martes, 9 de junio de 2015

Felipe Bigarny. Entierro y Resurrección de Cristo.

Entierro y Resurrección de Cristo. 1500. Felipe Bigarny
Piedra tallada
Girola de la Catedral de Burgos

Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos lleva al comienzo de la Segunda Carta a los Corintios, en la que Pablo hace un resumen del significado de Cristo para la humanidad: sí de Dios Padre en el Señor. Este sí de Dios a los hombres fue especialmente pronunciado en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Por eso, hemos escogido una magnífica escultura de Felipe Bigarny que, por desgracia, al haber sido esculpida en una piedra de baja calidad, se encuentra actualmente gravemente deteriorada. En 1498 el cabildo encomendó al escultor Felipe Bigarny un relieve en piedra para el trasaltar. Bigarny ejecutó en piedra caliza su Camino del Calvario. Se trata de la premera obra documentada de este artista en Burgos y en ella muestra su estilo, muy deudor de la expresividad y la estética gótica pero abierto a las novedades renacentistas, como se evidencia en los elementos decorativos. Tras el éxito del encargo, el cabildo le encomendó dos relieves más: los de la Crucifixión y el Descendimiento, entierro y resurrección de Cristo (1500-1503), ambos actualmente están muy dañados al haberse labrado en piedra de mala calidad que se pulveriza con la humedad. El marco decorativo arquitectónico de los relieves se atribuye a Simón de Colonia.

Este conjunto escultórico se completó casi dos siglos después con la adición en los extremos de dos nuevos relieves, dedicados a la Oración del Huerto y a la Ascensión. Fueron ejecutados por el escultor Pedro Alonso de los Ríos entre 1681 y 1683, también en piedra caliza, y en estilo barroco.

lunes, 8 de junio de 2015

Bloch. Sermón dela montaña

Sermón de la montaña. 1877. Carl Bloch
Óleo sobre lienzo. Medidas: 104 cm x 92 cm.
Museo del Castillo de Frederiksborg (Dinamarca)

Comenzamos este Lunes de la Décima Semana del Tiempo Ordinario la lectura en la Eucaristía del Evangelio según san Mateo, con el célebre texto del Sermón de las Montañas, en concreto, con las ocho bienaventuranzas.

Jesús, como Moisés, sube a la montaña, y desde allí nos manifiesta cuál es la voluntad de Dios. Ésta no es otra que nuestra felicidad, nuestra bienaventuranza, que no se rige por criterios mundanos, sino por otros, en claro contraste con los de nuestro mundo: dichosos los pobres, los que lloran los perseguidos por la justicia, los limpios de corazón, los misericordiosos.

La obra que contemplamos pertenece a Carl Heinrich Bloch (Copenhague, 23 de mayo de 1834 - ibídem, 22 de febrero de 1890): fue un reconocido pintor danés, cuyas obras frecuentemente introducían temáticas de fe cristiana.

viernes, 5 de junio de 2015

San Bonifacio

San Bonifacio. XI. Anónimo
Iluminación sobre pergamino
Sacramentario de Fulda

Recordamos hoy la santidad de san Bonifacio, el monje benedictino que se convirtió en apóstol de los germanos, motivo por el cual la Iglesia Católica alemana lo celebra como solemnidad. A él dedico el papa Benedicto XVI una catequesis en la Audiencia General de 11 de marzo de 2009. Comenzaba así:

Poseemos muchas noticias sobre su vida gracias a la diligencia de sus biógrafos: nació en una familia anglosajona en Wessex alrededor del año 675 y fue bautizado con el nombre de Winfrido. Entró muy joven en un monasterio, atraído por el ideal monástico. Poseyendo notables capacidades intelectuales, parecía encaminado a una tranquila y brillante carrera de estudioso: fue profesor de gramática latina, escribió algunos tratados y compuso también varias poesías en latín.

Ordenado sacerdote cuando tenía cerca de treinta años, se sintió llamado al apostolado entre los paganos del continente. Gran Bretaña, su tierra, evangelizada apenas cien años antes por los benedictinos encabezados por san Agustín, mostraba una fe tan sólida y una caridad tan ardiente que enviaba misioneros a Europa central para anunciar allí el Evangelio. En el año 716, Winfrido, con algunos compañeros, se dirigió a Frisia (la actual Holanda), pero se encontró con la oposición del jefe local y el intento de evangelización fracasó. Volvió a su patria, pero no se desalentó: dos años después vino a Roma para hablar con el Papa Gregorio II y recibir directrices. El Papa, según el relato de un biógrafo, lo acogió "con el rostro sonriente y con la mirada llena de dulzura", y en los días siguientes mantuvo con él coloquios importantes y, al final, tras haberle impuesto el nuevo nombre de Bonifacio, con cartas oficiales le encomendó la misión de predicar el Evangelio entre los pueblos de Alemania.

Confortado y sostenido por el apoyo del Papa, san Bonifacio se dedicó a la predicación del Evangelio en aquellas regiones, luchando contra los cultos paganos y reforzando las bases de la moralidad humana y cristiana. Con gran sentido del deber escribió en una de sus cartas: Estamos firmes en la lucha en el día del Señor, porque han llegado días de aflicción y miseria... No somos perros mudos, ni observadores taciturnos, ni mercenarios que huyen ante los lobos. En cambio, somos pastores diligentes que velan por el rebaño de Cristo, que anuncian a las personas importantes y a las comunes, a los ricos y a los pobres, la voluntad de Dios... a tiempo y a destiempo.

jueves, 4 de junio de 2015

Corpus Christi


Triunfo de la Fe Sobre los sentidos, 1667. Obra de Juan Antonio de Frías y Escalante
Óleo sobre lienzo, 113x152 cm. 
Museo del Prado, Madrid. España

En cuadro de hoy, barroco como no podía ser de otro modo, aparece el texto Præstet fides suppleméntum, sénsuum deféctui. Es decir La fe provea suplemento para el defecto de los sentidos. Este verso pertenece al himno eucarístico Pange lingua, escrito por santo Tomás de Aquino, como el oficio de hoy y que por lo general se canta durante la adoración del Santísimo Sacramento.

Santo Tomás en el Opúsculo 57, que trata de la fiesta del Cuerpo de Cristo nos habla sobre el banquete precioso y admirable que el hombre recibe, Dios mismo que, no solo se ha entregado por nosotros, sino que permanece entre nosotros y se nos da como alimento nutriendo el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Que éste día lo vivamos en contemplación de ese gran misterio que nos trae la salvación, éste en el que los sentidos callan y la fe se manifiesta victoriosa.

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos da, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

miércoles, 3 de junio de 2015

Anónimo. Tobit queda ciego

Tobit queda ciego. 1479. Biblia de Eduardo IV
Iluminación sobre pergamino
Biblioteca Británica. Londres

La primera lectura de esta semana está tomada del libro de Tobías. Su padre, Tobit, es un justo judío, que vive en el exilio. Arriesgando su vida, se dedica a hacer obras de misericordia para con los judíos perseguidos. Pero, mientras dormía un día, le cayeron en los ojos excrementos de golondrina, que le dejaron ciego. Tal desgracia simboliza la desdichada suerte del pueblo judío en el exilio:

Señor, tú eres justo, todas tus obras son justas; tú actúas con misericordia y lealtad, tú eres el juez del mundo. Tú, Señor, acuérdate de mí y mírame; no me castigues por mis pecados, mis errores y los de mis padres, cometidos en tu presencia, desobedeciendo tus mandatos. Nos has entregado al saqueo, al destierro y a la muerte, nos has hecho refrán, comentario y burla de todas las naciones donde nos has dispersado. Sí, todas tus sentencias son justas cuando me tratas así por mis pecados, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos procedido lealmente en tu presencia. Haz ahora de mí lo que te guste. Manda que me quiten la vida, y desapareceré de la faz de la tierra y en tierra me convertiré. Porque más vale morir que vivir, después de oír ultrajes que no merezco y verme invadido de tristeza. Manda, Señor, que yo me libre de esta prueba; déjame marchar a la eterna morada y no me apartes tu rostro, Señor, porque más me vale morir que vivir pasando esta prueba y escuchando tales ultrajes.

La imagen que contemplamos, que pertenece a la Biblia Ilustrada de Eduardo IV de Inglaterra, nos muestra precisamente el momento en el que la golondrina deja caer sus excrementos sobre los jos de Tobit, dejándole ciego.

martes, 2 de junio de 2015

Sepulcro de San Juan de Ortega

San Juan de Ortega. 1464. Atribuido a Juan de Colonia
Piedra tallada.
Monasterio de San Juan de Ortega (Burgos)

Celebramos hoy la santidad de san Juan de Ortega. Juan de Quintanaortuño nació en Quintanaortuño, Burgos, el año 1080, y falleció en San Juan de Ortega, el 2 de junio de 1163. De joven colaboró con Domingo de la Calzada para abrir caminos que mejorasen el paso por la zona de los peregrinos del camino de Santiago. Hacia 1112, tras el fallecimiento en 1109 de su maestro Domingo, Juan decidió peregrinar a Jerusalén, sufriendo en su regreso un naufragio del que se salvó por su rogativa a San Nicolás de Bari, a quien prometería edificar una capilla en su honor. El lugar donde ubicaría ésta se encontraba en los Montes de Oca en una zona conocida como Ortega, procedente del latín Urtica, que significa ortiga o maleza, donde hoy se encuentra la localidad de San Juan de Ortega. Además construiría un albergue para los peregrinos que por allí pasaban. Con el tiempo se le unieron colaboradores en sus labores hospitalarias, con lo que nacería cerca del 1138 el monasterio de San Nicolás, conocido desde principios del siglo XIII como monasterio de San Juan de Ortega.

Se le atribuye la finalización de la calzada entre Nájera y Burgos que había iniciado su maestro y la construcción de los puentes primitivos de Logroño, Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Belorado, Cubo de Bureba y Agés. Cayó enfermo encontrándose en Nájera, pidiendo ser trasladado a su monasterio, donde falleció el 2 de junio de 1163.

La iglesia monástica de san Juan de Ortega la hizo construir el santo en 1152, aunque el templo no se finaliza hasta el siglo XV. Destacan los capitales de las columnas, de temática muy variada. En el centro del crucero, un baldaquino del gótico florido, que algunos atribuyen a Juan de Colonia, cobija el sepulcro del Santo, que fue mandado construir en 1464 por Pedro Fernández de Velasco. En sus laterales se representan escenas de la vida de San Juan, como la que contemplamos, en la que recibe a tres peregrinos ataviados con sus atributos típicos.

lunes, 1 de junio de 2015

Martirio de ...

Martirio de los priores de las cartujas inglesas de Londres, Nottingham y Axholme, 1626 - 1632
Óleo sobre lienzo, 337 cm x 298 cm
Museo del Prado, Madrid. España.

En esta escena se alude a la convulsión religiosa que representó la ruptura de Enrique VIII con la Iglesia católica y la monarquía española, que se visualiza en el ciclo del Paular a través de los martirios y muertes de varios de los miembros más destacados de los cartujos ingleses. 

La serie de pinturas realizada para el claustro de la cartuja de El Paular (Rascafría, Madrid) encargada a Vicente Carducho en 1626, formada por un conjunto de 56 obras con escenas de la vida de San Bruno (1-27) e historias de cartujos (28-54), más dos escudos (55 y 56).

Vemos en este lienzo la prisión de John Houghton, Robert Lawrence y Agustine Webster, priores de las cartujas de Londres, Nottingham y Axholme respectivamente. El lugar de su encierro y muerte fue la Torre de Londres.

Al leer hoy las actas del martirio de san Justino, del que celebramos su memoria, no he podido evitar trasportarlas a cualquier época histórica en la que tantos han dado su vida por Cristo con los mismos argumentos, ser Cristiano y lo que ello significa y conlleva. Por eso hoy podemos mirar a este cuadro recordando tantos actos martiriales que nos conducen a la misma conclusión tras la respuesta llena de seguridad de los mártires; "Es nuestro deseo más ardiente el sufrir por amor de nuestro Señor Jesucristo, para ser salvados. Este sufrimiento nos dará la salvación y la confianza ante el tribunal de nuestro Señor y Salvador, que será universal y más terrible que éste".

Les dejo aquí, para su reflexión, el relato referido: 

Apresados los santos, fueron conducidos ante el prefecto de Roma, de nombre Rústico. Llegados ante el tribunal, el prefecto Rústico dijo a Justino: «Ante todo cree en los dioses y obedece a los emperadores». Justino contestó: «El hecho de que obedezcamos los preceptos de nuestro Salvador Jesucristo no puede ser objeto ni de acusación ni de detención». Rústico replicó: «¿Qué doctrinas profesas?» Justino dijo: «Me he esforzado por conocer todas las doctrinas, y sigo las verdaderas doctrinas de los cristianos, aunque desagrade a aquellos que son presa de sus errores». Rústico replicó: «¿Estas doctrinas te agradan a ti, desgraciado?» Justino contestó: «Sí, porque profeso la verdadera doctrina siguiendo a los cristianos». Rústico preguntó: «¿Qué doctrinas son ésas?» Justino contestó: «Adoramos al Dios de los cristianos, que es uno, y creador y artífice de todo el universo, de las cosas visibles e invisibles; creemos en nuestro Señor Jesucristo como Hijo de Dios, anunciado por los profetas como el que había de venir al género humano, mensajero de salvación y maestro de insignes discípulos. Yo soy un hombre indigno para poder hablar adecuadamente de su infinita divinidad; reconozco que para hablar de él es necesaria la virtud profética, pues fue profetizado, como te dije, que éste, de quien he hablado, es el Hijo de Dios. Yo sé que los profetas que vaticinaron su venida a los hombres recibían su inspiración del cielo».

Rústico preguntó: «¿Luego tú eres cristiano?» Justino respondió: «Sí, soy cristiano». El prefecto dijo a Justino: «Escucha, tú que te las das de saber y conocer las verdaderas doctrinas; si después de azotado mando que te corten la cabeza, ¿crees que subirás al cielo?» Justino contestó: «Espero que entraré en la casa del Señor si soporto todo lo que tú dices; pues sé que a todos los que vivan rectamente les está reservada la recompensa divina hasta el fin de los siglos». El prefecto Rústico preguntó: «Así, pues, ¿te imaginas que cuando subas al cielo recibirás la justa recompensa?» Justino contestó: «No me lo imagino, sino que lo sé y estoy cierto». El prefecto Rústico dijo: «Vamos al asunto que nos interesa y nos apremia. Poneos de acuerdo y sacrificad a los dioses». Justino respondió: «Nadie, a no ser por un extravío de su razón, pasa de la piedad a la impiedad». Rústico replicó: «Si no hacéis lo que os mandamos, seréis torturados sin misericordia». Justino contestó: «Es nuestro deseo más ardiente el sufrir por amor de nuestro Señor Jesucristo, para ser salvados. Este sufrimiento nos dará la salvación y la confianza ante el tribunal de nuestro Señor y Salvador, que será universal y más terrible que éste».

Igualmente, los otros mártires dijeron: «Haz lo que quieras; somos cristianos y no sacrificaremos a los ídolos». El prefecto Rústico pronunció la sentencia, diciendo: «Por no haber querido sacrificar a los dioses ni obedecer la orden del emperador, que sean azotados y conducidos al suplicio, para sufrir la pena capital de acuerdo con las leyes». Los santos mártires, glorificando a Dios, fueron conducidos al lugar acostumbrado; allí fueron decapitados y consumaron su martirio en la confesión de nuestro Señor Jesucristo.


De las Actas del martirio de san Justino y compañeros (Caps 1-5: cf PG 6, 1366-1371)