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domingo, 17 de marzo de 2019

Tiziano. La Transfiguración


 La Transfiguración. 1566. Obra de Tiziano Vecellio . 
Óleo sobre lienzo 245x297 cm
Iglesia de San Salvador, Venecia Italia

En el altar mayor de la iglesia de San Salvador, se encuentra la Transfiguración de Cristo, Esta obra fue encargada a Tiziano en 1534, durante la construcción, por parte de Guglielmo dei Grigi, del nuevo altar mayor de esta iglesia veneciana. Posteriormente en el 59, se le encargará también la tela de la Anunciación para e Con este lienzo se debía cubrir, los días festivos, el precioso frente de altar en plata dorada, pero no fue entregado hasta 1563. El Evangelio según Lucas, que este segundo domingo de cuaresma se lee en la liturgia, nos narra el evento de la Transfiguración.

El efecto teatral de la tela responde al lugar que ocupa, punto de convergencia de las miradas de los fieles en el centro del altar de la Iglesia. La composición es muy innovadora al situar a Cristo en el centro de la escena, resplandeciente de luz y rodeado por Moisés y Elías, a izquierda y derecha respectivamente. En la zona inferior podemos observar a los tres apóstoles en forzados movimientos, pudiendo ser contemplados desde lejos.La pintura excluye los colores fríos y juega con una impetuosa paleta de tonalidades cálidas, desde el rojo al bronce, teniendo su momento culminante en la luz dorada que rodea a Cristo. Tiziano emplea una pincelada fluida y agitada. La iluminación es la habitual en la década de 1560, jugando con los contrastes de luz y sombra para acentuar el dramatismo del momento, reforzando así la teatralidad de la obra, anticipándose así al Barroco. 

domingo, 1 de marzo de 2015

Giovanni Bellini. La Transfiguración

La Transfiguración. 1479. Giovanni Bellini
Óleo sobre liernzo. Medidas: 115 cm x 154 cm.
Museo Nacional de Capodimonte. Nápoles

El segundo domingo de Cuaresma se centra en el misterio de la Transfiguración, como anuncio de la Resurrección del Señor y promesa de nuestra propia transformación en la plenitud de la realización del Reino de Dios.

Contemplamos este momento en la representación que de ella hizo Giovanni Bellini, cuya Pietà vimos ayer. Su Transfiguración procede de la Capilla Fioccardo de la catedral de Vicenza. Es una de las obras maestras de Bellini. En un vasto paisaje, cuya profundidad viene sugerida por el declive del terreno, con múltiples tonalidades de verdes, encuadra este episodio cumbre de la vida pública de Cristo sobre el Monte Tabor, en presencia de los discípulos amados (Pedro, Juan y Santiago). Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías.

martes, 6 de agosto de 2013

Penni. Transfiguración del Señor


Transfiguración del Señor.1520-28. Giovanni Francesco Penni
 Óleo sobre tabla. Medidas: 396cm x 263cm.
Museo del Prado. Madrid. España

La fiesta de la Transfiguración comenzó a celebrarse en el Oriente cristiano. Tuvo gran importancia, por la exaltación de la divinidad de Cristo, tan característica de la piedad oriental. Llegó a Occidente de la mano, fundamentalmente, de los monjes cluniacenses. Pero su institución litúrgica en el 6 de agosto no llegó en la Iglesia latina hasta el año 1457, con motivo de la victoria sobre los turcos en la batalla de Belgrado. fue un papa español, Calixto III, de la familia Borja, cuya preocupación por el alarmante expansionismo turco le movió a organizar la defensa de Belgrado. atribuyó aquella victoria al Señor Transfigurado. 

La iconografía oriental ha reproducido con profusión la escena, en iconos en los que Cristo ocupa el vértice de un monte, apareciendo junto a él Moisés y Elías, y los tres apóstoles tumbados a los pies. La iconografía occidental se centró más bien en la imagen de Jesús como Salvado de los hombres. De hecho, el título habitual referido a la Transfiguración era el de san Salvador, y la representación usual era la del Pantocrátor, es decir, el Cristo en Majestad.

A partir del siglo XV, comienza a ser frecuente la representación pictórica de la escena, precisamente desde el momento en el que se instituyó litúrgicamente el 6 de agosto como fiesta de la Transfiguración. Nosotros hemos escogido una obra un poco posterior, de origen italiano: una copia parcial de la Trasfiguración de Rafael, pintada por Penni.

La obra original fue encargada en 1516 por el Cardenal Giulio de Medici para la Catedral de Narbona. El prelado solicitó a Sebastiano del Piombo para el mismo destino una Resurrección de Lázaro, dando lugar a una competición entre ambos artistas. Giulio se quedó con la obra de Rafael y encargó una copia a Giovanni Francesco Penni, quien la llevó a Nápoles. 

La Transfiguración es el más ambicioso cuadro de altar de Rafael, en el que incluyó un episodio ajeno a este pasaje bíblico, el fracaso de los Apóstoles al exorcizar a un endemoniado, que le permitió una exhibición de estados físicos y anímicos susceptibles de superar a los desplegados por Piombo. 

La copia difiere del original tanto por su calidad como en detalles puntuales -Cristo, Elías y Moisés aparecen inmersos en una aureola y han desaparecido los árboles a la izquierda-, pero también por una notable atenuación del claroscuro. 

A mediados del siglo XVII el duque de Medina de las Torres adquirió la pintura, que su hijo Nicolás cedió a las Carmelitas de Santa Teresa de Madrid y, de allí, pasó al Museo del Prado.

miércoles, 24 de abril de 2013

El que cree en mí


Transfiguración de Cristo, ca. 1520. Obra de Gerard David
Óleo sobre tabla

este cuadro de Gerard David, puede ayudarnos a meditar sobre el texto de san Juan que hoy leemos en la liturgía (Jn 12, 44-50)

El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.

Él habla del Padre, manifestando así su quénosis, es decir su anonadamiento, sin dejar por eso de reconocer que, quien a Él lo ve, ha visto al Padre porque el es Dios. Él es la luz que ilumina toda tiniebla, de la misma manera que se manifestó en el Tabor, anticipando su gloria a los discípulos. Él es el salvador del mundo, lleno de misericordia que no viene a juzgar sino a perdonar y rescatar al hombre de su pecado.

La Palabra de Dios será el juez de aquellos que no han cumplido lo escuchado y no han sido consecuentes con lo creído. Ahí estará nuestra condenación o salvación. ¿Creemos en el Hijo de Dios?

El cuadro refleja no solo el momento de la transfiguración sino que, en el se manifiesta claramente que es el Padre quien envía al Hijo y éste quien manifiesta al Hijo. la escena está contextualizada en un paisaje concreto como si quisiera entrar dentro de una historia que transciende el tiempo mismo. Un momento determinado que cada uno podemos hacer nuestro y entrar dentro de la escena. Un momento sereno en lo que conlleva la tremenda manifestación en la que casi podemos escuchar las mismas palabras de Jesús que hemos leído arriba. Un momento casi infinito que se extiende por el paisaje que se pierde a la vista como si quisiese éste transcender la materialidad terrena, agitada y sorprendente para el hombre que contempla la teofanía y que en la figura de los discípulos se maravilla y sorprende. Una, única y personal relación humana de Cristo y con Cristo, al que vemos que, tras la  manifestación, trata con los discípulos de manera directa. Con ellos habla y se sienta y los enseña a la derecha de la escena. Como a ellos también a nosotros nos dice, El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado