viernes, 6 de marzo de 2015

Juan de Valmaseda. Calvario

Calvario. 1516-1522. Juan de Valmaseda
Madera policromada
Capilla Mayor. Catedral de Palencia

El segundo viernes de Cuaresma escuchamos en la Eucaristía la parábola de los viñadores homicidas, que claramente apunta hacia la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Él es el hijo amado, a quien el Padre envía el mundo para que le devolvamos la honra que le es debida. Nosotros fuimos quienes lo echamos fuera de la viña y lo asesinamos. Así de destructivo es el poder del pecado humano, y así de inmenso es el misterioso amor de Dios.

Contemplamos hoy el Calvario que corona el monumental retablo de la Capilla Mayor de la Catedral de Palencia, obra de Juan de Valmaseda. No se sabe con exactitud la fecha de su nacimiento ni de su muerte pero se cree que nació hacia 1487 y murió hacia 1576 o antes. Por su apellido paterno se le considera de ascendencia vasca y por el materno (su madre se llamaba María de Vertabillo) se le considera castellano; se cree que nació en la provincia de Palencia, pues ese pueblo de Vertabillo pertenecía y pertenece a esta provincia. Juan de Balmaseda se casó con Catalina de Medina con la que tuvo tres hijos: Juan, fray Francisco y María.

Como escultor se le considera precursor y maestro de Alonso Berruguete. Coincidió en Burgos con Felipe Vigarny y con Diego de Siloé cuya influencia se advierte a partir de 1520; de estos dos maestros aprendió a tratar los pliegues de sus esculturas, las líneas curvas y los elementos del Renacimiento. El sentido italiano renacentista se impregna en todos sus relieves. Es un gran intérprete de la religiosidad castellana adaptada a las formas renacentistas.

En la catedral de Palencia dejó varias obras siendo la más sobresaliente el Calvario del ático del altar mayor. Es una de las pocas obras documentadas de este artista, con una fecha de ejecución contradictoria que fluctúa entre 1516, 1519 y 1522. El estilo tan característico de esta obra permitió a los estudiosos poder atribuir a Balmaseda otros trabajos semejantes.

jueves, 5 de marzo de 2015

Codex Aureus. El rico Epulón y el pobre Lázaro

El rico Epulón y el pobre Lázaro. 1040. Maestro del Codex Aureus
Iluminación sobre pergamino. Medidas: 30 cm x 22 cm.
Museo Nacional Germánico. Nuremberg

La liturgia del segundo jueves de Cuaresma nos propone la parábola del rico Epulón, que banqueteaba espléndidamente, y del pobre Lázaro, tirado a la puerta de su caso; ambos fallecen y, mientras uno es llevado al seno de Abrahán, el otro es atormentado en el infierno.

Esta parábola fue iluminado en el llamado Códice Áureo de Echternach. Está dentro del círculo imperial de los Otones. El códice, eleborado a mediados del siglo XI recoge los cuatro evangelios, y está escrito con una letra dorada, lo cual le da el nombre. El códice fue mandado elaborar por el Abad Humberto de Echternach.

La iluminación está divida en tres bandas horizontales. En la superior, el rico Epulón está sentado en una bella mesa, decorada con manteles y abastecida de alimentos; a la puerta está Lázaro, desnudo y cubierto de llegas, que son lamidas por dos perros. En la banda central, saca del cadáver de Lázaro su alma, que luego aparece en el regazo de Abrahán, rodeado de otras almas escogidas. Por fin, en la parte inferior, los demonios se llevan el alma del rico, fallecido sobre un rico lecho, al lugar del tormento, entre terribles llamas y aterradores monstruos.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Zurbarán. El martirio de Santiago

Martirio de Santiago. 1640. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 252 cm x 186 cm.
Museo del Prado. Madrid

La liturgia del segundo miércoles de Cuaresma nos presenta a los hijos del Zebedeo, pidiendo al Señor sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda en la gloria de su Reino; a lo cual, les responde Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»

Por eso, contemplamos hoy, precisamente, un lienzo de Zurbarán que representa el martirio de Santiago, el primer apóstol en derramar su sangre por confesar a Cristo. Santiago está siendo decapitado por orden de Herodes Agripa, que aparece tras él con turbante. Zurbarán recurrió a fórmulas procedentes de estampas que le sirven para organizar una composición monumental, repleta de detalles magníficos, como la noble cabeza del perro que asoma por la derecha.

Se ha supuesto que formó parte del retablo que Zurbarán se obligó a realizar con Jerónimo Velázquez para la iglesia de Nuestra Señora de la Granada (Llerena). Se comprometieron a realizarlo en dos años y medio, aunque se desconoce si llegaron a cumplir el plazo, ni cuál fue la intervención concreta del pintor. Seguramente realizó también un Resucitado, una Crucifixión y una Virgen en Gloria, que han permanecido en la iglesia hasta hace unas décadas. En cuanto al Martirio de Santiago, la hipótesis sobre su procedencia descansa en su estilo, que concuerda plenamente con el que cultivaba el pintor a finales de los años treinta, y en su iconografía, pues la iglesia de Llerena dependía de la Orden de Santiago. En cualquier caso, se trata de una pintura de notable calidad, realizada en un momento de plenitud del maestro. Narra el momento en que el patrón de España es decapitado por orden de Herodes Agripa, personaje con turbante que aparece tras el Apóstol.

La composición está inspirada en sendas estampas de Anton Wiericx sobre la vida de Santa Catalina, y varios de los detalles -como la espléndida cabeza del perro o el judío que muestra su perfil en el extremo izquierdo- derivan de estampas de Durero. Pero todo ello está traducido al mejor estilo del pintor, que muestra su extraordinaria habilidad para las texturas y su maestría en el empleo de la sombra para crear volúmenes. Ha prescindido de una visión dramática del martirio y ha preferido construir un cuadro -a pesar de su tema- sereno y meditativo mediante una composición muy monumental, emparentable con algunos de los lienzos del altar mayor de la Cartuja de Jerez.

martes, 3 de marzo de 2015

Diego de la Cruz. Cristo de la Piedad

Cristo de la Piedad. 1485. Diego de la Cruz
Óleo sobre tabla. Medidas: 84 cm x 71 cm
Museo de Bellas Artes. Bilbao

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

El Evangelio de este martes de Cuaresma nos invita a confiar en Cristo, como nuestro único maestro y modelo. Él se humilló, siendo Dios, aceptando la ignominia de la Cruz, y se convirtió en nuestro servidor. En palabras del Evangelio, se ha hecho para nosotros camino, verdad y vida.

Esta es, precisamente la cartela, que orla el retrato del Cristo de la Piedad de Diego de la Cruz, el más sobresaliente maestro del foco burgalés del último cuarto del siglo XV. Se trata de un Cristo resucitado, que nos muestra con la mano izquierda traspasada la herida del costado, mientras que la derecha está alzada en actitud de bendecir.

lunes, 2 de marzo de 2015

Andrea di Bartolo Cini. La Crucifixión.

La Crucifixión. 1400. Andrea di Bartolo Cini
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 52 cm x 97 cm
The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

La Pasión de nuestro Señor Jesucristo no sólo tiene un valor redentor en sí mismo sino que, además, constituye para nosotros toda una enseñanza de paciencia, de perdón y de amor hacia los enemigos. En la Pasión Cristo perdona a quienes le crucifican, los mismos a los que había ayudado y curado.

Por eso, hemos escogido hoy una magnífica tabla italiana, que debió formar parte de la predela de un retablo en el entorno de Siena. Nos muestra la Crucifixión, con una gran cantidad de espectadores en primer término. Los ángeles están cerca del crucificado. A la izquierda, al pie, la Madre yace en el suelo, atendida por el discípulo amado; a la izquierda, los soldados juegan para repartirse los vestidos. Los otros dos crucificados muestran los pies quebrados, mientras que Jesús es atravesado por la lanza.

domingo, 1 de marzo de 2015

Giovanni Bellini. La Transfiguración

La Transfiguración. 1479. Giovanni Bellini
Óleo sobre liernzo. Medidas: 115 cm x 154 cm.
Museo Nacional de Capodimonte. Nápoles

El segundo domingo de Cuaresma se centra en el misterio de la Transfiguración, como anuncio de la Resurrección del Señor y promesa de nuestra propia transformación en la plenitud de la realización del Reino de Dios.

Contemplamos este momento en la representación que de ella hizo Giovanni Bellini, cuya Pietà vimos ayer. Su Transfiguración procede de la Capilla Fioccardo de la catedral de Vicenza. Es una de las obras maestras de Bellini. En un vasto paisaje, cuya profundidad viene sugerida por el declive del terreno, con múltiples tonalidades de verdes, encuadra este episodio cumbre de la vida pública de Cristo sobre el Monte Tabor, en presencia de los discípulos amados (Pedro, Juan y Santiago). Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías.

sábado, 28 de febrero de 2015

Giovanni Bellini. La Pietà de Brera

La Pietà di Brera. 1465-1470. Giovanni Bellini
Témpera al huevo sobre tabla. Medidas: 86 cm x 107 cm.
Pinacoteca de Brera. Milán.

Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

La liturgia del primer sábado de Cuaresma nos insiste en la idea del perdón de las ofensas y del amor a los enemigos. Ejemplo de ellos nos dio el Señor sobre la Cruz; junto a él, María también nos dio una sublime lección de amor y de aceptación de los ocultos designios de Dios. Permaneció junto al Hijo al pie de la Cruz, entregándolo para la salvación de los hombres.

Contemplamos hoy, pues, una Piedad, es decir, la escena de María recogiendo el cadáver muerto de Jesús, junto a san Juan; tal vez, una de las más hermosas muestras de este tema iconográfico de la pintura italiana, la que pintó Giovanni Bellini. Cristo aparece muerto, sostenido por la Virgen. Se inspira en modelos bizantinos, y se afianza la influencia de Andrea Mantegna.