domingo, 27 de septiembre de 2015

Antonio Palomino. Pentecostés


Pentecostés. 1696. Antonio Palomino
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 164cm x 108cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Moisés replicó: «¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!»

Leemos en la primera lectura esta lapidaria sentencia de Moisés, que podemos entender referida al misterio de Pentecostés, en el que el Señor envía el Espíritu Santo sobre su Iglesia. Por ello, hemos escogido precisamente esta escena de Pentecostés. La obra pertenece al pintor andaluz Antonio Palomino.

Palomino, que además de pintor era un profundo conocedor de los libros sagrados, supo reflejar en su representación de este fundamental acontecimiento la sensación de turbulencia creada por la irrupción de la blanca paloma, símbolo del Espíritu Santo, estableciendo además un contraste entre las actitudes de los Apóstoles, sorprendidos e incluso atemorizados ante lo desconocido, y la serenidad de la Madre de Dios, cuyo corazón intuía los designios divinos. Los contrastes luminosos, acentuados por el cortinaje dispuesto en pabellón que cierra la composición por arriba, conjugados con una técnica empastada y vibrante, contribuyen a lograr los efectos deseados.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Pedro Berruguete. Santos Cosme y Damián

Santos Cosme y Damián. XV. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla.
Colegiata de Covarrubias (Archidiócesis de Burgos)

Nos recuerda hoy el Martirologio Romano la santidad de Cosme y Damián, cuyos nombres han pasado también a la lista de los santos citados en el Canon Romano. Según la tradición, fueron dos hermanos médicos de Cilicia, en la actual Turquía, que fueron martirizados en el siglo III. 

Los hermanos gemelos San Cosme y San Damián nacieron en Cilicia, en algún momento del siglo III. Los médicos ejercían como tal en Siria, y daban auxilio a los más pobres, ofreciendo sus servicios y atención de manera gratuita, por lo que se ganaron la calificación de Ανάργυροι, que significa los “santos anargiros“, término utilizado para quienes no cobraban por sus servicios, viniendo a significar algo así como lo contrario a un mercenario.

Muy poco se sabe de la vida de estos santos mártires, a parte de la tradición que recoge que su Fe era tan grande que curaron muchas enfermedades tan solo con el poder de la oración. Se sabe que fueron martirizados durante la persecución del emperador Diocleciano. El prefecto de Cilicia, llamado Lisías, ordenó su apresamiento y pidió que fueran torturados hasta que renunciases a su Fe. Los médicos no sucumbieron, a pesar de haber sido colgados de una cruz, apedreados, flechados, y finalmente degollados.

Muy poco después de su muerte, se conoce la existencia de diversos templos construidos en su nombre en Jerusalén, Egipto y la antigua Mesopotamia. La devoción a los dos santos médicos se expandió rápidamente debido a la gran cantidad de milagros que realizaban, así como al testimonio admirable de su Fe. En el siglo VI, el emperador Justiniano el Grande ordenó que la ciudad de Ciro fuese dedicada a ellos, y la restauró de manera admirable. En Constantinopla, el mismo emperador ordenó la construcción de una gran basílica en su nombre, donde se venerarían sus reliquias.

El Papa Félix IV construyó en Roma una magnífica iglesia en honor de los santos Cosme y Damián. Un hombre encargado de la limpieza y vigilancia de este templo cayó enfermo de cáncer, que al cabo de cierto tiempo le corroyó totalmente la carne de una de sus piernas. Cierta noche, mientras dormía, soñó que acudían a su lecho los santos Cosme y Damián provistos de medicinas y de los instrumentos necesarios para operarle; pero antes de proceder a la operación uno de ellos preguntó al otro: ¿Dónde podríamos encontrar carne sana y apta para colocarla en el lugar que va a quedar vacío al quitarle la podrida que rodea los huesos de este hombre? El otro le contestó: Hoy mismo han enterrado a un moro en el cementerio de San Pedro ad vincula; ve allí, extrae una de las piernas del muerto, la que haga falta, y con ella supliremos la carroña que tenemos que raerle a este enfermo.

Uno de los santos se fue al cementerio, pero en vez de cortar al muerto la carne que pudiera necesitar, le cortó una de sus piernas y regresó con ella, amputó luego al enfermo la pierna que tenía dañada, colocó en su lugar la del moro, aplicó después un ungüento al sitio en que hizo el injerto y seguidamente los dos santos se fueron después al cementerio con la pierna que habían amputado al sacristán y la dejaron en la sepultura del moro, al lado de su cadáver.

Los artistas han representado después este milagro basándose en esta narración de Jacobo de la Vorágine. Entre las numerosas representaciones que se encuentran en la iconografía española, una de las más conocidas es el óleo sobre tabla de Pedro Berruguete que se encuentra en el Museo de la Real Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias. En ella, con un precioso colorido en el que destacan los rojos, los verdes y los ocres, se ve como los santos hermanos han llevado ya a cabo el trasplante de una pierna, la derecha, de distinto color (por ser de un negro o de un "moro"); pierna que ocupa el centro de la composición. No se muestra la cara del paciente. Y se han añadido algunas figuras, entre ellas dos mujeres.



viernes, 25 de septiembre de 2015

Reconstrucción del templo por Zorobabel.

Reconstrucción del Templo. XV. Anónimo
Iluminación sobre pergamino. Guillermo de Tito. Histoire d'Outremer.
Biblioteca Nacional de Francia

Di a Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judea, y a Josué, hijo de Josadak, sumo sacerdote, y al resto del pueblo: "¿Quién entre vosotros vive todavía, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos? ¡Ánimo!, Zorobabel –oráculo del Señor–, ¡Ánimo!, Josué, hijo de Josadak, sumo sacerdote; ¡Ánimo!, pueblo entero –oráculo del Señor–, a la obra, que yo estoy con vosotros –oráculo del Señor de los ejércitos–. La palabra pactada con vosotros cuando salíais de Egipto, y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis. Así dice el Señor de los ejércitos: Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. Pondré en movimiento los pueblos; vendrán las riquezas de todo el mundo, y llenaré de gloria este templo –dice el Señor de los ejércitos–. Mía es la plata y mío es el oro –dice el Señor de los ejércitos–. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero –dice el Señor de los ejércitos–; y en este sitio daré la paz –oráculo del Señor de los ejércitos.–

Leemos en la Eucaristía de hoy la profecía de Ageo, en la que anima a Zorobabel en la reconstrucción del Templo de Jerusalén, a la vuelta del destierro. El templo era el símbolo del lugar del encuentro entre Dios y los hombres. Sin llegar a alcanzar la gloria del templo de Salomón, el segundo templo significó la pervivencia religiosa de Israel. Contemplamos la iluminación que de este texto se recoge en un manuscrito francés del siglo XV.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Alejo Fernández. La Virgen de los navegantes

Virgen de los navegantes. 1531-1536. Alejo Fernández
Óleo sobre tabla.
Reales Alcázares. Sevilla

Celebra la Iglesia la memoria de nuestra Señora la Virgen de la Merced. La iglesia reconoce, honra y venera a la Virgen María, principalmente, con el título de madre: Madre de Dios y Señor Jesucristo, y Madre de la iglesia, de todos los hombres, ya que la redención de Jesucristo es universal y todos los hombres son llamados a pertenecer al pueblo de Dios, la Iglesia. Con San Pedro Nolasco, en la primera mitad del siglo XIII, comienza a invocarse a la Virgen bajo el título de la Merced. Santa María de la Merced es una invocación que expresa un aspecto esencial del misterio de María, evocando su presencia maternal y misericordiosa a favor de los fieles cristianos que se hallan en peligros y ansiedad, para que, rotas las cadenas de toda opresión, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu.

La Virgen de los Navegantes o de los mareantes es una pintura de Alejo Fernández, creada como tabla central de un retablo para la capilla de la Casa de Contratación en Sevilla. Es la pintura más temprana que se conoce cuyo tema es el descubrimiento de América. Algún tiempo antes de 1536, los oficiales de la Casa de Contratación encargaron la pintura como la tabla central del retablo que instalaron en la Sala de Audiencias, de manera que la habitación sirviera también como capilla. Los estudiosos datan esta pintura de 1531–36.

En la Era de los descubrimientos, los católicos de toda Europa comenzaban a ver en la Virgen María un símbolo de maternidad y de todo lo que era bueno, amable y misericordioso. En la Virgen de los navegantes María está representada cubriendo con su manto a los españoles. Se alza sobre los mares, uniendo continentes, o sobre la bahía, para proteger a los barcos, su carga y la tripulación conforme se embarcan en la peligrosa travesía del Atlántico. Fernando el Católico y el emperador Carlos V (con la capa roja) están retratados junto a Cristóbal Colón, Américo Vespucio y uno de los Hermanos Pinzón, que se muestran arrodillados. Todos se elevan sobre nubes sobre el agua, debajo de los pies de la Virgen. Alrededor de la Virgen se reúnen figuras de indígenas americanos.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Ghirlandaio. Zacarías escribe el nombre de san Juan

Zacarías escribe el nombre de san Juan. 1486-1490. Domenico Ghirlandaio
Fresco. Capilla Tornabuoni, Santa Maria Novella, Florencia

Martirologio Romano: Conmemoración de los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, Precursor del Señor. Isabel, al recibir a su pariente María en su casa, llena de Espíritu Santo saludó a la Madre del Señor como bendita entre todas las mujeres, y Zacarías, sacerdote lleno de espíritu profético, ante el hijo nacido alabó a Dios redentor y predicó la próxima aparición de Cristo, Sol de Oriente, que procede de lo Alto.

Los santos Zacarías e Isabel fueron los padres de san Juan Bautista. Su nacimiento viene narrado en el prólogo del Evangelio según san Lucas. El sacerdote Zacarías está oficiando en el templo, ccuando recibe la visita del ángel, que le anuncia el nacimiento de un hijo, cuando tanto él como su mujer, a causa de su avanzada edad, han perdido la esperanza de tener descendencia. Zacarías no da crédito al anuncio del ángel, que lo castiga privándole del uso de la lengua. Nace san Juan, y cuando van al Templo a poner el nombre al niño, recobra el habla al anunciar que se llamará Juan.

Vemos uno de los frescos con el ciclo de la vida de san Juan, que Ghirlandaio pintó para la Capilla Tornabuoni, en el coro de Santa Maria Novella. El que contemplamos presenta en el centro a Zacarías, escribiendo en una tabla el nombre de su hijo, que se llamará Juan. Santa Isabel lo sostiene en primer plano. Destaca la rica arquitectura y la galería de retratos de los personajes que contemplan la escena.

martes, 22 de septiembre de 2015

La Virgen de las Batallas

Virgen de las Batallas. 1225-1235. Anónimo
Bronce repujado y esmaltado. Medidas: 30 cm x 12 cm. x 12 cm
Museo del Prado. Madrid. España

Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra. María escuchó la Palabra del Señor, guardándola en el corazón. La liturgia nos invita hoy a imitar a la Santa Madre del Señor en su fe, en su confiada aceptación de la Palabra. Por eso, hemos escogido una de las más venerables imágenes de María: la Virgen de las Batallas.

La escultura de la Virgen de las Batallas responde al modelo iconográfico de Virgen como sedes sapientiae, es decir, trono o sede de sabiduría. Se la representa sentada en un trono, en posición mayestática, sosteniendo al Niño, que es la figura central y principal que encierra en si la Sabiduría Sagrada y por ello muestra una actitud de bendecir, lleva el Libro de la Revelación y en su corona aparece el símbolo de la Cruz. Según cuenta la leyenda, Fernán González la llevaba en el arnés del caballo al campo de batalla para asegurarse la protección, de ahí que fuera conocida como Virgen de las Batallas. Fue realizada en los talleres de Limoges, hacia 1225-1235. Elaborada con placas de bronce dorado, adornadas con esmaltes y aplicaciones de piedras semipreciosas.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Andrea del Sarto. La Virgen con el Niño entre San Mateo y un ángel

La Virgen con el Niño entre San Mateo y un ángel. 1522. Andrea del Sarto
Óleo sobre tabla. Medidas: 177 cm x 135 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

El martirologio Romano nos recuerda hoy la figura del evangelista san Mateo, aquel publicano que fue llamado por Jesús, para escándalo de los fariseos, a abandonar su vida de pecado para seguirle. Iconográficamente se le representa con la forma de un hombre o un ángel, del mismo modo que Lucas se representa como un buey, Juan como un águila y Marcos como un león.

Hemos escogido para este día una tabla de Andrea del Sarto, de carácter devocional, en la que aparecen varios personajes. La Virgen María sostiene al Niño Jesús flanqueada por un ángel, a la derecha, y por San Mateo, a la izquierda. En el paisaje de fondo nos muestra una escena de los Evangelios Apócrifos (Protoevangelio de Santiago), Santa Isabel y San Juan Bautista niño huyendo de la Matanza de los Inocentes. 

La presencia de San Mateo en la composición responde a la condición de banquero del personaje que encargó la obra, Lorenzo di Bernardo Jacopi. El santo es considerado patrono de este gremio por su condición de publicano, recaudador de tributos, del Imperio Romano hasta que fue llamado al apostolado por Cristo. 

La obra perteneció a la Colección Real desde tiempos de Felipe IV (1605-1665). En 1819 ingresó en el Museo del Prado procedente del Monasterio de El Escorial.