sábado, 2 de febrero de 2013

La presentación del Señor en el templo


Óleo sobre madera, 330x240 cm

Ocurre a veces que, en el proceso de la enfermedad del hijo, sufre más la madre compaciente que el hijo paciente. Esto es obra del amor, que hace suyos los dolores ajenos. Y esto con un plus de dolor, pues se conduele más que al otro le duele, quien en ocasiones desea sufrir solo con tal que el otro no sufra. En el sufrimiento de la condolencia, el alma del que se conduele está en cierto modo dividida de sí en sí. Pues al sufrir la persona amada y para compartir su dolor, el alma se entrega a la persona amada y sale fuera de sí; y movida a compasión, se une a ella para sufrir en su lugar. Y en cierto modo demuestra pertenecer a aquel con quien se ha compenetrado por el sentimiento de la compasión, como si viviera con aquel cuyos tormentos comparte. Por eso, cuando el anciano Simeón profetizó de Cristo y dijo: Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida, añadió a renglón seguido, hablando de la Virgen María: Y a ti una espada te traspasará el alma. Esto es, la espada traspasará tu alma como si realmente fuese la suya.

Puede ensayarse también otra interpretación: Tu alma de él, es decir, tu propia alma, será traspasada por una espada. De hecho la Madre de Dios, que amó más que los demás como más que los demás fue amada, de tal modo se compadeció de su hijo moribundo como si realmente fuera ella la que padecía. Pues su dolor era proporcionado a su gran amor. Y como amaba al Hijo más que a sí misma, las heridas que él recibió en el cuerpo, con agudísimo dolor las soportó ella en el alma. De suerte que la pasión de Cristo constituyó su propio martirio.

Pues la carne de Cristo era de algún modo su propia carne, es decir, la carne de su carne que Cristo había recibido de ella, María la amó más en Cristo que la suya en sí misma. Y cuanto más la amó, tanto más se condolió; sufrió más en el alma que el mártir en el cuerpo. Por eso resplandece por el singular privilegio de un glorioso martirio. En efecto, los demás mártires fueron consumados con el martirio de su propia muerte, mientras que ésta proporcionó de su propia carne, la carne destinada a padecer por la salud del mundo, y en la pasión y por la pasión de Cristo, su alma fue de tal manera invadida por la violencia del dolor, que cual si en Cristo hubiera sido consumada por el martirio, nos sea lícito creer que fue ella la que mereció la más alta gloria del martirio, después de Cristo.

Balduino de Cantorbery, Tratado 6 sobre las palabras del Apóstol: «La palabra de Dios es viva y eficaz» (PL 204, 457-458)

viernes, 1 de febrero de 2013

Las tentaciones


Las Tentaciones de San Antonio. 1591-94. Obra de Marten de Vos
Óleo sobre madera, 280 x 212 cm. 

Recordad aquellos días primeros, cuando, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos: ya sea cuando os exponían públicamente a insultos y tormentos, ya cuando os hacíais solidarios de los que así eran tratados. Pues compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores, y permanentes. No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa. Os falta constancia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa. Un poquito de tiempo todavía, y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá de fe, pero, si se arredra, le retiraré mi favor. Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma.
Carta a los Hebreos 10, 32-39

Hoy repensando la carta a los hebreos y recordando la maravillosa escultura de ayer sobre el éxtasis místico no he podido dejar de pensar en este duro y arduo combate que está en la esencia misma de todo camino espiritual. Es cierto que la gracia de Dios se nos regala de manera insospechada, pero no es menos cierto que todos los grandes místicos han pasado por muchos sufrimientos, luchas y asperezas sin dejar de confiar nunca en el amor de su Señor, el que  también fue su consuelo y recompensa.  

jueves, 31 de enero de 2013

Beata Ludovica Albertoni


Beata Ludovica Albertoni. Obra de Gianlorenzo Bernini
Marmol blanco. Realizada entre 1671 y 1674

Hoy al leer el martirologio encuentro: En Roma, beata Ludovica Albertoni, que educó cristianamente a sus hijos y, al morir su esposo, entró en la Tercera Orden de San Francisco y prestó ayuda a los necesitados hasta tal punto que de ser rica llegó a ser pobre (1533). No he podido dejar de acordarme de ésta maravillosa escultura que tantas veces he visitado a orillas del Tiber, en una de las esquinas de Trastevere, muy cerca de la Porta Portese, dentro de la iglesia de san Francesco a Ripa  en Roma.

El Señor concedió a la beata Albertoni el don extraordinario de los éxtasis místicos, que alcanzaron gran fama y difusión en aquel tiempo. Murió en Roma el 31 de enero de 1533. Inmediatamente, después de su muerte, gozó de culto público, que fue confirmado oficialmente por el papa Clemente X el 28 de enero de 1671. Su cuerpo se conserva en el espléndido sepulcro marmóreo que el cardenal Paluzzo Albertoni Altieri mando realizar. Fue el gran escultor GianLorenzo Bernini (1598-1680), quien años antes había esculpido el "Extasis de santa Teresa" para la Capilla Cornaro , quien realizó ésta magnifica obra.

Bernini  colocó a la Beata, en tamaño mayor que el natural 188 cm, no difunta, sino reclinada en el éxtasis místico en que murió. Al ver ésta maravilla uno se da cuenta que lo más parecido al acto del Creador es, valga la redundancia, el acto creador, no es en  la filosofía, ni en la ciencia, sino en el Arte donde, creando, nos acercamos a la Belleza, a la experiencia sobrenatural del Creador. Siendo creaturas creadas tenemos capacidad de crear, es esto lo que nos sobrecoje y, a la vez, nos envuelve en un profundo divino sentido. 

En el  rostro de esta escultura se reflejan juntamente el sufrimiento humano y la felicidad celestial. Ella vivió repetidas experiencias de visiones y éxtasis místicos, y Bernini, quiso representarla en el momento de su muerte, pero transformando ese lance dramático en un momento de éxtasis y de unión mística con su Señor. Su rostro es tan fuera de este mundo, tan poseído por la divinidad, tan arrebatado, tan en éxtasis.... 

No es casualidad que a menudo los místicos empleen el lenguaje amatorio y erótico para describir su experiencia. Como es el caso de Santa Teresa, o San Juan de la Cruz, o el mismo Santo Tomás de Aquino, quien expresó, después de su éxtasis, que su obra entera no era nada en comparación con lo que había experimentado. Los libros de teología nos ofrecen explicaciones en cuanto a la experiencia mística, pero creo que observar esta escultura, o el Éxtasis de Santa Teresa, del mismo autor, es lo más próximo, metafóricamente hablando claro está, a tal experiencia: una experiencia estética que sin duda puede provocar en las almas sensibles el sindrome de Stendhal

Bernini proyecto todo el marco de la pequeña capilla, incluso la ventana en la que se filtra la luz a través de una claraboya invisible, casi inexistente, fuera de este mundo, una luz que cae como un chorro de gracia sobre el rostro de la beata.

Uno solo puede caer rendido y alabar al Creador.



miércoles, 30 de enero de 2013


Misa de san Gregorio, mediados del s. XVII 
Óleo sobre lienzo 191x 139

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.
Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; esta sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.
Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto, después de decir: Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente; añade: Y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus crímenes.
Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Carta a los Hebreos 10, 11 - 18

lunes, 28 de enero de 2013

Santo Tomás de Aquino


Apoteosis de Santo Tomás de Aquino, 1631.
Obra de Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo 475x375 cm

Éste cuadro se realizo para el Colegio de Santo Tomás de Sevilla. El tema es una exaltación de la propia labor del Colegio. Santo Tomás de Aquino, una de las figuras más relevantes de la teología cristiana,  fue nombrado Doctor de la Iglesia en 1567 y su fiesta se celebra el 28 de enero. Por su importancia aparece rodeado de los cuatro Padres de la Iglesia junto a otros tantos personajes. A su derecha se encuentran conversando San Ambrosio, con mitra episcopal y San Gregorio, con tiara papal; a su izquierda, San Jerónimo, de rojo cardenalicio, y San Agustín con lo mitra episcopal. Los cinco intelectuales se encuentran en el plano superior del cuadro, que simboliza el mundo divino, donde se aparecen representados, san Pablo, santo Domingo de Guzmán y la santísima Trinidad En el plano inferior se encuentra representada la tierra: los personajes principales de la Orden y el emperador Carlos V. Su presencia se explica porque fue él quien facilitó los terrenos y la dote necesaria para la construcción y puesta en marcha del Colegio. A lo largo de su vida, el emperador ofreció su protector patronazgo.

La vida perdurable consiste, primariamente, en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante.
Esta unión consiste en la visión perfecta: Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
Consiste, asimismo, en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto, el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti».
Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y, por esto, sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto, dice el
Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante; y también: El sacia de bienes tus anhelos».
Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí superabundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.
La vida perdurable consiste, también, en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y, por esto, se alegrarán del bien de los demás como el suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

Santo Tomás de Aquino, Conferencia sobre el Credo, Opuscula Theologica 2

domingo, 27 de enero de 2013

Cristo en la sinagoga de Nazaret


Enseñanza de Cristo en la sinagoga de Nazaret, 1658.
Obra de Gerbrand van den Eeckhout
Óleo sobre lienzo 61 x 79 cm 
National Gallery (Dublin)

Según el Evangelio de san Lucas (4, 16-21): "Jesús llegó a Nazaret, donde se había criado. El sábado entró, según su costumbre, en la sinagoga y se levantó a leer. Le entregaron el libro del profeta Isaías, y habiéndolo desenrollado el volumen, halló el paso en el que está escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ungió; me envió a evangelizar a los pobres, a predicar a los cautivos la liberación y a los ciegos la recuperación de la vista, a libertar a los oprimidos, y a promulgar un año de gracia del Señor. Enrolló el libro, se lo dio al sirviente, y se sentó; los ojos de todos en la sinagoga estaban clavados ante El, y comenzó a decirles: Hoy se está cumpliendo ante vosotros esta Escritura"
Este es el momento elegido por Gerbrand van den Eeckhout para el lienzo que aquí contemplamos. Cristo, sentado en un lugar prominente de la composición, señala a un hombre elegantemente vestido de barba blanca; los demás personajes del conjunto contemplan asombrados a Cristo otros hojean el libro de las escrituras. La escena tiene lugar en un interior, destacando las amplias columnas y el mobiliario. La luz penetra por la izquierda, creando atractivos claroscuros que recuerdan a Rembrandt, al igual que la disposición de las figuras inspiradas en grabados del maestro. Gerbrand van den Eeckhout incorpora elementos propios unidos a aspectos tomados de Rembrandt, resultando un trabajo equilibrado, considerado como la obra maestra de su producción. La firma se descubrió en 1961, durante unos trabajos de limpieza.

viernes, 25 de enero de 2013


"La conversión de San Pablo en el camino a Damasco", 1601.
Obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio
Óleo sobre lienzo, 230x175 cm.

1 Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. 3 Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». 5 Él preguntó: «¿Quién eres tú, Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. 6 Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer». 7 Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. 9 Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Hch 9, 1-18

8 Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.
9 Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. 1Cor 15, 8-9

Aquí os dejo también la catequesis del Papa sobre la conversión de san Pablo, fiesta que la Iglesia celebra  hoy, pronunciada en septiembre de 2008. Ese año el papa dedicó un total de 16 catequesis de los miércoles sobre el apóstol de los gentiles y declaró, entre el 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009, un año paulino.