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lunes, 17 de junio de 2019

Maestro del Papagayo. San Pablo escribiendo

San Pablo escribiendo. XVI. Maestro del Papagayo
Óleo sobre tabla. Medidas: 68 cm x 93 cm.
Museo del Prado. Madrid

Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios con lo mucho que pasamos: luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad, con dones del Espíritu y amor sincero, llevando la palabra de la verdad y la fuerza de Dios. Con la derecha y con la izquierda empuñamos las armas de la justicia, a través de honra y afrenta, de mala y buena fama.

Este texto de la Segunda Carta a los Corintios que leemos en la Eucaristía nos da pie para contemplar esta imagen del santo apóstol escribiendo. Su autor es el llamado Maestro del Papagayo, pintor flamenco de composiciones religiosas y retratos. Recibe su nombre del papagayo con el que juega Jesús en algunas de las Vírgenes con Niño que se le atribuyen. Su obra presenta analogías estéticas e iconográficas con la del Maestro de las Medias Figuras, como se puede apreciar en las bellas jóvenes en el papel de santas. Por sus rasgos comunes las obras de ambos se confunden frecuentemente; sin embargo, las obras del Maestro del Papagayo se caracterizan por una mayor riqueza cromática, expresividad y humanidad que las del Maestro de las Medias Figuras. También recibe influencias de Joos van Cleve y de Jan Gossaert. Del repertorio de este último se sirvió para varias representaciones de la Sagrada Familia y la Virgen con el Niño. La proximidad con algunas obras de Ambrosius Benson hace pensar que también mantuvo contactos con la escuela de Brujas. Las pinturas del Maestro del Papagayo se reconocen por los rostros anchos, la nariz fina y los dedos y uñas alargados.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Rubens. San Pablo

San Pablo. 1610-1612. Rubens
Óleo sobre tabla, Medidas 107,5 x 83 cm.
Museo del Prado. Madrid

A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.

Este texto de la Carta a los Efesios nos presenta al apóstol Pablo como el encargado de anunciar a los gentiles la gracia que nos llega por medio de Cristo Jesús. Por eso, hemos escogido un retrato de Rubens en el que representa al apóstol.

El apóstol San Pablo es, junto con Santiago el Mayor, uno de los más expresivos y rotundos de toda la serie pintada por Rubens entre 1610-1612. Con la espada y el libro fuertemente sujetos se dirige con firmeza hacia el espectador, estableciendo una conexión directa con él. La espada muestra una empuñadura con una cabeza de león, símbolo de la fuerza. El artista la coloca en primer plano haciendo hincapié en la importancia del símbolo en la iconografía del santo.

La diferencia de tratamiento entre unos apóstoles, que meditan y se recogen sobre sus libros a pesar de portar las armas con las que fueron asesinados, otros desencajados con sus símbolos de martirio, unos mirando al espectador de forma rotunda y otros hacia el cielo o fuera de la composición ofrecen diferentes actitudes y respuestas ante los problemas que se enfrentaron, de tal forma que el artista nos ofrece un conjunto que actúa como un todo, en el que se van entremezclando unos con otros, siempre con un tratamiento de la imagen similar y donde podemos observar distintos aspectos de la vida de estos hombres. En el siglo XVII y tras el Concilio de Trento la producción de apostolados creció y Rubens, un artista muy relacionado con los dogmas cristianos y la representación de los mismos, busca potenciar la idea de sacrificio de estos doce apóstoles.

sábado, 20 de junio de 2015

Memmi. San Pablo

San Pablo. 1330. Lippo Memmi
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 89 cm x 41 cm.
Museo Metropolitano. Nueva York.

Leemos en la lectura de la Eucaristía el elogio que de sí mismo hace san Pablo en el capítulo 12 de su Segunda Carta a los Corintios. Dicho, elogio, desemboca en la impresionante confesión de san Pablo sobre el medio por el cual Dios le ha infundido la humildad: Por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Hemos escogido un retrato de san Pablo, que lo representa con sus atributos tradicionales: la espada en la mano derecha, y sus propios textos sostenidos con la mano izquierda, Pertenece a Lippo Memmi, cuyo nombre completo era Filippo di Memmo di Filipuccio (Siena, h. 1291 – 1356). Fue un pintor italiano perteneciente a la Escuela sienesa. Fue el seguidor más destacado de Simone Martini, que era su cuñado. Nacido en una familia de artistas, era hijo del pintor Memmo di Filipuccio y hermano de Thederigo (o Federigo) Memmi. En 1324 su hermana contrajo matrimonio con Simone Martini, de quien hacía ya tiempo era el más estrecho colaborador. Su estilo es muy similar al de su cuñado, por lo que muchas obras atribuidas a éste pueden haber sido en mayor o menor medida fruto de su propio trabajo.Impulsó el gótico internacional, y terminó trabajando en el ámbito de la corte papal de Avignon.

viernes, 24 de octubre de 2014

El Greco. San Pablo

San Pablo. 1608-1614. El Greco y taller
Óleo sobre lienzo. Medidas: 72 cm x 55 cm.
Museo del Prado. Madrid

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Este texto del capítulo cuarto de la Carta a los Efesios, que leemos hoy en la primera lectura de la Eucaristía, se ha considerado como un dato referido a san Pablo, quien se dirigiría a la comunidad de cristianos de Éfeso desde la cautividad, es decir, desde la prisión a la que fue sometido, según nos cuenta el final del libro de los Hechos de los Apóstoles. Lo cierto es que el texto rezuma paz, mesura, serenidad y confianza.

La iconografía de Pablo lo representa con un libro o un texto escrito, y con la espada, que simboliza su palabra, que llevó la fe a tantos nuevos pueblos y naciones. Por eso, contemplamos hoy un retrato de Pablo, que forma parte de un apostolado procedente de la Iglesia de Almadrones, Guadalajara, en el que repite con escasas variaciones el modelo de los Apostolados de la Catedral de Toledo y de la Casa Museo de El Greco en la misma ciudad.

Se percibe la participación en la ejecución del taller del maestro. San Pablo mantiene la tipología habitual creada por el cretense para la representación del santo de Tarso, un hombre de cabeza alargada, frente despejada y nariz aguileña, cubierto con una túnica azul y manto rojo. Girado hacia la derecha, Pablo sostiene la espada con la que fue decapitado en Roma; lleva además un billete manuscrito dirigido a Tito, colaborador del apóstol en la evangelización de Creta, la tierra del pintor y con quien se suelen identificar los rasgos del santo. Este ejemplar es de notable ejecución, debida sin duda a la participación del Greco, aunque el fondo, resuelto con un color opaco y sin matices, constriñe la figura, restándole el espacio necesario para despegarla hacia el espectador. La cabeza tiene vigor y la pincelada suelta y temblorosa de las obras finales. La construcción de los pliegues del manto rojo es de una extraordinaria calidad, tanto en su dibujo como en su limpia y luminosa concreción cromática.

viernes, 5 de septiembre de 2014

José de Ribera. San Pablo

San Pablo. 1630-1635. José de Ribera
Óleo sobre lienzo. Medidas: 75 cm. x 63 cm.
Museo del Prado. Madrid

Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Leemos hoy en la Eucaristía este fragmento del capítulo 4º de la Primera Carta a los Corintios, en el que Pablo desahoga su corazón, y nos muestra sus más íntimas convicciones y seguridades, que no están en él mismo, sino en el Señor, que ilumina lo que esconden las tinieblas.

Esta certeza en la mirada introspectiva fue captada con gran acierto por el pintor José Ribera, autor de una galería de retratos de los apóstoles, tema muy popular durante la Contrarreforma. Con ello se pretendía asentar la fe católica, en contraposición a las reformas protestantes, sobre la apostolicidad de la Iglesia. Suelen ser representados los apóstoles de medio cuerpo, sobre fondo neutro y portando sus atributos iconográficos.

Constituían, por una parte, una derivación de los retablos tardomedievales, en cuyos bancos y calles solían representarse santos aislados, de cuerpo entero y medio cuerpo. Pero para entender su presencia y su popularidad hay que acudir también a algunos libros con estampas, que subrayan la idea de serie. La disposición en forma de serie de santos individuales constituía un instrumento de gran valor pedagógico y decorativo, muy apto para integrarse en interiores de carácter religioso. Además, en el caso del Apostolado, todos sus integrantes habían sido objeto de representación figurativa desde los primeros tiempos del arte cristiano, por lo que existía una tradición iconográfica muy codificada que facilitaba su identificación a cualquier fiel. Cada Apóstol estaba asociado a algún objeto concreto, que tenía que ver con su martirio o con su personalidad religiosa; y de muchos de ellos eran ampliamente conocidos algunos hechos relevantes de su biografía.

En el caso de san Pablo, su elemento iconográfico identificativo es la espada, símbolo de la Palabra de Dios que predicó, que es como espada de doble filo. Llama también la atención en este retrato de Ribera la profundidad y serenidad de la mirada del Apóstol, como repitiendo la afirmación de la Carta a los Corintios: No juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor.

sábado, 30 de agosto de 2014

Pedro Berruguete. San Pablo

San Pablo. 1493-1499. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla. Medidas: 350 cm. x 206 cm.
Museo del Prado. Madrid.

Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. 

Con esta admonición comienza san Pablo su Primera Carta a los Corintios, que vamos a leer en la Eucaristía durante los próximos días. Se trata de un texto complejo, dirigido a una comunidad dividida y con importantes problemas. Muchos desvelos le costó a san Pablo mantener unida en la verdadera fe a esta comunidad, fruto de sus esfuerzos apostólicos.

La imagen que hoy contemplamos de san Pablo fue pintada por Pedro Berruguete para una iglesia de Ávila, tal vez Santo Tomás. Se nota claramente su paso por Italia en el estudiado fondo arquitectónico que enmarca al santo y el estudio de perspectiva que realiza. El santo porta los atributos que le identifican: el libro de sus escritos, y la espada de su palabra.

lunes, 19 de mayo de 2014

Anónimo. San Pablo entronizado

San Pablo entronizado. 1360.  Anónimo
Técnica mixta sobre tabla. Medidas  225 x 252 cm
Coleción Vittorio Cini. Venecia

Armado con la palabra de Dios, contemplamos hoy un políptico del Trecento italiano, en el que aparece el apóstol san Pablo entronizado, rodeado de ángeles y santos. solemos referirnos a la doctrina de san Pablo, fundamental para el inicio del Cristianismo, pero también fue objeto de devoción el santo doctor de las gentes.