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domingo, 19 de junio de 2016

Guercino. San Romualdo

San Romualdo. 1640. Guercino
Óleo sobre lienzo. Medidas: 292 cm x 184 cm.
Pinacoteca Municipal de Ravena

Celebramos hoy la memoria de uno de los santos reformadores del monacato medieval: san Romualdo, fundador de los monjes camaldulenses. De la noble familia de los Onesti, duque de Rávena, en Italia, nació por el año 950. Su juventud fue un tanto alocada y se entregó a los placeres que le proporcionaba el mundo, aunque parece que a pesar de ello siempre sentía en su interior como una voz misteriosa que le empujaba a seguir la llamada de Dios. Yendo en cierta ocasión de cacería, se paró a contemplar unos árboles y exclamó: ¡Felices aquellos antiguos eremitas que elegían por morada lugares solitarios como éste! ¡Con qué tranquilidad podían servir a Dios, apartados por completo del mundo!.

La hora de Dios le llega cuando menos lo esperaba. Su padre, llamado Sergio, llevaba también una vida mundana y en cierta ocasión lanzó un duelo a uno de sus parientes y obligó al joven Romualdo a ser testigo del mismo. En el duelo murió su pariente. Tanto sufrió en aquel duelo y tanto le horrorizó que decidió abandonar el mundo y entregarse de lleno a Dios en una durísima vida de penitencia.

Abandonado el mundo, se retiró a un convento benedictino cerca de Rávena. Su rigurosa penitencia y su fiel observancia pronto fue como un látigo que continuamente fustigaba a más de uno de aquellos religiosos que llevaban más bien una vida poco digna. Comprendiendo que su presencia allí no era del agrado de todos, abandonó el convento y se retiró a un desierto donde se puso a las órdenes de un tal Marino, de modales rudos y rigurosos, y a quienes le seguían les obligaba a durísimas penitencias. Romualdo se entregó de lleno a la oración, y maceración de su cuerpo…

Su padre Sergio, al oír contar maravillas de su hijo, sintió también arrepentimiento de sus pecados y se retiró asimismo a un desierto para hacer penitencia. Después de cierto tiempo las tentaciones lo hacían titubear… Al enterarse de ello su hijo Romualdo, acudió presuroso al lado de su padre para ayudarle en la prueba de la cual salió airoso.

La vida de Romualdo durante más de treinta años fue prodigio de penitencia, de oración y de milagros. Eran muchos los que deseaban seguir a su lado y recibir su orientación. Alguien ha dicho que lo que fue la Orden de Cluny para Francia fue la Camáldula – fundada por San Romualdo – para Italia. Se le puede apellidar como el gran reformador del monacato, gran cenobita, anacoreta y fugoso predicador de la doctrina de Jesucristo. Al oírlo, muchos abandonaban su vida de pecado y trataban de seguir sus huellas.

Eran gentes sencillas y famosos pecadores los que acudían a ponerse a sus pies. Reyes y príncipes, como Otón III. El mismo rey San Esteban al arrojarse a sus pies exclamó: “¡Oh, si mi alma estuviera en tu bendito cuerpo!” Todos se admiraban cómo era posible que su cuerpo resistiera tan dura penitencia.

Cuando presentía que su hora se acercaba, se retiró a un lugar solitario prohibiendo que nadie le siguiera. Allí, en una cueva muy angosta se entregó a la más dura penitencia y trato amoroso con el Señor. Poco después vieron salir unos resplandores de su cueva… Eran los ángeles que llevaban el alma de su Padre espiritual San Romualdo al cielo. San Pedro Damián nos dejó una preciosa biografía de nuestro Santo, digno de ser imitado y en algunas virtudes sólo admirado. Era el 19 de junio de 1027.

lunes, 6 de junio de 2016

Guercino. Elías alimentado por los cuervos

Elías alimentado por los cuervos. XVII. Guercino
Óleo sobre lienzo, Medidas: 195 x 156 cm
National Gallery. Londres

Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.» Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.

Comenzamos la lectura del ciclo del Profeta Elías, en el primer libro de los Reyes. Elías castiga la infidelidad del reino de Israel profetizando que no lloverá durante un largo período de tiempo. Para ponerlo a salvo, Dios lo envía al torrente Carit, donde es alimentado por un cuervo.

Guercino nació en Cento (provincia de Ferrara), una ciudad entre Ferrara y Bolonia, en la región de Emilia-Romaña, de una familia de condición humilde. Además de en su ciudad natal, vivió y pintó también en Roma y Bolonia. En 1615 se trasladó a Bolonia, lo que le fue de gran provecho, pues le permitió estudiar las valiosas pinturas allí conservadas. Pintó dos grandes lienzos, Elías alimentado por cuervos y Sansón detenido por los filisteos, de un fuerte estilo caravaggista (aunque es poco probable que pudiera ver ningún Caravaggio). Estos óleos fueron pintados para el cardenal Jacopo Serra, el legado papal en Ferrara.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Guercino. San Gregorio con san Ignacio y san Francisco Javier.

San Gregorio con san Ignacio y san Francisco Javier. 1625. Guercino
Óleo sobre lienzo. Medidas: 296 cm x 211 cm.
National Gallery. Londres

Memoria de san Francisco Javier, presbítero de la Compañía de  Jesús, evangelizador de la India, el cual, nacido en Navarra, fue uno de los primeros compañeros de san Ignacio que, movido por el ardor de dilatar el Evangelio, anunció diligentemente a Cristo a innumerables pueblos en la India, en las Molucas y otras islas, y después en el Japón, convirtiendo a muchos a la fe. Murió en la isla de San Xon, en China, consumido por la enfermedad y los trabajos (1552).

El Martirologio Romano nos recuerda hoy la santidad de aquel hombre portentoso que fue Francisco Javier. Sus anhelos misioneros le llevaron hasta el extremo del mundo, en condiciones difíciles de imaginar para nosotros.

Contemplamos una obra en la que aparecen san Ignacio y san Francisco Javier, de rodillas ante el papa san Gregorio Magno. ¿Qué sentido tiene esta composición? Se trata de un encargo al pintor barroco Guercino para la familia Ludovisi, en Bolonia. En 1621, Alessandro Ludovisi fue elegido papa, escogiendo el nombre de Gregorio XV. Bajo su pontificado, fueron canonizados los dos santos jesuitas, Ignacio y Francisco Javier. Por eso, se los representa junto con el papa san Gregorio magno, patrón de Gregorio XV. La obra fue pintada poco después de la muerte del papa Gregorio XV, en 1623, y estaba probablemente destinada a la iglesia del Gesú de Roma. San Ignacio muestra un libro, que se referiría a las constituciones de la nueva Orden de los jesuitas, mientras que san Francisco Javier lleva una azucena, símbolo de su castidad.

miércoles, 1 de julio de 2015

Guercino. Abraham despide a Hagar e Ismael.

Abraham despide a Hagar e Ismael. 1657. Guercino
Óleo sobre lienzo. Medidas: 115cm x 154cm.
Pinacoteca de Brera. Milán.

Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. El chico creció, y lo destetaron. El día que destetaron a Isaac, Abrahán dio un gran banquete. Pero Sara vio que el hijo que Abrahán había tenido de Hagar, la egipcia, jugaba con Isaac, y dijo a Abrahán: «Expulsa a esa criada y a su hijo, porque el hijo de esa criada no va a repartirse la herencia con mi hijo Isaac.» Como al fin y al cabo era hijo suyo, Abrahán se llevó un gran disgusto. Pero Dios dijo a Abrahán: «No te aflijas por el niño y la criada. Haz exactamente lo que te dice Sara, porque es Isaac quien continúa tu descendencia. Aunque también del hijo de la criada sacaré un gran pueblo, por ser descendiente tuyo.»

La primera lectura de la Eucaristía sigue narrándonos la historia de Abraham. El texto del Génesis establece la contraposición entre las dos descendencias de Abraham: la que es fruto de la naturaleza, con la joven esclava, de la que surge el linaje de Ismael; y la que es fruto de la fe con la anciana esposa Sara, de la que nace el pueblo de la alianza. La escena la vemos representada en el lienzo del Guercino, el célebre pintor barroco italiano.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Guercino. San Gregorio con san Ignacio y san Francisco Javier.

San Gregorio con san Ignacio y san Francisco Javier. 1625. Guercino
Óleo sobre lienzo. Medidas: 296 cm x 211 cm.
National Gallery. Londres

Memoria de san Francisco Javier, presbítero de la Compañía de  Jesús, evangelizador de la India, el cual, nacido en Navarra, fue uno de los primeros compañeros de san Ignacio que, movido por el ardor de dilatar el Evangelio, anunció diligentemente a Cristo a innumerables pueblos en la India, en las Molucas y otras islas, y después en el Japón, convirtiendo a muchos a la fe. Murió en la isla de San Xon, en China, consumido por la enfermedad y los trabajos (1552).

El Martirologio Romano nos recuerda hoy la santidad de aquel hombre portentoso que fue Francisco Javier. Sus anhelos misioneros le llevaron hasta el extremo del mundo, en condiciones difíciles de imaginar para nosotros.

Contemplamos una obra en la que aparecen san Ignacio y san Francisco Javier, de rodillas ante el papa san Gregorio Magno. ¿Qué sentido tiene esta composición? Se trata de un encargo al pintor barroco Guercino para la familia Ludovisi, en Bolonia. En 1621, Alessandro Ludovisi fue elegido papa, escogiendo el nombre de Gregorio XV. Bajo su pontificado, fueron canonizados los dos santos jesuitas, Ignacio y Francisco Javier. Por eso, se los representa junto con el papa san Gregorio magno, patrón de Gregorio XV. La obra fue pintada poco después de la muerte del papa Gregorio XV, en 1623, y estaba probablemente destinada a la iglesia del Gesú de Roma. San Ignacio muestra un libro, que se referiría a las constituciones de la nueva Orden de los jesuitas, mientras que san Francisco Javier lleva una azucena, símbolo de su castidad.

martes, 18 de junio de 2013

La flagelación de Cristo


La flagelación de Cristo, 1657. Obra de Guercino
Óleo sobre lienzo,  250 x 185 cm

El evangelio de hoy (Mateo 5, 43-48) trae palabras duras para aceptar y difíciles de cumplir desde una perspectiva puramente humana. Jesús no enseña a amor y orar para resumir diciéndonos, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

En esta imagen podemos ver como, mientras están flagelando al hombre, Cristo, éste se dirige a nosotros y con su mirada nos interroga, nos habla, nos provoca con su perdón y su amor. Amar al enemigo, a aquel que lo flagela, lo insulta, lo hostiga y lo crucifica. El sabe que el amor es mas fuerte que la muerte y que la perfección de la que nos habla esta en darse hasta cuando te quitan la  propia vida. 

Jesús nos enfrenta con la mentalidad que nacía de divisiones entre judíos y no judíos, entre prójimo y no prójimo, entre santo y pecador, entre puro e impuro, etc. Jesús manda sobreponerse a este orden nacido de divisiones interesadas. Nos enseña a superar estas divisiones en el Amor. Si el Padre celestial, hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque solo amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? La perfección del Padre celestial esta ahí, difícil de alcanzar desde nuestra propia humanidad pero nada imposible, con la ayuda de Dios y nuestro firme propósito de vivir evangelicamente.

El amor es el principio y el fin de todo. No hay mayor amor que dar la vida para los hermanos (Jn 15,13). Jesús imitó al Padre y reveló su amor. Cada gesto, cada palabra de Jesús, desde el nacimiento hasta la hora de morir en la cruz, era una expresión de este amor creador que no depende del presente que recibe, ni discrimina al otro por motivo de raza, sexo, religión o clase social, sino que nace de un querer al otro, gratuitamente. Fue un creciendo continuo en ese Amor redentor desde el nacimiento hasta la muerte en Cruz en la que ofreció su perdón a quien lo estaba torturando. Padre, ¡perdonalos! ¡No saben lo que hacen! (Lc 23,34).

Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.