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domingo, 12 de marzo de 2017

Juan de Borgoña. la Transfiguración

Entierro de Cristo. 1509. Juan de Borgoña
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Ávila

A comienzos del siglo XVI, Pedro Berruguete trabaja en el grandioso proyecto del Retablo Mayor de la Catedral de Ávila, dedicado al Salvador. Esta advocación se refiere a Cristo en la Transfiguración. Pero, a la muerte del maestro palentino, termina dicho retablo un pintor llamado Juan de Borgoña, un autor de formación también italiana, como su predecesor, que dejará traslucir los nuevos aires del humanismo, por ejemplo, en el desnudo de Cristo descendiendo al Limbo.

La obra que hoy nos ocupa es la Transfiguración, estructurada en dos galería. En la superior, aparece un grandioso Cristo, flanquedado por Moisés, que porta las tablas de la Ley, y el profeta elías. Por debajo, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan adoran al Señor, cuya luminosidad divina es representada por un dorado que irradia desde el centro de su persona. La obra es de una serenidad y belleza extraordinaria.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Círculo de Juan de Borgoña. Santa Lucía

Santa Lucía. XVII. Círculo de Juan de Borgoña
Óleo sobre tabla. Medidas: 99 cm. x 56 cm.
Museo del Prado. Madrid

Memoria de santa Lucía, virgen y mártir, la cual, mientras vi vió, conservó encendida la lámpara esperando al Esposo, y llevada al martirio en Siracusa, en Sicilia, mereció entrar con él a las bodas y poseer la luz indefectible (303/304).

Lucía es una de las santas más veneradas de la antigüedad cristiana. Pertenece al grupo de jóvenes muchachas que prefirieron perder la vida antes que renegar de Cristo. Nacida en Siracusa, ciudad de la provicia romana de Sicilia, de acuerdo con la tradición Lucía era de padres nobles y ricos, hija de Eutiquía; del padre se dice que murió cuando Lucía era joven. Probablemente se llamaba Lucio, dada la costumbre romana de poner a las hijas el nombre del padre. Según algunos, está inspirado en el texto paulino, «Los hijos de la luz». Lucía ciertamente significa "Luz para el mundo". Fue educada en la fe cristiana. Consagró su vida a Dios e hizo un voto de virginidad. Su madre que estaba enferma, la comprometió a casarse con un joven pagano y ella, para librarse de ese compromiso, la persuadió para que fuese a rezar a la tumba de Águeda de Catania a fin de curar su enfermedad. Como su madre sanó, Lucía le pidió que la liberara del compromiso, le dejara consagrar su vida a Dios y donara su fortuna a los más pobres. Su madre accedió. Pero su pretendiente sal, la acusó ante el procónsul Pascacio debido a que era cristiana, en tiempos del emperador Diocleciano.

Cuando Lucía fue arrestada bajo la acusación de ser una cristiana, Pascacio le ordenó sacrificar a los dioses. Entonces Lucía dijo: Sacrificio puro delante de Dios es visitar a las viudas, los huérfanos y los peregrinos que pagan en la angustia y en la necesidad, y ya es el tercer año que me ofrecen sacrificios a Dios en Jesucristo entregando todos mis bienes. Irritado Pascacio por lo que dijo Lucía, ordenó a sus soldados a que la llevaran a un lupanar para que la violaran y luego se dirigió a Lucía diciéndole: Te llevaré a un lugar de perdición así se alejará el Espíritu Santo. Los soldados la tomaron para llevársela, pero por más que se esforzaban no podían con ella, probaron también atarla con cuerdas, en las manos y en los pies, pero por más que se esforzaban no podían. Inexplicablemente la muchacha permanecía rígida como una gran piedra. Pascacio al enterarse de lo sucedido, condena a Lucía de brujería y por lo cual fue llevada a la hoguera, pero el fuego no le hizo daño alguno. Al ver ésto, ordenó a que le sacaran los ojos, pero a pesar de estar ciega siguió viendo. Pascacio furiosamente la condenó a ser decapitada.

Durante la Edad Media, debido al retraso acumulado por el Calendario Juliano, la festividad de Lucía coincidía con el solsticio de invierno y, por tanto, el día más corto del año. El nombre de la santa, que significa la que porta luz y la fecha en que se conmemoraba su martirio, explicarían el origen de esa leyenda posterior sobre sus ojos.

En la tabla que contemplamos, atribuida al círculo de Juan de Borgoña, se representa a la mártir de cuerpo entero, vestida con una larga túnica de color amarillo dorado, de amplios pliegues angulosos, por debajo de la cual se insinúa una pierna izquierda flexionada.

Lleva una cinta negra a la cintura y una capa larga de color rojo cae desde los hombros hasta el suelo formando unos rígidos pliegues. A través del escote del vestido asoma una fina camisa blanca. Un velo de color blanco le cubre la cabeza. La figura de la santa centra completamente el tema del cuadro, ocupando la totalidad de su superficie y recortándose sobre un paisaje con dos árboles, viéndose al fondo un lago y montañas en el horizonte. La obra está realizada con la técnica de las veladuras, mediante la aplicación de transparentes capas de color aplicadas unas sobre otras para lograr diferentes texturas y los efectos de lejanía o cercanía, con un gran detallismo y con una paleta cromática brillante.

lunes, 15 de junio de 2015

Juan de Borgoña. La última cena

La Última Cena. 1510. Juan de Borgoña
Óleo sobre tabla.
Catedral de Toledo

Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente". Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas

El Evangelio que leemos en la Eucaristía de hoy nos habla del mandato de Jesús de vivir en el amor, incluso hacia los enemigos. El Señor nos dio muestra de ello, ofreciéndose él mismo a la muerte sin odio sino, por el contrario, lleno de amor, para rescatar a los que estaban perdidos. La Última Cena constituye el testamento de su amor. Por eso, contemplamos hoy la representación que de ella hizo Juan de Borgoña.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Círculo de Juan de Borgoña. Santa Lucía

Santa Lucía. XVII. Círculo de Juan de Borgoña
Óleo sobre tabla. Medidas: 99 cm. x 56 cm.
Museo del Prado. Madrid

Memoria de santa Lucía, virgen y mártir, la cual, mientras vi vió, conservó encendida la lámpara esperando al Esposo, y llevada al martirio en Siracusa, en Sicilia, mereció entrar con él a las bodas y poseer la luz indefectible (303/304).

Lucía es una de las santas más veneradas de la antigüedad cristiana. Pertenece al grupo de jóvenes muchachas que prefirieron perder la vida antes que renegar de Cristo. Nacida en Siracusa, ciudad de la provicia romana de Sicilia, de acuerdo con la tradición Lucía era de padres nobles y ricos, hija de Eutiquía; del padre se dice que murió cuando Lucía era joven. Probablemente se llamaba Lucio, dada la costumbre romana de poner a las hijas el nombre del padre. Según algunos, está inspirado en el texto paulino, «Los hijos de la luz». Lucía ciertamente significa "Luz para el mundo". Fue educada en la fe cristiana. Consagró su vida a Dios e hizo un voto de virginidad. Su madre que estaba enferma, la comprometió a casarse con un joven pagano y ella, para librarse de ese compromiso, la persuadió para que fuese a rezar a la tumba de Águeda de Catania a fin de curar su enfermedad. Como su madre sanó, Lucía le pidió que la liberara del compromiso, le dejara consagrar su vida a Dios y donara su fortuna a los más pobres. Su madre accedió. Pero su pretendiente sal, la acusó ante el procónsul Pascacio debido a que era cristiana, en tiempos del emperador Diocleciano.

Cuando Lucía fue arrestada bajo la acusación de ser una cristiana, Pascacio le ordenó sacrificar a los dioses. Entonces Lucía dijo: Sacrificio puro delante de Dios es visitar a las viudas, los huérfanos y los peregrinos que pagan en la angustia y en la necesidad, y ya es el tercer año que me ofrecen sacrificios a Dios en Jesucristo entregando todos mis bienes. Irritado Pascacio por lo que dijo Lucía, ordenó a sus soldados a que la llevaran a un lupanar para que la violaran y luego se dirigió a Lucía diciéndole: Te llevaré a un lugar de perdición así se alejará el Espíritu Santo. Los soldados la tomaron para llevársela, pero por más que se esforzaban no podían con ella, probaron también atarla con cuerdas, en las manos y en los pies, pero por más que se esforzaban no podían. Inexplicablemente la muchacha permanecía rígida como una gran piedra. Pascacio al enterarse de lo sucedido, condena a Lucía de brujería y por lo cual fue llevada a la hoguera, pero el fuego no le hizo daño alguno. Al ver ésto, ordenó a que le sacaran los ojos, pero a pesar de estar ciega siguió viendo. Pascacio furiosamente la condenó a ser decapitada.

Durante la Edad Media, debido al retraso acumulado por el Calendario Juliano, la festividad de Lucía coincidía con el solsticio de invierno y, por tanto, el día más corto del año. El nombre de la santa, que significa la que porta luz y la fecha en que se conmemoraba su martirio, explicarían el origen de esa leyenda posterior sobre sus ojos.

En la tabla que contemplamos, atribuida al círculo de Juan de Borgoña, se representa a la mártir de cuerpo entero, vestida con una larga túnica de color amarillo dorado, de amplios pliegues angulosos, por debajo de la cual se insinúa una pierna izquierda flexionada.

Lleva una cinta negra a la cintura y una capa larga de color rojo cae desde los hombros hasta el suelo formando unos rígidos pliegues. A través del escote del vestido asoma una fina camisa blanca. Un velo de color blanco le cubre la cabeza. La figura de la santa centra completamente el tema del cuadro, ocupando la totalidad de su superficie y recortándose sobre un paisaje con dos árboles, viéndose al fondo un lago y montañas en el horizonte. La obra está realizada con la técnica de las veladuras, mediante la aplicación de transparentes capas de color aplicadas unas sobre otras para lograr diferentes texturas y los efectos de lejanía o cercanía, con un gran detallismo y con una paleta cromática brillante.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Juan de Borgoña. La Magdalena con santos dominicos.

La Magdalena con santos dominicos. 1515. Juan de Borgoña
Técnica mixta sobre tabla. Medidas: 156 cm x 107 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

La liturgia de este viernes nos presenta este texto del capítulo octavo del Evangelio según san Lucas. Jesús es acompañado no sólo por los apóstoles, sino por un grupo de mujeres que le ayudaron con su presencia y con sus bienes, a la cabeza de la cuales cita a María Magdalena.

Por eso, hemos seleccionado esta tabla de Juan de Borgoña, en la que aparece en primer lugar la Magdalena, en su habitual iconografía de mujer penitente (el mismo texto de Lucas afirma que Jesús expulsó de ella a siete demonios), junto a un grupo de santos dominicos que, a su manera, también acompañaron al Señor: de izquierda a derecha: San Pedro Mártir de Verona, Santa Catalina de Siena y la beata Margarita de Hungría. Cada uno de los santos lleva atributos que le identifican. El primer, san Pedro de Verona, la espada con la que fue asesinado por un hereje; santa Catalina de Siena con la cruz en la mano y coronada de espinas, por su amor a la Pasión del Señor, con un libro en la mano sobre el que hay un corazón; y la beata Margarita de Hungría, monja dominica del siglo XIII de gran veneración en la Edad Media.

sábado, 28 de junio de 2014

Juan de Borgoña. Juicio final

Juicio final. 1510. Juan de Borgoña
Pintura al fresco
Sala Capitular de la Catedral de Toledo

La liturgia de este día nos recuerda, junto al Corazón de Jesús, el Corazón Inmaculado de santa María. Por eso, hemos querido contemplar el misterio del amor de Dios manifestado en Jesucristo a través de una de las Déesis más impresionantes de la pintura: la que nos dejó Juan de Borgoña, por encargo del Cardenal Cisneros, en la Sala Capitular de la Catedral de Toledo.

Cristo aparece sentado sobre la bola del mundo, con los bazos abiertos en actitud de acoger a toda la Creación. Bajo él se muestra la Cruz, envuelta en un hálito luminoso, signo de la gloria con la que aparecerá al final de los tiempos. A su derecha e izquierda están arrodillados san Juan y la Virgen en actitud orante, y envuelve toda la escena el senado de los apóstoles, sentados sobre sus tronos. Por debajo de ellos, a su derecha, están los elegidos; a su izquierda, los réprobos, con cartelas que aluden a los siete pecados capitales. Por último, bajo todos ellos, los difuntos que resucitan al toque de la trompeta para comparecer al Juicio.

El centro de la obra está en Cristo, exaltado al punto central de toda la creación. A sus pies, María y san Juan interceden por toda la Humanidad, implorando la salvación de los seres humanos. Este mensaje de amor es el que se pone de relieve en la fiesta de hoy: María intercede por nosotros en el amor ante el amor por excelencia, contenido en el Corazón de Jesús.

domingo, 16 de marzo de 2014

Juan de Borgoña. la Transfiguración

Entierro de Cristo. 1509. Juan de Borgoña
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Ávila

A comienzos del siglo XVI, Pedro Berruguete trabaja en el grandioso proyecto del Retablo Mayor de la Catedral de Ávila, dedicado al Salvador. Esta advocación se refiere a Cristo en la Transfiguración. Pero, a la muerte del maestro palentino, termina dicho retablo un pintor llamado Juan de Borgoña, un autor de formación también italiana, como su predecesor, que dejará traslucir los nuevos aires del humanismo, por ejemplo, en el desnudo de Cristo descendiendo al Limbo.

La obra que hoy nos ocupa es la Transfiguración, estructurada en dos galería. En la superior, aparece un grandioso Cristo, flanquedado por Moisés, que porta las tablas de la Ley, y el profeta elías. Por debajo, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan adoran al Señor, cuya luminosidad divina es representada por un dorado que irradia desde el centro de su persona. La obra es de una serenidad y belleza extraordinaria.