jueves, 27 de noviembre de 2014

Beato de San Andrés de Arroyo. El fuego de Babilonia

El fuego de Babilonia. 1220. Beato de San Andrés de Arroyo
Iluminación sobre pergamino. Folio 147 v
Bibliothèque nationale de France, París

Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo; venía con gran autoridad y su resplandor iluminó la tierra. Gritó a pleno pulmón: «¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu impuro, en guarida de todo pájaro inmundo y repugnante.» 

Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la tiró al mar, diciendo: «Así, de golpe, precipitarán a Babilonia, la gran metrópoli, y desaparecerá. El son de arpistas y músicos, de flautas y trompetas, no se oirá más en ti. Artífices de ningún arte habrá más en ti, ni murmullo de molino se oirá más en ti; ni luz de lámpara brillará más en ti, ni voz de novio y novia se oirá más en ti, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones.» 

Seguimos, al final de este año litúrgico, con la lectura del Libro del Apocalipsis en la Eucaristía. Hoy se anuncia la caída la Babilonia y el cántico de los elegidos. El libro del Apocalipsis fue comentado en el siglo VIII por Beato de Liébana. Las ilustraciones de dicho Comentario fueron repetidoas durante varios siglos. Hoy contemplamos una iluminación perteneciente a un códice algo tardío, perteneciente al monasterio palentino de San Andrés de Arroyo. Vemos cómo el ángel anuncia la caída de Babilonia, que quedará reducida a cenizas por el fuego. La ciudad, representada como una gran fortaleza, aparece envuelta en llamas.

En la segunda línea de muralla, los vanos presentan recipientes de oro y de plata, posible alusión a los vasos sagrados robados por Nabucodonosor, culminando en la montaña de monedas de oro de la torre central. La riqueza de la ciudad se percibe también por el empleo de materiales preciosos en numerosos elementos arquitectónicos.

Es el único beato de su familia que ilustra la huida de los habitantes de Babilonia. De la puerta central, con fondo rojo para figurar el incendio interior, salen dos personas; fuera del marco, seis personajes huyen de la ciudad. Todos llevan telas, como posible alusión a sus pertenencias o al despojo al que se somete la ciudad.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Beato de Silos. El Cántico del Cordero


El Cántico del Cordero. 1100. Beato de Silos
Iluminación sobre pergamino
British Library. Londres

Yo, Juan, vi en el cielo otra señal, magnífica y sorprendente: siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se puso fin al furor de Dios. Vi una especie de mar de vidrio veteado de fuego; en la orilla estaban de pie los que habían vencido a la fiera, a su imagen y al número que es cifra de su nombre; tenían en la mano las arpas que Dios les había dado. 

Cantaban el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos.»

Leemos hoy en la primera lectura el comienzo del capítulo quince del Apocalipsis, que vemos representado en la iluminación del Beato de Silos que contemplamos. En la parte superior están los siete ángeles, que portan las copas con las últimas plagas. Por debajo, encima de un mar pintado en azul, está el Cordero, que sujeta la cruz con una pata, sobre un monte, y los elegidos que cantan su himno de alabanza, con un instrumento musical que llevan en las manos.

martes, 25 de noviembre de 2014

Fernando Gallego. Martirio de santa Catalina

Martirio de santa Catalina. XV. Fernando Gallego
Técnica mixta sobre tabla. Medidas: 125 cm x 109 cm.
Museo del Prado. Madrid

Recordamos hoy a sabta Catalina de Alejandría. Las noticias sobre su vida proceden de fuentes muy tardías. El documento más antiguo es la Passio, redactada inicialmente en griego entre los siglos VI y VIII, muy conocida a partir del siglo IX a través de la versión latina. Existen además otros textos hagiográficos, entre los que se destaca la Conversio.

Catalina nació hacia el 290 en el seno de una familia noble de Alejandría en Egipto. Dotada de una gran inteligencia, destacó muy pronto por sus extensos estudios que la situaron al mismo nivel que grandes poetas y filósofos de la época. Una noche se le apareció Cristo y decidió, en ese momento, consagrarle su vida, considerándose, desde entonces, su prometida.

El emperador Majencio (306-312) acudió a Alejandría para presidir una fiesta pagana y ordenó a todos los súbditos hacer sacrificios a los dioses. Catalina entró en el templo pero, en lugar de sacrificar, hizo la señal de la cruz. Y dirigiéndose al emperador lo reprendió exhortándolo a conocer al verdadero Dios. Conducida a palacio, ella reiteró su negativa a hacer sacrificios pero invitó al emperador a un debate.

En la prueba del debate filosófico, los sabios resultaron convertidos al cristianismo por Catalina, lo que provocó la ira del emperador, quien hizo ejecutar a los sabios, no sin proponerle antes a Catalina que se casara con uno de ellos, a lo que ella se negó rotundamente. Majencio trató de convencerla con promesas, pero al no lograrlo mandó flagelarla y encerrarla en prisión. Allí fue visitada por la propia emperatriz y un oficial, Porfirio, que terminó por convertirse junto con otros doscientos soldados, según señala la Passio.

El emperador ordenó entonces que torturaran a Catalina utilizando para ello una máquina conformada por unas ruedas guarnecidas con cuchillas afiladas. Según la Passio, las ruedas se rompieron al tocar el cuerpo de Catalina, quien salió ilesa. La emperatriz trató de interceder a favor de Catalina, pero fue decapitada, al igual que Porfirio y sus doscientos soldados. Obstinado, Majencio ordenó la ejecución de Catalina, quien murió decapitada.

En la tabla que contemplamos, la santa, aparece desnuda y de rodillas entre las dos ruedas dentadas que rompen tres ángeles. A la izquierda, se sitúan el juez y dos servidores, mientras que los cuatro verdugos se hallan heridos. Se aprecia una ciudad y, en la lejanía, más edificios. Obra de gran expresionismo, se ha pensado que pueda ser obra de Francisco Gallego, hermano de Fernando y colaborador habitual suyo

lunes, 24 de noviembre de 2014

El Cordero sobre el monte Sión

El Cordero sobre el monte Sión. 1047. Facundo
Iluminación sobre pergamino
Biblioteca Nacional de Madrid


Yo, Juan, miré y en la visión apareció el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

Este texto del Apocalipsis que leemos en la primera lectura de hoy, nos invita a contemplar una iluminación del Comentario al Apocalipsis de Beato, más en concreto, del Beatro de Fernando I y doña Sancha.

El Beato de Fernando I y doña Sancha fue miniado en el año 1047 por Facundo para los reyes de Castilla y León en cuya biblioteca estuvo hasta su muerte. Los Comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana se copiaron e iluminaron para la mayoría de los monasterios del norte de la península Ibérica entre los siglos X y XI. Sin embargo, el Beato de Facundo es el único (con la posible excepción del Beato de las Huelgas) que fue copiado para los reyes de Castilla y León: Fernando I y doña Sancha. Facundo firmó el manuscrito sólo como scriptor, pero no aparece ningún otro nombre que haga referencia a la iluminación, por lo que el término scriptor es posible que aquí englobe también la soberbia tarea de iluminación del códice.

Sus fastuosas imágenes dan inicio a una de las más prodigiosas tradiciones iconográficas de toda la historia del arte occidental. Los colores violentos del Beato de Facundo, sus dibujos extraños y su atmósfera de ensueño ejercen sobre la imaginación una verdadera tiranía: quien las ha visto una vez, jamás las olvida.

En conjunto, el códice es uno de los más bellos de la miniatura hispana y, por supuesto, de los beatos, tanto por el rigor del dibujo, su sincretismo entre el mantenimiento del pasado y la apertura al presente, el cuidado casi clásico por el orden y la estructura compositiva y el uso del color, capaz de crear unos efectos cromáticos con apariencia de ambientes diversos, siempre de gran elegancia y dotados de una severa solemnidad, diferente a todo lo altomedieval. Además, en ninguno de los beatos abunda tanto el oro como en el Beato de Fernando I.

En la imagen que contemplamos, el Cordero está en pie en el monte Sión y con él los 144.000. Se oye la voz del cielo y enseguida un cántico ante el trono, los ancianos y los seres, que sólo pueden cantar los 144.000, que son vírgenes y siguen al Cordero. Beato participa en sus explicaciones de ese ambiente jubiloso. El Cordero es Cristo y Sión, la especulación o meditación contemplativa (“speculatio contemplationis”). Los 144.000 son los que forman la Iglesia y siguen al Cordero. El canto nuevo es la predicación de Cristo. Si se les llama vírgenes, no es que lo sean físicamente. También son vírgenes los que han mantenido púdicas relaciones con mujeres, esto es, los casados. Habla de los hombres porque son fuertes, no de las mujeres, que no lo son.

Parte del acierto de estas miniaturas reside en el juego de la asimetría y la compensación de masas. Ninguno supera al miniaturista de Fernando I en estos asuntos. El gran arco celeste que separa cielo y tierra atraviesa el folio de derecha a izquierda. Arriba está el tetramorfos, bajo su aspecto teriomórfico (en el Beato de Gerona se encuentran los seres en forma animal), agrupado de dos en dos, marcando los círculos ya conocidos inspirados en el Antiguo Testamento; las restantes figuras son los ancianos.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Catedral de Bourges. El Juicio Final

El Juicio Final. XIII. Anónimo
Piedra tallada
Catedral de Bourges. Francia

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." 

Leemos en este Solemnidad de Cristo Rey el Evangelio del Juicio Final, que contemplamos esculpido en la magnífica fachada occidental de la Catedral de Bourges. Esta representación, aunque de estilo gótico, sigue los cánones establecidos en la época románica. La escena se presenta dividida en secciones horizontales. En el eje superior, aparece Cristo en Majestad, con los brazos extendidos, y dos ángeles que sostienen el sol y la luna: es el Señor de la entera creación, de la luz y de las tinieblas. A su derecha es izquierda, en su mismo nivel, cuatro ángeles muestran los instrumentos sagrados de la Pasión. Y, de rodillas, en el extremo de dicha banda, María y san Juan interceden por toda la humanidad.

En el centro de la banda central, está san Miguel, de pie, con una báscula para pesar las almas. A la derecha se representan, según la imagen del Evangelio, a los redimidos, que están vestidos entre vegetación y ángeles músicos. En el extremo de la derecha, bajo una arcada, aparece Abraham, en cuyo seno están las almas benditas. Pero, a la izquierda, se representan a los condenados, que están desnudos, y son empujados por los demonios hacia una caldera, cuyo fuego alimentan y avivan con fuelles. En el extremo de la izquierda, dicho recipiente puesto encima del fuego contiene las almas de quienes son destinados al tormento.

En la banda inferior, se representa la resurrección de los muertos, en el día del Juicio. Todos están desnudos, y van saliendo de sus tumbas para comparecer ante el Juez. De esta forma, vemos como los cuatro elementos clásicos de la escatología cristiana quedan representados: muerte, juicio, infierno y gloria.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Coxcie. Santa Cecilia.

Santa Cecilia. 1569. Michel Coxcie
Óleo sobre lienzo. Medidas: 136 cm x 104 cm.
Museo del Prado. Madrid

Recordamos hoy la santidad de la mártir romana Cecilia, En su oficio litúrgico, se cantan unas antífonas tomadas de la leyenda, que narra su Pasión. La primera de estas antífonas, Cantantibus organis, que se refiere al ruido que hacían las conducciones de aire caliente de la terma en la que se la intentó abrasar, dio pie a que se la considerase patrona de la música. esta es la iconografía de la obra que contemplamos hoy: aparece tocando el clavicordio, instrumento con el que habitualmente se la representa en las obras del Renacimiento. Tres ángeles cantores acompañan a la santa. 

Coxcie refleja en el lienzo su conocimiento de la obra de Rafael y de sus seguidores, fruto del viaje que realizó a Roma entre 1530 y 1539. Esta influencia se aprecia en la dulzura del tratamiento del rostro de Santa Cecilia y en la ambientación elegante de la obra. Como pintor de corte de Felipe II, fue muy estimado por este Rey, quien pagó esta pintura en 1569.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Falcone. La expulsión de los mercaderes del Templo

La Expulsión de los mercaderes del Templo. 1630-1640. Aniello Falcone
Óleo sobre lienzo. Medidas: 101 cm x 114 cm.
Museo del Prado. Madrid

En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos."»

Leemos hoy en la Eucaristía el relato según san Lucas de la expulsión de los mercaderes del Templo. El lienzo que contemplamos, del pintor napolitano Falcone, nos muestra a Jesús, empuñando un flagelo, entre dos grupos de mercaderes, unos que se marchan a su izquierda, y otro que intenta recoger su mercancía a su derecha, ante la mirada de tres espectadores. La escena tiene lugar con un rico fondo arquitectónico de fondo, de estilo clasicista, que evoca el Templo de Jerusalén.