lunes, 20 de octubre de 2014

Perugino. Cristo en el sarcófago

Cristo en el sarcófago. 1513. Pietro Perugino
Óleo sobre lienzo. Medidas: 87 cm x 90 cm.
Galleria Nazionale dell’Umbria. Perugia

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis salvados–, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.

Este texto pertenece al comienzo del segundo capítulo de la Carta a los Efesios. Está asignado a la primera lectura de la Eucaristía de hoy. Nos habla de la obra de la Redención que Jesucristo ha realizado con su muerte y resurrección, movido por el inmenso amor con el que Dios ha amado a sus criaturas.

La imagen que contemplamos es la llamada Pala o Altar de los Decemviri o Cristo en el Sarcófago, lienzo pintado por el Perugino para la Iglesia de la Asunción de Perugia. Cristo aparece resucitado, emergiendo del sepulcro, y mostrando las heridas de manos y costado. Lleva la corona de espinas, y está rodeado por un sencillo nimbo. La cabeza inclina muestra un rostro de gran serenidad, con los ojos cerrados. El fondo oscuro confiere a la imagen de Cristo una luminosidad que alude a la luz de la resurrección.

sábado, 18 de octubre de 2014

Artus Wolffort. San Lucas

San Lucas. XVII. Artus Wolffort
Óleo sobre tabla. Medidas: 61 cm x 49 cm.
Museo del Prado. Madrid

Celebramos hoy la fiesta del evangelista san Lucas. Fue discípulo de san Pablo, y autor de dos libros que forman una unidad: el Evangelio, y los Hechos de los Apóstoles, que abarcan desde el inicio de la vida de Cristo, hasta el viaje a Roma de san Pablo, sesenta años después. Es decir, nos proporciona una completa perspectiva del nacimiento y expansión del cristianismo, durante el primer siglo de la nueva era.

La obra que hemos escogido pertenece al pintor barroco flamco Artus (Amberes, 1581 -1641), especializado en pintura historiada, principalmente de asunto religioso, aunque también cultivó el paisaje y el retrato. Formado en Dordrecht, ciudad a la que se habían trasladado sus padres cuando apenas contaba un año, en 1616 se encontraba de nuevo en Amberes, trabajando durante un corto espacio de tiempo en el taller de Otto van Veen, uno de los maestros de Rubens.

Aunque recibió algún encargo importante con destino a la iglesia de San Pablo de Amberes, el grueso de su producción está formado por escenas evangélicas y series de apóstoles, evangelistas y padres de la Iglesia, destinadas a particulares. La abundancia de copias de sus obras y su desigual calidad, ha hecho suponer que se situase a la cabeza de un numeroso taller desde el que atender las demandas del mercado de arte. En él se formaron, además de su hijo, Pieter van Lint y Pieter van Mol.

San Lucas aparece retratado como un hombre madura, con gran naturalismo, apareciendo detrás de él un buey que, según la iconografía tradicional, representa al tercer evangelista. San Lucas lleva un libro abierto, aludiendo a su condición de evangelista.

viernes, 17 de octubre de 2014

Anónimo. San Ignacio de Antioquía

San Ignacio de Antioquía. 1486. Anónimo de Florencia
Témpera y óleo sobre tabla. Medidas: 116 cm x 45 cm.
Museo Rijksmuseum. Amsterdan

Recordamos hoy a uno de los más célebres mártires de la primitiva Iglesia: san Ignacio de Antioquía. Fue discípulo de san Juan el Evangelista. Siendo obispo de Antioquía de Sira fue condenado a muerte, muy anciano, a comienzos del siglo II, debiendo viajar hasta Roma, donde fue echado a las fieras. Conservamos de él una notable colección de cartas, que escribió durante su viaje a Roma, pidiendo el auxilio y la oración de distintas comunidades cristianas.

La obra que contemplamos es una tabla que debió formar parte, junto con otra similar de san Sebastián, de un retablo, pintada por un autor anónimo florentino a finales del siglo XV. Aparece revestido con capa y estola, portando en la mano el báculo y en la cabeza la mitra episcopal. Su mano izquierda porta un corazón, sobre el que se lee la palabra Ihesus, atravesado por la palma de su condición de mártir.

En el Oficio de Lecturas de este día leemos el célebre fragmento de su Carta a los Romanos, en el que dice san Ignacio que es trigo de Dios, que ha de ser molido por los dientes de las fieras. Éstas son sus palabras:

Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios, con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios.

De nada me servirían los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en sí entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mí, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.

El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más bien de mi parte, esto es, de parte de Dios.' No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre». No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.

No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.

jueves, 16 de octubre de 2014

Fra Angelico. Longinos atraviesa con la lanza al Crucificado

Longinos atraviesa con la lanza al Crucificado. 1346. Fra Angelico
Fresco
Museo del Convento Dominico de San Marcos de Florencia

El Martirologio romano anuncia hoy una celebración propia de la Iglesia de Jerusalén: la de san Longinos, venerado como el soldado que abrió con la lanza el costado del Señor crucificado. Por eso, hemos elegido uno de los frescos que Fra Angelico pintó para su Convento dominico de San Marcos de Florencia. Aparece el Señor muerto, al pie del cual se encuentra Longinos, que lo atraviesa con una lanza. La Virgen María, señalada por una inscripción en su nimbo, se vuelve y tapa la cara con las manos; la acompaña santa Marta. Hay otro personaje a la izquierda con barba, que podríamos identificar con Nicodemo, y un monje orando al pie de la Cruz.

El evangelio según Juan menciona que un soldado romano, entre los encargados por Pilato de la crucifixión de Jesús, clavó una lanza en el pecho del ajusticiado con el propósito, quizás, de confirmar su deceso. En efecto, en tanto a los otros dos condenados se les quebró las piernas para asegurar que muriesen, Jesús ya había muerto por lo cual uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.

En el escrito apócrifo conocido como Evangelio de Nicodemo aparece por primera vez el nombre de Longino. Es casi seguro que el nombre sea una latinización del griego λόγχη (lonjé), la palabra utilizada por el texto de Juan y apareció por primera vez un manuscrito iluminado de la Crucifixión detrás de un lancero. Dicho manuscrito, una versión siríaca del Evangelio según san Juan ilustrada por un tal Rabulas, data del 586 y se conserva en la Biblioteca Laurenciana de Florencia; allí se lee en letras griegas la palabra Longinos escrita tal vez en la misma época en que se realizó la figura.

Versiones posteriores de la leyenda de Longino aseguran que era ciego, y que el contacto con la sangre del Salvador le devolvió la vista. También dicen que ayudó a lavar el cuerpo de Jesús después del descenso de la Cruz.

El destino de Longino no es seguro, pero se lo veneró como mártir, fijando su muerte en la localidad de Gabbala, Capadocia. Su cuerpo pasaba por haber sido hallado en Mantua, Italia, en el año 1303, junto con la Santa Esponja empapada de la sangre de Cristo; se le atribuía, extendiendo su papel en el Gólgota, el haber acercado dicha esponja a los labios sedientos del Redentor. La reliquia favoreció su culto en el siglo XIII enlazándose con los romances del Grial y las tradiciones locales de milagros eucarísticos, constuyéndose una capilla consagrada a San Longino y la Santa Sangre en la iglesia del monasterio bendictino de Santa Andrea.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Alonso Cano. Aparición de Cristo crucificado a santa Teresa de Jesús

Aparición de Cristo crucificado a santa Teresa de Jesús. 1629. Alonso Cano
Óleo sobre lienzo. Medidas: 99 cm x 43 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Celebramos con gran gozo la fiesta de santa Teresa de Jesús, cuyo quinto centenario del nacimiento se celebrará el año próximo. Hemos escogido uno de los dos lienzos de Alonso Cano, junto con la Aparición de Cristo Salvador a santa Teresa de Jesús, que representan dos aspectos de la personalidad de la santa. Uno de ellos alude a su actividad como escritora, lo que a su vez se relaciona con su condición de fundadora, y le valió el título de Doctora de la Iglesia (1970). La vemos sentada ante una mesa en la que hay un libro y un tintero, en actitud de escribir, mientras recibe la inspiración de la imagen de Cristo crucificado.

De su relación con Dios a través de la Sacratísima Humanidad de Jesús, escribió la santa en el capítulo 22 del Libro de su Vida, el texto que leemos hoy en el Oficio de Vigilias, y que dice así:

Con tan buen amigo presente —nuestro Señor Jesucristo—, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. El ayuda y da esfuerzo, nunca falla, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.

Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. El lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.

¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí. Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.

Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.

Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor. Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos` muy en breve y muy sin trabajo.

lunes, 13 de octubre de 2014

Pellegrino Tebaldi. Salomón y la reina de Saba

Salomón y la reina de Saba. 1587. Pellegrino Tibaldi
Pintura al fresco.
Biblioteca del Monasterio de San Loranzo de El Escorial

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Leemos hoy este fragmento del capítulo 11 de san Lucas, en el que Jesús lamenta la falta de fe de sus contemporáneos, que tantos signos han visto, en comparación con varios personajes de la Antigüedad, entre ellos, la reina de Saba.

Para ilustrar esta escena, hemos recurrido al fragmento de un fresco pintado en la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo del El Escorial por el pintor y arquitecto italiano Pellegrino Tebaldi, a quien Felipe II encargó la pintura de varias zonas de la Biblioteca y de los claustros. Sus frescos siempre se han considerado un homenaje a la Capilla Sixtina.

domingo, 12 de octubre de 2014

Francisco de Goya. Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago

Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago y a sus discípulos. 1768. Francisco de Goya
Óleo sobre lienzo. Medidas: 79 cm x 55 cm.
Colección privada

Veneramos hoy la Santa María del Pilar, quien acudió a Zaragoza a confortar al apóstol Santiago. Hemos escogido una obra de Goya que representa este momento que tuvo lugar a orillas del Ebro, en la Cesaragusta romana.

La obra fue dada a conocer por José Gudiol en 1970. Procede de los fondos pictóricos de Juan Martín de Goycoechea y Galarza. Llegó a su actual emplazamiento —la colección Pascual de Quinto en Zaragoza— a través de herencias y enlaces familiares.

Es la pareja de la llamada Triple generación y posee rasgos estilísticos muy comunes a La adoración del nombre de Dios (Coreto de la Basílica del Pilar), así como al Bautismo de Cristo y el Retrato de Juan-Martín de Goycoechea.

En el Oficio de Lecturas, leemos el siguiente elogio de la Virgen del Pilar:

Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a la Virgen y a venerar su Pilar.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la veneran también como patrona.

Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la Virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica, en Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el día doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.

Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.