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viernes, 19 de abril de 2019

Zurbarán. San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz

San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz. 1650. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 105cm x 84cm.
Museo del Prado. Madrid.

Viernes Santo. La actitud ante este día la encuentro perfectamente retratada en el personaje que Zurbarán situó al pie de la Cruz: san Lucas. Observa el acontecimiento que tiene delante para poder pintarlo con los instrumentos de pintura que sostiene en la mano izquierda, pero contempla desde la fe, simbolizada por la mano sobre el corazón, el misterio central de la historia de la humanidad.

Ante un fondo oscuro se recorta la figura casi escultórica del Crucificado al que devotamente mira san Lucas que, además de evangelista, fue médico y artista. Tras esa referencia de carácter bíblico quizá se esconde una alusión más general al valor de la pintura como arte que alcanzaba su mayor utilidad en su condición de instrumento devocional. También se ha apuntado que puede tratarse de un autorretrato -más alegórico que literal- de Zurbarán. 

El Crucificado aparece clavado a la Cruz con cuatro clavos, fórmula que deriva en última instancia de Durero y que fue muy común entre los pintores que trabajaron en Sevilla en el siglo XVII, como Pacheco, Velázquez o Alonso Cano. 

Zurbarán. San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz

San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz. 1650. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 105cm x 84cm.
Museo del Prado. Madrid.

Viernes Santo. La actitud ante este día la encuentro perfectamente retratada en el personaje que Zurbarán situó al pie de la Cruz: san Lucas. Observa el acontecimiento que tiene delante para poder pintarlo con los instrumentos de pintura que sostiene en la mano izquierda, pero contempla desde la fe, simbolizada por la mano sobre el corazón, el misterio central de la historia de la humanidad.

Ante un fondo oscuro se recorta la figura casi escultórica del Crucificado al que devotamente mira san Lucas que, además de evangelista, fue médico y artista. Tras esa referencia de carácter bíblico quizá se esconde una alusión más general al valor de la pintura como arte que alcanzaba su mayor utilidad en su condición de instrumento devocional. También se ha apuntado que puede tratarse de un autorretrato -más alegórico que literal- de Zurbarán. 

El Crucificado aparece clavado a la Cruz con cuatro clavos, fórmula que deriva en última instancia de Durero y que fue muy común entre los pintores que trabajaron en Sevilla en el siglo XVII, como Pacheco, Velázquez o Alonso Cano. 

Zurbarán. San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz

San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz. 1650. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 105cm x 84cm.
Museo del Prado. Madrid.

Viernes Santo. La actitud ante este día la encuentro perfectamente retratada en el personaje que Zurbarán situó al pie de la Cruz: san Lucas. Observa el acontecimiento que tiene delante para poder pintarlo con los instrumentos de pintura que sostiene en la mano izquierda, pero contempla desde la fe, simbolizada por la mano sobre el corazón, el misterio central de la historia de la humanidad.

Ante un fondo oscuro se recorta la figura casi escultórica del Crucificado al que devotamente mira san Lucas que, además de evangelista, fue médico y artista. Tras esa referencia de carácter bíblico quizá se esconde una alusión más general al valor de la pintura como arte que alcanzaba su mayor utilidad en su condición de instrumento devocional. También se ha apuntado que puede tratarse de un autorretrato -más alegórico que literal- de Zurbarán. 

El Crucificado aparece clavado a la Cruz con cuatro clavos, fórmula que deriva en última instancia de Durero y que fue muy común entre los pintores que trabajaron en Sevilla en el siglo XVII, como Pacheco, Velázquez o Alonso Cano. 

lunes, 14 de enero de 2019

Cristo Crucificado. Monasterio de las Clarisas de Castrojeriz

Cristo crucificado .XIV. Anónimo
 Madera tallada y policromada.
Monasterio de las Clarisas de Castrojeriz

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Comienzo de la Carta a los Hebreos

miércoles, 3 de mayo de 2017

San Felipe y Santiago


Crucificado entre Santiago el Menor, Felipe y Francisco. 1625. Giovanni Battista Crespi 
Óleo sobre lienzo  360 x 180 cm. Seveso 
Seminario Arzobispal de Seveso, Milan. Italia

Cuando nos detenemos frente a un cuadro como éste se reconoce la belleza. Pero esta constatación, se enfrentan a un problema: ¿cómo podemos decir que un crucifijo es hermoso?, ¿dónde está la belleza frente a un cuerpo clavado en la cruz y condenado a una muerte terrible? La respuesta simple es atribuir a la habilidad del pintor con su fina pincelada, colores intensos, los movimientos armoniosos. Pero esto no es suficiente, si fuese sólo una cuestión de forma, la belleza quedaría cerrada y sellada en una escenografía tan atormentada como vacía, y al fin, desesperada.

La belleza, sin embargo, se proclama, se abre, podríamos decir que se desparrama. Anticipa lo que el mundo simplemente no puede dar. La belleza es la promesa que supera la prueba y sigue siendo cierta a pesar de las heridas infligidas por el último y más implacable enemigo: la muerte. La belleza, enseñan los filósofos medievales, es el esplendor de la verdad. Y nada es más cierto de una vida entregada en la caridad. Esto es lo que vemos frente a un crucifijo. Aunque Jesús era igual a Dios, se hizo semejante a los hombres, y tomó consigo su humanidad tan profundamente que, en la cruz, su vida ha sucumbido a la muerte.  La Muerte, sin embargo, no tenía la última palabra. Cristo ha encarnado el amor de caridad y dio su vida por los hombres y los encomendó a los brazos del Padre. Incluso si la muerte fue capaz de afectar a la vida, sin embargo, no ha destruido el amor que rige y gobierna su vida y de esto da testimonio el mismo Cristo resucitado.

Aquí, pues, podemos encontrar una respuesta a nuestra pregunta inicial. Una obra de arte comunica belleza cuando contiene esta promesa: el amor, capaz de darse así no sucumbe. Y  una obra de arte, cuando es proclamación cristiana, va todavía mas allá en profundidad, diciéndonos que esta vida, esta belleza, esta verdad se ha hecho visibles, como primicia, en el cuerpo, en el rosto de Cristo. La belleza es la promesa y,por tanto, pide tiempo. El cuerpo fijo en la cruz brilla con una luz blanca que anticipa a los ojos de la fe, el cuerpo transfigurado del Resucitado. 

San Felipe, a la derecha del lienzo, mirando a los ojos a los que llegan antes de la pintura, abre una brecha, crea una continuidad de tiempo y espacio entre el espectador y el crucifijo. Llama a los fieles al Gólgota y los convierte en peregrinos. Es una invitación a emprender un camino de conversión.

Santiago el menor, a la izquierda de la cruz, contempla el misterio del amor de Dios que se hace visible en la obediencia del Hijo, en la oscuridad del Viernes Santo surge la luz; en el grito emitido desde la cruz se reconoce a la Palabra que hace nuevas todas las cosas. La belleza no es un ideal, sino una persona, un cuerpo a tocar, acariciar, a admirar, a contemplar.

San Francisco, casi oculto, humildes, se arrodilla y besa el árbol. Después de la conversión que purifica, después de  la contemplación que ilumina el corazón. El tercero santo de la escena, el santo con los estigmas, el "alter Christus" , señala el camino de la unión con Dios, la forma en que  se ha de transformar nuestra vida y hacer que sea fructífera.

La belleza es la promesa y, por lo tanto, pide tiempo. El tiempo que se hace carne e historia, de modo que el corazón pueda estar abierto a la conversión, para que la historia esté abierta a la gracia. 

viernes, 14 de abril de 2017

Zurbarán. San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz

San Lucas como pintor ante Cristo en la Cruz. 1650. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 105cm x 84cm.
Museo del Prado. Madrid.

Viernes Santo. La actitud ante este día la encuentro perfectamente retratada en el personaje que Zurbarán situó al pie de la Cruz: san Lucas. Observa el acontecimiento que tiene delante para poder pintarlo con los instrumentos de pintura que sostiene en la mano izquierda, pero contempla desde la fe, simbolizada por la mano sobre el corazón, el misterio central de la historia de la humanidad.

Ante un fondo oscuro se recorta la figura casi escultórica del Crucificado al que devotamente mira san Lucas que, además de evangelista, fue médico y artista. Tras esa referencia de carácter bíblico quizá se esconde una alusión más general al valor de la pintura como arte que alcanzaba su mayor utilidad en su condición de instrumento devocional. También se ha apuntado que puede tratarse de un autorretrato -más alegórico que literal- de Zurbarán. 

El Crucificado aparece clavado a la Cruz con cuatro clavos, fórmula que deriva en última instancia de Durero y que fue muy común entre los pintores que trabajaron en Sevilla en el siglo XVII, como Pacheco, Velázquez o Alonso Cano. 

viernes, 7 de abril de 2017

Alonso Cano. La Crucifixión

La Crucifixión. Segundo tercio s. XVII. Alonso Cano
Óleo sobre lienzo. Medidas: 130cm x 96cm.
Museo del Prado. Madrid. España

El viernes quinto de Cuaresma se ha venido llamando, tradicionalmente, viernes de dolores. Contemplamos el misterio de Cristo muerto sobre la cruz, dándonos la vida, en medio de terribles sufrimientos, pero con un inmenso amor por cada uno de nosotros, que debiera conmovernos hasta lo más íntimo.

Para contemplar silenciosos esta escena central de nuestra fe, recurrimos a un autor del barroco español, Alonso Cano, de profundad religiosidad, que centra nuestra atención sobre el misterio, aislándolo de la historia efectiva y del resto de sus personajes. Un cuadro, pues, destinado a la oración y a la devoción. La representación de Cristo crucificado está situada en un paisaje, donde la presencia de unos árboles es el único elemento escenográfico. Pueden venir referidos a las palabras de Cristo: Si esto hacen con el leño verde, ¿qué será del seco? Ambos árboles, el de la Cruz y el del Paraíso, encierran en sí la historia de la humanidad, hecha de tentación y pecado, pero creada y redimida por el mismo Dios.

Alonso Cano realizó varios cuadros similares a éste a lo largo de su vida, todos ellos relacionados con la profunda religiosidad imperante en la pintura barroca española y con la intensa presencia de aspectos devocionales en la sociedad de la época.

La combinación de elementos profundamente dramáticos, como la luz roja del atardecer sobre la que contrasta el cuerpo desnudo de Jesús, con otros más clásicos, como la serenidad de la expresión de Cristo, convirtieron a estas imágenes en uno de los ejemplos más estimados de la producción de Cano, en los que aunaba con gran maestría la natural elegancia de su estilo con una intensa tensión emocional.

viernes, 31 de marzo de 2017

Juan Sánchez. La Crucifixión

La Crucifixión. 1460. Juan Sánchez de Castro
Técnica mixta sobre tabla. 232cm x 120cm
Museo del Prado. Madrid

Clavado en un madero, escarnecido y torturado, expuesto a la burla y sufriendo terribles dolores, murió nuestro Señor Jesucristo, al mediodía del primer Viernes Santo. El cielo se oscureció, pues no quiso iluminar acto tan horrendo: las criaturas matando a su creador. Para sus enemigos fue un completo triunfo. Para los creyentes, encierra este acontecimiento el núcleo central de la misión de Jesucristo en el mundo: el establecimiento de la nueva y eterna alianza entre Dios y el hombre, que en la resurrección comenzará una nueva creación, un nuevo mundo.

Por eso, la Cruz ya no es imagen de escarnio y elogio del fracaso, no es compasión ante el sufrimiento, sino es el instrumento de gloria, el trono real, el cetro del poder de Dios que, paradójicamente, destruye el poder del mundo y del demonio. La Cruz abre el mar Rojo de la muerte, en la que Cristo se sumergió, para salir a la Tierra Santa de la Pascua. La Cruz es nuestra mayor gloria, por más que para el mundo siga siendo signo de escándalo o de necedad.


Por eso, queremos contemplar hoy una Crucifixión que combina la dramática y cruel muerte del Señor, con el fondo dorado del nuevo mundo que Dios inaugura en dicho momento. Lo hacemos con una obra de un autor poco conocido: Juan Sánchez de Castro. Este pintor burgalés encarna la transición entre el estilo internacional en el que se forma y el hispanoflamenco, a cuyos modelos accede transformándolos con su peculiar grafía. Los amplios volúmenes de las figuras, tanto del Crucificado como, sobre todo, de María y Juan,ocupan el primer plano de esta Crucifixión de grandes dimensiones, realizada como obra independiente. De ejecución muy cuidada, la extensa proporción de oro, aplicado en forma de grandes motivos florales, favorece lo decorativo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Juan de Flandes. La Crucifixión

La Crucifixión. 1506-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. 123 x 169 cm
Museo del Prado. Madrid

Contemplamos este viernes de Cuaresma el misterio de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, modelo de suma caridad y, sobre todo, decisión del Creador de redimir a su criatura, abajándose hasta lo impensable.

Para ello, recurrimos a una obra de Juan de Flandes, concebida en principio para la calle central del retablo mayor de la Catedral de Palencia, por encargo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Esta tabla estaba flanqueada por un Camino del Calvario y un Entierro de Cristo. La Crucifixión permaneció allí hasta el año 1559, cuando fue sustituida por una talla que representaba a San Antolín. Gracias a un inventario realizado en 1668 se sabe que la pintura seguía en la catedral, en la Sala Capitular. En 1944 fue adquirida por Manuel Arburúa. La tabla permaneció en la colección particular de la familia Arburúa hasta que en 2005 fue adquirida por el Museo del Prado.

La perspectiva adoptada por el pintor es la del punto de vista bajo, lo cual, junto con el predominio de las líneas rectas y la monumentalidad del conjunto, lo cerca a la manera de Mantegna y le confiere un aire italiano. El formato apaisado contribuye a que la cruz domine la composición, alrededor de la cual se sitúan los personajes en semicírculo. En el lado izquierdo coloca a la Virgen, el apóstol Juan, María de Cleofás y María Salomé. En el lado derecho, y en primer plano, sitúa a un soldado con armadura, de espaldas. Detrás de la cruz, y en un plano inferior al de los demás personajes, aparecen María Magdalena y dos hombres a caballo. Sobre la plataforma rocosa del primer plano, ante la cruz, el pintor dispone una serie de elementos con valor simbólico: un frasco de ungüento, alusivo a la redención por Cristo del hombre; unas piedras preciosas, que remiten al Paraíso accesible gracias al sacrificio de Jesús; la calavera y los huesos aluden al lugar de la crucifixión, el Gólgota, donde algunas tradiciones situaban también la tumba de Adán. Por otra parte, el paisaje seco, característico de las llanuras castellanas, encierra también alusiones a los textos que cuentan la muerte de Jesús: la nube oscura, las aves, la presencia conjunta del sol y la luna.

jueves, 20 de octubre de 2016

Murillo. Cristo en la Cruz.

Cristo en la Cruz. 1660-1670. Bartolomé Esteban Murillo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 208 cm x 113 cm.
 Timken Museum of Art. San Diego

He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En el Evangelio que leemos en la Eucaristía hoy, se nos presenta Jesús como signo de contradicción. su afirmación de ser el hijo de Dios y el salvador esperado por Israel provocó algunas adhesiones, pero también suscitó un fuerte rechazo. Desde entonces, ser cristiano implica arriesgarse a padecer su mismo destino: la Cruz, en la que se manifiesta el rechazo del hombre a Dios.

Por eso, contemplamos un dramático lienzo de Murillo, en el que aparece intensamente iluminado el cuerpo de Cristo, que mira a lo alto, dirigiendo a Dios Padre su oración. Al pie de la Cruz está una calavera, en referencia al sepulcro de Adán. Por debajo de él, a la derecha, entre la oscuridad, se dibuja la ciudad de Jerusalén, envuelta en tinieblas al rechazar a Dios.

jueves, 30 de junio de 2016

Cristo crucificado

Cristo crucificado. XVII. Anónimo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 209 cm x 123cm.
Museo del Prado. Madrid

Celebramos hoy la memoria de los innumerables protomártires de la Iglesia Romana. La primera persecución contra los cristianos en tiempos del emperador Nerón causó honda impresión en la conciencia cristiana. Siguieron a Jesús a través del misterio de la Cruz. Por eso, hemos escogido un lienzo anónimo que nos presenta al Señor crucificado. Sobre un fondo tormentoso, aparece el Señor dirigiendo su mirada a lo alto, mientras al pie de la cruz se encuentra la calavera que represwenta a Adán.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Cristo Crucificado

Cristo Crucificado. Siglo XII. Anónimo
Madera tallada y policromada. Astudillo
Museo de los Claustros. Nueva York

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?» Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»


Leemos este año en la solemnidad de Jesucristo, rey del Universo, el interrogatorio al que sometió Pilatos a Jesús, en el curso del cual se se manifiesta como rey eterno. Por eso, hemos escogido esta representación medieval del Crucificado, en el que aparece con los atributos reales sobre la Cruz, dando a entender que el verdadero trono del Señor no es el de los hombres, sino el de su entrega en la Pasión.

jueves, 22 de octubre de 2015

Murillo. Cristo en la Cruz.

Cristo en la Cruz. 1660-1670. Bartolomé Esteban Murillo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 208 cm x 113 cm.
 Timken Museum of Art. San Diego

He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En el Evangelio que leemos en la Eucaristía hoy, se nos presenta Jesús como signo de contradicción. su afirmación de ser el hijo de Dios y el salvador esperado por Israel provocó algunas adhesiones, pero también suscitó un fuerte rechazo. Desde entonces, ser cristiano implica arriesgarse a padecer su mismo destino: la Cruz, en la que se manifiesta el rechazo del hombre a Dios.

Por eso, contemplamos un dramático lienzo de Murillo, en el que aparece intensamente iluminado el cuerpo de Cristo, que mira a lo alto, dirigiendo a Dios Padre su oración. Al pie de la Cruz está una calavera, en referencia al sepulcro de Adán. Por debajo de él, a la derecha, entre la oscuridad, se dibuja la ciudad de Jerusalén, envuelta en tinieblas al rechazar a Dios.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Mansueti. Representación simbólica de la Crucifixión

Representación simbólica de la Crucifixión. 1492. Giovanni Mansueti
Óleo sobre lienzo. Medidas: 129 cm x 123 cm.
National Gallery. Londres

Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Esta afirmación de Jesús que leemos hoy en el Evangelio nos invita a contemplar el misterio de la Cruz, que después de la Resurrección del Señor no es ya únicamente un instrumento de tortura e ignominiosa ejecución, sino el lugar donde Dios mismo ha realizado nuestra Salvación.

Contemplamos, por eso, una obra del pintor veneciano Mansueti, en la que se representa simbólicamente la Crucifixión sobre un fondo arquitectónica y natural típico del Renacimiento. Aparece la Santísima Trinidad en el Hijo crucificado, sujeto por el Padre Eterno, y coronado por el Espíritu Santo en forma de paloma.

A los pies de la Cruz están la Virgen y varios santos: los apóstoles Juan y Pedro, María Magdalena, José de Aritmatea y Nicodemo de rodillas. Dos ángeles desde sendos púlpitos muestras dos instrumentos de la Pasión: la lanza con la que fue atravesado, y la esponja con la que le dieron el vinagre.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Jacopo del Casentino. El Juicio final y la Crucifixión.

El Juicio Final y la Crucifixión. 1340-1349. Jacopo del Casentino
Técnica mixta sobre tabla. Medidas: 33 cm x 11 cm.
Museo de Arte Walters. Baltimore. Estados Unidos

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois."

Por la Cruz hasta la luz. Éste sería el resumen tanto del Evangelio que leemos hoy en la Eucaristía, como de la tabla de Trecento italiano que hoy contemplamos. A la izquierda aparece Jesús crucificado, al pie de cuya Cruz se encuentran María y el discípulo Amado, y la Magdalena abrazada a la Cruz, de la que escurre abundante sangre, que redime a la entera humanidad. A la derecha, se manifiesta Cristo resucitado en medio de una mandorla mística, sobre un mundo en el que se yergue la Cruz, y en el que los hombres resucitan para comparecer ante el Juez eterno.

jueves, 23 de octubre de 2014

Murillo. Cristo en la Cruz.

Cristo en la Cruz. 1660-1670. Bartolomé Esteban Murillo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 208 cm x 113 cm.
 Timken Museum of Art. San Diego

He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En el Evangelio que leemos en la Eucaristía hoy, se nos presenta Jesús como signo de contradicción. su afirmación de ser el hijo de Dios y el salvador esperado por Israel provocó algunas adhesiones, pero también suscitó un fuerte rechazo. Desde entonces, ser cristiano implica arriesgarse a padecer su mismo destino: la Cruz, en la que se manifiesta el rechazo del hombre a Dios.

Por eso, contemplamos un dramático lienzo de Murillo, en el que aparece intensamente iluminado el cuerpo de Cristo, que mira a lo alto, dirigiendo a Dios Padre su oración. Al pie de la Cruz está una calavera, en referencia al sepulcro de Adán. Por debajo de él, a la derecha, entre la oscuridad, se dibuja la ciudad de Jerusalén, envuelta en tinieblas al rechazar a Dios.

jueves, 16 de octubre de 2014

Fra Angelico. Longinos atraviesa con la lanza al Crucificado

Longinos atraviesa con la lanza al Crucificado. 1346. Fra Angelico
Fresco
Museo del Convento Dominico de San Marcos de Florencia

El Martirologio romano anuncia hoy una celebración propia de la Iglesia de Jerusalén: la de san Longinos, venerado como el soldado que abrió con la lanza el costado del Señor crucificado. Por eso, hemos elegido uno de los frescos que Fra Angelico pintó para su Convento dominico de San Marcos de Florencia. Aparece el Señor muerto, al pie del cual se encuentra Longinos, que lo atraviesa con una lanza. La Virgen María, señalada por una inscripción en su nimbo, se vuelve y tapa la cara con las manos; la acompaña santa Marta. Hay otro personaje a la izquierda con barba, que podríamos identificar con Nicodemo, y un monje orando al pie de la Cruz.

El evangelio según Juan menciona que un soldado romano, entre los encargados por Pilato de la crucifixión de Jesús, clavó una lanza en el pecho del ajusticiado con el propósito, quizás, de confirmar su deceso. En efecto, en tanto a los otros dos condenados se les quebró las piernas para asegurar que muriesen, Jesús ya había muerto por lo cual uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.

En el escrito apócrifo conocido como Evangelio de Nicodemo aparece por primera vez el nombre de Longino. Es casi seguro que el nombre sea una latinización del griego λόγχη (lonjé), la palabra utilizada por el texto de Juan y apareció por primera vez un manuscrito iluminado de la Crucifixión detrás de un lancero. Dicho manuscrito, una versión siríaca del Evangelio según san Juan ilustrada por un tal Rabulas, data del 586 y se conserva en la Biblioteca Laurenciana de Florencia; allí se lee en letras griegas la palabra Longinos escrita tal vez en la misma época en que se realizó la figura.

Versiones posteriores de la leyenda de Longino aseguran que era ciego, y que el contacto con la sangre del Salvador le devolvió la vista. También dicen que ayudó a lavar el cuerpo de Jesús después del descenso de la Cruz.

El destino de Longino no es seguro, pero se lo veneró como mártir, fijando su muerte en la localidad de Gabbala, Capadocia. Su cuerpo pasaba por haber sido hallado en Mantua, Italia, en el año 1303, junto con la Santa Esponja empapada de la sangre de Cristo; se le atribuía, extendiendo su papel en el Gólgota, el haber acercado dicha esponja a los labios sedientos del Redentor. La reliquia favoreció su culto en el siglo XIII enlazándose con los romances del Grial y las tradiciones locales de milagros eucarísticos, constuyéndose una capilla consagrada a San Longino y la Santa Sangre en la iglesia del monasterio bendictino de Santa Andrea.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Maestro de Astorga. Crucifixión

Crucifixón. XVI. Maestro de Astorga
Óleo sobre tabla. Medidas: 133 cm. x 100 cm.
Catedral de Astorga

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»

Con esta afirmación de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaún, comenzamos la lectura del Evnagleio de san Lucas, que nos acompañará hasta el final del año litúrgico. El Señor se presenta como el pleno cumplimiento de las profecías, el salvador de la humanidad.

Hoy queremos contemplar la Pasión del Señor, en el aniversario del 1 de septiembre de 1939: hace 75 años, tal día como hoy, comenzó la Segunda Guerra Mundial. Lo hacemos en el año en el que, también, conmemoramos el inicio de la Primera Guerra Mundial. Que el Señor, que por nosotros padeció la Cruz, acoja en su seno a los millones de víctimas de tan horrendo conflictos.

martes, 1 de julio de 2014

Zurbarán. Cristo crucificado con donante

Cristo crucificado con donante. 1640. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 244cm x 167,5cm.
Museo del Prado. Madrid

Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!» Esta pregunta emerge hoy de la lectura del Evangelio que nos propone la Eucaristía. La historia de Jesús se revela a los ojos del creyente no como la historia de un hombre extraordinario con un final trágico, sino como la sorprendente irrupción de Dios en nuestra historia, que termina por cambiarla con la fuerza de su resurrección que triunfa sobre lo inexorable de la muerte y del pecado.

Hemos escogido como objeto de contemplación una obra de Zurbarán, típica de la piedad barroca del Siglo de Oro hispano: un anónimo donante orando ante la Cruz del Señor. Sobre fondo neutro, aparece la imagen de Cristo crucificado junto al donante de la obra. 

Destaca la apariencia casi escultórica de Cristo, tocado con la Corona de espinas y cubierto por el Paño de pureza, en donde Zurbarán hace gala de su dominio técnico en el empleo de la gama de blancos. Los fuertes contrastes lumínicos, tanto en el rostro del donante como en el cuerpo de Cristo aportan profundidad a la composición y enlazan su técnica con el estilo tenebrista.

martes, 3 de junio de 2014

Maestro de los Altares de Aquisgrán. La Crucifixión.

La Crucifixión. 1495. Maestro de los Altares de Aquisgrán
Óleo sobre tabla. Medidas: 107cm x 120cm.
National Gallery. Londres.

En el Evangelio que leemos en la eucaristía de hoy, le pide Jesús a Dios, su Padre, que lo glorifique. Esta gloria resplandece en la Cruz de nuestro Señor, donde el cordero es sacrificado en la nueva y definitiva Pascua, que establece la nueva alianza entre Dios y los hombres, salvándonos del poder del pecado y de la muerte.

Esta gloria es, también, la que resplandece en los mártires que, a lo largo de la Historia de la Iglesia, han derramado su sangre por dar testimonio de Cristo. Hoy recordamos, de hecho, el martirio de san Carlos Luanga y sus compañeros, en la Uganda del siglo XIX. Convertidos al cristianismo, resistieron las pecaminosas sugestiones del rey, y aceptaron sus suplicios en la confianza de lo que el Señor les tenía reservado.

Por eso, hemos escogido hoy una tabla que representa la Crucifixión de nuestro Señor. Se trata del panel central del Tríptico de la Iglesia de Santa Columba de Colonia. En primer plano aparecen la Virgen y san Juan, en actitud orante ante el Señor crucificado.