martes, 28 de abril de 2015

Pere Teixidor. Salvator mundi

Salvator mundi. 1420-1430. Pere Teixidor
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 183 cm x 134 cm.
Museo Nacional de Arte de Cataluña

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

Nos acercamos a Jesús, confesando en él la presencia del Hijo de Dios todopoderoso. Resucitado de entre los muertos, ya no muere más. Está sentado a la derecha del Padre Eterno, e intercede por nosotros, las ovejas de su rebaño.

La tabla que hoy contemplamos es el compartimento central de un retablo dedicado al Salvador. Procede de Estopiñán (Huesca). Cristo sostiene con la izquierda el mundo, mientras la derecha bendice, en presencia de los ángeles.

lunes, 27 de abril de 2015

Cristo flagelado y Pedro arrepentido

Cristo flagelado y Pedro arrepentido. 1510-1520. Anónimo Córdoba
Óleo sobre tabla. Medidas: 177 cm x 75 cm.
Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde

«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos: pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago: yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Leemos esta semana los textos del capítulo 10 de san Juan, en los que Jesús se presenta como el buen pastor y como la puerta por la que entra el rebaño. Jesús nos antecede en el camino de la salvación; nos lo abrió en su Pasión, Muerte y Resurrección. Por eso, hemos contemplamos hoy esta tabla conservada en el Museo de Dresde, procedente de Córdoba, en la que aparece Cristo atado a la columna y flagelado, y san Pedro, que llora a sus pies sus negaciones.

domingo, 26 de abril de 2015

Campaigne. El Buen Pastor

El Buen Pastor. XVII. Philippe de Champaigne
Óleo sobre lienzo. Medidas: 65 cm x 58 cm.
Museo de las Ursulinas. Mâcon.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Cristo resucitado es el Buen Pastor, que nos conduce por el valle de este mundo de sombras y muerte, hacia los pastos de la vida eterna. Cristo aparece no sólo como un pastor fiel que guía al rebaño, sino también como misericordioso pastor, que sale a buscar a la oveja perdida y la carga sobre sus hombres para devolverla a la seguridad del rebaño.

Esta imagen del Buen Pastor la contemplamos reflejada en el lienzo que hoy contemplamos, atribuido al pintor barroco francés Champaigne. El Señor aparece en pie, de cuerpo entero, llevando un cordero sobre los hombros.

viernes, 24 de abril de 2015

Pietro da Cortona. Ananías devuelve la vista a Saulo

Ananías devuelve la vista a Saulo. 1631. Pietro da Cortona
Óleo sobre lienzo.
Iglesia de Santa María de la Concepción de los Capuchinos. Roma

Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Preguntó él: «¿Quién eres, Señor?» Respondió la voz: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.» Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber. Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías.  El Señor lo llamó en una visión: «Ananías.» Respondió él: «Aquí estoy, Señor.» El Señor le dijo: «Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.»

Llegamos en la lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles que hacemos en la Eucaristía al episodio de la conversión de san Pablo. Dicha conversión, más que del arrepentimiento de sus pecados, se refiere a su vuelta a Cristo, su girarse hacia Cristo reconociéndole como única vía de salvación prometida por Dios a Israel y venido en la plenitud del tiempo.

El lienzo que contemplamos hoy nos muestra a Ananías, en Damasco, curando a Saulo, que ha perdido la vista tras la visión del Señor que tuvo en el camino, desde Jerusalén. Curiosamente, están representados elementos típicos del bautismo: el siervo que porta una bandeja sobre la que posa un ánfora, tanto símbolo del agua como de los sagrados óleos; otro discípulo porta la vela encendida que está presente en el bautismo. Por fin, Ananías hace el signo de la cruz sobre su frente.

jueves, 23 de abril de 2015

Lambert Sustris. El bautismo del eunuco por Felipe


El bautismo del eunuco etíope por el diácono Felipe, 1545-1550. Lambert Sustris
Óleo sobre lienzo, 71 x 132 cm 
Museo del Louvre, París. Francia

En el libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40, nos relata el acontecimiento que hoy vemos en esta imagen, en que Felipe, después de explicar el sentido de las escrituras y anunciar la Buena Noticia, bautiza al hombre que manifestó creer de todo corazón en Cristo.

Felipe se pone en camino hacia el sur obedeciendo a un ángel y allí se encuentra su misión. El mensaje cristiano está marcado a menudo por llamamientos a nuestro esfuerzo o nuestros servicios, tanto en el caso de Felipe, como en el del eunuco, que sirven y trabajan, uno explicando y otro intentando entender. Un extraño acceso se abre a la fe de forma inesperada ya que, a los que están abiertos a la acción del Espíritu  Santo éste obra en sus mentes y corazones, moviendolos a la conversión.

Dios puede hablarnos en cualquier lugar para enviarnos a cualquier parte.No importa donde nos encontremos, el Señor nos indicará hacia donde debemos ir, aunque en ocasiones no encontremos lógica humana en ello. Felipe da testimonio de esto, fue enviado a un camino poco utilizado, hacia el sur, bajando de Jerusalén hacia Gaza, un camino desértico, donde aparentemente no había nada ni nadie. Muchas veces nuestros ojos no pueden ver lo que nuestro Señor ve. Dios pide que hablemos el Evangelio a toda criatura, pues El no hace acepción de personas. El etíope, un hombre gentil, no era judío claro esta, era quizás, un hombre de raza negra (africano) ;aparentemente había venido a Jerusalén para adorar, lo que significa que simpatizaba, o estaba persuadido del Dios de los judíos. Era un esclavo, pero funcionario de la Reina Candace, éste era el que cuidaba de todos los tesoros de la reina, algo así como el recaudador de Impuestos en la actualidad. Aunque eunuco (castrado por servir en casa de la reina) gozaba de cierto nivel social y posición económica. Había venido desde Egipto para adorar, y además se presentó la oportunidad de poder conseguir parte de la Escritura. Específicamente el Libro de Isaías, estaba deseoso de saber más. Era hombre necesitado en su interior, en busca de la verdad, y de algo que llenara el vacío de su vida. Y ahora estaba a punto de encontrar esta verdad. Dios en su soberana voluntad por medio de su Palabra despierta la inquietud.

Cuando Dios habla, su Palabra es como espada de dos filos, penetra, y además corta hacia dos lados. El Espíritu de Dios le habló a Felipe para que se acercara al carro del Etíope, y Felipe no solo obedeció, sino se esforzó, seguramente tuvo que alcanzar al carro del etíope. La predicación del Evangelio involucra esfuerzo.

Felipe captó la necesidad del funcionario,y tomo como referencia el pasaje que leía el etíope, (Isaías). Presentó el plan de Salvación. Y algo precioso sucedió el etíope, aceptó a Jesucristo como Salvador personal. Esta es la obra de Dios. El etíope tuvo la certeza de su salvación, pero fue mas allá este hombre quería ser bautizado inmediatamente. Reconocía la autoridad de Felipe , sabía también que esta era una oportunidad propicia. Por ello el no dudó en pedírselo a Felipe: “…he aquí agua, ¿que impide que sea bautizado?. No fue cosa fácil dar respuesta a esta pregunta. Ya que Felipe necesitaba estar seguro que la profesión de Fe del nuevo integrante. Entonces respondió: “si crees de todo corazónbien puedes” Y la respuesta fue contundentemente clara: “creo que Jesucristo es el hijo de Dios.” Y el Eunuco fue bautizado.

Debemos estar atentos a la voz de Dios, no importa el lugar, las circunstancias, el peligro ni las personas. Nunca sabremos donde estará la última persona que está siendo tocada por el Espíritu Santo; por ello debemos incansablemente seguir en la tarea de llevar el Evangelio. Dios obrará por medio de su Espíritu y los hombres vendrán al conocimiento de la Verdad.

El artista se recrea en un ambiente sereno, una ciudad al fondo, un encuentro de personajes en el camino y el rió como fuente salvífica. Toda la escena se llena de una bucólica paz con coloridos serenos que invitan a quedarse y contemplar éste fantástico paisaje en el que se desenvuelve todo.

miércoles, 22 de abril de 2015

Yáñez de la Almedina

Cristo eucarístico. 1515-1518. Fernando Yáñez de la Almedina
Óleo sobre tabla. Medidas: 68 cm x 54 cm.
Galería Caylus. Madrid

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Seguimos con el discurso eucarístico de Jesús, según el Evangelio de san Juan. Por eso, contemplamos hoy una tabla de Yáñez de la Almedian, que nos muestra un retrato del Señor en relación con la Eucaristía. La iconografía del Salvador Eucarístico tiene gran tradición en la Pintura Valenciana desde finales del siglo XV hasta mediados del XVI con las obras de Juan de Juanes. Estilísticamente la tabla que hoy contemplamos pertenece al período entre 1515 y 1519, año en que Yáñez de la Almedina abandona la ciudad a causa de la peste o de la Revuelta de las Germanías (1519-1521) para regresar a su Almedina natal.

Cristo aparece sosteniendo con la mano izquierda el cáliz, sobre el que se yergue la Sagrada Hostia; la mano derecha está bendiciendo. La tabla ostenta una inscripción latina, grabada y dorada: Hoc est enim corpus meum. Hic est enim cálix sanguinis mei novi et eterni testamenti misteriu fidei qui pro vobis et promultis effendetur in remissionem peccator. Es decir: Esto es mi Cuerpo. Este el cáliz de mi sangre, de la nueva y eterna alianza, del misterio de la fe que por vosotros y por los muchos se derrama en remisión de los pecados. En esencia, responde a las palabras que pronuncia el sacerdote durante la Consagración

martes, 21 de abril de 2015

Juan de Juanes. Martirio de san Esteban

Martirio de san Esteban. 1562. Juan de Juanes
Óleo sobre tabla. Medidas: 160 cm x 123 cm.
Museo del Prado. Madrid

Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró. Saulo aprobaba la ejecución.

La primera lectura de la Eucaristía de hoy pone ante nuestros ojos el primer martirio, la primera confesión hasta la muerte, de un discípulo de Cristo. La muerte de san Esteban abre el camino a una gloriosa serie, que todavía perdura en nuestros días.

Contemplamos la escena en una tabla pintada por Juan de Juanes. Mientras el santo se encomienda a Dios, los expresivos sayones lapidan con ira a Esteban vestido con ropa de diácono. Al fondo aparece Saulo, el futuro San Pablo, contemplando la escena enmarcada por un característico paisaje salpicado de ruinas clásicas, obeliscos y pirámides, según los modelos de Rafael que se repiten en casi toda la obra de Juan de Juanes. Fue pintada para el retablo de San Esteban de Valencia, junto a otras escenas de la vida del santo.