lunes, 1 de septiembre de 2014

Maestro de Astorga. Crucifixión

Crucifixón. XVI. Maestro de Astorga
Óleo sobre tabla. Medidas: 133 cm. x 100 cm.
Catedral de Astorga

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»

Con esta afirmación de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaún, comenzamos la lectura del Evnagleio de san Lucas, que nos acompañará hasta el final del año litúrgico. El Señor se presenta como el pleno cumplimiento de las profecías, el salvador de la humanidad.

Hoy queremos contemplar la Pasión del Señor, en el aniversario del 1 de septiembre de 1939: hace 75 años, tal día como hoy, comenzó la Segunda Guerra Mundial. Lo hacemos en el año en el que, también, conmemoramos el inicio de la Primera Guerra Mundial. Que el Señor, que por nosotros padeció la Cruz, acoja en su seno a los millones de víctimas de tan horrendo conflictos.

domingo, 31 de agosto de 2014

Anónimo. El alma cristiana acepta su cruz.

El Alma cristiana acepta su cruz. XVII. Anónimo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 72 cm. x 58 cm.
Museo del Prado. Madrid

«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Este texto del capítulo 16 del Evangelio según san Mateo que leemos este domingo, nos invita a contemplar esta obra de devoción, pintada por una mano anónima, en el siglo XVII: el alma cristiana acepta su cruz. Una joven coronada de flores, cargada con una cruz sigue los pasos del Redentor, asimismo con el santo madero, por camino sembrado de cruces. Se inspira en meditaciones ascéticas del siglo XVII que en España tuvieron eco en el libro de Gracián, Agudeza y arte de ingenio (Libro LVII): Se elegiría la cruz más pequeña, pero la que da el Señor es la menos pesada.

San Cirilo de Alejandría, en su Libro sobre la adoración en espíritu y en verdad, comenta así este texto:

El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. O lo que es lo mismo: El que quisiera ser discípulo mío que emprenda denodada-mente la misma carrera de sufrimientos que he seguido yo, recorra prácticamente el mismo camino y ámelo: ese tal hallará descanso en mi compañía y gozará de mi intimidad. Esto es efectivamente lo que él pedía para nosotros a Dios Padre, cuando decía: Este es mi deseo: que ellos estén conmigo, donde yo estoy.

Estamos también junto con Cristo de otra manera: cuando caminamos todavía sobre la tierra, pero vivimos no carnal, sino espiritualmente, estableciendo nuestra morada y nuestro descanso en lo que a él le agradare. En el libro de los Números tienes una imagen de esta realidad: Cuando se montó la tienda en el desierto, dice que la nube cubría el santuario; que Dios mandó a los hijos de Israel ponerse en marcha o acampar al ritmo de la nube, respetando diligentemente los tiempos establecidos para la partida. Con lo cual puso en guardia a los tentados de desidia sobre lo peligrosa que era la transgresión de estas normas.

Miremos de penetrar ahora el significado espiritual de esta figura. Tan pronto como se erigió y apareció sobre la tierra el realmente verdadero santuario, es decir, la Iglesia, quedó inundado por la gloria de Cristo, pues no otra cosa significa, a mi juicio, el dato según el cual aquel antiguo santuario fue cubierto por la nube.

Así pues, Cristo inundó la Iglesia con su gloria, con esta salvedad: para los que todavía viven en la ignorancia y el error, envueltos en las tinieblas y en la noche, esta gloria resplandece como fuego, irradiando una iluminación espiritual; en cambio, a los que ya han sido iluminados y en cuyos corazones ha amanecido el día espiritual les proporciona sombra y protección, y los inunda de rocío espiritual, esto es, de los sobrenaturales consuelos del Espíritu. Esto es lo que significa que de noche se aparece en forma de fuego y durante el día en forma de nube. Pues los que todavía eran niños necesitaban ser ilustrados e iluminados, a fin de llegar al conocimiento de Dios; otros, en cambio, situados en un estadio superior e iluminados ya por la fe, estaban faltos de protección y ayuda para soportar animosamente el calor de la presente vida y el peso de la jornada, pues: Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido.

Por último, cuando se levantaba la nube, se ponía asimismo en marcha el santuario, y simultáneamente lo ha-cían los hijos de Israel: la Iglesia sigue a Cristo por doquier y la santa multitud de los creyentes jamás se aparta del que la llama a la salvación.

sábado, 30 de agosto de 2014

Pedro Berruguete. San Pablo

San Pablo. 1493-1499. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla. Medidas: 350 cm. x 206 cm.
Museo del Prado. Madrid.

Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. 

Con esta admonición comienza san Pablo su Primera Carta a los Corintios, que vamos a leer en la Eucaristía durante los próximos días. Se trata de un texto complejo, dirigido a una comunidad dividida y con importantes problemas. Muchos desvelos le costó a san Pablo mantener unida en la verdadera fe a esta comunidad, fruto de sus esfuerzos apostólicos.

La imagen que hoy contemplamos de san Pablo fue pintada por Pedro Berruguete para una iglesia de Ávila, tal vez Santo Tomás. Se nota claramente su paso por Italia en el estudiado fondo arquitectónico que enmarca al santo y el estudio de perspectiva que realiza. El santo porta los atributos que le identifican: el libro de sus escritos, y la espada de su palabra.

viernes, 29 de agosto de 2014

Maestro de Miraflores. Prisión de san Juan Bautista.


Prisión de san Juan Bautista. 1490-1500. Maestro de Miraflores
Óleo sobre tabla. Medidas: 94 cm. x 53 cm.
Museo del Prado. Madrid.

El año pasado, en la memoria del Martirio de Juan Bautista que hoy celebramos, contemplamos la Decapitación de san Juan Bautista. Este año contemplamos la tabla que acompaña a la anterior, que nos muestra el prendimiento del santo precursor.

De este anónimo autor conocemos cinco tablas pintadas para la Cartuja de Miraflores, que hoy se encuentran en el Museo del Prado. Una de ellas es el prendimiento de Cristo, similar a la que vemos hoy; si bien en el caso de san Juan, la escena tiene lugar en un escenario urbano. El autor nos presenta al santo revestido por un manto, bajo el cual se adivina el vestido de cilicio (piel de camello), que evoca su vida penitente.

Dos personajes ricamente ataviados contemplan la escena, y un galgo aparece en primer plano. La tabla capta perfectamente el espíritu penitencial propio de la Cartuja, que encuentra en san Juan Bautista un modelo y un arquetipo de su ideal ascético.

jueves, 28 de agosto de 2014

Pedro Berruguete. San Ambrosio y san Agustín

San Ambrosio y san Agustín. 1495-1500. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla. Medidas: 58 cm. x 72 cm.
Museo del Prado. Madrid.

Celebra hoy la Iglesia con especial veneración la memoria de san Agustín de Hipona, el gran santo africano, el gran pensador, el obispo egregio que empleó todos sus afanes en la evangelización del pueblo a él confiado, el pensador que todavía hoy nos admira mediante la lectura de su ingente obra.

Hemos seleccionado una tabla, típica de la mano de Berruguete, en la que aparece junto a san Ambrosio. Hace pareja con otra tabla, dedicada a los santos Jerónimo y Gregorio. Se trata de los cuatro padres de la Iglesia latina. No en vano vienen asociados Agustín y Ambrosio, pues éste último influyó poderosamente en la conversión del joven Agustín durante su estancia en Milán.

Llama la atención lo elaborado de la obra: los ricos cabujones que decoran las capas pontificales, o los grandes libros abiertos, cuyo texto casi podría leerse.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Muerte de santa Mónica y partida de san Agustín.

Muerte de santa Mónica y partida de san Agustín. 1430. Maestro de Osservanza
Témpera y oro sobre pergamino. Medidas: 24 cm. x 27 cm.
Museo Fitzwilliam. Cambridge

Recordamos hoy a una egregia mujer, santa Mónica, madre de san Agustín. Su vida transcurrió entre un marido infiel y violento, y un hijo a la deriva, buscando la gloria del mundo y perdiendo el mayor tesoro de su madre: la fe católica.

San Agustín, en sus Confesiones, nos narra su muerte: estaban dispuestos a embarcar para regresar a África en Ostia Tiberina, el puerto de Roma, cuando la muerte la sorprendió, debiendo su hijo enterrarla allí mismo y partir para su tierra natal.

La iluminación que contemplamos narra este acontecimiento con precisión. A la izquierda aparece un monumento funerario, similar al de los mártires, con dos niveles: el inferior, con la tumba en forma, casi, de altar; y por encima, en un nivel superior, la santa llevada al Paraíso por los ángeles. A la izquierda, se ve un barco, en el que san Agustín parte para África, revestido ya con el hábito negro de los monjes.

martes, 26 de agosto de 2014

Antonio Arias. Jesucristo recibe el mundo de manos de Dios Padre

Jesucristo recibe el mundo de manos de Dios Padre. 1657. Antonio Arias
Óleo sobre lienzo. Medidas: 220 cm. x 164 cm.
Museo del Prado. Madrid.

Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima. Que nadie en modo alguno os desoriente.

Estas palabras están tomadas del capítulo tercero de la Segunda Carta a los Tesalonicenses, que hoy leemos en la primera lectura de la Eucaristía. Se trata del argumento central de esta epístola: frente a los que invitaban a abandonarlo todo en la certeza de la inmediatez del retorno glorioso del Señor y del fin del mundo, se invita a los cristianos a no perder la calma y a seguir trabajando en el mundo, hasta que dicha vuelta se produzca efectivamente.

Esto nos da pie para contemplar hoy un interesantísimo lienzo de Antonio Arias, en el que aparece Dios Padre entregando el mundo a Cristo resucitado, que formó parte de un grupo de obras para el claustro del Convento de San Felipe el Real, de los agustinos calzados.

En el suelo, a la izquierda, están los instrumentos de la pasión: el flagelo y la columna de la flagelación, los clavos, el cartel de la cruz, el hisopo, la lanza, y una hermosa jarra, que podría hacer referencia a la que utilizó Pilatos para lavarse las manos. Cristo está arrodillado sobre la Cruz, y recibe del Padre Eterno, que se le manifiesta desde lo alto, el globo del mundo.

Efectivamente, el que vendrá al final de los tiempo será el que fue crucificado ignominiosamente, recibiendo entonces el poder y el dominio sobre la entera Creación. La obra de Arias no es descriptiva sino conceptual: invita a la adoración del Señor Crucificado, fuente de una Sabiduría que triunfa sobre la del mundo.