cual apenas se indica en una palma abandonada sobre el libro a la izquierda de la figura. A la derecha está la corona de reina. En la mano sostiene la espada y a sus pies la rueda del martirio. Nada indica sin embargo que esta hermosa joven haya sido objeto de violencia, pues ofrece un semblante sereno y una pose dulce. El tratamiento del tema es completamente diferente al que tan sólo unas décadas antes podía haber hecho del mismo Fernando Gallego, en su Martirio de Santa Catalina. Aquí se ha elegido la sola figura de la santa, lejos del lugar del martirio y de la acción del mismo, a diferencia del hispanoflamenco, que eligió el momento más dramático. La santa responde indudablemente al modelo de belleza de Leonardo, con un rostro suavemente difuminado, inclinado con ternura hacia un lado y con una pose distinguida. Sus labios dibujan esa sonrisa triste, cuya ambigüedad hizo famoso al italiano. Sus vestidos son los de una princesa, con una túnica dorada de adornos turcos. Las joyas rodean su cuello, como el collar de hileras de perlas. Esta figura monumental se encuentra respondida en sus proporciones armoniosas por un fondo de arquitectura que sigue las medidas canónicas de Bramante, el principal teórico de la arquitectura renacentista. Yáñez pues, nos muestra un resumen espléndido de las teorías del Renacimiento aplicadas a la pintura, con un resultado de hermosa contemplación.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cristo en Majestad


                          

Hoy, festividad de Cristo rey y último domingo del tiempo ordinario, les dejamos con este vídeo en el que intentaremos entender la iconografía del Cristo en Majestad, el tema más importante de la Europa Medieval, y de una Europa con una profunda religiosidad envuelta en visiones apocalípticas del fin de los tiempos.

Maiestas Domini o Cristo en Majestad es una iconografía del cristianismo utilizada tanto en pintura como en escultura y mosaico, que representa la figura de Cristo en actitud triunfante y que consta de unas característica particulares. Recibe también el nombre de Pantocrátor. Esta iconografía no debe confundirse con las Majestades o Cristo Majestad que son crucifijos en que aparece Cristo con una túnica ceñida, con expresión de estar vivo y generalmente con una corona. 

El Cristo en Majestad tradicional que puede verse con más frecuencia aparece sentado en un trono. Su cara lleva bigote destacado y barba y los cabellos son largos hasta los hombros. Su actitud es la de bendecir con los dedos índice y corazón de la mano derecha; en la izquierda sostiene el Libro de la Vida, unas veces cerrado y otras abierto. Suele vestir con túnica y manto que cuelga desde sus hombros. Los pies están desnudos y a veces invaden la mandorla en la que se apoyan. Esta mandorla puede presentarse tetralobulada. El Cristo suele llevar en la cabeza una corona, o bien un nimbo en que está inscrita una cruz.

Primeramente, haremos un breve repaso por el Románico, describiéndolo desde una perspectiva global y, a continuación, estudiaremos la simbología del Cristo en Majestad analizando dos obras (el tímpano de la abadía de Vezelay y un fresco de la iglesia de Sant Climent de Taüll).

sábado, 23 de noviembre de 2013

Pier Leone Ghezzi. Martirio de san Clemente

Martirio di san Clemente, 1724. Pier Leone Ghezzi
Óleo sobre lienzo
  Pinacoteca Vaticana.

San Clemente I, Papa, fue el tercer sucesor de San Pedro (después de Lino y Cleto) y gobernó a la Iglesia desde el año 93 hasta el 101.

El año 96 escribió una carta a Los Corintios, que es el documento Papal más antiguo que se conoce (Después de las cartas de San Pedro). En esa carta da muy hermosos consejos, y recomienda obedecer siempre al Pontífice de Roma (Entre otras cosas dice: "el que se conserva puro no se enorgullezca por ello, porque la pureza es un regalo gratuito de Dios y no una conquista nuestra").

Por ser cristiano fue desterrado por el emperador Trajano a Crimea (al sur de Rusia) y condenado a trabajos forzados a picar piedra con otros dos mil cristianos. Las actas antiguas dicen que estos le decían: "Ruega por nosotros Clemente, para que seamos dignos de las promesas de Cristo".

San Ireneo (que vivió en el siglo segundo) dice que Clemente vio a los santos apóstoles Pedro y Pablo y trató con ellos.

Las Actas antiguas añaden que allá en Crimea convirtió a muchísimos paganos y los bautizó. Los obreros de la mina de mármol sufrían mucho por la sed, porque la fuente de agua más cercana estaba a diez kilómetros de distancia. El santo oró con fe y apareció allí muy cerca una fuete de agua cristalina. Esto le dio más fama de santidad y le permitió conseguir muchas conversiones más.

Un día las autoridades le exigieron que adorara a Júpiter. Él dijo que no adoraba sino al verdadero Dios. Entonces fue arrojado al mar, y para que los cristianos no pudieran venerar su cadáver, le fue atado al cuello un hierro pesadísimo. Pero una gran ola devolvió su cadáver a la orilla.

San Cirilo y San Metodio llevaron a Roma en el año 860 los restos de San Clemente, los cuales fueron recibidos con gran solemnidad en la Ciudad Eterna, conservándose allí.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Saraceni. Santa Cecilia.


El Martirio de Santa Cecilia, 1610. Carlo Saraceni 
Óleo sobre lienzo,136 x 99 cm 

Celebra hoy la Iglesia a Santa Cecilia , mártir del siglo III y patrona de la música, una de las más famosos mártires romanos de la iglesia primitiva e históricamente uno de los más discutidos.

Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa. Las "actas" de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en el, cristianismo.

Su padre, la casó con un joven patricio llamado Valeriano. El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase, ya que había consagrado a Dios su virginidad. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: "Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí." Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides." Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel." Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: "Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones." Urbano preguntó a Valeriano: "¿Crees esto?" Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella. El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios. 

La santa fue martirizada a espada mas tarde bajo el dominio del prefecto Almaquio. La santa legó su casa a Urbano y le confió el cuidado de sus servidores. Fue sepultada junto a la cripta pontificia, en la catacumba de San Calixto. E1 Papa San Pascual I (817-824) trasladó las presuntas reliquias de Santa Cecilia, junto con las de los santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, a la iglesia de Santa Cecilia in Transtévere.

Las pinturas religiosas fueron categorizadas como pinturas históricas y por lo tanto el género más prestigioso por la Academia francesa de Pintura y Escultura estas pinturas religiosas representan escenas bíblicas increíblemente detalladas y generalmente de gran tamaño.

Hay indicios de la influencia de Caravaggio en esta pintura, pero Saraceni presenta una interpretación original e innovador del lenguaje de Caravaggio a través de su elección de colores vivos y su iconografía.

Las notaciones de la partitura, el violín, la pandereta y los instrumentos musicales en el primer plano se refieren al patronazgo de la santa sobre  la música.  Sus "actas" cuentan que, al día de su matrimonio, en tanto que los músicos tocaban, Cecilia cantaba a Dios en su corazón.