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domingo, 14 de abril de 2019

Giotto. Entrada de Jesús en Jerusalén

Entrada de Jesús en Jerusalén. 1305. Giotto
Fresco. Medidas: 200 cm x 185 cm.
Capilla Scrovegni. Padua.

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. Comenzamos la Semana Santa con la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, y la celebración litúrgica de su Pasión. triunfo mesiánico y fracaso de las expectativas judías se unen en la celebración de hoy. Contemplamos la escena, en el fresco que Giotto pintó para la Capilla Scrovegni, en Padua. El edificio, construido en ladrillo, tiene planta rectangular y está cubierto con bóveda de cañón. En el exterior, la capilla se presenta como una construcción —varias veces modificada en el curso de los siglos— con contrafuertes vistos y tejado a dos aguas. Dedicada a Santa María de la Caridad, la capilla fue erigida, probablemente entre los años 1303 y 1305,1 por orden de Enrico Scrovegni, que pretendía así expiar los pecados de su padre, conocido usurero. La capilla tenía finalidad funeraria, y el propio Enrico (muerto en 1336) está enterrado allí. Su sarcófago se encuentra detrás del altar.

Tal como relata el Evangelio, aparece Jesús montado sobre un asno, cuya mansedumbre de denota en las orejas agachadas. Los niños del fondo cortan ramos de los árboles que se dibujan en el horizonte azul, y la gente arroja sus vestidos y mantos al paso del Señor, al que sigue un grupo de discípulos. La ciudad de Jerusalén se representa en una puerta, característica de cualquier ciudad medieval.

domingo, 14 de mayo de 2017

Fra Angelico. Cristo glorificado


Cristo glorificado en la corte Celestial. 1423.  Fra Angelico
Témpera al huevo sobre tabla. Medidas  31 x 73 cm
National Gallery. Londres.

«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» 

Leemos este Domingo este fragmento del capítulo 14 del Evangelio según san Juan. La Resurrección supuso la glorificación del Cristo Crucificado y su retorno al Padre. La contemplación de la gloria del Resucitado ha sido un tema recurrente de la iconografía cristiana. Un ejemplo de profunda resonancia mística es la tabla que hoy proponemos, procedente originariamente del convento dominico de Fiesole, cerca de Florencia, precisamente el convento de Fra Angelico, que pintó las tablas que componían su altar mayor. Nos muestra a Cristo, portando la bandera gloriosa de la Cruz, alabado por la corte celestial de los ángeles. No se trata de algo que quede fuera del alcance del hombre, sino que esta tabla nos propone la consideración de lo que será participar en Cristo de la gloria eterna.

San Ambrosio de Milán, en su Tratado sobre el Bien de la Muerte, ponderaba esta participación en la gloria de la Resurrección como meta de la existencia humana. Estas son sus palabras:

Caminemos intrépidamente hacia nuestro Redentor, Jesús; caminemos intrépidamente hacia aquella asamblea de los santos, hacia aquella reunión de los justos. Pues nos encaminaremos al encuentro con nuestros padres, al encuentro con los preceptores de nuestra fe: y si tal vez no podemos exhibir obras, que la fe venga en ayuda nuestra y la heredad nos defienda. Porque el Señor será la luz de todos; y aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre resplandecerá sobre todos. Nos encaminaremos allí donde el Señor Jesús preparó estancias para sus humildes siervos, para que donde él esté estemos también nosotros. Tal fue su voluntad. Cuáles sean esas estancias, óyeselo decir a él mismo: En casa de mi Padre hay muchas estancias. Y ¿cuál es su voluntad? Volveré —dice— y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros.

Pero me objetarás que hablaba únicamente a los discípulos, que sólo a ellos les prometió las muchas estancias. Entonces, ¿es que sólo las preparaba para los Once? Y cómo se cumplirá aquello de que vendrán de todas partes y se sentarán en el reino de Dios? ¿Es que podemos dudar de la eficacia de la voluntad divina? Pero, en Cristo, querer y hacer son una misma cosa. Seguidamente les señaló el camino, les indicó el sitio, diciendo: Y donde yo voy, ya sabéis el camino. El lugar: junto al Padre; el camino: Cristo, como él mismo dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Adentrémonos por este camino, mantengamos la verdad, vayamos tras la vida. Es camino que conduce, verdad que confirma, vida que se entrega. Y para que conozcamos sus verdaderos planes, al final del discurso añade: Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y contemplen mi gloria. Padre: esta repetición es confirmatoria, lo mismo que aquello: ¡Abrahán, Abrahán! Y en otro lugar: Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes. Bellamente pide aquí lo que antes había prometido. Y este primero prometer y luego pedir, y no a la inversa, primero pedir y luego prometer, es un prometer como árbitro del don, consciente de su propio poder; pide al Padre como intérprete de la piedad. Prometió primero, para que conozcas su poder; luego pidió, para que caigas en la cuenta de su piedad. No pidió primero y luego prometió, para que no pareciera que prometía lo que previamente había impetrado, más bien que otorgaba lo que antes había prometido. Ni consideres superfluo que pidiera, pues de esta manera te expresa su comunión con la voluntad del Padre, lo cual es una prueba de unidad, no un aumento de poder.

Te seguimos, Señor Jesús; pero llámanos para que podamos seguirte, ya que sin ti nadie puede subir. Porque tú eres el camino, la verdad, la vida, la posibilidad, la fe, el premio. Recibe a los tuyos como el camino, confírmalos como la verdad, vivifícalos como la vida.

sábado, 6 de mayo de 2017

Jesús y los discípulos


Jesús y los discípulos, 1308-1311. Obra de Duccio di Buoninsegna
Temple sobre tabla. 36,5 × 47,5 cm

La obra que hoy contemplamos pertenece al conjunto de "La Maestà" de la catedral de Siena ya citada en este apartado. Es considerada la obra maestra del pintor italiano Duccio di Buoninsegna. Quedar ante esta imagen y meditar el texto del evangelio san Juan que hoy nos propone la liturgia es un ejercicio de silencio, de pregunta y de respuesta. ¿También vosotros queréis marcharos? pregunta Jesús y Pedro responde, ¿adonde vamos a acudir? Tu tienes palabras de vida eterna.

Respondió Pedro por todos, uno por muchos, la unidad por todos sin excepción: Le respondió, pues, Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? ¿Nos rechazas de tu lado?, ¿Nos vas a dar otro tú? ¿A quién iremos? Si de ti nos apartamos, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 

Mirad cómo Pedro, dice san Agustin, por donación de Dios, porque el Espíritu Santo ha vuelto a crearlo, ha entendido. ¿Por qué, sino, porque ha creído? Tú tienes palabras de vida eterna, pues tienes la vida eterna en el servicio de tu cuerpo y tu sangre. Y nosotros hemos creído y conocido. No hemos conocido y hemos creído, sino hemos creído y conocido, pues hemos creído para conocer, porque, si quisiéramos primero conocer y después creer, no seríamos capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué hemos creído y qué hemos conocido? Que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, esto es, que tú eres la vida eterna misma, y que en tu carne y sangre no das sino lo que eres.

Los discípulos estaban un tanto escandalizados por las palabras de Jesús, les escandaliza  que haya dicho: Os doy a comer mi carne y a beber mi sangre. ¿Si, pues, vierais al Hijo del hombre ascender adonde estaba antes? 



San Agustín comenta: ¿Qué significa esto? ¿Con esto resuelve lo que les había turbado? ¿Con esto aclara la causa que los había escandalizado? Con esto, sencillamente, en el caso que lo hubiesen entendido. Ellos, en efecto, suponían que él iba a distribuir su cuerpo; él, en cambio, dijo que iba a subir al cielo, por supuesto, integramente. "Cuando veáis al Hijo del hombre ascender adonde estaba antes", entonces veréis ciertamente que distribuye su cuerpo no del modo que suponéis, y entonces entenderéis ciertamente que su gracia no se consume a bocados. Y asevera: "El espíritu es quien vivifica; la carne no sirve de nada." El espíritu pone en movimiento  a las obras de la carne como su instrumento, así el hombre se vivifica en él, y éste actúa para su salvación.

domingo, 19 de marzo de 2017

Ducio. Cristo y la samaritana

Cristo y la samaritana. 1310. Duccio di Buoninsegna
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 43,5cm x 46cm.
Colección Thyssen-Bornemisza. Madrid. España

La liturgia del tercer domingo de Cuaresma se centra en la página del Evangelio de san Juan del diálogo de Jesús con la samaritana: Jesús se manifiesta como Dios, que se ofrece a los hombres como agua que nos quita por siempre la sed y como agua que limpia nuestros pecados. Para ilustrar la escena, hemos escogido una obra maestra del Trecento italiano, pintada por Ducio di Buoninsegna.

Esta pequeña tabla formaba parte de la predela de la Maestá, altar encargado a Duccio para el Duomo de Siena. Este gran conjunto fue desmembrado hacia 1771 y, aunque la mayor parte se conserva en el Museo dell'Opera del Duomo (Siena), las otras tablas pasaron a colecciones privadas y museos.

La escena representa a Cristo sentado en el brocal del pozo de Jacob, hacia allí se dirige la samaritana portando un cántaro en la cabeza; la comunicación entre ambos se realiza mediante gestos. A la derecha, un grupo de discípulos observa la escena enmarcados por un fondo arquitectónico -la ciudad de Samaria, llamada Sicar- en un intento de dar profundidad espacial a la pintura. Esta tabla de Duccio es una evidencia temprana de la evolución del arte del Trecento hacia patrones de mayor naturalismo, carácter narrativo y preocupación por el espacio.

San Agustín de Hipona, en su Comentario al Evangelio de san Juan, considera en esa mujer a la Iglesia, que aún no es santa, pero está en camino de serlo. Éstas son sus palabras:

Llega una mujer. Se trata aquí de una figura de la Iglesia, no santa aún, pero sí a punto de serlo; de esto, en efecto, habla nuestra lectura. La mujer llegó sin saber nada, encontró a Jesús, y él se puso a hablar con ella. Veamos cómo y por qué. Llega una mujer de Samaria a sacar agua.

Los samaritanos no tenían nada que ver con los judíos; no eran del pueblo elegido. Y esto ya significa algo: aquella mujer, que representaba a la Iglesia, era una extranjera, porque la Iglesia iba a ser constituida por gente extraña al pueblo de Israel.

Pensemos, pues, que aquí se está hablando ya de nosotros: reconozcámonos en la mujer, y, como incluidos en ella, demos gracias a Dios. La mujer no era más que una figura, no era la realidad; sin embargo, ella sirvió de figura, y luego vino la realidad. Creyó, efectivamente, en aquel que quiso darnos en ella una figura. Llega, pues, a sacar agua.

Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Ved cómo se trata aquí de extranjeros: los judíos no querían ni siquiera usar sus vasijas. Y como aquella mujer llevaba una vasija para sacar el agua, se asombró de que un judío le pidiera de beber, pues no acostumbraban a hacer esto los judíos. Pero aquel que le pedía de beber tenía sed, en realidad, de la fe de aquella mujer.

Fíjate en quién era aquel que le pedía de beber: Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirias tú, y él te daría agua viva».

Le pedía de beber, y fue él mismo quien prometió darle el agua. Se presenta como quien tiene indigencia, como quien espera algo, y le promete abundancia, como quien está dispuesto a dar hasta la saciedad. Si conocieras –dice–el don de Dios. El don de Dios es el Espíritu Santo. A pesar de que no habla aún claramente a la mujer, ya va penetrando, poco a poco, en su corazón y ya la está adoctrinando. ¿Podría encontrarse algo más suave y más bondadoso que esta exhortación? Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirias tú, y él te daría agua viva. ¿De qué agua iba a darle, sino de aquella de la que está escrito: En ti está la fuente viva? Y ¿cómo podrán tener sed los que se nutren de lo sabroso de tu casa?

De manera que le estaba ofreciendo un manjar apetitoso y la saciedad del Espíritu Santo, pero ella no lo acababa de entender; y como no lo entendía, ¿qué respondió? La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Por una parte, su indigencia la forzaba al trabajo, pero, por otra, su debilidad rehuía el trabajo. Ojalá hubiera podido escuchar: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Esto era precisamente lo que Jesús quería darle a entender, para que no se sintiera ya agobiada; pero la mujer aún no lo entendía.

lunes, 6 de febrero de 2017

Giusto de' Menabuoi. La creación del mundo

Creación del mundo, 1378. Giusto de' Menabuoi
Fresco
Baptisterio de la Catedral de Padua.

Leemos hoy en la Eucaristía la primera página de la Biblia: el relato de la Creación del mundo, del Libro del Génesis. Contemplamos la versión de este relato en los pinceles de un artista del Trecento italiano Giusto de' Menabuoi. Fuera de la esfera de las estrellas fijas, representados por los signos del zodiaco se encuentra el creador, entronizado sobre querubines y serafines, ante un telón de fondo de oro y una esfera de cristal. En la zona circular dentro de los cielos están las órbitas de los planetas, y en el círculo más interno muestra un mapa del mundo en el que aparecen no sólo Italia y la zona del Mediterráneo, sino también del resto de Europa, África del Norte y Asia.

jueves, 5 de enero de 2017

Sano di Pietro. Santa María con el Niño y santos.

Santa María con el Niño y santos.1450-1480. Sano di Pietro
 Óleo y oro sobre tabla. Medidas: 60 cm x 43 cm.
Art Gallery of New South Wales. Sydney, Australia

El Evangelio que leemos en la Eucaristía de hoy, tomado del tercer capítulo de san Juan, nos narra la vocación de los apóstoles Felipe y Natanael o Bartolomé. En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Bartolomé duda, y dicha duda se ve resuelta por la afirmación de Jesús de haberle visto debajo de la higuera, ante lo que Natanael le confiese como Hijo de Dios y Mesías.

En el entorno de la Navidad, contemplamos una tabla del primer renacimiento italiano, que nos muestra a Santa María con el Niño, junto a los santos Juan el Bautista y san Jerónimo a la izquierda, y Bernardino de Siena y Bartolomé a la derecha. Cada uno lleva sus signos distintivos que los identifican. Así, Juan el Bautista lleva una cartela con la inscripción Agnus Dei; por encima de él, san Jerónimo viste los atuendos cardenalicios; san Bernardino porta en la mano una Sagrada forma, que alude a un milagro; y, por debajo, san Bartolomé lleva la piel que le fue arrancada en el martirio.

El autor, Sano di Pietro, fue discípulo de Sassetta, probablemente el predilecto, pues concluyó diversas obras que a la muerte del maestro quedaron inacabadas. Su influjo es bien notorio en el alumno. Por su parte Sano dirigió una importante botteca (taller de arte) siendo el realizador de numerosos retablos y madonne (madonas, representaciones de la Virgen María). Aunque la obra de Sano di Pietro ya está incluida en el Renacimiento quattrocentista mantiene fuertes vestigios de la pintura gótica internacional lo cual se evidencia en cierto esquematismo compositivo.

lunes, 24 de octubre de 2016

Fra Angelico. La virgen de la Granada

La Virgen de la Granada. 1426. Fra Angelico
Temple sobre tabla, Medidas: 87 x 59 cm.
Museo del Prado. Madrid

Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

Este texto de la carta a los Efesios, que leemos en la primera lectura nos invita a imitar con nuestra vida a Cristo, siendo así hijos de la luz. Ejemplo perfecto de ello fue la misma Madre del Señor. Por eso, hemos escogido esta magnífica tabla de fra Angelico.

La Virgen de la Granada es una obra extraordinaria, pintada en uno de los momentos decisivos de la historia del arte, la Florencia del primer cuarto del siglo XV, cuna del Renacimiento, por uno de sus actores principales. Guido di Pietro, llamado Fra Angelico, debió formarse con Lorenzo Monaco y figura ya como maestro independiente en 1418. Entre esa fecha y 1422 ingresó en el convento dominico de San Domenico en Fiesole. La Virgen de la granada, inmediatamente posterior a la Anunciación, delata el conocimiento del altar de Sant´Anna Metterza de Masaccio, realizado para la iglesia florentina de Sant´Ambrogio (1423-24) y hoy en los Uffizi. Su nombre deriva del fruto que sostiene la Virgen, prefiguración del sacrificio y la resurrección de Cristo. Fue adquirida en Florencia en 1817 por Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV duque de Alba de Tormes, y figuró desde entonces en posesión de la familia.

martes, 2 de agosto de 2016

Segna di Bonaventura. Cristo bendiciendo

Cristo bendiciendo. 1311. Segna di Bonaventura
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 35 cm x 20 cm.
Museo Metropolitano. Nueva York

Realmente eres Hijo de Dios. Esto fue lo que dijeron postrados los discípulos ante Jesús, cuando después de verlo caminar sobre las aguas, le dijo a Pedro que fuera a él y lo salvó de perecer, cuando ya se hundía a causa de su falta de fe. Jesús no sólo fue un hombre excepcional, sino que a través de signos como éste dejó vislumbrar su divinidad. Por eso contemplamos una tabla firmada por Segna di Buonaventura, en la que aparece el Señor bendiciendo con la mano derecha, mientras sostiene el libro de la vida con la mano izquierda.

domingo, 26 de junio de 2016

La Crucifixión

La Crucifixión. 1320. Maestro de la Sala Capitular de Pomposa
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 29 cm x 20 cm.
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. 

Leemos este domingo en el Evangelio el anuncio que hace el Señor de su intención de subir a Jerusalén, donde padecerá la muerte a manos de los sacerdotes y los dirigentes de Israel. Por eso, queremos contemplar hoy este misterio a través de una tabla del siglo XIV. El Maestro de la sala capitular de Pomposa toma su nombre del conjunto de frescos que decoran la sala capitular de la abadía benedictina de Pomposa, edificio próximo a la ciudad de Ferrara.

El artista, pese a la reducida dimensión de la tabla, organiza su composición con numerosas figuras que distribuye en dos grupos a ambos lados de la cruz. Cristo en el centro, muerto y cubierto con un generoso paño de pureza, apoya sus pies en un gran supedáneo. Un reguero de sangre corre por la base de la cruz para finalizar en la calavera de Adán. En la crucifixión se incluyen cuatro angelitos: uno, afligido, ora mientras los otros tres se ocupan de recoger en recipientes la sangre que brota de las heridas del Redentor; sangre que, en el caso de las heridas de las manos, gotea formando finos hilos, pero que en la llaga del costado fluye con fuerza. Sobre un árido Gólgota, el artista ha instalado a los hombres con san Juan en primer término, a la derecha, y a las mujeres, con la Virgen desmayada, sostenida por la Magdalena y una santa mujer, equilibrando la composición, a la izquierda.

Entre los personajes que acompañan a Cristo se ha identificado a Nicodemo como la figura barbada y de perfil, que ocupa el borde de la tabla, y al centurión como el soldado de casco alado que alza uno de los brazos señalando a Jesús. En esta comitiva, sobre el fondo de oro, se perfilan varias lanzas, así como la esponja atada a una rama de hisopo empapada con el vinagre que dieron de beber a Cristo. Esta Crucifixión formó parte de un políptico del que se han reseñado otras dos escenas: La incredulidad de santo Tomás y La Ascensión, ambas en el Musée du Louvre.

sábado, 14 de mayo de 2016

Cenni di Francesco. La Virgen de la Humildad


La Virgen de la Humildad con el Padre Eterno, el Espíritu Santo y los doce apóstoles.
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 76,6 x 51,2 cm
Colección Thyssen-Bornemisza, en depósito en el Museo Nacional de Arte de Cataluña

Recordamos hoy a san Matías, el apóstol elegido después de la Resurrección del Señor para sustituir al traidor. Dada la escasez de su iconografía, hemos escogido un apostolado completo, en una compleja obra de devoción del Trecentto italiano: La Virgen de la Humildad, de Cenni di Francesco.

Aparece Dios Padre encerrado en una mandorla mística formada por querubines, en azul, y serafines, en rojo. La esfera divina se complementa con dos grupos de ángeles músicos a los lados de la mandorla y la paloma del Espíritu Santo sobre la cabeza de María. En la esfera terrestre encontramos a la Virgen dando de mamar al Niño y sentada en el suelo encima de un cojín; un tipo de representación que responde al conocido como «Virgen de la Humildad». A ambos lados se distribuyen los doce apóstoles, reconocibles por sus atributos. Podemos identificar a nuestra izquierda, de arriba a abajo, a Matías, Santiago el Menor, Simón, Tadeo, Santiago el Mayor y Pedro; y, a la derecha, a Tomás, Mateo, Andrés, Felipe, Juan Evangelista y Bartolomé.

Cenni di Francesco elaboró un tema con fondo de oro donde los personajes se disponen siguiendo una rígida y rigurosa simetría. Las figuras, sin embargo, pese a la ley de la jerarquía que impera entre ellas, mantienen un canon esbelto, al que sin duda contribuyen el esmero y la elegancia con que se pliegan sus túnicas.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Duccio. La Presentación en el Templo

La Presentación en el Templo. 1308-1311. Duccio
Témpera sobre tabla. Medidas: 42cm x 43cm.
Museo dell'Opera del Duomo (Siena)

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Ayer nos narraba el Evangelio la Presentación del Niño en el Templo de Jerusalén, y el cántico profético del anciano Simeón. Hoy nos presenta a la segunda protagonista de la escena, la profetisa Ana. Ambos personajes aparecen a la derecha de la tabla de Duccio. Simeón lleva el niño en brazos, que se dirige a su madre, y Ana observa detrás la escena. Al otro lado está la virgen María y san José, representado como un anciano. Al fondo aparece un altar, decorado con un rico frontal, sobre el que se alza un baldaquino.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Segna di Bonaventura. San Silvestre

San Silvestre abad. 1320. Segna di Bonaventura
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 25 cm x 39 cm.
Museo Metropolitano. Nueva York

Celebramos hoy la memoria de san Silvestre Gozzolini, fundador de la Congregación de los monjes Silvestrinos, en Fabriano en la marca de Ancona. Nació de noble familia en Osimo en Italia el año 1177. Estudió leyes y teología en Bolonia y Padua, y fue presentado canónigo en su patria. Su celo en reprender los vicios le adquirió enemigos, y hasta su Obispo, a quien creyó deber advertir algunas negligencias, se declaró perseguidor suyo. La vista del cadáver de un hombre que había sido admirado en vida por su belleza, acabó de separarle enteramente del mundo. Partió pues, secretamente de Osimo y se retiró a un desierto situado treinta millas distante de la ciudad, a los cuarenta años de su edad. Erigió un monasterio en 1231 en el monte Fano, a dos millas de Fabriano, en la marca o marquesado de Ancona. En esta casa estableció la regla de San Benito sin mitigación alguna; y en 1248 obtuvo de Inocencio IV la confirmación de su instituto. Vivió hasta ver en Italia 25 monasterio de su Órden, dejando a sus discípulos herederos de su espíritu de penitencia y oración. Murió en un día como hoy el año 1267.

La tabla que contemplamos procede de un tríptico firmado por Segna di Buonaventura, sobrino de Duccio y entre sus seguidores más fieles y prominentes en Siena. Investigaciones posteriores han establecido que, de hecho, los tres paneles componen las secciones centrales y finales de un pentatíptico desmembrado (retablo de cinco paneles).

domingo, 18 de octubre de 2015

Nardo di Cione. Santiago, san Juan Evangelista y el Bautista

Santiago, san Juan Evangelista y el Bautista. 1365. Nardo di Cione
Témpera sobre tabla. Medidas: 159 cm x 147 cm.
National Gallery. Londres

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»

Leemos en la Eucaristía el relato del Evangelio según san Marcos, en el que Santiago y Juan piden al Señor sentarse a su lado en su Reino. Al final, con el testimonio de su vida, alcanzarán el Reino eterno, que no era un simple estado judío, como pudieron creer al principio. Por eso, hemos escogido esta tabla del Treccento italiano, en la que aparecen los dos hermanos Zebedeos, junto a san Juan el Bautista.

sábado, 20 de junio de 2015

Memmi. San Pablo

San Pablo. 1330. Lippo Memmi
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 89 cm x 41 cm.
Museo Metropolitano. Nueva York.

Leemos en la lectura de la Eucaristía el elogio que de sí mismo hace san Pablo en el capítulo 12 de su Segunda Carta a los Corintios. Dicho, elogio, desemboca en la impresionante confesión de san Pablo sobre el medio por el cual Dios le ha infundido la humildad: Por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Hemos escogido un retrato de san Pablo, que lo representa con sus atributos tradicionales: la espada en la mano derecha, y sus propios textos sostenidos con la mano izquierda, Pertenece a Lippo Memmi, cuyo nombre completo era Filippo di Memmo di Filipuccio (Siena, h. 1291 – 1356). Fue un pintor italiano perteneciente a la Escuela sienesa. Fue el seguidor más destacado de Simone Martini, que era su cuñado. Nacido en una familia de artistas, era hijo del pintor Memmo di Filipuccio y hermano de Thederigo (o Federigo) Memmi. En 1324 su hermana contrajo matrimonio con Simone Martini, de quien hacía ya tiempo era el más estrecho colaborador. Su estilo es muy similar al de su cuñado, por lo que muchas obras atribuidas a éste pueden haber sido en mayor o menor medida fruto de su propio trabajo.Impulsó el gótico internacional, y terminó trabajando en el ámbito de la corte papal de Avignon.

miércoles, 3 de junio de 2015

Anónimo. Tobit queda ciego

Tobit queda ciego. 1479. Biblia de Eduardo IV
Iluminación sobre pergamino
Biblioteca Británica. Londres

La primera lectura de esta semana está tomada del libro de Tobías. Su padre, Tobit, es un justo judío, que vive en el exilio. Arriesgando su vida, se dedica a hacer obras de misericordia para con los judíos perseguidos. Pero, mientras dormía un día, le cayeron en los ojos excrementos de golondrina, que le dejaron ciego. Tal desgracia simboliza la desdichada suerte del pueblo judío en el exilio:

Señor, tú eres justo, todas tus obras son justas; tú actúas con misericordia y lealtad, tú eres el juez del mundo. Tú, Señor, acuérdate de mí y mírame; no me castigues por mis pecados, mis errores y los de mis padres, cometidos en tu presencia, desobedeciendo tus mandatos. Nos has entregado al saqueo, al destierro y a la muerte, nos has hecho refrán, comentario y burla de todas las naciones donde nos has dispersado. Sí, todas tus sentencias son justas cuando me tratas así por mis pecados, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos procedido lealmente en tu presencia. Haz ahora de mí lo que te guste. Manda que me quiten la vida, y desapareceré de la faz de la tierra y en tierra me convertiré. Porque más vale morir que vivir, después de oír ultrajes que no merezco y verme invadido de tristeza. Manda, Señor, que yo me libre de esta prueba; déjame marchar a la eterna morada y no me apartes tu rostro, Señor, porque más me vale morir que vivir pasando esta prueba y escuchando tales ultrajes.

La imagen que contemplamos, que pertenece a la Biblia Ilustrada de Eduardo IV de Inglaterra, nos muestra precisamente el momento en el que la golondrina deja caer sus excrementos sobre los jos de Tobit, dejándole ciego.

sábado, 4 de abril de 2015

Lamentación sobre Cristo muerto

Lamentación sobre Cristo muerto. 1340-1345. Maestro del Códice de san Jorge
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 39 x 27 cm
Museo Metropolitano de Arte. Nueva York

Jesús murió y fue sepultado. La escena entra en la más normal y dolorosa experiencia humana. Nuestra fe, sin embargo, nos pone de manifiesto que muriendo el Autor de la Vida, destruyó nuestra muerte y nos abrió el camino hacia la vida eterna. Sin embargo, este Sábado Santo asistimos con los testigos de la Pasión del Señor a su doloroso deber de sepultar el cadáver de Jesús.

La tabla de contemplamos, pintada por un autor conocido como el Maestro del Códice de San Jorge, debido a sus iluminaciones sobre dicho manuscrito, que se conserva en la Biblioteca Vaticana, nos ofrece una visión devocional de dicho momento. Fue pintada en el entorno de Avignon, donde se encontraba la corte papal. Conjuga influencias sienesas con otras propias del gótico francés.

El cadáver de Jesús reposa sobre el regazo de la Virgen maría, vestida de un intenso azul, y de las tres Marías que lo acompañaron hasta el final. San Juan se inclina sobre la Virgen para consolar su gesto de dolor. Nicodemo y José de Aritmatea se distinguen de otros dos personajes por el nimbo que ostentan sus cabezas; uno de ellos porta la sábana para embalsamarlo; otro de los personajes de la izquierda muestra el martillo con el que lo han desclavado de la cruz, en la que se ven llamativos restos de sangre.

domingo, 29 de marzo de 2015

Giotto. Entrada de Jesús en Jerusalén

Entrada de Jesús en Jerusalén. 1305. Giotto
Fresco. Medidas: 200 cm x 185 cm.
Capilla Scrovegni. Padua.

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. Comenzamos la Semana Santa con la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, y la celebración litúrgica de su Pasión. triunfo mesiánico y fracaso de las expectativas judías se unen en la celebración de hoy. Contemplamos la escena, en el fresco que Giotto pintó para la Capilla Scrovegni, en Padua. El edificio, construido en ladrillo, tiene planta rectangular y está cubierto con bóveda de cañón. En el exterior, la capilla se presenta como una construcción —varias veces modificada en el curso de los siglos— con contrafuertes vistos y tejado a dos aguas. Dedicada a Santa María de la Caridad, la capilla fue erigida, probablemente entre los años 1303 y 1305,1 por orden de Enrico Scrovegni, que pretendía así expiar los pecados de su padre, conocido usurero. La capilla tenía finalidad funeraria, y el propio Enrico (muerto en 1336) está enterrado allí. Su sarcófago se encuentra detrás del altar.

Tal como relata el Evangelio, aparece Jesús montado sobre un asno, cuya mansedumbre de denota en las orejas agachadas. Los niños del fondo cortan ramos de los árboles que se dibujan en el horizonte azul, y la gente arroja sus vestidos y mantos al paso del Señor, al que sigue un grupo de discípulos. La ciudad de Jerusalén se representa en una puerta, característica de cualquier ciudad medieval.

domingo, 22 de marzo de 2015

Fra Angelico. La Crucifixión

La Crucifixión. 1420-1423. Fra Angelico
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 63 cm x 48 cm.
Museo Metropolitano de Nueva York

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»

Ha llegado la hora en la que el grano de trigo cae en tierra y muere, para dar mucho fruto. Esta imagen que empleó Jesús al final de sus días nos pone sobre aviso, no de su fracaso, sino de su triunfo en la Cruz. La Cruz es el lugar donde al amor de Dios triunfa sobre el pecado humano, y será el camino pascual por el cual el crucificado llegará a la gloria de la Resurrección. La Cruz está envuelta, pues, tanto de dolor como de triunfo. Por eso, los cristianos la adoramos y la reconocemos como nuestro signo salvador.

En la iconografía medieval se representa la Cruz en esta ambivalencia: lugar de dolor pero, también, lugar de la manifestación de la divinidad. Un buen ejemplo es la magnífica tabla del beato Fra Angelico, que contemplamos hoy. Data de los primeros años 1420 y está considerada como una obra temprana. Es una obra de asombrosa invención: el círculo de soldados romanos y sus caballos, cada uno planteado de manera diferente; La madre de Cristo, que se ha desmayado; sus compañeros de duelo (uno en una actitud de forzado escorzo); y la figura de Cristo, que se deriva de un famoso crucifijo tallado por el escultor-arquitecto Brunelleschi. Probablemente fue pensado para la devoción privada.

domingo, 15 de marzo de 2015

Pietro Lorenzetti. La Crucifixión.

La Crucifixión. 1340. Pietro Lorenzetti
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 35 cm x 25 cm.
Museo Metropolitano de Nueva York

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Leemos este año en el Cuarto Domingo de Cuaresma el fragmento del Evangelio según san Juan, en el que se consigna el diálogo entre Jesús y Nicodemo. Jesús utiliza una imagen del Antiguo Testamento: a causa de sus infidelidades en el desierto, Dios envió serpientes que picaron y mataron a muchos israelitas. Moisés le suplicó que aplacase su castigo, y Dios le mandó levantar sobre un asta a una serpiente de bronces, a cuya visión quedarían curados los enfermos. De la misma forma, Jesús afirma de sí mismo que será crucificado, y que dicho sacrificio implicará la salvación para cuantos crean en él.

Hemos escogido para nuestra meditación una exquisita Crucifixión del pintor Pietro Lorenzetti. Nació y murió en Siena. Su formación debió completarse con Duccio di Buoninsegna, para proseguir después en el gran taller de la Basílica de San Francisco de Asís, con Giotto y Simone Martini; esto lo llevó a desarrollar un lenguaje figurativo autónomo que sintetizaba el arte sienés con el lenguaje de Giotto. Sus principales influencias fueron Giovanni Pisano y Giotto. Sobre el fondo dorado destaca la intensidad de los colores y el dramatismo de la escena, que tienen como centros visuales la sangre que brota del costado de Cristo, y la Madre del Señor, vestida en tonos azules, asistida por las santas mujeres y san Juan.

martes, 24 de febrero de 2015

Agnolo Gaddi. La Santísima Trinidad

La Santísima Trinidad. 1390. Agnolo Gaddi
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 129 x 70 cm por tabla
 Museo Metropolitano de Arte. Nueva York

El martes del Cuaresma se centra en la oración del Señor. Si este tiempo ha de ser un tiempo especial en nuestra dedicación a la oración, Jesús no sólo nos enseña a orar sino que, a través de la oración, nos manifiesta quién y cómo es Dios: su Padre y nuestro Padre, que a través en el Espíritu Santo forma una unidad, a la que hemos sido invitados a participar sus criaturas en la condición de hijos. Por eso, nos atrevemos a decir: Padre Nuestro.

Hemos escogido, por ello, una tabla típica de la época medieval, que nos muestra a la entera Trinidad: el Padre Eterno, que sostiene con los brazos la Cruz del Hijo, nuestro Señor Jesucristo, donde está posado el Espíritu Santo en forma de paloma. La tabla fue pintada por el florentino Agnolo Gaddi, como tabla central de un tríptico. Su estilo es un término medio entre el de Giotto y el naciente gótico internacional.