sábado, 3 de agosto de 2013

Jaime Serra. Historias de san Juan Bautista


Historias de sanJuan Bautista. 1356-1359. Jaime Serra
Temple sobre tabla. Medidas: 280 cm x 92 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy leemos en la liturgia eucarística el fragmento de san mateo, en el que se nos cuenta cómo el rey herodes afirmó creer que Jesús era, en realidad, Juan Bautista que habría resucitado.. Eso le da pie al evangelista a contar la historia del martirio de san Juan, a manos del impío rey Herodes.

Como ilustración de esta conocida escena, hemos escogido un autor y una obra, que ya citamos el día de santa María Magdalena: Jame Serra. La obra pertenece al retablo de Nuestra Señora de Tobed (Zaragoza). En la imagen superior, aarecen Herodes y su ilegítima mujer Herodías, celebrando un banquete. Delante de ellos, Salomé danza al son de un músico que tañe un laúd desde un lateral.

En la imagen inferior, madre e hija se encuentran junto a los sayones ejecutando a san Juan Bautista. Por último, debajo de la escena del martirio, se encuentran los piadosos hombres y mujeres que recogen su cadáver y lo entierran, apareciendo ya en la imagen de la izquierda venerando la tumba del santo. En el banco del retablo, están las imágenes de una santa, de san Lorenzo y de san Pablo.

La obra, típica del espíritu didáctico de la época románica y gótica, pone ante la consideración de quienes lo ven la historia, tal cual se canta en el Oficio Divino de la fiesta del martirio de san Juan Bautista. Es decir, las antífonas gregorianas que se cantan este día son, precisamente, las que corresponden a las imágenes que se muestran. Lo cual pone de manifiesto la estrecha conexión que existía entre las diversas artes, con la finalidad de centrar la atención en el misterio al que se refieren.

viernes, 2 de agosto de 2013

Zurbarán. Agnus Dei.


Agnus Dei. 1635. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 37 cm x 62 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Éstas son las festividades del Señor, las asambleas litúrgicas que convocaréis a su debido tiempo. El día catorce del primer mes, al atardecer, es la Pascua del Señor.

La primera lectura de la liturgia eucarística de hoy nos hace el relato de las festividades de Israel, tal como venían prescritas en el libro del Levítico. La fiesta de la Pascua se celebraba con el sacrificio y cena ritual del cordero, que simbolizaba la salvación de Israel que Dios habían realizado en Egipto. Esta fiesta se ha venido celebrando de generación en generación por los israelitas, y también tuvo una importancia capital para comprender el sentido que Jesús dio a su Muerte y Resurrección.

La obra con la que hoy ilustramos este pasaje es el conocido Agnus Dei de Zurbarán. Un fondo oscuro y una mesa gris es el escenario donde se expone el motivo único del cuadro: un cordero de raza merina, al que se ha supuesto entre ocho y doce meses de vida. Se encuentra todavía vivo, tumbado y con las patas ligadas con un cordel, en una actitud inequívocamente sacrificial, que curiosamente recuerda a las famosas imágenes de santos sacrificados.

El pintor ha utilizado una técnica muy minuciosa, su inigualable capacidad para reproducir las texturas y una luz natural muy calculada y dirigida que crea amplios espacios de sombras, para concentrar nuestra atención en este animal que parece asumir con mansedumbre su destino fatal. No es esta la única obra de tema similar que realizó Zurbarán, pues se conocen otras cinco versiones de su mano, que presentan algunas variantes iconográficas y que testifican lo muy bien aceptada que fue esta representación por una clientela, muy probablemente, privada.

Se trata de un Agnus Dei, el Cordero de Dios que alude al sacrificio de Cristo muriendo para salvar a la humanidad, a pesar de que en este caso ni existen otros elementos que no sean la simple presencia del cordero.Las fórmulas de representación utilizadas por Zurbarán son típicas de la naturaleza muerta.

jueves, 1 de agosto de 2013

Rembrandt. Moisés rompiendo las tablas de la ley.



Moisés rompiendo las tablas de la Ley. 1659. Rembrandt
Óleo sobre lienzo. Medidas: 168 cm x 136 cm.
Galería de Pintura. Berlín. Alemania.

La liturgia sigue presentándonos el ciclo de Moisés en la primera lectura de la Eucaristía. La culminación de este ciclo es la construcción del santuario, según el mandato de Dios, que acompañó a Israel por el desierto, y que prefigura el futuro templo de Jerusalén.

La figura de Moisés que tal vez haya alcanzado mayor popularidad es la que pintó Rembrandt, y que hoy se expone en el Museo de Berlín. Está con la tabla de la Ley, a punto de romperla contra el suelo, ante el pecado del pueblo.

miércoles, 31 de julio de 2013

Corrado Giaquinto. Gloria de los santos


Gloria de santos. 1755. Corrado Giaquinto
Óleo sobre lienzo. Medidas: 97 cm x 137 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él.

Este texto del capítulo 34 del Libro del Éxodo, que nos presenta la liturgia de hoy, pone de manifiesto el encuentro del hombre Moisés ante la trascendencia de Dios, señalada en forma de fuerza luminosa, que hace que Moisés aparezca radiante ante los israelitas, por lo que tiene que velarse el rostro cuando comparece ante ellos.

La fuerza de Dios fue frecuentemente interpretada como cornua, es decir, cuernos; de aquí que aparezca Moisés representado con dos cuernos. En realidad, se trata de la fuerza de Dios que hace que Moisés esté radiante.

Un bello cuadro del siglo XVIII que nos muestra a Moisés, en compañía de otros santos, ante la fuerza de Dios, es el que Corrado Giaquinto pintó para los reyes de España. En el centro de la composición, Moisés, en pie sobre nubes, señala al cielo de donde salen rayos de luz. Debajo de él, Abraham e Isaac y el cordero que le reemplaza en el sacrificio. En la izquierda de la composición, San Lorenzo y San Esteban con unos ángeles que traen la palma del martirio y, en la parte derecha, las mujeres fuertes de la Biblia y el rey David. Esta composición pertenece a la serie de bocetos para la cúpula de la capilla del Palacio Real.

martes, 30 de julio de 2013

Juan Correa de Vivar. El Juicio Final.


El Juicio Final. 1545. Juan Correa de Vivar
Óleo sobre tabla. Medidas: 136 cm x 100 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre.

Ésta es la explicación que dio Jesús a su parábola de la cizaña. Jesús habla de un juicio definitivo, en el que los hombres serán examinados ante el Señor: los corruptores y malvados serán apartados de la presencia del Señor, mientras que los justos brillarán como el sol.

Estas palabras han dado pie a innumerables representaciones pictóricas. La que hoy proponemos como comentario gráfico al Evangelio de la Liturgia pertenece al pintor del renacimiento español Juan Correa de Vivar.

Cristo sobre el arco iris, con los pies apoyados sobre el globo terráqueo y los brazos en alto, flanqueado por María y San Juan Bautista y, al lado de éstos, los doce apóstoles. Dos ángeles trompeteros anuncian el Juicio Final y enlazan con la escena inferior que muestra la resurrección de los muertos, y la gloria o el castigo que corresponde a sus acciones en la tierra. Llama la atención el contraste entre la cabeza del monstruo que engulle a los condenados, frente a la placidez de los salvados que dirigen su mirada agradecida a lo alto.

lunes, 29 de julio de 2013

Juan de Flandes. Resurrección de Lázaro.


Resurrección de Lázaro. 1514. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 110 cm x 84 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Conmemoración de los santos Lázaro, hermano de santa Marta, a quien lloró el Señor al enterarse de que había muerto, y al que resucitó, y María, su hermana, la cual, mientras Marta se ocupaba inquieta y nerviosa en preparar todo lo necesario, ella, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras.

Éste es el anuncio que nos hace el Martirologio romano para este día. Se trata de una celebración propia de muchos monasterios, que celebran el recuerdo conjunto de aquellos amigos del Señor, que lo hospedaron varias veces en su casa de Betania.

Por este motivo, nos detenemos hoy en una tabla procedente de la Iglesia de San Lázaro de Palencia, pintada por Juan de Flandes a comienzos del siglo XVI: la resurrección de Lázaro. Se trata del último y admirable signo de Jesús, según el Evangelio de san Juan. Lázaro ha muerto, y tras varios días, acude el Señor al ruego de sus hermanas. Conmovido por el dolor, Jesús mantiene un intenso diálogo con María acerca de la resurrección y la vida. Por fin, ante el escepticismo de todos, Jesús manda abrir la tumba y llama a Lázaro, que resucita.

De acuerdo con el estilo de sus años finales en Palencia, el pintor flamenco aumenta el tamaño de las tres figuras principales, Cristo bendiciendo a Lázaro, que sale de la tumba apoyando su mano en la tapa del sepulcro y con los ojos transformados en perlas negras, y una de sus hermanas -Marta según el Evangelio de San Juan (11, 38-44)-, de rodillas, tendiendo los brazos hacia el. Al fondo sitúa el cementerio y la capilla, en ruinas.

Esta tabla de Juan de Flandes pertenecen al retablo mayor de la Iglesia de San Lázaro de Palencia, costeado por don Sancho de Castilla, antiguo preceptor del malogrado príncipe don Juan, heredero de los Reyes Católicos, y patrono de la iglesia desde 1508.

domingo, 28 de julio de 2013

Retablo gótico. Juan rodríguez de Toledo


Retablo del Arzobispo don Sancho de Rojas. 1420. Juan Rodríguez de Toledo
Temple sobre tabla. Medidas: 532 cm x 618 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

En el Evangelio, que la liturgia de este domingo nos propone, nos enseña Jesús a orar con confianza a Dios, nuestro Padre. En él debemos confiar plenamente, y a él dirigir nuestras súplicas en nuestras necesidades. Beda el Venerable, en su Homilía 14, dice: Deseando nuestro Señor y Salvador que lleguemos a los goces del reino celestial, nos enseñó a pedirle estos mismos goces y prometió dárnoslos si se los pedimos: Pedid —dice— y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Debemos reflexionar seriamente y con la máxima atención, carísimos hermanos, sobre el mensaje de que son portadoras estas palabras del Señor, puesto que se nos asegura que el reino de los cielos no es patrimonio de ociosos y desocupados, sino que se dará, será hallado y se abrirá a quienes lo pidan, lo busquen y llamen a sus puertas.

Hemos escogido como ilustración de este texto un retablo gótico, que se conserva en el Museo del Prado, y que procede del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid. Se trata de toda una catequesis con la historia de la Salvación, especialmente centrado en los misterios de la Encarnación y en la Redención del Señor. Todo converge, en lo alto, hacia Dios Padre Todopoderoso. La finalidad de estos retablos, que tendrán una fecunda historia en la tradición hispana, consistía en poner ante los ojos de los fieles los misterios del Señor, y moverlos a confiar plenamente en la ayuda divina.

La tabla central representa La Virgen con el Niño, y tras ellos cuatro ángeles sosteniendo el paño de brocado y otros cuatro tocando instrumentos musicales. San Benito y San Bernardo, santos de la Orden Benedictina, de pie, protegen al arzobispo Sancho de Rojas, a quien la Virgen le está poniendo la mitra y al rey don Fernando I de Aragón, coronado por el Niño. Los pináculos superiores representan al Padre Eterno, a ambos lados el Arcángel Gabriel y la Virgen María, con Isaías y David en los extremos. 

El segundo cuerpo muestra diversas escenas: La Crucifixión en la calle central; a la izquierda la Presentación en el Tempo, la Natividad y la Adoración de los Magos; y a la derecha la Piedad, el Santo Entierro y La Bajada al Limbo, algunas de ellas con considerables pérdidas de pintura. 

En el primer cuerpo: el Ecce Homo, la Flagelación, y Jesús con la Cruz a cuestas, a izquierda de la tabla central; junto a la Ascensión, Pentecostés, y la Misa de San Gregorio, que se representan a la derecha. 

Las dieciocho cabezas de santos del banco y el escudo de Rojas entre los pináculos completan la decoración del retablo. 

El conjunto es un ejemplo de retablo gótico de influencia italiana. En esta obra se ejemplifica de manera clara el avance hacia el naturalismo de la pintura gótica, con unas escenas descritas de manera sintética y eficaz para su perfecta comprensión por parte de los fieles.