viernes, 9 de enero de 2015

Memling. Cristo bendiciendo

Cristo bendiciendo. 1478. Hans Memling
Óleoa sobre tabla. Medidas: 38 cm x 28 cm.
Museo Norton Simon. Pasadena. California

Seguimos considerando en la Eucaristía textos que nos manifiestan la divinidad de Jesús. En el día de hoy, se trata del Señor, caminando sobre las aguas del lago de Galilea, después de haber multiplicado los panes y los peces.

Por eso, queremos hoy contemplar la imagen del Señor, como divina fuente de toda bendición, en la versión de un genial pintor flamenco: Hans Memling. Aparece de forma frontal, como un icono bizantino, con la mano derecha en actitud de bendecir, juntando los tres dedos en señal de la Trinidad.


jueves, 8 de enero de 2015

Juan de flandes. Multiplicación de los panes y los peces

Multiplicación de los panes y los peces.1496-1504. Juan de Flandes
 Óleo sobre tabla. Medidas: 21 cm x 16 cm.
Palacio Real. Madrid

Leemos hoy, en el contexto de la celebración de la Epifanía, el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Se trata, nuevamente, de una manifestación del poder divino de Jesús, a través de un signo de claras connotaciones para los judíos, pues se trata de la misma acción que Dios realizó en el desierto, alimentando al pueblo de Israel, cuando escapó de Egipto.

Contemplamos una magnífica tabla de Juan de Flandes: la Multiplicación de los panes y los peces. Forma parte del llamado políptico de Isabel la Católica, un conjunto extraordinario de tablas con bellísimas escenas tipo miniatura de la vida y Pasión de Cristo, que muestran la clase de religiosidad de carácter privado de la reina. Su reducido tamaño permitió que pudieran acompañarle en sus viajes, como lo corrobora el hecho de que aparecieran en Medina del Campo cuando la reina murió en 1504.

La almoneda de los bienes de Isabel la Católica, habla de la existencia de 47 tablitas de que constaba en su origen, procediéndose de inmediato a su desmembramiento ante la puesta en venta de las tablas en pública almoneda. Esta es la razón por la que solo han llegado hasta nosotros un total de veintisiete pinturas, hoy repartidas entre distintas colecciones europeas y americanas.

Cristo aparece sobre un púlpito, bendiciendo al niño que le presenta la cesta con los panes y una bandeja con dos peces, en presencia de una multitud que llena un valle rocoso, que tiene como fondo el mar. La escena se caracteriza por la gran serenidad. Un discípulo que atiende a una mujer con un niño confiere al conjunto una nota de gran humanidad.

miércoles, 7 de enero de 2015

Murillo. Adoración de los Magos

Adoración de los Magos.1655-1660. Bartolomé Esteban Murillo
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 190 cm x 146 cm.
Museo de Arte de Toledo. Ohio. Estados Unidos

Bartolomé Esteban Murillo se convirtió en el pintor principal de la devota ciudad de Sevilla, a partir de la década de 1640 hasta el final de su vida. Pintó casi exclusivamente para muchas iglesias y órdenes religiosas sevillanas. Esta pintura es su única conocida representación de la Adoración de los Reyes Magos: los sabios reyes del oriente que vienen a adorar al Niño Jesús. Murillo trata el tema de una manera suplicante,  humana, de manera convincente.

En vez de concentrarse en el esplendor de los reyes y su séquito, destaca su reacción ante el Niño Jesús, de manera convincente que expresa su alegría, ante la contemplación solemne y humilde devoción de la joven Virgen María, que les presenta tiernamente al niño. Visto desde la parte de atrás, el rey arrodillado tiene un impacto emocional particularmente eficaz y ayuda a atraer al espectador en la escena.

martes, 6 de enero de 2015

Maíno. Adoración de los Magos

Adoración de los Magos.1612-1614. Fray Juan Bautista Maíno
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 315 cm x 174 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Hoy ha amanecido un día grande, pues el Creador del género humano ha manifestado ante el mundo la grandeza de su bondad y su misericordia en Jesucristo, nuestro Salvador. Este concepto central de la Solemnidad de la Epifanía, lo vemos reflejado en el lienzo que contemplamos de fray Juan Bautista Maíno, el pintor barroco que terminó ingresando en la Orden de los dominicos. La escena representa la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús en presencia de la Virgen María, San José y dos criados, iluminados por la luz de la estrella que les guió hasta Belén. Ubicado en el cuerpo bajo de la calle derecha del retablo, Maíno acentúa la calidad táctil tanto de las telas como de los materiales de las copas metálicas, la naveta de nácar del rey negro o de las plantas. Además de la recuperación de la verosimilitud, destaca la expresión de los contenidos anímicos de los protagonistas del hecho religioso, representados en los rostros y la rica gestualización de las manos. 

Tras su viaje a Italia y quizás por el norte de Europa, Maíno recibe el encargo de pintar para los monjes dominicos de Toledo el retablo mayor de San Pedro Mártir, con el tema de las Cuatro Pascuas: Navidad, Epifanía, Resurrección y Pentecostés. Antes de concluir el encargo el pintor ingresa en la Orden. Está firmado en el sillar del asiento de la Virgen.

lunes, 5 de enero de 2015

Sano di Pietro. Santa María con el Niño y santos.

Santa María con el Niño y santos.1450-1480. Sano di Pietro
 Óleo y oro sobre tabla. Medidas: 60 cm x 43 cm.
Art Gallery of New South Wales. Sydney, Australia

El Evangelio que leemos en la Eucaristía de hoy, tomado del tercer capítulo de san Juan, nos narra la vocación de los apóstoles Felipe y Natanael o Bartolomé. En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Bartolomé duda, y dicha duda se ve resuelta por la afirmación de Jesús de haberle visto debajo de la higuera, ante lo que Natanael le confiese como Hijo de Dios y Mesías.

En el entorno de la Navidad, contemplamos una tabla del primer renacimiento italiano, que nos muestra a Santa María con el Niño, junto a los santos Juan el Bautista y san Jerónimo a la izquierda, y Bernardino de Siena y Bartolomé a la derecha. Cada uno lleva sus signos distintivos que los identifican. Así, Juan el Bautista lleva una cartela con la inscripción Agnus Dei; por encima de él, san Jerónimo viste los atuendos cardenalicios; san Bernardino porta en la mano una Sagrada forma, que alude a un milagro; y, por debajo, san Bartolomé lleva la piel que le fue arrancada en el martirio.

El autor, Sano di Pietro, fue discípulo de Sassetta, probablemente el predilecto, pues concluyó diversas obras que a la muerte del maestro quedaron inacabadas. Su influjo es bien notorio en el alumno. Por su parte Sano dirigió una importante botteca (taller de arte) siendo el realizador de numerosos retablos y madonne (madonas, representaciones de la Virgen María). Aunque la obra de Sano di Pietro ya está incluida en el Renacimiento quattrocentista mantiene fuertes vestigios de la pintura gótica internacional lo cual se evidencia en cierto esquematismo compositivo.

domingo, 4 de enero de 2015

La Virgen de la Vega

Virgen de la Vega.XII. Anónimo
Madera tallada, cobre dorado y cabujones. Medidas: 72cm
Catedral Vieja. Salamanca.

Volvemos a contemplar este domingo el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios, de la Encarnación del Verbo eterno, que estaba junto a Dios, por quien todo fue hecho, y que por nuestra salvación vino a nuestro mundo para rescatarnos del poder del mal y de las tinieblas. La época románica contempló este misterio ensalzando la figura de la Madre con el Hijo; se prescinde del dato biológico para concebirlos como reyes excelsos, sirviendo el regazo materno de la María como trono desde el que bendice Jesús.

Uno de las tallas románicas más hermosas del Reino de Castilla es la Virgen de la Vega, en Salamanca. Era la titular del monasterio salmantino de Santa María de la Vega, situado en la vega del río Tormes, perteneciente a los canónigos regulares dependientes de los de San Isidoro de León. Ante la ruina de esta iglesia, fue trasladada a otra y más tarde al convento de San Esteban, donde permaneció de 1842 a 1904 que es cuando se instaló definitivamente en el altar mayor de la Catedral Vieja.

Por su técnica se ha datado de finales del siglo XII; la escultura mide 72 centímetros de altura. Se compone de dos figuras, la Virgen con el Niño sentado sobre su rodilla izquierda. Está realizada en madera y recubierta de piezas de cobre dorado y ornamentos formados por cabujones de pedrería de colores. El rostro de la Virgen y la cabeza del Niño junto con las manos de ambos son de bronce fundido y sin dorar. Los ojos en la cara ovalada de la Madre son de azabache y el rostro del Niño con unas facciones infantiles, recordando ya al estilo gótico, presenta los ojos de vidrio azul.

Las vestiduras son de chapa modelada a martillo sobre la madera tallada y sujeta a ella por medio de clavillos también de cobre. Los adornos de cabujones llevan piedras azules, verdes y rojas. La cabeza de la Virgen esta cubierta con un velo y sobre éste una corona real moderna sustituye a la anterior.2

El trono no tiene respaldo, está esmaltado y sus partes frontales están adornadas con querubines dentro de aureolas. En todo alrededor del trono, dentro de unos arcos se encuentran unas figuras en relieve, esmaltadas sobre un fondo dorado, representando a los apóstoles. Los colores empleados son el azul turquesa, azul cobalto, rojo, verde, amarillo, negro y blanco alternados.

sábado, 3 de enero de 2015

Francisco Pacheco. San Juan Bautista

San Juan Bautista.1608. Francisco Pacheco
 Óleo sobre tabla. Medidas: 99cm x 45cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: "Trás de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Leemos hoy en la Eucaristía eswte pasaje del primer capítulo del Evangelio según san Juan, en el que san Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Esta alocución dio lugar a una fecunda iconografía del santo, que señala con el dedo hacia Jesús. De ahí viene, también, la expresión castellana de permanecer "hasta que san Juan baje el dedo".

Contemplamos, precisamente, una tabla que representa a san Juan en esta actitud, del pintor sevillano Francisco de Pacheco, suegro de Velázquez. Esta obra formaba parte del retablo de doña Francisca de León en la iglesia del convento sevillano del Santo Ángel, que el pintor contrató en 1605.