sábado, 28 de febrero de 2015

Giovanni Bellini. La Pietà de Brera

La Pietà di Brera. 1465-1470. Giovanni Bellini
Témpera al huevo sobre tabla. Medidas: 86 cm x 107 cm.
Pinacoteca de Brera. Milán.

Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

La liturgia del primer sábado de Cuaresma nos insiste en la idea del perdón de las ofensas y del amor a los enemigos. Ejemplo de ellos nos dio el Señor sobre la Cruz; junto a él, María también nos dio una sublime lección de amor y de aceptación de los ocultos designios de Dios. Permaneció junto al Hijo al pie de la Cruz, entregándolo para la salvación de los hombres.

Contemplamos hoy, pues, una Piedad, es decir, la escena de María recogiendo el cadáver muerto de Jesús, junto a san Juan; tal vez, una de las más hermosas muestras de este tema iconográfico de la pintura italiana, la que pintó Giovanni Bellini. Cristo aparece muerto, sostenido por la Virgen. Se inspira en modelos bizantinos, y se afianza la influencia de Andrea Mantegna.

viernes, 27 de febrero de 2015

Antonio Vázquez. Calvario

Calvario. 1550. Antonio Vázquez
Óleo sobre tabla. Medidas: 95 cm x 94 cm.
Museo Nacional de Escultura. Valladolid.

Este primer viernes de Cuaresma contemplamos la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo como el sublime momento de su existencia, donde se hace paradójicamente presente la Gloria de Dios. Jesús mantiene la oferta de paz que Dios desea establecer con los hombres, hasta dejarse matar en la Cruz; nos entrega, así, su completa existencia, como sacrificio que destruye el poder del mal.

Contemplamos, pues, un Calvario pintado por el renacentista Antonio Vázquez. En él se representa en primer plano a Cristo ya muerto en la cruz, señalándose con detenimiento los músculos de su abdomen; en la parte inferior aparece arrodillada abrazando al madero María Magdalena, ataviada a la moda del siglo XVI con un rico traje de brocados; algo más atrás, se disponen en ambos lados las figuras de la Virgen y San Juan. Cenefas bordadas y nimbos radiales dorados contribuyen a realzar las figuras sobre los tonos predominantemente verdosos del fondo. 

A pesar de la dificultad que supone la escasa evolución estilística de su obra a la hora de establecer la cronología, esta tabla debe situarse en una fecha avanzada de su producción, cercana a mediados del siglo XVI. Junto a detalles que se mantienen en diferentes interpretaciones, como la peculiar forma de la cartela del INRI o el modo de resolver un árbol frondoso al lado de otro casi pelado con las ramas retorcidas, la mayor fuerza expresiva o la falta de detalle en las arquitecturas del paisaje posterior, parecen alejar esta tabla de referencias propias del estilo hispano-flamenco para aproximarla a un tipo de pintura más evolucionada, que se consolida definitivamente en la década anterior a la mitad de aquella centuria.

jueves, 26 de febrero de 2015

Pedro Berruguete. San Pedro mártir en oración.

San Pedro mártir en oración. 1493-499. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla. Medidas: 133 cm x 96 cm.
Museo del Prado. Madrid.

El Evangelio de este primer jueves de Cuaresma nos invita a insistir en la oración, que es efectiva cuando confiamos plenamente en el Señor. «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

Por eso, hemos escogido una tabla de Berruguete que tiene como tema la oración de san Pedro mártir. Acusado falsamente de brujería, el santo ora de rodillas ante la imagen de Cristo. Unas cartelas indican el contenido de esta oración, pues el santo dice que sufre por él, aun siendo inocente, a lo que el Crucificado le responde: "¿Y yo, Pedro, qué mal hice?"

La obra fue realizada por Berruguete para el retablo de San Pedro Mártir del convento de Santo Tomás de Ávila, junto a otras cuatro tablas conservadas en el Museo del Prado.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Jonás arrojado al mar

Jonás arrojado al mar. XII. Anónimo
Piedra tallada y policromada
Iglesia abacial de San Pedro de Mozac

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

La liturgia de este primer miércoles de Cuaresma nos presenta al profeta Jonás, que fue llamado por Dios para anunciar a la ciudad de Nínive el castigo del Señor por sus muchos delitos. Jonás quiere huir de la presencia de Dios para librarse de dicho encargo. Se embarca, pero el mar se rebela. Los marineros lo tiran al mar, y es devorado por un monstruo, en cuyo vientre permanece tres días. Devuelto a tierra, predica en Nínive y consigue su conversión. Jesús utilizó este personaje sagrado, para anunciar que los creyentes no tendrían otro signo que el del propio Jonás, con lo que se refiere al hecho de su propìa muerte y su estancia en el sepulcro durante tres días. Es decir, Jesús anuncia el misterio de su propia Resurrección, como signo último y definitivo que Dios da a los creyentes.

Contemplamos la célebre escena de Jonás en un capitel románico de la Iglesia Abacial de San Pedro de Mozac. Los marineros tiran a Jonás al mar, representado por unas ondulaciones, de donde emerge el monstruo marino que lo devora.

martes, 24 de febrero de 2015

Agnolo Gaddi. La Santísima Trinidad

La Santísima Trinidad. 1390. Agnolo Gaddi
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 129 x 70 cm por tabla
 Museo Metropolitano de Arte. Nueva York

El martes del Cuaresma se centra en la oración del Señor. Si este tiempo ha de ser un tiempo especial en nuestra dedicación a la oración, Jesús no sólo nos enseña a orar sino que, a través de la oración, nos manifiesta quién y cómo es Dios: su Padre y nuestro Padre, que a través en el Espíritu Santo forma una unidad, a la que hemos sido invitados a participar sus criaturas en la condición de hijos. Por eso, nos atrevemos a decir: Padre Nuestro.

Hemos escogido, por ello, una tabla típica de la época medieval, que nos muestra a la entera Trinidad: el Padre Eterno, que sostiene con los brazos la Cruz del Hijo, nuestro Señor Jesucristo, donde está posado el Espíritu Santo en forma de paloma. La tabla fue pintada por el florentino Agnolo Gaddi, como tabla central de un tríptico. Su estilo es un término medio entre el de Giotto y el naciente gótico internacional.

lunes, 23 de febrero de 2015

Jan van Eyck. El Juicio Final

El Juicio final. 1435-1440. Jan van Eyck
Óleo sobre tabla. Medidas: 55 x 19 cm por tabla
 Museo Metropolitano de Arte. Nueva York

Contemplamos la imagen del Juicio Final, con la que la liturgia nos invita a revisar nuestra vida cristiana mirando a nuestro prójimo. Este tema tuvo una hondo repercusión en la iconografía cristiana. Hoy contemplamos un díptico de Van Eyck, que nos muestra a la izquierda la Crucifixión del Señor; y, a la derecha, el Juicio final.

Estas pinturas exquisitas, yuxtaponiendo el sacrificio de Cristo para la salvación de la humanidad con el Juicio Final, son de Jan van Eyck, el pintor más célebre de la Europa del siglo XV, y un asistente. La crucifixión se presenta como una visión de un personaje ante un paisaje lejano, sorprendente por su profundidad y sutileza de la descripción. Por el contrario, el juicio final está organizado hieráticamente en tres niveles.

En el nivel superior Cristo preside el tribunal que juzga el mundo. En el centro, los muertos resucitan al toque de los ángeles que rodean al Señor, tanto en la tierra como en el mar. Por último, en la parte inferior, aparece el infierno y los condenados, dentro de una caverna que preside el esqueleto de la muerte.


domingo, 22 de febrero de 2015

Pórtico de las Platerías. Las tentaciones de Cristo

Las tentaciones de Cristo. XII. Anónimo
Piedra tallada
Fachada de las Platerías. Catedral de Compostela.

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

El primer domingo de Cuaresma nos lleva al desierto, para compartir con Jesús el tiempo que pasó allí antes de su ministerio público. Como Israel conoció a Dios durante su éxodo por el desierto antes de entrar en el descanso de la Tierra Prometida, como Elías fue al desierto para encontrarse con Dios, así la Iglesia se retira durante la Cuaresma con Jesús, para purificarse, recibir fuerza para vencer la tentación y prepararse a encontrarse con Dios, tras la Cruz, en la Resurrección.

Contemplamos la escena de las tentaciones tallada en el tímpano izquierdo de la Catedral Compostelana. Cristo es llevado al pináculo del templo, donde unos ángeles monstruosos le tientan, al tiempo que otro ángel, que lleva un incensario, le sirve.