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viernes, 30 de octubre de 2015

Fernando Gallego. La Piedad

La Piedad. 1465. Fernando Gallego
Técnica mista sobre tabla. Medidas: 118cm x 111cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Contemplamos este viernes el misterio de la Cruz, por el que hemos recibido la salvación. Por eso, contemplamos una Piedad, que representa el dolor de la Virgen por su hijo muerto, la Piedad, abrazando el cuerpo inerte de Cristo apenas cubierto por el paño de pureza, y con la Cruz, símbolo de su martirio, tras ellos. En su obra, Fernando Gallego sitúa a la izquierda a los anónimos donantes, representados a menor tamaño. Una cartela dice: Miserere mei, Domine (“ten compasión de mí, Señor”), solicitando el perdón de Cristo para merecer los frutos de la Redención. Al fondo, entre el paisaje rocoso, se levanta una ciudad amurallada que evoca a Jerusalén, como si fuera una ciudad medieval. 

Fernando Gallego, prescindiendo de las heridas y sangre de Cristo que suelen aparecer en la representación de la Piedad, concentra el dramatismo de la escena en la intensidad del abrazo de la Virgen a su Hijo y en la expresión de su rostro, y destaca la soledad de María, en una composición piramidal con su túnica roja -alusiva al dolor de la Pasión- y su manto azul.

viernes, 23 de octubre de 2015

Taller de Van der Weyden. Piedad

Piedad. 1440-1450. Taller de Rogier van der Weyden
Óleo sobre tabla. Medidas: 46 cm x 34 cm.
Museo del Prado. Madrid

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: "Chaparrón tenemos", y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: "Va a hacer bochorno", y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

El Evangelio de hoy nos habla del signo que tiene lugar en el tiempo presente, es decir, la irrupción salvadora de Dios en la historia de los hombres. En la Cruz tiene lugar la plenitud de este misterio, que se erige como el momento más decisivo de la historia humana.

Contemplamos hoy una obra típica del taller de van der Wyden: una crucifixión con un personaje desconocido, sin duda, el donante de la obra. Son varias las obras que tienen las mismas características. Las imágenes podían adaptarse en cada caso según el deseo del cliente. Es frecuente que las figuras añadidas aparezcan integradas con cierta torpeza, y ligeramente fuera de escala, como el donante en el cuadro del Prado. Todas las versiones que se conservan parecen realizadas por ayudantes distintos que trabajaban por separado y que tenían gustos muy diferentes en materia de color. En todas ellas, no obstante, el estilo es claramente el de Van der Weyden. Como ha tenido que perderse una gran cantidad de cuadros como este, es imposible estimar cuántos de ellos habrían salido del taller del maestro, tanto antes como después de su muerte.

La Piedad del Prado es un ejemplo excelente de obra de gran calidad realizada sin duda por miembros del taller de Van der Weyden. Como conservaban la inconfundible personalidad artística del maestro, las piezas de ese tipo debieron de contribuir no poco a difundir su fama y a establecer su papel como el mejor y más importante pintor de temas religiosos de su tiempo.

sábado, 24 de mayo de 2014

Bartolomé Bermejo. Piedad del canónigo Luis Desplá


Piedad del canónigo Luis Desplá. 1490. Bartolomé Bermejo
Témpera sobre tabla. Medidas: 172cm x 189cm.
Catedral de Barcelona

Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

Estas palabras de Jesús, que escuchamos en la liturgia de este día, sitúan las posibles persecuciones que podamos sufrir en el contexto del misterio de la Muerte y Resurrección del Señor. Y queremos contemplar hoy este misterio junto a María, la Madre dolorosa que permaneció al pie de la Cruz, y que gozó con el glorificación del Hijo.


Para ello, hemos escogido una obra de la pintura hispano-flamenca: la conocida Piedad del canónigo Luis Desplá, pintada para la Catedral de Barcelona. Se pintó por encargo del arcediano Lluís Desplà, que aparece a la derecha de la composición. Esta obra destaca por su composición, una cruz formada por la Virgen y el cuerpo yacente de Jesús sobre su regazo, el verismo de los personajes, que enseñan expresiones desgarradas, caso de la Virgen, y contenidas, caso de los acompañantes, y el paisaje, lleno de referencias simbólicas, al Edén mediante su guardián el león, a María mediante la mariquita, a la muerte a través de la carabela y a la resurrección mediante la mariposa.

sábado, 29 de marzo de 2014

Pedro Berruguete. La Piedad

La Piedad.1480. Pedro Berruguete
 Óleo sobre tabla. Medidas: 127cm x 91cm.
Museo Nacional de Escultura. Valladolid

Desde la época románica fue creciendo en la piedad del pueblo cristiano la contemplación de los misterios del Señor desde la perspectiva de santa María, su madre. Los gozos y dolores de la Virgen fueron motivo frecuentemente abordados por los artistas, para responder a la devoción de quienes se dirigían a María, confiando en su preciosa intercesión.

Uno de estos temas de devoción es el de la Piedad: la Virgen dolorosa acoge en su regazo el cadáver de Jesús, tras bajarlo de la Cruz, como lo había sostenido cuando era niño, presentándolo ante los hombres como Salvador del mundo. Los artistas expresaron en el dolor de la madre afligida todo el sufrimiento humano, que busca consuelo y respuesta en el misterio de Dios. Por eso, este tema fue tan popular en la pintura, en la escultura, en la música y en la poesía.

También contemplamos nosotros hoy la Piedad, el amor de la Virgen dolorosa, en la magnífica tabla de Pedro Berruguete. La composición tiene como fondo la cruz y llama en ella la atención la gesticulación de las manos. La Virgen mantiene ambas manos abiertas, tanto para expresar su dolor ante el Hijo muerto, como para ofrecer a todos los hombres su sacrificio salvador. Este gesto se corresponde con el de las manos del cadáver de Cristo, que muestran las heridas de los clavos, y también cuelgan, exánimes, abiertas, tras habernos entregado su vida para que nosotros no muramos. Una de las mujeres cruza sus manos en oración y, la otra, sostiene reverente con un paño la cabeza de Jesús, como si de la Eucaristía se tratase.


Con un dibujo minucioso hasta el extremo, reforzado por el trazo subyacente, Berruguete construye la composición a través de líneas de gran definición. Un cromatismo sereno, con magistrales veladuras, permite captar las texturas de los materiales. La incidencia de la luz y su irrupción lateral en el cuadro ayudan a conformarlo para obtener el efecto realista final. Junto a ello, la proyección de las sombras de los clavos de la cruz logra un efecto de profundidad, aumentada con la insinuación del ambiente natural mostrado con timidez en primer término. El telón dorado del fondo, utilizado en otros trabajos del maestro, sobre el que se inscriben los nimbos de las figuras con inscripción, es un recurso que perdura del Medioevo y sus estereotipos, mezclando la sugerencia del exterior del primer plano con la dignidad sacral de lo dorado. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Fernando Gallego. La Piedad


La Piedad. 1465. Fernando Gallego
Técnica mista sobre tabla. Medidas: 118cm x 111cm.
Museo del Prado. Madrid. España

El santo Padre Francisco nos ha invitado a dedicar esta jornada a la oración por la paz, especialmente en Siria y en Egipto, donde la amenaza de la guerra se cierne con su siniestra sombra. Para ayudar a este propósito, y concentrar nuestra oración sobre los efectos de la violencia y de la Redención, hemos escogido una Piedad, es decir, la escena de Cristo muerto, bajado de la cruz, y sostenido en el regazo de la Virgen María.

La muerte de Jesús fue una mezcla de motín vergonzoso, de venganza llena de odio, de siniestro cálculo político, y de inmoral connivencia del poder. Pero su resultado final no fue una más de las lamentables injusticias de las que avergüenzan la historia de la humanidad, sino que fue el camino seguido por Dios, precisamente, para rescatarnos de esa ignominia a la que conduce nuestro pecado.

La Piedad representa el dolor de la Virgen por su hijo muerto, la Piedad, abrazando el cuerpo inerte de Cristo apenas cubierto por el paño de pureza, y con la Cruz, símbolo de su martirio, tras ellos. En su obra, Fernando Gallego sitúa a la izquierda a los anónimos donantes, representados a menor tamaño. Una cartela dice: Miserere mei, Domine (“ten compasión de mí, Señor”), solicitando el perdón de Cristo para merecer los frutos de la Redención. Al fondo, entre el paisaje rocoso, se levanta una ciudad amurallada que evoca a Jerusalén, como si fuera una ciudad medieval. 

Fernando Gallego, prescindiendo de las heridas y sangre de Cristo que suelen aparecer en la representación de la Piedad, concentra el dramatismo de la escena en la intensidad del abrazo de la Virgen a su Hijo y en la expresión de su rostro, y destaca la soledad de María, en una composición piramidal con su túnica roja -alusiva al dolor de la Pasión- y su manto azul.