martes, 31 de mayo de 2016

Giulio romano y Giovanni Francesco Penni. La Visitación

La Visitación, 1517. Romano - Peni
Temple sobre tabla. 200 cm x 145 cm
Museo del Prado. Madrid. España

Celebramos la fiesta de la Visitación. La Virgen María visita a su prima Isabel embarazada de Juan, el Bautista, momento en el que la Virgen entona el Magníficat.

Contemplamos un lienzo que se venía atribuyendo a Rafael. En ella aparecen dos figuras femeninas, que se distinguen por su edad, María está representada como una muchacha joven mientras que Isabel, a la izquierda, es casi una anciana, resaltando el milagro de su estado de buena esperanza, según lo escrito en los textos bíblicos. La escena se desarrolla sobre un paisaje, al fondo del cual podemos observar un momento que tendrá lugar años después: el bautizo de Jesús por Juan el Bautista en el río Jordán.

Esta obra fue diseñada por Rafael, que cobró 300 escudos, que delegó la ejecución de la pintura en su ayudante Giulio Romano y el paisaje en Giovanni Francesco Penni. El cuadro fue encargado por Giovanni Branconio, protonotario apostólico, en representación de su padre, Marino Branconio, para la capilla familiar en la iglesia de San Silvestre de Aquila. En la elección del tema por Marino debió de ser decisivo el nombre de su esposa Isabel, y el de su hijo Juan. Adquirida en 1655 por Felipe IV (1605-1665), quien la depositó en el Monasterio de El Escorial

lunes, 30 de mayo de 2016

Murillo. Fernando III el Santo

Fernando III el Santo. 1672. Murillo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 56 cm x 38 cm.
Museo del Prado. Madrid

Recordamos hoy la santidad de Fernando III, rey de Castilla. Tras su muerte y entierro en la catedral de Sevilla se genera una energía espiritual que atrae a los fieles. El papa Sixto V confirmaría en 1590 que Fernando III poseía el halo de santidad y que merecía el tratamiento de santo, en base al «resplandor alrededor de la cabeza que se da en Roma a los beatificados y la diadema de los canonizados.» Las restricciones del papa Urbano VIII obligaron a demostrar que esta representación realmente era tal y, una vez acreditada, fue posible impulsar el procedimiento a partir de 1649.

Murillo pintó al rey Fernando III el Santo en varias ocasiones. De todas las versiones que hizo, ésta es la de tamaño más reducido, si bien es la única en la que el santo se representa de cuerpo entero. Está en oración, reconcentrado en sí mismo, arrodillado sobre un cojín de terciopelo carmesí, ante un reclinatorio en el que se disponen la corona y el cetro que indican su condición regia. Su iconografía es la habitual, fijada con anterioridad a su subida a los altares en 1672: de mediana edad, con el cabello largo sobre los hombros, vestido con gregüescos, media armadura y manto real de armiño. Unos bellos angelitos, característicos del artista sevillano, descorren un escenográfico cortinaje para mostrar la figura del rey, que aún no lleva el halo de santidad, lo cual podría indicar una fecha inmediatamente anterior a su canonización.

domingo, 29 de mayo de 2016

Joos van Cleve. Retablo del Llanto sobre Cristo muerto

Llanto sobre Cristo muerto, 1520-1525. Joos van Cleve
Óleo sobre tabla,
Museo del Louvre. París

Contemplamos un retablo completo, dividido en tres cuerpos. En el central, contemplamos el Llanto sobre Cristo muerto. En la parte superior, aparece la Estigmatización de san Francisco; y, por fin, en la parte inferior, se nos muestra la Última Cena, según el modelo que Leonardo pintó a finales del siglo XV.

Esta obra nos muestra el significado de la Eucaristía, como sacramento en el que se renueva y actualiza la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Haced esto en memoria mía, es lo que dijo el Señor durante la Última Cena.

sábado, 28 de mayo de 2016

Joos van Cleve. Cristo, Salvador del mundo

Cristo, Salvador del mundo, 1516-1518. Joos van Cleve
Óleo sobre tabla, Medidas: 54 x 40 cm
Museo del Louvre. París

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»

A esta pregunta que formulan los sumos sacerdotes en el evangelio que leemos hoy, respondemos llenos de fe: Con la autoridad del Hijo de Dios, que le ha sido conferida por Dios Padre todopoderoso, como Salvador del mundo.

Joos van Cleve (1485-1541), también llamado Joos van Cleef, Joos van der Beke y Maestro de la Muerte de la Virgen, fue un pintor flamenco del Renacimiento en los países nórdicos. Miembro al parecer de una familia de artistas, pues el apellido Cleef se repite entre los pintores de Amberes, es poco lo que se conoce de su vida y de su carrera artística. Podría haber nacido en Cléveris (Cleve en alemán, Kleef en neerlandés), actualmente ciudad alemana pero en el siglo XVI en el ducado de Cleves, integrado política y culturalmente en los Países Bajos.

Debió de formarse con Jan Joest, con quien colaboró en las puertas del retablo de la iglesia de San Nicolás de Kalkar, en el Bajo Rin. De allí es posible que pasase a Brujas antes de instalarse en Amberes. Se dedicó al retrato y a la pintura religiosa, en ocasiones repitiendo sus composiciones de figuras abigarradas, fondos de arquitecturas renacentistas y venta fácil. La Muerte de la Virgen del Wallraf-Richartz Museum de Colonia, fechada en su marco en 1515 y firmada con monograma en una de las vidrieras que aparecen en la escena, sirvió de punto de partida para el reconocimiento de su estilo inicial y atribuirle así las obras que hasta entonces se habían venido asignando al Maestro de la Muerte de la Virgen.

viernes, 27 de mayo de 2016

Falcone. La expulsión de los mercaderes del Templo

La Expulsión de los mercaderes del Templo. 1630-1640. Aniello Falcone
Óleo sobre lienzo. Medidas: 101 cm x 114 cm.
Museo del Prado. Madrid

Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo. Y los instruía, diciendo: «¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos" Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.»

Leemos hoy en la Eucaristía el relato según san Marcos de la expulsión de los mercaderes del Templo. El lienzo que contemplamos, del pintor napolitano Falcone, nos muestra a Jesús, empuñando un flagelo, entre dos grupos de mercaderes, unos que se marchan a su izquierda, y otro que intenta recoger su mercancía a su derecha, ante la mirada de tres espectadores. La escena tiene lugar con un rico fondo arquitectónico de fondo, de estilo clasicista, que evoca el Templo de Jerusalén.

jueves, 26 de mayo de 2016

Corpus Christi


Triunfo de la Fe Sobre los sentidos, 1667. Obra de Juan Antonio de Frías y Escalante
Óleo sobre lienzo, 113x152 cm. 
Museo del Prado, Madrid. España

En cuadro de hoy, barroco como no podía ser de otro modo, aparece el texto Præstet fides suppleméntum, sénsuum deféctui. Es decir La fe provea suplemento para el defecto de los sentidos. Este verso pertenece al himno eucarístico Pange lingua, escrito por santo Tomás de Aquino, como el oficio de hoy y que por lo general se canta durante la adoración del Santísimo Sacramento.

Santo Tomás en el Opúsculo 57, que trata de la fiesta del Cuerpo de Cristo nos habla sobre el banquete precioso y admirable que el hombre recibe, Dios mismo que, no solo se ha entregado por nosotros, sino que permanece entre nosotros y se nos da como alimento nutriendo el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Que éste día lo vivamos en contemplación de ese gran misterio que nos trae la salvación, éste en el que los sentidos callan y la fe se manifiesta victoriosa.

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos da, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Mantegna. Cristo, varón de dolores

Cristo, varón de dolores, 1495-1500. Andrea Mantegna
Óleo sobre tabla, Medidas: 78 x 48 cm
Galería Nacional de Dinamarca. Copenhague

Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará.

Esta sentencia de Jesús en el capítulo 10 de san Marcos que leemos en la Eucaristía de hoy nos mueve a la contemplación de Cristo, varón de dolores. Se trata de una iconografía de origen medieval, que presenta al Señor muerto, con su cuerpo severamente maltratado por la tortura a la que fue sometido, sostenido por los ángeles, que lo muestran como salvador de los hombres, tal como lo había profetizado Isaías.

Mantegna nos presenta una imagen del cuerpo de Cristo con gran perfección anatómica, sobre un artístico sepulcro, con un fondo de paisaje muy logrado. Llama la atención, también, el extraordinario colorido de la obra.