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jueves, 28 de julio de 2016

Anónimo. El Salvador

El Salvador. XVII. Anónimo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 104 cm x 83 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos les contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Jesús es el escriba que entinede del Reino de los Cielos, porque es precisamente su Señor. Por eso, hemos escogido hoy para nuestra contemplación un hermoso lienzo, de autor desconocido, que nos muestra al Señor bendiciendo al mundo, sobre cuya esfera se yergue la Cruz salvadora.

lunes, 18 de mayo de 2015

Anónimo. El Salvador

El Salvador. 1510. Anónimo
Óleo sobre tabla. Medidas: 34 cm x 27 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.

Encontramos nuestra verdadera paz solo en Cristo, nuestro Señor. Éste es el mensaje que nos transmite el Evangelio que leemos en la Eucaristía de este séptimo lunes de Pascua, a la espera del Espíritu Santo.

Contemplamos una tabla anónima, de procedencia flamenca, pintada a comienzos del siglo XVI. Cristo aparece con una mano bendiciendo, y la otra apoyada sobre la esfera del mundo, sobre la que se alza la Cruz. Esta imagen de devoción nos sirve hoy para levantar nuestra confianza al Señor, que nos envía su Espíritu Santo para guiarnos por entre los caminos de este mundo.

martes, 28 de abril de 2015

Pere Teixidor. Salvator mundi

Salvator mundi. 1420-1430. Pere Teixidor
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 183 cm x 134 cm.
Museo Nacional de Arte de Cataluña

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

Nos acercamos a Jesús, confesando en él la presencia del Hijo de Dios todopoderoso. Resucitado de entre los muertos, ya no muere más. Está sentado a la derecha del Padre Eterno, e intercede por nosotros, las ovejas de su rebaño.

La tabla que hoy contemplamos es el compartimento central de un retablo dedicado al Salvador. Procede de Estopiñán (Huesca). Cristo sostiene con la izquierda el mundo, mientras la derecha bendice, en presencia de los ángeles.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Taller de Hans Memling. Salvator Mundi

Salvator mundi. 1475-1499. Taller de Hans Memling
Óleo sobre tabla. Medidas: 27 cm x 20 cm.
Museo Metropolitano de Nueva York

No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Si Israel recibió por medio de Moisés la Ley, fue su mismo autor, Dios en la persona del hijo encarnado en nuestro Señor Jesucristo, quien vino a llevarla a su plenitud con el poder de su divinidad.

Esta divinidad del Señor manifestada en su humanidad es lo que nos intenta transmitir la iconografía del Salvator Mundi, el Salvador del mundo. Contemplamos una tabla procedente del taller de Hans Memling, en la que aparece Cristo con un signo regio (la esfera del mundo), coronada por su cruz, y con la mano derecha bendiciendo.

martes, 27 de mayo de 2014

Zurbarán. El Salvador bendiciendo.

El Salvador bendiciendo. 1638. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 100cm x 72cm.
Museo del Prado. Madrid.

Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.

Los últimos días de Pascua suenan a despedida en la Liturgia. El Señor, después de la Resurrección, dejó a sus discípulos. Los dejó, pero no nos abandonó, pues nos dejó su Espíritu Santo. Pero, desde entonces, su sacratísima humanidad no nos ha acompañado físicamente, como lo hizo en Israel durante aquellos treinta y tres años. Su bendición, con todo, guía y orienta a la Iglesia en su camino a través de la historia.

Esto es lo que quiso mostrar Zurbarán en la obra que hoy contemplamos. Cristo bendice el mundo, sobre el que se paso su mano, sujetando la Cruz que, como signo de triunfo, se levanta sobre el globo terrestre. Se trata de una obra de devoción, que muestra la confianza creyentes en el Señor, que nos ha prometido no dejarnos solos. Me parece una magnífica expresión de la fe cristiana.