lunes, 30 de marzo de 2015

Nicolás Froment. La unción en Betania

Unción en Betania. 1461. Nicolas Froment
Óleo sobre tabla. Medidas: 175 cm x 67 cm.
Galleria de los Uffici. Florencia

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

El Lunes Santo, seis días antes de la Pascua, leemos el relato de la Unción en Betania según el Evangelio de san Juan. En el desenlace de la vida de Jesús en el Evangelio de san Juan, juega un papel fundamental el último milagro de Jesús, la resurrección de Lázaro, que decidió a las autoridades a acabar con Jesús.


Por eso, contemplamos hoy el panel lateral derecho del Tríptico de la Resurrección de Lázaro, de Nicolás Froment. Nicolas Froment fue un pintor francés representante de la segunda escuela de Aviñón, influida por el estilo flamenco que caracteriza la última fase de la pintura gótica.

El tríptico muestra en su panel central a Jesús con Lázaro resucitado; a la izquierda, se hermana aparece arrodillada ante Jesús, suplicando el milagro; y a la derecha, se recoge la Unción en Betania.

domingo, 29 de marzo de 2015

Giotto. Entrada de Jesús en Jerusalén

Entrada de Jesús en Jerusalén. 1305. Giotto
Fresco. Medidas: 200 cm x 185 cm.
Capilla Scrovegni. Padua.

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR. Comenzamos la Semana Santa con la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, y la celebración litúrgica de su Pasión. triunfo mesiánico y fracaso de las expectativas judías se unen en la celebración de hoy. Contemplamos la escena, en el fresco que Giotto pintó para la Capilla Scrovegni, en Padua. El edificio, construido en ladrillo, tiene planta rectangular y está cubierto con bóveda de cañón. En el exterior, la capilla se presenta como una construcción —varias veces modificada en el curso de los siglos— con contrafuertes vistos y tejado a dos aguas. Dedicada a Santa María de la Caridad, la capilla fue erigida, probablemente entre los años 1303 y 1305,1 por orden de Enrico Scrovegni, que pretendía así expiar los pecados de su padre, conocido usurero. La capilla tenía finalidad funeraria, y el propio Enrico (muerto en 1336) está enterrado allí. Su sarcófago se encuentra detrás del altar.

Tal como relata el Evangelio, aparece Jesús montado sobre un asno, cuya mansedumbre de denota en las orejas agachadas. Los niños del fondo cortan ramos de los árboles que se dibujan en el horizonte azul, y la gente arroja sus vestidos y mantos al paso del Señor, al que sigue un grupo de discípulos. La ciudad de Jerusalén se representa en una puerta, característica de cualquier ciudad medieval.

sábado, 28 de marzo de 2015

Adrián Isenbrandt. Ecce Homo y la Virgen de los Dolores

Ecce Homo y la Virgen de los Dolores. 1530-1540. Adrián Isenbrandt
Óleo sobre tabla. Medidas: 105 cm x 92 cm.
Museo Metropolitano de Nueva York

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.» Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte.

Nos acercamos ya a los días en los que celebramos los misterios centrales de la fe. En el Evangelio según san Juan que hoy leemos en la Eucaristía, Caifás no sólo decide la muerte de Jesús como un acto de la maldad humana, sino que también, a través de él, comienza Dios a salvar a los hombres mediante el sacrificio de Jesucristo, tal como había sido profetizado en las Escrituras.

Contemplamos hoy una tabla de Adrián Isenbrandt, un pintor flamenco del renacimiento nórdico, quien a partir de la evidencia documental fue claramente un artista significativo de su época, pero a quien no se pueden atribuir claramente obras específicas. Los historiadores del arte han elaborado la hipótesis de que tuvo un gran taller que se especializó en temas religiosos y cuadros de devoción, pintando de una manera conservadora en la tradición de los primitivos flamencos.

Sobre un fondo arquitectónico compuesto por dos arcos, se muestran a nuestra devoción el Ecce Homo, es decir, Cristo flagelado, coronado de espinas y con una vara en la mano; por otro lado, aparece María enlutada y con las manos cruzadas sobre el pecho en oración.

viernes, 27 de marzo de 2015

Lucas Cranach. Llanto bajo la Cruz.

Llanto bajo la Cruz. 1503. Lucas Cranach el Viejo
Óleo sobre tabla. Medidas: 138 cm x 99 cm.
Pinacoteca Antigua. Munich

Oía el cuchicheo de la gente: «Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.» Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos. 

Estas palabras pertenecen al capítulo 20 del Libro del profeta Jeremías. Las leemos en la liturgia de este último viernes de Cuaresma, el de Dolores. Nos sirven de introducción para la oración de este día ante Cristo crucificado, que por nosotros padeció y por nuestra salvación se ofreció hasta la muerte.

La imagen que contemplamos nos muestra una peculiar representación del momento de la muerte del Señor. El pintor establece un triángulo con los tres crucificados, quedando Cristo en primer plano. El paisaje es boscoso y oscuro hacia el ladrón renegado, pero sobre Cristo se describe un amplio paisaje, con un cielo azul de fondo, que tiende a oscurecerse con una tormenta que alude a la muerte del Señor. En el centro de este triángulo, María llora mirando al Hijo, y san Juan la consuela.

jueves, 26 de marzo de 2015

Cima de Conegliano. Cristo bendiciendo

Cristo bendiciendo. 1505. Cima da Conegliano
Óleo sobre tabla. Medidas: 151 cm x 77 cm.
Colección Estatal de Arte. Dresde

Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»  Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»  Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

A medida que avanzamos en esta Semana de Pasión, se agudiza el conflicto de Jesús con los judíos, tal como lo relata el Evangelista san Juan. Jesús se manifiesta como la presencia de Dios, como Hijo del Padre Eterno que ha sido enviado al mundo para que, todo el que crea en él, se salve y tenga vida eterna.

La tabla que contemplamos nos muestra a Jesús, que porta en la mano un libro, y con la otra mano hace el gesto de bendecir. Su autor, Cima de Conegliano, intenta captar la majestad y divinidad de Cristo, precisamente, en una figura de intensa humanidad. Las figuras de este autor, inicalmente algo rudas, fueron gradualmente perdiendo severidad y ganaron en gracia, aunque conservando un cierto envaramiento. Cima fue uno de los primeros pintores italianos en darle importancia al paisaje, así como al tratamiento de luces y sombras que contribuían a crear la atmósfera de la obra.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Roger van der Weyden. La Anunciación

La Anunciación. 1455. Rogier van der Weyden
Óleo sobre tabla. Medidas: 138 cm x 70 cm.
Pinacoteca Antigua. Munich

Celebramos hoy la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Nuevo meses antes de la Navidad, contemplamos el misterio de la Encarnación del Señor, gracias al sí de María. Hemos escogido para esta ocasión la tercera de las tablas, que integra el Tríptico del Altar de Santa Colomba, pintado a mediados del siglo XV por Roger van der Weyden.

María aparece, orante, de rodillas en un reclinatorio, con el libro de la Antigua Alianza. Se le aparece un ángel, vestido con blancas y resplandecientes vestiduras, en el contexto de una rica estancia, con un lecho cubierto por un baldaquín, una de cuyas cortinas está recogida permitiendo la visión del resto de la estancia. Predomina el color rojo del fondo. Delante de ambos personajes, está un jarrón en el que está puesta una azucena, símbolo de la pureza de la Virgen. Por una ventana penetra una rayo de luz, que se dirige hacia María; en este contexto, una paloma que simboliza el Espíritu Santo, alude a la Encarnación del Señor. Del ángel sale un cartela, con la palabras de su salutación Ave Maria. 

martes, 24 de marzo de 2015

Anónimo. La Crucifixión

La Crucifixión. 1460-1470. Círculo de van der Weyden
Óleo sobre tabla. Medidas: 32 cm x 20 cm.
Colección de Arte Estatal. Dresde.

Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» 

Estos versos del capítulo octavo del Evangelio según san Juan que leemos en la Eucaristía de hoy, inciden en la idea de que es precisamente en la Cruz el lugar donde se manifiesta la gloria de Dios, a pesar de que los ojos humanos vean el martirio y la ignominia del crucificado. son dos, pues, las formas de contemplar la cruz: los judíos vieron el descrédito y el sufrimiento lacerante del ejecutado, pero los creyentes contemplan la gloria de Dios.

Esta idea fue muy bien captada por el anónimo autor de la tabla que contemplamos hoy, perteneciente al círculo de van der Weyden. Por una parte vemos a Jesús, ya muerto, ofrecido en lamentable espectáculo a la Virgen, a san Juan y a la Magdalena. Pero sobre la tierra, al fondo, se describe el arco iris, que simboliza la nueva alianzas que Dios hace con los hombres, sellada con la Sangre de Jesucristo.