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martes, 3 de enero de 2017

Francisco Pacheco. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1608. Francisco Pacheco
 Óleo sobre tabla. Medidas: 99cm x 45cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Leemos hoy en la Eucaristía eswte pasaje del primer capítulo del Evangelio según san Juan, en el que san Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Esta alocución dio lugar a una fecunda iconografía del santo, que señala con el dedo hacia Jesús. De ahí viene, también, la expresión castellana de permanecer "hasta que san Juan baje el dedo".

Contemplamos, precisamente, una tabla que representa a san Juan en esta actitud, del pintor sevillano Francisco de Pacheco, suegro de Velázquez. Esta obra formaba parte del retablo de doña Francisca de León en la iglesia del convento sevillano del Santo Ángel, que el pintor contrató en 1605.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Maestro de Miraflores. El nacimiento de san Juan Bautista

El nacimiento de san Juan Bautista. 1490-1500. Maestro de Miraflores
Óleo sobre tabla. Medidas: 90 cm. x 55 cm.
Museo del Prado. Madrid

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»

El Evangelio de la Eucaristía nos narra hoy el nacimiento de san Juan Bautista. San Lucas pone en paralelo su historia con la de Jesús, estableciendo una relación que culminará en el reconocimiento de Juan en Jesús del enviado por Dios para salvar a los hombres.

Contemplamos una tabla que muestra un interior doméstico de gran riqueza. La ventana del fondo tiene una vidriera con la Anunciación, tema alusivo a la encarnación de Cristo, del que el Bautista es precursor, y a la Virgen María, a la que Isabel entrega al niño San Juan en presencia de Zacarías. Proviene de la Cartuja de Miraflores. 

viernes, 9 de diciembre de 2016

Luis de Morales. San Juan Bautista

San Juan Bautista. 1565. Luis de Morales
Óleo sobre tabla. Medidas: 47 cm. x 34 cm.
Museo del Prado. Madrid

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Leemos hoy en la Eucaristía este fragmento del capítulo 11 del Evangelio según san Mateo, que nos presenta una de las figuras centrales del tiempo de Adviento: san Juan Bautista, que anunció la llegada del Señor, y nos sigue sirviendo su predicación como preparación para que recibamos, también nosotros, al Señor que volverá con gloria.

Contemplamos una tabla del Divino Morales, el célebre pintor manierista. Esta cabeza del Bautista deriva de la figura de medio cuerpo que Morales incluyó en el retablo de la iglesia parroquial de Arroyo de la Luz (Cáceres), realizado en 1563. Se trata de una pintura trabajada minuciosamente por medio de finas capas de pigmento matizadas por medio de veladuras. Debió de formar parte de un retablo o un tríptico destinado a algún oratorio privado.

viernes, 24 de junio de 2016

Tintoretto. El nacimiento de san Juan Bautista


El nacimiento de san Juan Bautista, 1554. Jacopo Tintoretto
Óleo sobre lienzo, 181x 266 cm. 
Museo del Hermitage, San Petersburgo. Rusia

La Iglesia nos invita a celebrar la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, precursor del Señor, que estando aún en el seno materno, al quedar éste lleno del Espíritu Santo, exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Navidad de Cristo el Señor, y brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo que no hubo entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista. 

Se conmemora el nacimiento terrenal del Precusor: el enviado por Dios para preparar el camino al Salvador. Es el último profeta con la misión de anunciar la llegada inmediata del Salvador. La vida de Juan Bautista nos enseña a cumplir la misión que adquirimos el día de nuestro Bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra y transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida.

En el Evangelio según San Lucas ( Lc 1, 57-66. 80) leemos cómo el arcángel Gabriel anunció a Zacarías que su esposa Isabel, ya entrada en años y considerada esteril, le daría a luz un hijo, y cuando Zacarías dudó del ángel lo dejóó mudo. Tintoretto muestra Zacarías (a la derecha de la imagen) en el momento de recuperar el habla alabando al Señor. Recuperó el don de la palabra después que escribió el nombre predestinado del niño recién nacido, Juan.

San Gregorio Palamos dice de él: Si la muerte de sus fieles le cuesta mucho al Señor y si el recuerdo del justo será perpetuo, ¿cuánto más no deberemos alabar el recuerdo de Juan, que llegó a las más aireadas cimas de la santidad y de la justicia, que saltó de gozo y fue el Precursor y heraldo del Verbo de Dios hecho carne por nosotros? De él dijo y afirmó Jesús que era el mayor de todos los profetas, santos y justos de este mundo. Si esto dijo de él, nada pueden añadir todas las alabanzas humanas, pues no necesita nuestros panegíricos quien recibió el testimonio y el favor del unigénito Hijo de Dios. Por tanto, mejor sería callarnos en presencia de aquel a quien la Escritura llama Voz de la Palabra del Altísimo. Pero puesto que recibió de Cristo, Señor de todo, tal testimonio y tamaño calificativo, que toda lengua fiel —en la medida de sus posibilidades— le cante un himno, no cierto, para añadir nada a semejante alabanza —¿cómo podríamos hacerlo?—, sino para pagarle una deuda. Por tanto, que cada cual cante con su lengua y proclame al unísono todas las maravillas que en Juan se han realizado.

Tintoretto, transfirió la luz evangélica de Juan el Bautista en el contexto contemporáneo de una rica familia veneciana del siglo XVI  En el cuadro de Tintoretto, vemos una combinación de elementos del género y un estado de ánimo casi místicamente tenso.

jueves, 23 de junio de 2016

Guido Reni. El bautizo de Cristo

El bautizo de Cristo. 1622. Guido Reni
Óleo sobre lienzo. Medidas: 263cm x 186cm.
Museo de Historia del Arte. Viena

Esta tarde, con las primeras Vísperas, comenzaremos la celebración de la Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista. Fue el Precursor del Señor, a quien bautizó en el Jordán, y murió inocente por defender la Ley de Dios frente a la tiranía de Herodes.

Hemos escogido una obra de Guido Reni, conservada en Viena, con una profunda atmósfera espiritual típica del barroco italiano. Su composición está estructurada en tres planos diferentes. En el primero, Cristo es bautizado por San Juan Bautista, cuya mano derecha traza un arco hacia la cabeza de Jesús. Tras este arco, tres ángeles, uno de ellos a la izquierda, recogen las ropas de las figuras principales. El tercer plano viene dado por el fondo paisajístico, entre cuyas nubes desciende la paloma del Espíritu Santo.

El colorido de la representación es brillante, sabiamente contrastado con la oscuridad de la vegetación y las nubes del plano del fondo. En el segundo plano dominan los tres colores primarios: azul, amarillo, rojo.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Maestro de Miraflores. El nacimiento de san Juan Bautista

El nacimiento de san Juan Bautista. 1490-1500. Maestro de Miraflores
Óleo sobre tabla. Medidas: 90 cm. x 55 cm.
Museo del Prado. Madrid

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»

El Evangelio de la Eucaristía nos narra hoy el nacimiento de san Juan Bautista. San Lucas pone en paralelo su historia con la de Jesús, estableciendo una relación que culminará en el reconocimiento de Juan en Jesús del enviado por Dios para salvar a los hombres.

Contemplamos una tabla que muestra un interior doméstico de gran riqueza. La ventana del fondo tiene una vidriera con la Anunciación, tema alusivo a la encarnación de Cristo, del que el Bautista es precursor, y a la Virgen María, a la que Isabel entrega al niño San Juan en presencia de Zacarías. Proviene de la Cartuja de Miraflores. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Stanzione. El nacimiento del Bautista anunciado a Zacarías

El nacimiento del Bautista anunciado a Zacarías.1635. Massimo Stanzione
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 188 cm x 337 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.

Así comienza el relato del nacimiento de san Juan en el Evangelio según san Lucas. Zacarías recibe en el Templo la revelación de que engendrará un hijo. Es la escena que representa Estanzione. Este pintor italiano se convirtió en el maestro más reconocido del Nápoles de los años centrales del siglo XVII, a la vez que su pintura nutrió a numerosos discípulos y seguidores.

Sus obras comprendidas entre los años 1635 y 1645 han sido consideradas como las más representativas de su estilo, cuando llevó a la maestría un naturalismo que se aleja del estilo recio de Ribera para aliarse con un clasicismo elegante y refinado. Buen conocedor del caravaggismo que se practicaba en Roma, supo aliarlo con acierto al mundo boloñés y emiliano. Su estudio de la Antigüedad se completó con la admiración hacia Aníbal Carracci y, sobre todo, Guido Reni.

La serie de la vida de San Juan Bautista, según el inventario de 1701, se encontraban en la capilla del Palacio del Buen Retiro. A ellos se suma el "Sacrificio a Baco", que quizá formó parte del encargo de doce escenas sobre la vida de los antiguos romanos realizado hacia 1630 por Felipe IV a través del conde de Monterrey.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Tiziano. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1550-1555. Tiziano
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 195cm x 127cm.
Museo del Prado. Madrid. España

JEn aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» Los hombres se presentaron a Jesús y le dijeron: «Juan, el Bautista, nos ha mandado a preguntarte: "¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?"» Y en aquella ocasión Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista. Después contestó a los enviados: «ld a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí.»

Seguimos recordando en la Eucaristía la figura de san Juan Bautista como el Precursor del Señor, el último de los grandes profetas de Israel, que advirtió de la inminencia de la llegada del Reino de Dios, y lo señaló ya presente en Jesucristo.

Contemplamos un retrato de Tiziano dedicado a la figura de San Juan Bautista. Cuando pintaba una obra, Tiziano solía realizar simultáneamente una copia, que conservaba en el obrador ante eventuales encargos. La copia se hacía mediante calco, pero una vez trasladada la composición original, se introducían pequeños cambios (en los gestos, el paisaje o el colorido), que hacía de la réplica un nuevo original, lo que explica que no haya dos tizianos idénticos. Este proceso se aprecia muy bien en las radiografías, pues las de las réplicas muestran invariablemente la composición de la que parten. 

Así, la radiografía del Bautista más tardío (Escorial), muestra la composición del anterior (Prado), y la radiografía de éste la composición del de la Accademia, el más temprano de los tres. Estilísticamente, el Bautista del Prado está más próximo al de la Accademia que al del Escorial, y tanto el paisaje (la parte mejor conservada junto al celaje) como su inusual preparación de albayalde con adición de carbonato cálcico, remiten a obras realizadas por Tiziano entre 1550 y 1555.

Retiene del Bautista de la Accademia su poderosa anatomía, deudora de la estatuaria clásica y contemporánea, y un tratamiento del color aún subordinado al diseño, y aunque en el paisaje se aprecia una pincelada más suelta, dista de la factura deshecha del ejemplar escurialense..

El Bautista del Prado se documenta en España desde el siglo XVI y probablemente fue encargado por Martín de Gurrea y Aragón, V duque de Villahermosa. Se documenta más tarde en el convento de San Pascual Bailón, fundación de los Almirantes de Castilla, entre fines del siglo XVII y principios del siglo XIX, y su influencia en la pintura española fue notable a tenor de las numerosas copias localizadas

martes, 15 de diciembre de 2015

Alonso Berruguete. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1526-1532. Alonso Berruguete
 Madera tallada y policromada. Medidas: 94cm x 38cm x 34 cm.
Museo Nacional de Escultura. Valladolid

Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Al hilo de la referencia que hace Jesús a san Juan Bautista en el texto del Evangelio según san Mateo, que leemos hoy en la Eucaristía, contemplamos una de las esculturas que Alonso Berruguete preparó para el impresionante retablo de San Benito el Real de Valladolid. Aparece contorsionado, con escueta vestidura, portando en la mano un voluminoso libro, símbolo de la profecía del Antiguo Testamento que en él culmina.

Los largos años de estancia en Italia, permitieron a Alonso Berruguete conocer profundamente a los maestros del Quattrocento y los modelos de la escultura grecolatina clásica; en su obra hay una admiración profunda por la obra de Donatello, quien le inspira algunos tipos, y, desde luego, Miguel Ángel, por sus volúmenes rotundos y la atormentada terribilitá de su obra final. De Leonardo da Vinci aprendió a individualizar los rostros, pese a lo cual todas las influencias confluyeron en un estilo muy personal y un temperamento fuertemente expresivo, que se refleja en sus figuras de un contorno llameante y anguloso que revive la estética del Gótico.

Se supone que Berruguete debía tener bastante conocimiento del cuerpo humano, adquirido a fuerza de observación, de estudios prácticos sobre el natural, como sus modelos, y posiblemente a estudios científicos hechos en tratados de anatomía y acaso en la disección de cadáveres, dada la apariencia de los cuerpos. Pero, como señala Ricardo de Orueta, muchas veces es la pasión o el sentimiento lo que se exterioriza en su obra.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Luis de Morales. San Juan Bautista

San Juan Bautista. 1565. Luis de Morales
Óleo sobre tabla. Medidas: 47 cm. x 34 cm.
Museo del Prado. Madrid

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Leemos hoy en la Eucaristía este fragmento del capítulo 11 del Evangelio según san Mateo, que nos presenta una de las figuras centrales del tiempo de Adviento: san Juan Bautista, que anunció la llegada del Señor, y nos sigue sirviendo su predicación como preparación para que recibamos, también nosotros, al Señor que volverá con gloria.

Contemplamos una tabla del Divino Morales, el célebre pintor manierista. Esta cabeza del Bautista deriva de la figura de medio cuerpo que Morales incluyó en el retablo de la iglesia parroquial de Arroyo de la Luz (Cáceres), realizado en 1563. Se trata de una pintura trabajada minuciosamente por medio de finas capas de pigmento matizadas por medio de veladuras. Debió de formar parte de un retablo o un tríptico destinado a algún oratorio privado.

miércoles, 24 de junio de 2015

Perugino. San Juan Bautista

San Juan Bautista. 1502-1510. Perugino
Óleo sobre tabla. Medidas: 160 x 67 cm.
Museo Metropolitano. Nueva York

Celebramos la Natividad de san Juan Bautista. La iconografía lo representa, fundamentalmente, con el dedo de la mano derecho señalando al Cordero de Dios, es decir, a Jesús. Hemos escogido una representación de gran formato, pintado por Pietro Perugino. Forma parte de un retablo para el altar mayor de la iglesia de la Santissima Annunziata de Florencia. Iniciado por Filippino Lippi en 1502, se completó después de su muerte por Perugino. El retablo tenía la forma de un arco de triunfo romano, con grandes escenas, flanqueada por los santos del Perugino, que son notables por el colorido tenue y sutil tratamiento de la luz.

sábado, 3 de enero de 2015

Francisco Pacheco. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1608. Francisco Pacheco
 Óleo sobre tabla. Medidas: 99cm x 45cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Leemos hoy en la Eucaristía eswte pasaje del primer capítulo del Evangelio según san Juan, en el que san Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Esta alocución dio lugar a una fecunda iconografía del santo, que señala con el dedo hacia Jesús. De ahí viene, también, la expresión castellana de permanecer "hasta que san Juan baje el dedo".

Contemplamos, precisamente, una tabla que representa a san Juan en esta actitud, del pintor sevillano Francisco de Pacheco, suegro de Velázquez. Esta obra formaba parte del retablo de doña Francisca de León en la iglesia del convento sevillano del Santo Ángel, que el pintor contrató en 1605.

martes, 23 de diciembre de 2014

Maestro de Miraflores. El nacimiento de san Juan Bautista

El nacimiento de san Juan Bautista. 1490-1500. Maestro de Miraflores
Óleo sobre tabla. Medidas: 90 cm. x 55 cm.
Museo del Prado. Madrid

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»

El Evangelio de la Eucaristía nos narra hoy el nacimiento de san Juan Bautista. San Lucas pone en paralelo su historia con la de Jesús, estableciendo una relación que culminará en el reconocimiento de Juan en Jesús del enviado por Dios para salvar a los hombres.

Contemplamos una tabla que muestra un interior doméstico de gran riqueza. La ventana del fondo tiene una vidriera con la Anunciación, tema alusivo a la encarnación de Cristo, del que el Bautista es precursor, y a la Virgen María, a la que Isabel entrega al niño San Juan en presencia de Zacarías. Proviene de la Cartuja de Miraflores. 

martes, 16 de diciembre de 2014

Alonso Berruguete. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1526-1532. Alonso Berruguete
 Madera tallada y policromada. Medidas: 94cm x 38cm x 34 cm.
Museo Nacional de Escultura. Valladolid

Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Al hilo de la referencia que hace Jesús a san Juan Bautista en el texto del Evangelio según san Mateo, que leemos hoy en la Eucaristía, contemplamos una de las esculturas que Alonso Berruguete preparó para el impresionante retablo de San Benito el Real de Valladolid. Aparece contorsionado, con escueta vestidura, portando en la mano un voluminoso libro, símbolo de la profecía del Antiguo Testamento que en él culmina.

Los largos años de estancia en Italia, permitieron a Alonso Berruguete conocer profundamente a los maestros del Quattrocento y los modelos de la escultura grecolatina clásica; en su obra hay una admiración profunda por la obra de Donatello, quien le inspira algunos tipos, y, desde luego, Miguel Ángel, por sus volúmenes rotundos y la atormentada terribilitá de su obra final. De Leonardo da Vinci aprendió a individualizar los rostros, pese a lo cual todas las influencias confluyeron en un estilo muy personal y un temperamento fuertemente expresivo, que se refleja en sus figuras de un contorno llameante y anguloso que revive la estética del Gótico.

Se supone que Berruguete debía tener bastante conocimiento del cuerpo humano, adquirido a fuerza de observación, de estudios prácticos sobre el natural, como sus modelos, y posiblemente a estudios científicos hechos en tratados de anatomía y acaso en la disección de cadáveres, dada la apariencia de los cuerpos. Pero, como señala Ricardo de Orueta, muchas veces es la pasión o el sentimiento lo que se exterioriza en su obra.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Tiziano. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1550-1555. Tiziano
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 195cm x 127cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?» Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído?" Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.» Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»

Seguimos recordando en la Eucaristía la figura de san Juan Bautista como el Precursor del Señor, el último de los grandes profetas de Israel, que advirtió de la inminencia de la llegada del Reino de Dios, y lo señaló ya presente en Jesucristo.

Contemplamos un retrato de Tiziano dedicado a la figura de San Juan Bautista. Cuando pintaba una obra, Tiziano solía realizar simultáneamente una copia, que conservaba en el obrador ante eventuales encargos. La copia se hacía mediante calco, pero una vez trasladada la composición original, se introducían pequeños cambios (en los gestos, el paisaje o el colorido), que hacía de la réplica un nuevo original, lo que explica que no haya dos tizianos idénticos. Este proceso se aprecia muy bien en las radiografías, pues las de las réplicas muestran invariablemente la composición de la que parten. 

Así, la radiografía del Bautista más tardío (Escorial), muestra la composición del anterior (Prado), y la radiografía de éste la composición del de la Accademia, el más temprano de los tres. Estilísticamente, el Bautista del Prado está más próximo al de la Accademia que al del Escorial, y tanto el paisaje (la parte mejor conservada junto al celaje) como su inusual preparación de albayalde con adición de carbonato cálcico, remiten a obras realizadas por Tiziano entre 1550 y 1555.

Retiene del Bautista de la Accademia su poderosa anatomía, deudora de la estatuaria clásica y contemporánea, y un tratamiento del color aún subordinado al diseño, y aunque en el paisaje se aprecia una pincelada más suelta, dista de la factura deshecha del ejemplar escurialense..

El Bautista del Prado se documenta en España desde el siglo XVI y probablemente fue encargado por Martín de Gurrea y Aragón, V duque de Villahermosa. Se documenta más tarde en el convento de San Pascual Bailón, fundación de los Almirantes de Castilla, entre fines del siglo XVII y principios del siglo XIX, y su influencia en la pintura española fue notable a tenor de las numerosas copias localizadas

jueves, 11 de diciembre de 2014

Luis de Morales. San Juan Bautista

San Juan Bautista. 1565. Luis de Morales
Óleo sobre tabla. Medidas: 47 cm. x 34 cm.
Museo del Prado. Madrid

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»

Leemos hoy en la Eucaristía este fragmento del capítulo 11 del Evangelio según san Mateo, que nos presenta una de las figuras centrales del tiempo de Adviento: san Juan Bautista, que anunció la llegada del Señor, y nos sigue sirviendo su predicación como preparación para que recibamos, también nosotros, al Señor que volverá con gloria.

Contemplamos una tabla del Divino Morales, el célebre pintor manierista. Esta cabeza del Bautista deriva de la figura de medio cuerpo que Morales incluyó en el retablo de la iglesia parroquial de Arroyo de la Luz (Cáceres), realizado en 1563. Se trata de una pintura trabajada minuciosamente por medio de finas capas de pigmento matizadas por medio de veladuras. Debió de formar parte de un retablo o un tríptico destinado a algún oratorio privado.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Maestro de Miraflores. La predicación de san Juan Bautista

La predicación de san Juan Bautista. 1490-1500. Maestro de Miraflores
Óleo sobre tabla. Medidas: 113 cm. x 70 cm.
Museo del Prado. Madrid

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

La liturgia de este domingo nos trae a nuestra consideración el comienzo del Evangelio según san Marcos, que se abre con la presentación de san juan Bautista y una breve reseña sobre su predicación. Esta predicación no sólo sirvió para preparar la llegada del Señor, sino que también hoy nos amonesta a nosotros mismos, para que nos preparemos para el retorno del Señor.

Así lo contemplamos en esta tabla del Maestro de Miraflores. Se denomina Maestro de Miraflores al autor de las seis tablas dedicadas al Bautista que proceden de la cartuja burgalesa, en las que muestra volúmenes simplificados y figuras sumidas en sus pensamientos al modo de las de Petrus Christus o Dirk Bouts.

San Juan Bautista aparece, con una ciudad que simboliza Jerusalén o cualquier ciudad de la época, predicando no a los judíos, sino a un grupo de oyentes contemporáneos al autor, con religiosos y seglares. Lo que quiere decir que la amonestación de san Juan Bautista nos sigue urgiendo a cada uno de nosotros, en nuestro aquí y ahora, a preparar el camino al Señor.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Diego de la Cruz. San Juan Bautista y una donante

San Juan Bautista y una donante. 1480. Diego de la Cruz
Óleo sobre tabla. Medidas: 96 cm x 60 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenía ganas de ver a Jesús.

El Evangelio que leemos en la Eucaristía nos consigna una de las opiniones que sobre Jesús se suscitó, como nueva presencia del profeta Juan Bautista. Por eso, hemos seleccionado esta tabla devocional de san Juan Bautista, pintada por el burgalés Diego de la Cruz. 

El autor de esta tabla es un pintor burgalés colaborador del escultor Gil de Siloé y que conoce la pintura nórdica. Con una técnica cuidada, dota al Bautista (identificado por su indumentaria y el Cordero sobre el libro) de un amplio volumen y lo destaca mediante una potente luz, deudora del arte de Van Eyck. A menor escala, a la derecha, aparece la donante, una monja cisterciense. Posiblemente procede de un convento cisterciense vallisoletano.

martes, 24 de junio de 2014

Corregio. La Virgen, el niño y san Juan

La Virgen, el niño y san Juan. 1517. Antonio Allegri da Correggio
Óleo sobre tabla. Medidas: 48cm x 37cm.
Museo del Prado. Madrid

Celebramos hoy la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Se trata del único santo cuyo nacimiento terranal se celebra, además del nacimiento o tránsito a la vida eterna en la muerte terrena. como imagen para nuestra contemplación, hemos escogido una tabla destinada a la devoción, en la que aparece la Virgen, junto a los dos niños, pintada por Corregio.

Fuera de Roma o Florencia, ningún pintor fue tan decisivo en la formulación del lenguaje clásico como Antonio Correggio, un artista relativamente conocido en vida pero enormemente influyente tras su muerte, sobre todo en las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a 1600, cuando su combinación de virtuosismo técnico, dramatismo lumínico y expresividad gestual, captó el interés de pintores como Federico Barocci, Anibale Carraci o Giovanni Lanfranco.

Formado con su tío Lorenzo Allegri, la etapa juvenil de Correggio, anterior a su estancia en Roma entre 1518 y 1519, es incomprensible sin el conocimiento de Andrea Mantegna, de quien la tradición hace discípulo, y Leonardo da Vinci. Esta doble influencia se percibe con nitidez en esta obra, pintada en Parma entre 1515 y 1517 mientras trabajaba en la Camera di San Paolo. Si de Mantegna y su San Sebastián (Museo del Louvre) procede el apunte clasicista de la sandalia de la Virgen, las deudas con Leonardo son mayores. Así, la ambientación de la escena en una caverna remite a la Virgen de las Rocas del Louvre, mientras el gesto y peinado de la Virgen derivan de la Leda, conocida sólo por copias, y la exactitud en el tratamiento de la botánica y el sfumato son elementos constantes en la producción madura de Leonardo.

La pintura ilustra el primer encuentro entre el Niño Jesús y su primo, concretamente, el momento en que la Virgen presenta a su hijo a un San Juan Bautista de cabello oscuro que porta una pequeña cruz. La actitud de Jesús, en disposición de abrazar tanto a su primo como a la cruz, adquiere un doble significado afectivo y teológico. Práctica habitual en Correggio fue la reutilización de modelos, lo que explica el parecido del Niño Jesús con el que aparece en la Sagrada Familia con San Juanito del Museo de Bellas Artes de Orleáns.

lunes, 23 de junio de 2014

Guido Reni. El bautizo de Cristo

El bautizo de Cristo. 1622. Guido Reni
Óleo sobre lienzo. Medidas: 263cm x 186cm.
Museo de Historia del Arte. Viena

Esta tarde, con las primeras Vísperas, comenzaremos la celebración de la Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista. Fue el Precursor del Señor, a quien bautizó en el Jordán, y murió inocente por defender la Ley de Dios frente a la tiranía de Herodes.

Hemos escogido una obra de Guido Reni, conservada en Viena, con una profunda atmósfera espiritual típica del barroco italiano. Su composición está estructurada en tres planos diferentes. En el primero, Cristo es bautizado por San Juan Bautista, cuya mano derecha traza un arco hacia la cabeza de Jesús. Tras este arco, tres ángeles, uno de ellos a la izquierda, recogen las ropas de las figuras principales. El tercer plano viene dado por el fondo paisajístico, entre cuyas nubes desciende la paloma del Espíritu Santo.

El colorido de la representación es brillante, sabiamente contrastado con la oscuridad de la vegetación y las nubes del plano del fondo. En el segundo plano dominan los tres colores primarios: azul, amarillo, rojo.