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miércoles, 6 de marzo de 2019

El Greco. San Pedro arrepentido

San Pedro arrepentido, 1580. El Greco
Óleo sobre lienzo, Medidas: 109 x 90 cm
Museo Bowes. Durham (Inglaterra)

¡SANTA CUARESMA 2019!

Comenzamos el Tiempo de Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Este tiempo nos brinda la posibilidad de prepararnos para la celebración de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, mediante el arrepentimiento y la penitencia.

Tenemos un ejemplo en san Pedro, al que contemplamos en este lienzo de El Greco, quien después de negar a Jesús, salió y lloró amargamente.

miércoles, 23 de enero de 2019

El Greco. Visión de san Ildefonso.

Visión de san Ildefonso. 1600-1604. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 185 cm x 102 cm
Iglesia del Hospital de la Caridad. Illescas (Toledo)

Conmemora la liturgia de este día la santidad de san Ildefonso de Toledo. Para reconstruir su biografía, además de los datos contenidos en sus obras, disponemos principalmente del Beati Ildephonsi Elogium de San Julián de Toledo, contemporáneo suyo y segundo sucesor en la sede toledana; la Vita vel gesta S. Ildephonsi Sedis Toletanae Episcopi, atribuida a Cixila, obispo de Toledo (774-783), donde se mencionan por primera vez los milagros de su vida; y la Vita Ildephonsi Archiepiscopi Toletani de fray Rodrigo Manuel Cerratense, (siglo XVIII).

Nacido en el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de estirpe goda, era miembro de una de las distintas familias regias visigodas. Según una tradición fue sobrino del obispo de Toledo san Eugenio III, quien comenzó su educación. Por el estilo de sus escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono (ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo.

En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún muy niño, ingresó en el Monasterio de Agali o agaliense, en los arrabales de Toledo, contra la voluntad de sus padres. Más adelanté se afirma que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe interpretarse en el sentido de que desde niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de Eladio. Estando ya en el monasterio, funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda, y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a ocupar su sede por el rey Recesvinto. Muere el 667, siendo sepultado en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a Zamora.

Dentro del Santuario de Ntra. Sra. de la Caridad de Illescas se conserva una de las grandes obras maestras de el Greco, el lienzo de San Ildefonso. Es probable que este cuadro no estuviera dentro del contrato de 1603, sino que fuera anterior, ya que no se hace mención de él en los documentos. Lo que sí parece bastante claro es que este lienzo se diseñó para estar en el lugar que hoy ocupa. La escena que aquí se representa le sirve a El Greco para enfatizar la figura del Santo, patrón de la ciudad de Toledo. Además, intenta relacionar el tema del cuadro con el sitio donde lo va a colocar, ya que según cuenta la tradición, fue San Ildefonso el que trae a la villa de Illescas la imagen de la Virgen de la Caridad, que él poseía en su oratorio catedral mientras fue arzobispo de Toledo.

El Greco muestra al santo de una manera bastante novedosa. Si hasta este momento la escena que más se representaba de la vida de San Ildefonso era la de la Imposición de la Casulla a manos de la Virgen, aquí El Greco innova presentándonos al santo dentro de una escena más íntima e intelectual: sentado en su oratorio de la Catedral de Toledo, en actitud de escribir, quizás los tratados en defensa de la virginidad de María que le hicieron tan famoso, y buscando la inspiración en una imagen de la Virgen que él tenía en su oratorio y que probablemente era la Virgen de la Caridad de Illescas. Por tanto, El Greco pone como inspiradora de los tratados de San Ildefonso a la imagen de la Virgen de la Caridad, apoyando el discurso contrarreformista sobre la virginidad de María.

En este cuadro el pintor lleva hasta su tiempo la escena colocando al personaje en un escenario típico del siglo XVI. Destaca la captación del terciopelo rojo de la mesa y la luz intimista que se observa en el cuadro con la utilización de colores muy matizados para acompañar la atmósfera.

viernes, 22 de septiembre de 2017

El Greco. El Martirio de San Mauricio y la legión tebana.

El Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana. 1580-1582. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 445 cm x 294 cm.
Real Sitio de San Lorenzo del Escorial

En Agauno (hoy Saint Maurice d´Agaune), en la región de Valais, en el país de los helvecios, santos mártires Mauricio, Exuperio, Cándido, que siendo soldados, al decir de san Euquerio de Lyon, fueron sacrificados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Maximiano, juntamente con sus compañeros de la misma legión Tebea y el veterano Víctor, ilustrando así a la Iglesia con su gloriosa pasión (c. 302).

Esta noticia del Martirologio Romano nos invita hoy a contemplar una de las obras cumbres de la pintura religiosa: el Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana de El Greco. Fue encargado en 1580 por Felipe II para decorar una de las capillas laterales de la Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, concretamente la capilla consagrada al santo, dentro del programa iconográfico de culto a los santos, que había sido ideado para la misma de acuerdo a los dictámenes de la Contrarreforma.  Se eligió este tema porque el citado Santo era el patrón de la Orden del Toisón de Oro, cuya cabeza era Felipe II.

Doménico tardó casi tres años en pintar esta soberbia obra en su taller de Toledo, entregándola personalmente a finales de 1582, lo que demuestra que el pintor quería conseguir el favor de Felipe II y la oportunidad de poder trabajar en la decoración de El Escorial.  A su regreso de Portugal en 1583, el rey pudo ver la obra pero no resultó de su agrado, aunque su calidad artística le fue reconocida al tasarse la obra en 800 ducados.  A El Greco se le pedía claridad y decoro para la representación del martirio, pero él no sólo lo desplaza a segundo término, sino que lo hace con una serenidad inapropiada y sin verse la muerte de San Mauricio, colocando como motivo principal el momento en que el santo convence a sus compañeros para que permanezcan fieles a su fe en Cristo.

Además el pintor introduce en todos los grupos una serie de retratos de personajes con armaduras contemporáneas, con banderolas y ballestas, recurso bastante habitual de la pintura italiana y que El Greco había utilizado ya en algunos de sus cuadros, como en El Expolio, pero que, en realidad, resultan poco idóneos para el ornato de un lugar dedicado al culto como la Basílica. Seguramente el Greco sólo buscaba la presencia de altos dignatarios cortesanos, con la intención de relacionar la resistencia de San Mauricio a hacer sacrificios a los dioses, con el papel del rey como defensor de la fe católica frente a la herejía protestante.

Con este cuadro, El Greco fracasó para siempre en sus intentos de conseguir el mecenazgo real de Felipe II, y su Martirio acabó relegado a una estancia secundaria del Monasterio, la Sala de Capas o Sacristía de Coro.  La versión que realizó Rómulo Cincinato en 1584, se consideró como un verdadero modelo de corrección arqueológica para su sustitución en la capilla, donde hoy continúa figurando.

viernes, 24 de marzo de 2017

El Greco. Cristo abrazado a la Cruz

Cristo abrazado a la Cruz.1587-1596. El Greco
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 66cm x 52,5cm.
Colección Thyssen-Bornemisza. Madrid. España

Nuestro Señor Jesucristo no fue sorprendido por la muerte: aceptó el hecho de poder ser asesinado en obediencia al mandato del Padre de salvar al hombre y ejerciendo un amor sin límites hacia el ser humano, necio y pecador, que rechazaba su salvación. Esta voluntaria aceptación del terrible destino de la Cruz sólo puede comprenderse desde el amor salvador de Dios. Los artistas, especialmente desde El Greco, elevaron este hecho a la categoría de oración: la contemplación del Señor que se abraza a la Cruz, como instrumento de la salvación del hombre, objeto de su amor.

El Greco nos ha dejado bastantes muestras de este tema, que debió encontrar una gran aceptación entre las personas piadosas que se lo solicitaban. hace tiempo contemplamos el Cristo abrazado a la Cruz del Museo del Prado. Hoy, en la misma ciudad, contemplamos el custodiado en la Colección Thyssen. Cristo, en estas representaciones, aparece solo, de pie, de busto o de un poco más de medio cuerpo, cargando con la cruz y con la corona de espinas en su frente, de cuyas heridas brotan gotas de sangre que caen por su rostro y por su cuello. Los fondos pueden ser bien un celaje oscurecido o, como en el caso de la pintura del Museo, una tinta neutra de gran intensidad que resalta la figura y que potencia el tema como una simple imagen para la oración. El episodio, que se inscribe dentro del recorrido que Jesús hizo hasta la cima del Gólgota, se ha identificado con un momento de descanso en el que Cristo elevó su mirada al cielo para entablar un diálogo con el Padre, que concluyó con la aceptación de su sacrificio. El Greco, de esta manera, incide más en los valores relacionados con el espíritu que con los sufrimientos del cuerpo.

Este Cristo abrazando la cruz destaca sobre un fondo negro. De busto, con el cuerpo de frente, inclina su cabeza hacia la derecha, dirigiendo los ojos hacia arriba, mientras la única referencia que queda de la cruz es el trozo del asta que sostiene con una mano.Un factor determinante en estas composiciones son las manos, que, al igual que el rostro del Salvador, sirven para fijar el gesto y para transmitir un mundo emocional y que en esta serie de pinturas con Cristo abrazando la cruz tienen, por su posición y por su simbolismo, un protagonismo especial gracias a su extrema belleza. El Greco dibuja unos dedos largos y delgados, elegantes en sus proporciones, que nos revelan su estructura y que finalizan en unas uñas nacaradas que, como se ha comentado, están modeladas con seguridad y sensibilidad.

domingo, 5 de febrero de 2017

El Greco. El Salvador


El Salvador, 1610-1614, Domenico Thotocópoli “el Greco
Óleo sobre lienzo, 100’40 x 80’20 cm
Museo del Greco, Toledo. España 

Hoy en el  evangelio según san Mateo 5, 13-16, Jesús nos dice que y como debemos ser con unas imágenes muy hermosas y esenciales de la vida, la sal y la luz. Indispensables para la vida cotidiana y el desarrollo de la actividad del hombre, las consideramos insignificantes tantas veces no prestando atención a su verdadera importancia. Dos elementos a los que estamos tan acostumbrados  que cuando faltan notamos su ausencia con gran sorpresa. Posiblemente puede ser así nuestra vivencia de fe que, conviviendo con ella a diario, no somos capaces de valorarla y disfrutarla en la medida que se nos da. Es un don y un regalo que debemos poner a disposición y hacer de ésta un gozo para nuestra existencia. Miremos a este Cristo Salvador que hoy nos dice Tu eres la sal y la luz del mundo...

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte; tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero, y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. 

Esta obra sigue la tradición bizantina, aunque también utiliza algunos rasgos del arte de la Contrarreforma. La figura remite al Pantocrátor, tema recurrente de la iconografía cristiana medieval que en esta época prebarroca hay que poner en relación con encargos más pequeños destinados a la devoción particular, y que en manos de El Greco, que nos muestra una canónica imagen frontal de Cristo bendiciendo con la mano derecha a la manera griega y apoyando su brazo izquierdo en el globo del mundo, se conforma como una versión mucho más libre y personal, atrapando al espectador gracias a su majestuosidad y a esa penetrante mirada de extremada expresividad. 

Este Salvador forma parte de un Apostolado, un ciclo que el pintor repitió varias veces en su vida, uno de los conjuntos más singulares de su producción tardía. Aunque su procedencia no está muy clara y hasta hace poco se creyó que habían pertenecido al Hospital de Santiago de Toledo, desde donde, tras las desamortizaciones, habrían pasado a la iglesia de San Pedro Mártir y de ahí al Museo Provincial que se estableció en el monasterio de San Juan de los Reyes, las últimas investigaciones parecen apuntar a una donación de Manuel Marcelino Rodríguez, cura párroco de la iglesia de San Lucas, al Asilo de Pobres de San Sebastián, fundado en 1834.

viernes, 20 de enero de 2017

El Greco. Martirio de San Sebastián

El martirio de san Sebastián. 1577-1578. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 191 cm x 152 cm
Catedral de Palencia

Recordamos hoy la santidad de uno de los santos más populares de la Iglesia, el soldado san Sebastián, que renunció a su vida, en plena juventud, antes que renunciar de Cristo. En la iconografía cristiana, su retrato ha sido frecuentemente pintado en medio del tormento a que fue sometido, muriendo lentamente asaetedado. Tal vez la obra más célebre es la que pintó El Greco.

El lienzo, de gran tamaño, muestra a un joven san Sebastián atado a un árbol, desnudo y con una flecha en el costado. La inestable postura del santo, con una pierna flexionada sobre una roca y la otra tocando la piedra con la rodilla y apoyada en el suelo, muestra un típico contraposto de raigambre clásica, y permite al artista mostrar detenidamente la musculatura del tronco y del brazo derecho, atado a la espalda. El otro brazo se encuentra extendido hacia el vértice superior derecho, con la mano caída, lo que acentúa la sensación de debilidad ante el martirio. El tronco y la cabeza se encuentran levemente inclinados hacia la izquierda, iniciando el cuerpo del santo una torsión o postura serpentinata típicamente manierista. Se ha señalado que tanto el aspecto heroico del santo, como el interés por el desnudo (muy poco común en la pintura española) y la postura inestable y forzada pueden ser ecos de la obra de Miguel Ángel, cuyas obras vio El Greco en Roma.

El fondo presenta un cielo azul profundo con celajes blancos de aspecto metálico, típicos del pintor, y un breve paisaje con algunos árboles de tonalidades pardas y verdes, entre los que se mueven algunos personajes, muy diluidos en la lejanía, que pudieran ser los ejecutores del suplicio. La roca sobre la que se apoya san Sebastián lleva inscrita la firma del autor. El ambiente que rodea la figura es realista, incluyendo la representación exacta del árbol al que se ata al santo (una higuera), así como la veraz captación de su rostro. No hay referencia alguna a lo sobrenatural, salvo la mirada alzada al cielo del joven mártir. El artista utilizó una composición muy similar en una obra tardía, un San Jerónimo en penitencia, conservado en la National Gallery de Washington. El tema del martirio de san Sebastián lo trató el pintor en otro cuadro, igualmente de su época final y muy diverso formalmente del que tratamos, en el Museo del Prado.

La gama cromática se presenta más reducida que lo habitual en el Greco, aun cuando presenta notable riqueza, destacando los matices grises y pardos de las carnaciones y el paisaje, en contraste con el brillante azul del cielo, velado en parte por las nubes. El tratamiento de la luz es interesante, con un foco lumínico cenital, pero destaca aquí la ausencia del rompimiento de gloria que posteriormente utilizará el pintor en obras de este tipo.

El santo está resuelto con pinceladas gruesas y empastadas, al contrario del fondo, que las tiene más finas y sueltas.

domingo, 8 de enero de 2017

El Greco. El Bautismo de Cristo


El Bautismo de Cristo, 1597. El Greco
Oleo sobre lienzo. Medidas: 350 x 144 cm.
Museo del Prado

En el cap. 42 de Is podemos leer, "Mirad a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia en las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles. No romperá la caña resquebrajada, no apagará la mecha aún humeante. Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas." Un siervo que es el Hijo de Dios, como nos dice San Hipólito de Roma, "El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Hijo, Palabra inmortal, que vino a los hombres para lavarlos con el agua y el Espíritu; y, para regenerarnos con la incorruptibilidad del alma y del cuerpo, insufló en nosotros el espíritu de vida y nos vistió con una armadura incorruptible."

lunes, 2 de enero de 2017

Copia de El Greco. San Baislio

San Basilio.XVII. Copia de El Greco
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 241 cm x 162 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Celebramos hoy la memoria de los santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno. Contemplamos, precisamente, un retrato del primero. Aparece en actitud meditativa mientras lee un libro que sostiene con la mano izquierda; con la derecha recoge el báculo pastoral guarnecido con manga de paño verde. El personaje se sitúa en primer plano, en un exterior dominado por un paisaje muy abierto, con montañas al fondo y una larga muralla en segundo término, a la izquierda del espectador. En ese mismo flanco se distinguen numerosas figuras en actitud de escuchar la plática o predicación de un personaje con mitra, probablemente el mismo que protagoniza la composición y que se enmarca por el amplio celaje que subraya la monumentalidad de la figura.

La identidad del personaje fue reconocida de forma bastante temprana con san Basilio, aunque la dependencia de esta representación con la tela de San Ildefonso pintada por el Greco entre 1608 y 1613 para la capilla Oballe en la Iglesia de San Vicente Mártir de Toledo, y conservada en el real monasterio del Escorial, explicaría los vaivenes sobre la identificación del santo obispo, entre otras cosas porque esa importante obra del cretense no se reconoció como san Ildefonso hasta el siglo XX. Previamente, el santo pasó por identificarse como san Eugenio o incluso san Blas. Sin embargo, tanto la procedencia como las primeras referencias de la pintura indicaban con claridad la identificación con san Basilio el Magno, uno de los cuatro padres de la Iglesia griega, nacido en Cesárea de Capadocia, Asia Menor, en 328, que alcanzó la dignidad de obispo en 370.

Aunque no es frecuente en las representaciones del santo, la escena del fondo ilustra el encuentro entre el obispo, el emperador Valente y el prefecto Modesto ante las murallas de Cesárea, y donde Basilio mostró inflexible su posición contra el avance de la herejía arriana. Fue precisamente la representación del paisaje con la escena del fondo donde el pintor de este lienzo introdujo las variaciones fundamentales con respecto a la composición del Greco, el San Ildefonso escurialense. El santo sigue con absoluta fidelidad el original, pero se le ha envuelto en un espacio más amplio que ha permitido incluir esas referencias paisajísticas y narrativas. El tratamiento pictórico se aparta de las características del Greco en sus años finales, y la modulación del rostro o de la vestimenta acreditan una filiación artística próxima a la pintura naturalista del segundo tercio del siglo XVII

martes, 9 de agosto de 2016

El Greco. Cristo abrazado a la Cruz


Cristo abrazado a la Cruz.1600. El Greco
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 108cm x 78cm.
Museo del Prado. Madrid. España

El martirio, en la tradición cristiana, constituye la perfecta expresión del testimonio de fidelidad y de confianza en Cristo. El mártir entrega su vida a la muerte antes que renegar de Cristo, en la confianza de que participando de la Cruz del Señor tendrá también parte en su Resurrección. Además, el martirio incluye un grado sublime de caridad, pues el mártir no perece en el odio a quien injustamente lo asesina, sino que perdona a su asesino e intercede por él.

El modelo ideal del mártir, que hoy recordamos en santa Teresa Benedicta, es el propio Cristo, que abraza el horrendo instrumento de la Cruz, que por la fuerza del misterio pascual deja de ser instrumento de suplicio para convertirse en signo glorioso. Por eso, hemos escogido hoy uno de las imágenes sagradas más célebres de la pintura: el Cristo abrazando la Cruz de El Greco.

Cristo acariciando la Cruz, ha transcendido el dolor físico durante el camino al Calvario, alzando su mirada al Cielo con gesto sereno. El pintor cretense transforma la narración del pasaje bíblico tradicional en una imagen de devoción. La convierte en una metáfora de la salvación, de redención, coincidiendo con un momento en que la Contrarreforma ensalza la Cruz como uno de los símbolos más elocuentes. 

El tema fue tratado en numerosas ocasiones por El Greco. Esta versión destaca por su desenvuelta ejecución y vibrante factura. En 1786 se cita un cuadro con este tema en el Convento de San Hermenegildo de Madrid. Actualmente se expone en el Museo del Prado.

viernes, 20 de mayo de 2016

El Greco. San Bernardino de Siena

San Bernardino de Siena,1603. El Greco 
Óleo sobre lienzo, 269 cm x 144 cm
Museo del Prado, Madrid.

Recordamos hoy a San Bernardino de Siena (1380-1444). Creció en el seno de una familia patricia que le posibilitó una sólida formación intelectual. En 1400 ingresó en la Orden Franciscana. 

El Greco lo presenta cubierto con el hábito franciscano y empuñando en la mano derecha un bastoncillo coronado con el anagrama del nombre de Jesús. Bajo el brazo izquierdo sostiene un libro con característica encuadernación plateresca. En la esquina derecha del suelo, junto a sus pies, se amontonan tres mitras correspondientes a los tres obispados que rechazó y, en el lado opuesto, más al fondo, se bosqueja un paisaje y algunos edificios de Toledo.

San Bernardino se recorta sobre un celaje de nubes tormentosas que potencian la monumentalidad de la figura. Está concebido desde una composición piramidal, marcada por la ancha base que dibuja el hábito, y culminada en la delicada y pequeña cabeza del santo, un hombre de unos treinta años, de aguda mirada y fisonomía contemporánea al pintor: un rostro de finas facciones, perilla apuntada y bigotes de guías marcadas, ojos grandes y almendrados, de expresión melancólica, próxima a la de los caballeros retratados por el Greco en el Toledo de principios de siglo. Con esta visión, el Greco se aleja de la iconografía que representa al personaje más tradicional, en su vejez, gastado por las mortificaciones, con un rostro de asceta febril, demacrado y lleno de arrugas. Esta pintura fue un encargo de 1603 del colegio franciscano de San Bernardino.

martes, 10 de mayo de 2016

San Juan de Ávila


San Juan de Ávila, ca. 1630. Obra atribuida a el Greco
Óleo sobre lienzo, 79 x 62 cm.
Museo de El Greco. Toledo. España

Hoy recordamos un gran santo que fue proclamado doctor de la Iglesia el 7 de octubre de 2012 en Roma. Predicador infatigable y autor de obras de gran profundidad espiritual. Gran conocedor de la Sagrada Escritura, que citaba de memoria, de los Padres de la Iglesia, de los teólogos y de los autores de su tiempo. Estudia y difunde la doctrina de Trento para salir al paso de las opiniones de los reformadores, de las que estaba al tanto. Aunque la fuente principal de su ciencia era la oración y la contemplación del misterio de Cristo.  

En 1513 comenzó a estudiar leyes en Salamanca, de donde volvería después de cuatro años para llevar una vida retirada en Almodóvar, viviendo una vida de oración y penitencia, durará hasta 1520. Pues aconsejado por un religioso franciscano, marchará a estudiar artes y teología a Alcalá de Henares (1520-1526). Durante esta etapa murieron sus padres. Juan fue ordenado sacerdote en 1526, y quiso venerar la memoria de sus padres celebrando su Primera Misa en Almodóvar del Campo. A la ceremonia asistieron doce pobres que comieron luego en su mesa. Después vendió todos los bienes que le habían dejado sus padres, los repartió a los pobres, y se dedicó enteramente a la evangelización, empezando por su mismo pueblo.

Sus deseos de misión en las Indias, no llegaron a realizarse a pesar que se ofreciera como misionero al nuevo obispo de Tlaxcala (Nueva España), Julián Garcés, y con el propósito de embarcar se trasladó a Sevilla con su compañero de estudios en Alcalá, Fernando de Contreras. Sin embargo el arzobispo de Sevilla, Alonso Manrique ordenó a Juan de Ávila que abandonara esa idea y evangelizase Andalucía. Así pues san Juan de Ávila paso a ser el "Apóstol de Andalucía".

Desde 1531 hasta 1533 Juan de Ávila estuvo procesado por la Inquisición sevillana acusado de Erasmismo, del cual se había impregnado en Alcalá. Al cabo de un año, que paso cárcel, se le absolvió.

Tuvo gran influencia en el Concilio de Trento. El Maestro Ávila pertenece a ese grupo de verdaderos re formadores que alentaron e iluminaron la renovación de la Iglesia en aquellos tiempos recios del siglo XVI. Es  modelo de catequista ta que supo transmitir con seguridad el núcleo del mensaje cristiano y formar en los misterios  centrales de la fe y en su implicación en la vida cristiana, provocó la adhesión a Jesucristo y llamó a la conversión. Fue pionero en el ámbito de la educación y de la cultura. Fundó una universidad, Baeza (Jaén), dos colegios mayores, como el Colegio de San Pelagio (en la actualidad el Seminario Diocesano de Cordoba) y el Colegio de la Asunción (donde no se podía dar título de maestro sin haberse ejercitado antes en la predicación y el catecismo por los pueblos).once escuelas y tres convictorios para formación permanente e integral de los sacerdotes. Sacerdotes, a los que había que formar desde la niñez.

Fue amigo de todos y  padre en Cristo de muchos hombres de toda condición, nobles y  humildes, sacerdotes y seglares; y maestro, a la vez, de santos, tales como san Juan de Dios, san Francisco de Borja, san Pedro de Alcántara, san Ignacio de Loyola, san Juan de Ribera, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Jesús.

El Audi, Filia fue publicado después de su muerte. El rey Felipe II lo apreció tanto que pidió no faltara nunca en El Escorial. Prácticamente es el primer libro en lengua vulgar que expone el camino de perfección para todo fiel, aun el más humilde. El sentido de perfección cristiana es el sentido eclesial de desposorio de la Iglesia con Cristo.

Renunció a las prebendas y obispados (el de Segovia y Granada), así como el capelo cardenalicio (ofrecido por Paulo III)



San Juan de Ávila que había nacido el 6 de enero de 1499 en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), de una familia profundamente cristiana. Murió en Montilla, Cordoba, el 10 de mayo de 1569

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El Greco. San Martín de Tours

San Martín y el mendigo. 1597-1600. El Greco
Óleo sobre lienzo, 193 cm × 103 cm
Galería Nacional de Arte .Washington, Estados Unidos

Hoy celebra la Iglesia la memoria de san Martín de Tours, nacido en Panonia, Hungría en el 316 y muerto en Francia, 397. La representación que contemplamos fue concebida como parte del programa decorativo de la Capilla de san José en Toledo. La pintura fue realizada para agradar al donante, Martín Ramírez, por lo que El Greco muestra a san Martín, patrono del fundador, como Caballero con su exquisita armadura socorriendo a un mendigo, que se encuentra a la izquierda de la composición.

Martín Ramírez, fue un hombre que había destacado por sus buenas acciones exaltando la importancia de la caridad para la salvación del alma, según se había dispuesto en el Concilio de Trento. La escena se desarrolla en primer plano, excesivamente cercana al espectador. San Martín, vestido con una armadura damasquinada típicamente toledana, va montado en un elegante caballo blanco. Comparte su capa con el pobre que ha encontrado desnudo en el camino, figura que contemplamos a la izquierda de la composición. Al fondo vuelve a aparecer el paisaje toledano, envuelto en tormentosas nubes. Recurre a situar los personajes sobre un pequeño espacio de terreno, dando sensación de cierto agobio. La figura del santo es armoniosa y proporcionada. No se puede decir lo mismo de su caballo, de enormes patas, ni del mendigo, de una altura sorprendente que le hace aun más delgado. Emplea, por lo tanto, dos tipos de canon estético: el tradicional y el personal, diferenciados por la proporción de las figuras. La escena tiene un aire especial por el color empleado y por el lirismo con el que se cuenta la historia y que confiere a la escena un gran espiritualismo. Los azules, grises, verdes y blancos se adueñan del conjunto, destacando sobre marrones y negros. La luz refuerza estas tonalidades y resbala por las figuras, resultando de ello un interesante estudio lumínico.

domingo, 4 de octubre de 2015

El Greco. San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte

San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte. 1600-1614. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 160 cm x 103 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Cobijado en una cueva, san Francisco de Asís se arrodilla pensativo al tiempo que acoge entre sus manos estigmatizadas una calavera. El santo arrodillado sobre una suerte de pedestal pétreo que le eleva con respecto al hermano León. Éste está representado a la derecha del santo, arrodillado igualmente y en escorzo, en actitud orante  mientras contempla la calavera, objeto que centra la composición.

Los dos monjes visten el hábito gris franciscano, y cubren las cabezas con la ajustada capucha. Una luz espectral envuelve las figuras, en marcado contraste con el fondo castaño de la gruta, que se abre al exterior en el ángulo superior izquierdo y permite ver un pequeño fragmento de un cielo tormentoso.

El Greco fue sin duda el artista que mejor construyó una imagen del santo ascético y meditabundo, centrada en los episodios finales de la vida del franciscano, representado con un rostro afilado y un cuerpo escuálido embutido en un hábito holgado y un tanto mísero. Y así nos lo muestra esta tela, en la que se ilustra el retiro del de Asís en 1224 en el monte Alverna, en el valle italiano de Casentino, donde san Francisco vivió los episodios de la estigmatización y la visión de la antorcha, remedos de la vigilia cristológica en el Huerto de los Olivos, muy adecuados en una figura que la literatura franciscana trató de convertir en un segundo Cristo. 

Tras recibir los estigmas, el santo reflexiona sobre la cercana muerte, un tema clave en la cultura contrarreformista que se subraya por el protagonismo de la calavera, convertida en centro mismo de la composición, y que puede relacionarse con las recomendaciones de san Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales. En ocasiones también se ha puesto en paralelo con la visión meditabunda de Hamlet. En cualquier caso, el tratamiento meditativo y eremítico de este san Francisco enlazaría con la iconografía tradicional de otros santos como san Jerónimo o la Magdalena 

martes, 29 de septiembre de 2015

El Greco. La Anunciación

Anunciación. 1570-1572. El Greco
 Óleo sobre tabla. Medidas: 26 cm x 20 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Celebramos hoy la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Como dice san Gregorio, dichos nombres expresan una misión. El de Gabriel significa Fortaleza de Dios, ya que él fue encargado de comunicar a la Virgen maría que habría de concebir al Hijo de Dios. Por eso, hemos escogido esta interesante tabla de El Greco, en la que representa la Anunciación.

Se han apuntado varias fuentes para explicar la forma en que El Greco concibió esta representación: obras de Tiziano como La Anunciación de Santa María degli Angeli (Murano, 1537) o la Santa Catalina de Alejandría del Museum of Fine Arts de Boston (1567), y estampas de Giulio Bonasone y Giorgio Ghisi.

Es una obra muy cuidada en su ejecución, con un dibujo delicado realizado sobre la base de preparación, a la que luego se aplicó una primera capa de color, una emulsión al temple cubierta con un tratamiento posterior al óleo. La tabla fue comprada en 1868 a doña Concepción Parody, hija del cónsul general de las Dos Sicilias, sin que tengamos noticias anteriores de la procedencia. El Estado español adquirió la pintura para el Museo de la Trinidad, y desde esa institución pasó al Prado en 1872

sábado, 11 de julio de 2015

El Greco. San Benito

San Benito. 1557-1559. El Greco
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 116cm x 81cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Celebramos con gozo la Solemnidad de San Benito. Contemplamos, por eso, un lienzo del Greco, que hacía pareja con la imagen de San Bernardo que actualmente se exhibe en el Museo del Hermitage (San Petersburgo), y ambas flanqueaban la gran tela de la Asunción de la Virgen que hoy se conserva en el Art Institute de Chicago, en el segundo piso del retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo, bajo el lienzo con la representación de la Trinidad.

Los dos santos eran fundamentales en la orden benedictina, puesto que fueron el fundador y el reformador respectivamente de la misma en el siglo XII. Siguiendo fórmulas compositivas muy cercanas al género del retrato, Benito de Nursia aparece como un hombre maduro, de unos cincuenta años, rostro enjuto y rasgos muy concretos. Además del hábito negro de la orden, sostiene en la mano izquierda un rico báculo en plata sobredorada, emblema abacial por excelencia, y con la derecha realiza un gesto retórico, una señal que probablemente indica al espectador el sagrario del retablo situado a la derecha, el lugar sagrado por excelencia y donde está depositado el cuerpo de Cristo bajo las formas del pan y del vino.

La disposición piramidal, la gestualidad y el modo vívido de concentrar el rostro de san Benito invitan a pensar que estamos ante un hombre real, no un perfil idealizado; una manera de revitalizar y acercar la santidad a sus contemporáneos que el Greco repitió en otras ocasiones. La pintura tiene un sólido modelado, trabajado con abundante pasta cromática, semejante al empleado en los retratos de esa época. Destacan las manos, de gran belleza y efectiva factura, y el fondo, de atrevida resolución. La base gris acastañada aparece matizada cromáticamente por medio de pinceladas de tono azul verdoso, un color que sirve para envolver la cabeza del santo creando una suerte de nimbo o halo.

miércoles, 18 de febrero de 2015

El Greco. San Pedro arrepentido

San Pedro arrepentido, 1580. El Greco
Óleo sobre lienzo, Medidas: 109 x 90 cm
Museo Bowes. Durham (Inglaterra)

¡SANTA CUARESMA 2015!

Comenzamos el Tiempo de Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Este tiempo nos brinda la posibilidad de prepararnos para la celebración de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, mediante el arrepentimiento y la penitencia.

Tenemos un ejemplo en san Pedro, al que contemplamos en este lienzo de El Greco, quien después de negar a Jesús, salió y lloró amargamente.

viernes, 23 de enero de 2015

El Greco. Visión de san Ildefonso.

Visión de san Ildefonso. 1600-1604. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 185 cm x 102 cm
Iglesia del Hospital de la Caridad. Illescas (Toledo)

Conmemora la liturgia de este día la santidad de san Ildefonso de Toledo. Para reconstruir su biografía, además de los datos contenidos en sus obras, disponemos principalmente del Beati Ildephonsi Elogium de San Julián de Toledo, contemporáneo suyo y segundo sucesor en la sede toledana; la Vita vel gesta S. Ildephonsi Sedis Toletanae Episcopi, atribuida a Cixila, obispo de Toledo (774-783), donde se mencionan por primera vez los milagros de su vida; y la Vita Ildephonsi Archiepiscopi Toletani de fray Rodrigo Manuel Cerratense, (siglo XVIII).

Nacido en el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de estirpe goda, era miembro de una de las distintas familias regias visigodas. Según una tradición fue sobrino del obispo de Toledo san Eugenio III, quien comenzó su educación. Por el estilo de sus escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono (ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo.

En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún muy niño, ingresó en el Monasterio de Agali o agaliense, en los arrabales de Toledo, contra la voluntad de sus padres. Más adelanté se afirma que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe interpretarse en el sentido de que desde niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de Eladio. Estando ya en el monasterio, funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda, y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a ocupar su sede por el rey Recesvinto. Muere el 667, siendo sepultado en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a Zamora.

Dentro del Santuario de Ntra. Sra. de la Caridad de Illescas se conserva una de las grandes obras maestras de el Greco, el lienzo de San Ildefonso. Es probable que este cuadro no estuviera dentro del contrato de 1603, sino que fuera anterior, ya que no se hace mención de él en los documentos. Lo que sí parece bastante claro es que este lienzo se diseñó para estar en el lugar que hoy ocupa. La escena que aquí se representa le sirve a El Greco para enfatizar la figura del Santo, patrón de la ciudad de Toledo. Además, intenta relacionar el tema del cuadro con el sitio donde lo va a colocar, ya que según cuenta la tradición, fue San Ildefonso el que trae a la villa de Illescas la imagen de la Virgen de la Caridad, que él poseía en su oratorio catedral mientras fue arzobispo de Toledo.

El Greco muestra al santo de una manera bastante novedosa. Si hasta este momento la escena que más se representaba de la vida de San Ildefonso era la de la Imposición de la Casulla a manos de la Virgen, aquí El Greco innova presentándonos al santo dentro de una escena más íntima e intelectual: sentado en su oratorio de la Catedral de Toledo, en actitud de escribir, quizás los tratados en defensa de la virginidad de María que le hicieron tan famoso, y buscando la inspiración en una imagen de la Virgen que él tenía en su oratorio y que probablemente era la Virgen de la Caridad de Illescas. Por tanto, El Greco pone como inspiradora de los tratados de San Ildefonso a la imagen de la Virgen de la Caridad, apoyando el discurso contrarreformista sobre la virginidad de María.

En este cuadro el pintor lleva hasta su tiempo la escena colocando al personaje en un escenario típico del siglo XVI. Destaca la captación del terciopelo rojo de la mesa y la luz intimista que se observa en el cuadro con la utilización de colores muy matizados para acompañar la atmósfera.

martes, 20 de enero de 2015

El Greco. Martirio de San Sebastián

El martirio de san Sebastián. 1577-1578. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 191 cm x 152 cm
Catedral de Palencia

Recordamos hoy la santidad de uno de los santos más populares de la Iglesia, el soldado san Sebastián, que renunció a su vida, en plena juventud, antes que renunciar de Cristo. En la iconografía cristiana, su retrato ha sido frecuentemente pintado en medio del tormento a que fue sometido, muriendo lentamente asaetedado. Tal vez la obra más célebre es la que pintó El Greco.

El lienzo, de gran tamaño, muestra a un joven san Sebastián atado a un árbol, desnudo y con una flecha en el costado. La inestable postura del santo, con una pierna flexionada sobre una roca y la otra tocando la piedra con la rodilla y apoyada en el suelo, muestra un típico contraposto de raigambre clásica, y permite al artista mostrar detenidamente la musculatura del tronco y del brazo derecho, atado a la espalda. El otro brazo se encuentra extendido hacia el vértice superior derecho, con la mano caída, lo que acentúa la sensación de debilidad ante el martirio. El tronco y la cabeza se encuentran levemente inclinados hacia la izquierda, iniciando el cuerpo del santo una torsión o postura serpentinata típicamente manierista. Se ha señalado que tanto el aspecto heroico del santo, como el interés por el desnudo (muy poco común en la pintura española) y la postura inestable y forzada pueden ser ecos de la obra de Miguel Ángel, cuyas obras vio El Greco en Roma.

El fondo presenta un cielo azul profundo con celajes blancos de aspecto metálico, típicos del pintor, y un breve paisaje con algunos árboles de tonalidades pardas y verdes, entre los que se mueven algunos personajes, muy diluidos en la lejanía, que pudieran ser los ejecutores del suplicio. La roca sobre la que se apoya san Sebastián lleva inscrita la firma del autor. El ambiente que rodea la figura es realista, incluyendo la representación exacta del árbol al que se ata al santo (una higuera), así como la veraz captación de su rostro. No hay referencia alguna a lo sobrenatural, salvo la mirada alzada al cielo del joven mártir. El artista utilizó una composición muy similar en una obra tardía, un San Jerónimo en penitencia, conservado en la National Gallery de Washington. El tema del martirio de san Sebastián lo trató el pintor en otro cuadro, igualmente de su época final y muy diverso formalmente del que tratamos, en el Museo del Prado.

La gama cromática se presenta más reducida que lo habitual en el Greco, aun cuando presenta notable riqueza, destacando los matices grises y pardos de las carnaciones y el paisaje, en contraste con el brillante azul del cielo, velado en parte por las nubes. El tratamiento de la luz es interesante, con un foco lumínico cenital, pero destaca aquí la ausencia del rompimiento de gloria que posteriormente utilizará el pintor en obras de este tipo.

El santo está resuelto con pinceladas gruesas y empastadas, al contrario del fondo, que las tiene más finas y sueltas.

viernes, 24 de octubre de 2014

El Greco. San Pablo

San Pablo. 1608-1614. El Greco y taller
Óleo sobre lienzo. Medidas: 72 cm x 55 cm.
Museo del Prado. Madrid

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Este texto del capítulo cuarto de la Carta a los Efesios, que leemos hoy en la primera lectura de la Eucaristía, se ha considerado como un dato referido a san Pablo, quien se dirigiría a la comunidad de cristianos de Éfeso desde la cautividad, es decir, desde la prisión a la que fue sometido, según nos cuenta el final del libro de los Hechos de los Apóstoles. Lo cierto es que el texto rezuma paz, mesura, serenidad y confianza.

La iconografía de Pablo lo representa con un libro o un texto escrito, y con la espada, que simboliza su palabra, que llevó la fe a tantos nuevos pueblos y naciones. Por eso, contemplamos hoy un retrato de Pablo, que forma parte de un apostolado procedente de la Iglesia de Almadrones, Guadalajara, en el que repite con escasas variaciones el modelo de los Apostolados de la Catedral de Toledo y de la Casa Museo de El Greco en la misma ciudad.

Se percibe la participación en la ejecución del taller del maestro. San Pablo mantiene la tipología habitual creada por el cretense para la representación del santo de Tarso, un hombre de cabeza alargada, frente despejada y nariz aguileña, cubierto con una túnica azul y manto rojo. Girado hacia la derecha, Pablo sostiene la espada con la que fue decapitado en Roma; lleva además un billete manuscrito dirigido a Tito, colaborador del apóstol en la evangelización de Creta, la tierra del pintor y con quien se suelen identificar los rasgos del santo. Este ejemplar es de notable ejecución, debida sin duda a la participación del Greco, aunque el fondo, resuelto con un color opaco y sin matices, constriñe la figura, restándole el espacio necesario para despegarla hacia el espectador. La cabeza tiene vigor y la pincelada suelta y temblorosa de las obras finales. La construcción de los pliegues del manto rojo es de una extraordinaria calidad, tanto en su dibujo como en su limpia y luminosa concreción cromática.

sábado, 4 de octubre de 2014

El Greco. San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte

San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte. 1600-1614. El Greco
Óleo sobre lienzo. Medidas: 160 cm x 103 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Cobijado en una cueva, san Francisco de Asís se arrodilla pensativo al tiempo que acoge entre sus manos estigmatizadas una calavera. El santo arrodillado sobre una suerte de pedestal pétreo que le eleva con respecto al hermano León. Éste está representado a la derecha del santo, arrodillado igualmente y en escorzo, en actitud orante  mientras contempla la calavera, objeto que centra la composición.

Los dos monjes visten el hábito gris franciscano, y cubren las cabezas con la ajustada capucha. Una luz espectral envuelve las figuras, en marcado contraste con el fondo castaño de la gruta, que se abre al exterior en el ángulo superior izquierdo y permite ver un pequeño fragmento de un cielo tormentoso.

El Greco fue sin duda el artista que mejor construyó una imagen del santo ascético y meditabundo, centrada en los episodios finales de la vida del franciscano, representado con un rostro afilado y un cuerpo escuálido embutido en un hábito holgado y un tanto mísero. Y así nos lo muestra esta tela, en la que se ilustra el retiro del de Asís en 1224 en el monte Alverna, en el valle italiano de Casentino, donde san Francisco vivió los episodios de la estigmatización y la visión de la antorcha, remedos de la vigilia cristológica en el Huerto de los Olivos, muy adecuados en una figura que la literatura franciscana trató de convertir en un segundo Cristo. 

Tras recibir los estigmas, el santo reflexiona sobre la cercana muerte, un tema clave en la cultura contrarreformista que se subraya por el protagonismo de la calavera, convertida en centro mismo de la composición, y que puede relacionarse con las recomendaciones de san Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales. En ocasiones también se ha puesto en paralelo con la visión meditabunda de Hamlet. En cualquier caso, el tratamiento meditativo y eremítico de este san Francisco enlazaría con la iconografía tradicional de otros santos como san Jerónimo o la Magdalena