Mostrando entradas con la etiqueta Gil de Siloé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gil de Siloé. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de marzo de 2019

Gil de Siloé. Cristo crucificado.

Cristo Crucificado - 1496 - Gil de Siloé
Madera tallada y policromada
Retablo mayor de la Cartuja de Miraflores

Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo, nos dice hoy Jesús en el Evangelio. Contemplamos estas palabras en la representación genial de Gil de Siloé en el Retablo mayor de la Cartuja de Miraflores. La Cruz del Señor es sostenida a la izquierda por el Padre eterno, y a la izquierda por el Espíritu Santo. La Santa Trinidad, nuestro Dios, se ha compadecido del género humano, y en la Pasión y Muerte del Señor nos ha dado el acceso a la vida.

jueves, 18 de mayo de 2017

Gil de Siloé. Pentecostés

Pentecostés. XV. Gil de Siloé
Óleo sobre tabla.
Cartuja de Miraflores. Burgos.

La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos presenta uno de los momentos más trascendentales de toda la Historia de la Iglesia: el Concilio de Jerusalén. El tema del debate fue si Cristo es el único camino de salvación, o si es posible mantener la Antigua Alianza como camino de salvación. Es decir, ¿es Cristo el único medio de llegar a Dios?

La respuesta de la primera Iglesia fue clara y nítida: Jesús es el único camino de salvación. Esta respuesta, urgida por el Espíritu Santo, nos lleva hoy a contemplar el Misterio de Pentecostés, es decir, la presencia del Espíritu Santo, en la célebre talle del pentecostés del tambor giratorio del retablo de la Cartuja de Miraflores, esculpido por Gil de Siloé.

Gil de Siloé es una de las máximas figuras de la escultura hispánica, y europea por extensión, del siglo XV, cuando las formas del gótico postrero, hibridadas por las del arte mudéjar y las influencias flamencas de tipo flamígero, dieron origen al estilo gótico isabelino, exclusivo de España, del que Gil de Siloé es representante emblemático. Los nombres por los que es conocido evidencian la confusión que rodea su origen. En algunos documentos se le cita como Gil de Emberres (Amberes), por lo que se cree fuera originario de Flandes1 en otros como Gil de Urlianes, por lo que podría venir de Orleans. El nombre que habitualmente se repite en los documentos es el de Maestre Gil; sólo en algún momento muy concreto se añade la palabra Siloe, y aplicada sobre todo a su hijo Diego. Para algunos era Abraham de Nürenberg a quien trajo a España Alonso de Cartagena, para otros en cambio provenía del mundo de los conversos. En definitiva, estamos ante alguien venido de fuera con un bagage de formación nórdica, donde acusa lo flamenco, aunque en parte tampoco le es ajeno lo germano y aún esto es para algunos discutible, pues imaginan podría ser burgalés hijo de algún oficial que acompañó a Juan de Colonia cuando se asentó en la ciudad.

El retablo de Miraflores aún presenta otra particularidad. Aunque modificado por la reforma del sagrario, queda un hueco en él para un expositor de escenas. La mayoría de los viajeros no se dieron cuenta de su existencia o no le concedieron valor cuando hablaban del retablo, pero Enrique Cock, arquero de la Guardia Real y notario apostólico, en el relato del viaje de Felipe II en 1585, fue más observador. Alababa los sepulcros reales pero se detuvo en el retablo: El retablo es muy lindo de escultura, y en medio de él hay una cosa que se mueve en derredor, y con él, o en él por mejor decir, se pone cada fiesta principal que viene en el año, que está artificialmente hecha la obra y merece ser vista, porque no me acuerdo haber visto cosa semejante.

martes, 1 de diciembre de 2015

Retablo de la Capilla de Santa Ana

Retablo de la Capilla de Santa Ana, 1486-1492. Gil de Siloé
Madera tallada, dorada y policromada
Catedral de Burgos

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. 

La primera lectura de la Eucaristía de hoy contiene la célebre profecía del florecimiento del tronco de Jesé, contenida en el capítulo 11 del Libro del Profeta Isaías. Ha sido un tema de profusa representación iconográfica. Del final de la época gótica nos ha llegado un magnífico retablo de la Catedral de Burgos, que hoy contemplamos.

Este extraordinario retablo mayor de la Capilla de Santa Ana se halla adosado al muro oriental. Es una obra tardogótica ejecutada entre 1486 y 1492 por Gil de Siloé con la colaboración del pintor Diego de la Cruz, quien se encargó de la policromía. Está dedicado a la genealogía de la Virgen a partir del personaje bíblico Jessé. Alguna estridencia del colorido obedece a una intervención del pintor Lanzuela en 1868-1870 por iniciativa del duque de Abrantes.

Está organizado a manera de tapiz desplegado sobre un banco o predela, con un cuerpo principal de tres registros verticales bien definidos, donde se disponen doseles y pináculos delicadamente calados que cobijan las figuras, todo ello sobre un fondo en azul celeste y estrellado. En el centro del banco, bajo un doselete corrido, aparece la escena de la Resurrección de Cristo con las Marías y San Juan, flanqueada en los espacios intermedios por San Pedro y San Pablo; en los extremos, los Cuatro Evangelistas, dos a cada lado. Varias escenas se superponen en las calles laterales: el obispo Acuña, ricamente ataviado con unas galas eclesiásticas en las que Siloé dio rienda suelta a su virtuosismo detallista, junto con sus familiares y canónigos; la aparición de Cristo a San Eustaquio; el Nacimiento de la Virgen; la Presentación de la Virgen; los Desposorios de la Virgen y San José; y San Joaquín con el ángel.


En la calle central se desarrolla lo más importante del programa iconográfico: en la parte inferior está Jessé, dormido, de cuyo pecho sale el árbol que representa la genealogía de la Virgen: los brotes laterales fructifican en las figuras de los reyes de Judá, que envuelven la escena central del abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, de la cual emergen unas ramas que culminan en la parte superior en la imagen sedente de María con el Niño. Se trata de una exaltación de la Inmaculada Concepción de la Virgen, al tiempo que se glorifica su estirpe real. Escoltan a la Virgen y el Niño dos figuras femeninas de regio aspecto que alegorizan el Antiguo y el Nuevo Testamento, aunque también han sido interpretadas como la Sinagoga y la Iglesia, al llevar una los ojos cubiertos por un velo y portar sus manos las Tablas de la Ley y un cetro roto, e ir la otra con los ojos desvelados y coronada con un cetro íntegro. Un Calvario exento remata el retablo en el ático, con el sol y la luna fijados en el cielo abovedado. Diversas imágenes de santos se disponen en las pilastrillas de las entrecalles, la pulsera perimetral y el ático.

jueves, 7 de mayo de 2015

Gil de Siloé. Pentecostés

Pentecostés. XV. Gil de Siloé
Óleo sobre tabla.
Cartuja de Miraflores. Burgos.

La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos presenta uno de los momentos más trascendentales de toda la Historia de la Iglesia: el Concilio de Jerusalén. El tema del debate fue si Cristo es el único camino de salvación, o si es posible mantener la Antigua Alianza como camino de salvación. Es decir, ¿es Cristo el único medio de llegar a Dios?

La respuesta de la primera Iglesia fue clara y nítida: Jesús es el único camino de salvación. Esta respuesta, urgida por el Espíritu Santo, nos lleva hoy a contemplar el Misterio de Pentecostés, es decir, la presencia del Espíritu Santo, en la célebre talle del pentecostés del tambor giratorio del retablo de la Cartuja de Miraflores, esculpido por Gil de Siloé.

Gil de Siloé es una de las máximas figuras de la escultura hispánica, y europea por extensión, del siglo XV, cuando las formas del gótico postrero, hibridadas por las del arte mudéjar y las influencias flamencas de tipo flamígero, dieron origen al estilo gótico isabelino, exclusivo de España, del que Gil de Siloé es representante emblemático. Los nombres por los que es conocido evidencian la confusión que rodea su origen. En algunos documentos se le cita como Gil de Emberres (Amberes), por lo que se cree fuera originario de Flandes1 en otros como Gil de Urlianes, por lo que podría venir de Orleans. El nombre que habitualmente se repite en los documentos es el de Maestre Gil; sólo en algún momento muy concreto se añade la palabra Siloe, y aplicada sobre todo a su hijo Diego. Para algunos era Abraham de Nürenberg a quien trajo a España Alonso de Cartagena, para otros en cambio provenía del mundo de los conversos. En definitiva, estamos ante alguien venido de fuera con un bagage de formación nórdica, donde acusa lo flamenco, aunque en parte tampoco le es ajeno lo germano y aún esto es para algunos discutible, pues imaginan podría ser burgalés hijo de algún oficial que acompañó a Juan de Colonia cuando se asentó en la ciudad.

El retablo de Miraflores aún presenta otra particularidad. Aunque modificado por la reforma del sagrario, queda un hueco en él para un expositor de escenas. La mayoría de los viajeros no se dieron cuenta de su existencia o no le concedieron valor cuando hablaban del retablo, pero Enrique Cock, arquero de la Guardia Real y notario apostólico, en el relato del viaje de Felipe II en 1585, fue más observador. Alababa los sepulcros reales pero se detuvo en el retablo: El retablo es muy lindo de escultura, y en medio de él hay una cosa que se mueve en derredor, y con él, o en él por mejor decir, se pone cada fiesta principal que viene en el año, que está artificialmente hecha la obra y merece ser vista, porque no me acuerdo haber visto cosa semejante.

martes, 2 de diciembre de 2014

Retablo de la Capilla de Santa Ana

Retablo de la Capilla de Santa Ana, 1486-1492. Gil de Siloé
Madera tallada, dorada y policromada
Catedral de Burgos

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. 

La primera lectura de la Eucaristía de hoy contiene la célebre profecía del florecimiento del tronco de Jesé, contenida en el capítulo 11 del Libro del Profeta Isaías. Ha sido un tema de profusa representación iconográfica. Del final de la época gótica nos ha llegado un magnífico retablo de la Catedral de Burgos, que hoy contemplamos.

Este extraordinario retablo mayor de la Capilla de Santa Ana se halla adosado al muro oriental. Es una obra tardogótica ejecutada entre 1486 y 1492 por Gil de Siloé con la colaboración del pintor Diego de la Cruz, quien se encargó de la policromía. Está dedicado a la genealogía de la Virgen a partir del personaje bíblico Jessé. Alguna estridencia del colorido obedece a una intervención del pintor Lanzuela en 1868-1870 por iniciativa del duque de Abrantes.

Está organizado a manera de tapiz desplegado sobre un banco o predela, con un cuerpo principal de tres registros verticales bien definidos, donde se disponen doseles y pináculos delicadamente calados que cobijan las figuras, todo ello sobre un fondo en azul celeste y estrellado. En el centro del banco, bajo un doselete corrido, aparece la escena de la Resurrección de Cristo con las Marías y San Juan, flanqueada en los espacios intermedios por San Pedro y San Pablo; en los extremos, los Cuatro Evangelistas, dos a cada lado. Varias escenas se superponen en las calles laterales: el obispo Acuña, ricamente ataviado con unas galas eclesiásticas en las que Siloé dio rienda suelta a su virtuosismo detallista, junto con sus familiares y canónigos; la aparición de Cristo a San Eustaquio; el Nacimiento de la Virgen; la Presentación de la Virgen; los Desposorios de la Virgen y San José; y San Joaquín con el ángel.


En la calle central se desarrolla lo más importante del programa iconográfico: en la parte inferior está Jessé, dormido, de cuyo pecho sale el árbol que representa la genealogía de la Virgen: los brotes laterales fructifican en las figuras de los reyes de Judá, que envuelven la escena central del abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, de la cual emergen unas ramas que culminan en la parte superior en la imagen sedente de María con el Niño. Se trata de una exaltación de la Inmaculada Concepción de la Virgen, al tiempo que se glorifica su estirpe real. Escoltan a la Virgen y el Niño dos figuras femeninas de regio aspecto que alegorizan el Antiguo y el Nuevo Testamento, aunque también han sido interpretadas como la Sinagoga y la Iglesia, al llevar una los ojos cubiertos por un velo y portar sus manos las Tablas de la Ley y un cetro roto, e ir la otra con los ojos desvelados y coronada con un cetro íntegro. Un Calvario exento remata el retablo en el ático, con el sol y la luna fijados en el cielo abovedado. Diversas imágenes de santos se disponen en las pilastrillas de las entrecalles, la pulsera perimetral y el ático.