lunes, 9 de febrero de 2015

Giusto de' Menabuoi. La creación del mundo

Creación del mundo, 1378. Giusto de' Menabuoi
Fresco
Baptisterio de la Catedral de Padua.

Leemos hoy en la Eucaristía la primera página de la Biblia: el relato de la Creación del mundo, del Libro del Génesis. Contemplamos la versión de este relato en los pinceles de un artista del Trecento italiano Giusto de' Menabuoi. Fuera de la esfera de las estrellas fijas, representados por los signos del zodiaco se encuentra el creador, entronizado sobre querubines y serafines, ante un telón de fondo de oro y una esfera de cristal. En la zona circular dentro de los cielos están las órbitas de los planetas, y en el círculo más interno muestra un mapa del mundo en el que aparecen no sólo Italia y la zona del Mediterráneo, sino también del resto de Europa, África del Norte y Asia.

viernes, 6 de febrero de 2015

Fiesta de Herodes y decapitación del Bautista

Fiesta de Herodes y decapitación del Bautista, 1300-1330. Anónimo
Témpera, oro y plata sobre tabla, Medidas: 44 x 49 cm
Museo Metropolitano de Arte. Nueva York

Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal  e Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»  Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»  Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.» Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»  El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla.

Leemos en la Eucaristía el relato del martirio de san Juan Bautista del Evangelio según san Marcos. La escena la contemplamos en una tabla del primer tercio del siglo XIV, pintada en el entorno de Rímini. Bajo una arquitectura palaciega, aparece la mesa con los convidados. Ante ellos baila la hija de Herodías. Luego, un verdugo decapita a san Juan, a la izquierda de la escena; por fin, la propia hija de Herodías presenta ante los convidados la bandeja con la cabeza del santo.

jueves, 5 de febrero de 2015

Carletto Veronesse. Santa Águeda

Santa Águeda, 1590-1593. Carletto Veronese
Óleo sobre lienzo, Medidas: 115 x 86 cm
Museo del Prado. Madrid.

Celebramos la memoria del martirio de santa Águeda. Según el hagiógrafo Santiago de la Vorágine en su obra La leyenda dorada, en tiempos de persecuciones contra los cristianos, decretadas por el emperador Decio, el procónsul de Sicilia, Quintianus, rechazado en sus avances por la joven Águeda, que ya había ofrecido su virginidad a Jesucristo, en venganza por no conseguir sus placeres la envía a un lupanar, regenteado por una mujer llamada Afrodisia, donde milagrosamente Águeda conserva su virginidad. Aún más enfurecido, ordenó que torturaran a la joven y que le cortaran los senos. La respuesta de la que posteriormente sería santa fue: "Cruel tirano ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?".

Aunque en una visión vio a San Pedro y este curó sus heridas, siguió siendo torturada y fue arrojada sobre carbones al rojo vivo y revolcada en la ciudad de Catania, Sicilia (Italia). Además se dice que lanzó un gran grito de alegría al expirar, dando gracias a Dios.

El lienzo que vemos pertenece al hijo del célebre Paolo Veronesse. Nos presenta unas figuras de más de medio cuerpo. La Santa en la prisión, después de martirizada, recibe la visita de un ángel que la conforta. Enviado por Felipe II a El Escorial en 1593.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Rabano Mauro y Gregorio IV

Rabano Mauro y Gregorio IV, 831-840. Anónimo
Iluminación sobre pergamino
Biblioteca Nacional de Austria

Recordamos hoy a un santo que fue considerado como el Maestro de Europa: el monje Rabano Mauro. La iluminación que contemplamos pertenece al manuscrito de su obra De Laude Crucis, perteneciente a la Biblioteca del Monasterio de Fulda, que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria.

¿Quién fue Rabano Mauro? Muy joven recibe su educación en la abadía de Fulda con el maestro Haymo de Halberstadt. Pasa luego a la escuela de Tours donde enseña Alcuino, y torna más tarde a Fulda, donde enseña y es director de la escuela abacial hasta que en 822 es nombrado abad del mismo convento. Obligado a dimitir de este cargo por motivos externos y políticos, se retira y escribe, hasta que en 847 es promovido al arzobispado de Maguncia, que rige hasta su muerte.

Sus comentarios exegéticos abarcan casi todos los libros de la Sagrada Escritura. En ellos procede con el método habitual del tiempo, aportando citas patrísticas y dando lugar preferente al sentido alegórico y moral.

Más personales son sus opúsculos: De Clericorum Institutione (c. 819), una especie de manual o suma destinada a los futuros apóstoles, donde se mezcla el catecismo con las artes liberales. En su famoso De Universo libri XXII, compuesto entre 842 y 847, en su retiro, una de las primeras enciclopedias medievales, quiere imitar las Etimologiae de San Isidoro y acomodarlas al alma alemana.

Muy curioso y devoto, escribió en verso y prosa con interesantes caligramas y juegos de palabras en forma de estrellas, cruces y otros símbolos el De Laudibus sanctae Crucis (entre 810 y 822) en que habla del símbolo cristiano y de los nombres de Cristo con mucho artificio y complicación.

Escribió otras varias obras: un Martirologio, versos, homilías, cartas. En algunas de éstas sostiene importantes polémicas sobre temas teológicos: contra las teorías eucarísticas de Radberto, contra la doctrina de Gotescalco sobre la predestinación, etc. El Homiliario, aunque no obtuvo mucha difusión, cuenta también con un particular interés.


martes, 3 de febrero de 2015

Hans Memling. San Blas

San Blas, 1491. Hans Memling
Óleo sobre tabla, Medidas: 205 x 75 cm
Museo de la Iglesia de Santa Ana. Lübeck

Celebramos hoy la memoria de san Blas, un santo del que no conocemos muchos datos con certeza pero cuya veneración está ampliamente extendida, como lo prueba la bendición que con dos velas se hace contra los males de garganta. Quizás puede ser asumido que San Blas fue obispo y que sufrió el martirio al comienzo del siglo cuarto. Todas las particularidades sobre su vida y martirio que se encuentran en las Actas son puramente legendarias y no tienen valor histórico. Hay además varias recensiones del texto de las Actas. De acuerdo con la leyenda, Blas era médico en Sebaste antes de que subiera a la sede episcopal. Durante la persecución de Licinius fue hecho prisionero por orden del gobernador, Agricolaus. Los enviados por el gobernador para detenerlo lo encontraron en el campo, en una cueva a la que se había retirado, y mientras estaba en prisión realizó la maravillosa curación de un muchacho que tenía una espina en la garganta y estaba en peligro de muerte. Después de sufrir varias formas de tortura San Blas fue degollado; las Actas relatan también el martirio de siete mujeres.

La veneración al santo oriental fue traída pronto a Europa, como muestran los relatos de los martirologios históricos del siglo diecinueve, y la recensión en latín de la leyenda de San Blas; de esta forma Blas llegó a ser uno de los santos más populares de la Edad Media. Actualmente la razón de esa inusual veneración no ha sido aclarada todavía. Lo más probable es que un motivo fuese que, según la leyenda, fue médico y se le atribuyeron curaciones maravillosas; por ello los fieles buscaron su ayuda e intercesión cuando estaban enfermos. Se le dedicaron iglesias y altares sin número y muchas localidades (Taranto, Ragusa, la Abadía de San Blas en el Bosque Negro, etc.) decían tener algunas de sus reliquias. Fue también uno de los catorce Santos Mártires.

La tabla que contemplamos pertenece al Tríptico de la Crucifixión, que fue pintado por Hans Memling para la Catedral de Lübeck. La tabla centra tiene como tema la Crucifixión, y las dos laterales están dedicadas a san Blas y a san Egidio.

lunes, 2 de febrero de 2015

Rogier van der Weyden. La Presentación del Señor

La Presentación en el Templo, 1455. Rogier van der Weyden
Óleo sobre tabla, Medidas: 139 x 70 cm
Pinacoteca Antigua. Munich.

Contemplamos y veneramos hoy el Misterio de la Presentación del Señor en una de las obras maestras de la Pinacoteca de Munich. Se trata de la tabla lateral del llamado Altar de Santa Columba, de Rogier van der Weyden. El Tríptico del altar de Santa Columba es un retablo pintado al óleo sobre tabla hacia 1455 por Rogier van der Weyden para el altar de la iglesia de Santa Columba de Colonia .

En la tabla central aparece la Adoración de los Reyes Magos. Las figuras están enmarcadas por un fondo arquitectónico, muestra de la influencia del reciente viaje de Van der Weyden a Italia, donde conoció la pintura del Renacimiento meridional, especialmente en la obra de Gentile da Fabriano. Los paneles laterales muestran la Anunciación (izquierda) y la Presentación de Jesús en el Templo (derecha).

El cromatismo, como es habitual en la pintura de Van der Weyden, es vivo y contrastado; se representan con miniuciosidad los objetos, como corresponde a la escuela flamenca de pintura.

En la parte central de la escena, María entrega al niño Jesús a Simeón, que lo toma en brazos en medio de una arquitectura espectacular que representa al Templo de Jerusalén. Junto a él está la anciana Ana, y san José observa la escena representado como atención y serenidad. Está escrito el texto del comienzo del cántico de Siméon: Nunc dimittis servum tumm Domine secundum verbum tuum in pace, es decir, Ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Hay dos signos propios de la festividad litúrgica claramente reconocibles. Por una parte, san José lleva en la mano un cirio, como está prescrito en la celebración cristiana de la Presentación; por otra parte, una sirvienta con un llamativo vestido verde, lleva una cesta con las dos tórtolas de la ofrenda prescrita en la Ley.

domingo, 1 de febrero de 2015

Gerard David. Cristo bendiciendo

Cristo bendiciendo, 1505. Gerard David
Óleo sobre tabla, Medidas: 9 x 6 cm
Museo Metropolitano de Arte. Nueva York

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Los espíritus inmundos reconocen en Jesús la presencia de Dios: éste es el tema central del Evangelio según san Marcos que leemos en la liturgia este domingo. En Jesucristo se hace presente en el mundo la fuerza salvadora de Dios, que destruye el poder del mal. Su gesto, su bendición, su existencia entera reportan a la creación la esperanza de un futuro en Dios.

En esta adaptación del arte bizantino tardío, encontramos a Cristo como un icono, con la mano izquierda apoyada en el alféizar ficticio del marco. David se centró en la humanidad de Cristo, y la frescura de la observación evidente en su fisonomía y en la delicada articulación de las manos se basa en estudios de la vida. Podría relacionarse por su tamaño y lo meticuloso del dibujo con la iluminación de un manuscrito.