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viernes, 27 de enero de 2017

Rembrandt. Timoteo y su abuela Loida.

Timoteo y su abuela Loida, 1648. Rembrandt
Óleo sobre lienzo, Medidas: 40 x 31 cm
Colección del Conde de Ellesmere

Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría, refrescando la memoria de tu fe sincera, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero.

Recordamos y veneramos hoy la memoria de los santos Timoteo y Tito; ambos fueron discípulos de Pablo, y recibieron sendas epístolas, que conservamos en el canon del Nuevo Testamento. De la de Timoteo leemos esta entrañable página, que muestra la familiaridad que le tuvo Pablo. Esa misma familiaridad es la que intenta retratar Rembrandt en este lienzo, en el que aparece una anciana, con un libro en su regazo, que muestra a un niño que está a sus pies. El ambiente no es doméstico, pues está enmarcado en una arquitectura que evoca un templo.

miércoles, 20 de julio de 2016

Rembrandt. Jeremias lamentando la destrucción de Jerusalén

Jeremias lamentando la destrucción de Jerusalem. 1630. Rembrandt
Óleo sobre lienzo. Medidas: 58 cm x 46 cm.
Museo Rijksmuseum. Amsterdan

Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, de los sacerdotes residentes en Anatot, territorio de Benjamín. Recibí esta palabra del Señor: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.» Yo repuse: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.» El Señor me contestó: «No digas: "Soy un muchacho", que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor. El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo: «Mira: yo pongo mis palabras en tu boca, hoy te establezco sobre pueblos y reyes, para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar.»

Comenzamos la lectura de la Profecía de Jeremias en la Eucaristía. Por eso, traemos hoy para nuestra contemplación un lienzo de Rembrandt, en el que aparece el profeta en la edad madura, lamentándose de la destrucción de Jerusalén. Aparece con la mano apoyando su cabeza, en actitud doliente, en un paisaje rocoso bellamente iluminado.

martes, 7 de julio de 2015

Rembrandt. Jacob lucha con el ángel

Jacob lucha con el ángel. 1659. Rembrandt
Óleo sobre lienzo. Medidas: 137 cm x 116 cm.
Gemäldegalerie, Berlin

En aquellos días, todavía de noche se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos siervas y los once hijos y cruzó el vado de Yaboc; pasó con ellos el torrente e hizo pasar sus posesiones. Y él quedó solo. Un hombre luchó con él hasta la aurora; y, viendo que no le podía, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa, mientras peleaba con él. Dijo: «Suéltame, que llega la aurora.» Respondió: «No te soltaré hasta que me bendigas.» Y le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Contestó: «Jacob.» Le replicó: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con hombres y has podido.» Jacob, a su vez, preguntó: «Dime tu nombre.» Respondió: «¿Por qué me preguntas mi nombre?» Y le bendijo. Jacob llamó aquel lugar Penuel, diciendo: «He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo.» Mientras atravesaba Penuel salía el sol, y él iba cojeando. Por eso los israelitas, hasta hoy, no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.

La primera lectura de la Eucaristía nos presenta la escena de la lucha de Jacob con el ángel, que expresa el deseo humano de llegar a Dios. A este santo deseo responde el ángel cambiándole el nombre a Jacob; desde entonces se llamaría Israel. La imagen que contemplamos, de Rembrandt, nos muestra a Jacob, en un tono más oscuro, luchando con un ángel que irradia luz.

sábado, 7 de marzo de 2015

Rembrandt. El retorno del hijo pródigo.


El retorno del hijo pródigo. 1640. Rembrandt
Óleo sobre lienzo. Medidas: 262 cm x 205 cm.
Museo del Hermitage. San Petersburgo.

El segundo sábado de Cuaresma escoge como tema central la parábola del Hijo Pródigo, uno de los textos más característicos del Evangelio según san Lucas, el texto que nos habla de manera más clara acerca de la misericordia de Dios, manifestada en Jesucristo.

Para contemplar la escena hemos escogido una de los tesoros del Museo del ermitage, en San Petersburgo: el lienzo que Rembrandt dedicó a este tema, obra que ha alcanzado un merecido renombre.

La escena representa el momento cumbre del perdón del padre frente al hijo arrepentido de su propia conducta. Rasgo de arrepentimiento es que comparece con el cabello rapado y se arrodilla ante el padre. Viste andrajos con agujeros. El anciano lo acoge con un gesto amoroso y casi protector, expresando así sentimientos de misericordia y compasión. Coloca las manos amorosamente en la espalda del hijo. A la derecha, observa la escena un personaje identificado como el hijo mayor; viste de manera lujosa y con un yelmo dorado. Se ha señalado también que podría ser un personaje político. Al fondo se distinguen dos figuras no bien identificadas.

La luz incide directamente en esta pareja padre-hijo, así como en el rostro del personaje de la derecha. El resto de la composición queda en la sombra. Se ha relacionado el tema de esta obra y su forma de expresarla con el momento personal que pasaba Rembrandt, viejo, solo y arruinado, ya próximo a su muerte. De ahí que logre transmitir una sensación de tragedia elevada a un símbolo de significado universal.

martes, 27 de enero de 2015

Rembrandt. Timoteo y su abuela Loida.

Timoteo y su abuela Loida, 1648. Rembrandt
Óleo sobre lienzo, Medidas: 40 x 31 cm
Colección del Conde de Ellesmere

Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría, refrescando la memoria de tu fe sincera, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero.

Recordamos y veneramos hoy la memoria de los santos Timoteo y Tito; ambos fueron discípulos de Pablo, y recibieron sendas epístolas, que conservamos en el canon del Nuevo Testamento. De la de Timoteo leemos esta entrañable página, que muestra la familiaridad que le tuvo Pablo. Esa misma familiaridad es la que intenta retratar Rembrandt en este lienzo, en el que aparece una anciana, con un libro en su regazo, que muestra a un niño que está a sus pies. El ambiente no es doméstico, pues está enmarcado en una arquitectura que evoca un templo.

jueves, 1 de agosto de 2013

Rembrandt. Moisés rompiendo las tablas de la ley.



Moisés rompiendo las tablas de la Ley. 1659. Rembrandt
Óleo sobre lienzo. Medidas: 168 cm x 136 cm.
Galería de Pintura. Berlín. Alemania.

La liturgia sigue presentándonos el ciclo de Moisés en la primera lectura de la Eucaristía. La culminación de este ciclo es la construcción del santuario, según el mandato de Dios, que acompañó a Israel por el desierto, y que prefigura el futuro templo de Jerusalén.

La figura de Moisés que tal vez haya alcanzado mayor popularidad es la que pintó Rembrandt, y que hoy se expone en el Museo de Berlín. Está con la tabla de la Ley, a punto de romperla contra el suelo, ante el pecado del pueblo.

martes, 2 de julio de 2013

Cristo en la tempestad del mar de Galilea


Cristo en la tempestad del mar de Galilea, 1633. Rembrant
Óleo sobre lienzo. 160 x 127 cm. 
Paradero desconocido, robado del Isabella Stewart Gardner Museum, Boston. EE.UU.

El evangelio de hoy,  Mt 8, 23-27, nos narra un momento en el que los discípulos temen ante la aparente despreocupación del Señor. 

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole:
-«¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo:
-«¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados:
-«¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

El artista holandés Rembrandt produjo muchas obras de arte con la intención de describir muchos objetos y situaciones diferentes. No se limita a una forma de pinturas, sino ramificado desde retratos precisos casi psicologicos,  escenas descriptivas y paisajes históricos definidos a veces poco comunes.  Una de las pinturas que pueden definir esto es el  de la tormenta en el Mar de Galilea. Rembrandt pintó este cuadro detallado y expresivo en 1633. Especialmente la expresión que puso en cada uno de los individuos de la imagen es  un análisis del temor, el desasosiego y el ruego casi impaciente que contrastan con el de Cristo recién despertado y que serenamente les dirá, "hombres de `poca fe" porque y a que temeis. Obviamente, una tormenta se está librando y sus vidas están en juego pero, no es esto lo que puede dejarnos a la espera de la actuación de Cristo,es su presencia y su confianza la que deberían haber bastado para estar y vivir confiados. Algunos de los pescadores están luchando duro para mantener el control de su nave, algunos están muy asustados, mientras que otros están suplicando a Jesús para salvarlos. Una persona incluso parece que podría estar mareado y desesperado en exceso. Rembrandt fue capaz de representar todas las emociones de este grupo que estando atrapados en una terrible tormenta, no son capaces de sentir la presencia salvífica de Cristo