domingo, 7 de julio de 2013

Pantocrátor de san Juan de Moarves


El domingo celebramos la Resurrección del Señor, su triunfo obre el poder del pecado y la muerte, su glorificación junto a a Dios, y su exaltación junto al Padre, en la gloria de la Trinidad. El Libro del Apocalipsis describe esta situación con caracteres tomados del boato imperial romano. Y, desde entonces, la iconografía cristiana ha representado a Jesucristo con la imagen del Pantocrátor. Esta palabra griega significa Todopoderoso, y representa plásticamente a Cristo como emperador, al estilo de los emperadores romanos, sentado sobre un trono, en actitud de bendecir a la humanidad.

Una de las esculturas medievales más representativas de esta iconografía es el Pantocrátor esculpido en la fachado del templo de San Juan Bautista, en la localidad de Moarves de Ojeda, al norte de la Diócesis de Palencia.

Junto al Pantocrátor, en las cuatro esquinas de ese círculo, se encuentra el llmado Tetramorfos. Imagen tomada también del profeta Daniel y del Apocalipsis, significa esta palabra griega las cuatro formas, es decir, los cuatro animales simbólicos que rodean al Todopoderoso. En la alegoría cristiana, estos cuatro animales evocan a los cuatro evangelistas, a través de los cuales nos habla el Señor Todopoderoso.

Por último, en una galería horizontal, están representados los apóstoles, enviados al mundo por el Pantocrátor para anunciar el Evangelio.

sábado, 6 de julio de 2013

Cristo el Esposo


El Evangelio que la liturgia del hoy nos presenta está tomado del capítulo noveno de san Mateo, y nos habla del sentido del ayuno. Mientras que otros grupos judíos ayunan, los discípulos de Jesús no ayunan, porque él es el Esposo de Israel, y mientras está con sus amigos, no ha lugar al ayuno.

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole:
-« ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo:
-«¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos?
Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.»

En la liturgia e iconografía bizantina, el tema de Cristo como Esposo, de pie junto a la tumba con los atributos de su Pasión, ocupa un lugar central en las celebraciones de la Semana Santa. Este Icono se sitúa ante el iconostasio, para la veneración de los fieles, hasta el Jueves Santo. ante él, se dice la siguiente oración: 

He aquí viene el Esposa a media noche; bienaventurado el siervo que encuentre velando. Mas el que encuentre inadvertido, indigno es. Cuida alma mía de no caer en profundo sueño y ser arrojada fuera del Reino, y entregada a la muerte. Mas velad clamando: Santo, Santo, Santo, eres Tú, oh Dios. Por la intercesión de los Poderes Celestiales, ten piedad de nosotros.

En la tradición iconográfica bizantina, es importante reproducir una y otra vez el mismo motivo iconográfico. El que mostramos hoy aquí, es uno de tantos, como es venerado en la piedad cristiana oriental.

viernes, 5 de julio de 2013

La vocación de San Mateo


La vocación de San Mateo, 1661. Juan de Pareja
Óleo sobre lienzo, 225 cm x 325 cm
Museo del Prado, Madrid. España

El evangelio de hoy  (Mt. 9, 9-13) nos relata la vocación de Mateo y como ante la mirada atenta de los fariseos el Señor manifiesta la predilección de la misericordia en contraste a la escrupulosa vivencia de la ley por parte de los fariseos.

Mateo, cobrador de impuestos, pecador ante los ojos de todo el pueblo al que Jesús fue capaz de mirar mas adentro, mas allá del propio pecado mirando al interior de un hombre. Un hombre que podía hacer mucho por el Reino de los Cielos. Le llamó con todo el amor y misericordia de su corazón para ser uno de sus apóstoles.

Jesús en la escena responde a los fariseos, en primer lugar, por quienes, por razones diferentes, no viven a la altura moral de quienes actúan conforme a lo prescrito. Los ve como "enfermos", más "víctimas" que "culpables", más necesitados de ayuda que de condena. 

En segundo lugar, su modo de acogerlos. "No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos". Lo primero que necesitan no es un maestro de la ley que los juzgue, sino un médico amigo que los ayude a curarse. Cristo no actúa como un juez que dicta sentencias, sino como un médico que viene a buscar y salvar a quienes se encuentran "perdidos". 

Cristo actúa como Dios mismo quien quiere misericordia antes que ofrendas y culto, antes que estar aferrados a la ley y sus cumplimientos. Para Jesús la misericordia es más importante que la pureza legal. Apela a la tradición profética para decir que para Dios la misericordia vale más que todos los sacrificios (Os 6,6; Is 1,10-17). Dios tiene entrañas de misericordia, se conmueven ante las faltas de su pueblo (Os 11,8-9).

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
-«Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
-« ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y dijo:
-«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

En el cuadro que hoy miramos encontramos una escena pintada por Juan de Pareja que refleja el ambiente de barroco del  siglo XVII. No olvidemos que el autor fue siervo de Velázquez y que aprendió el oficio de su dueño. Éste era esclavo moro del pintor, quien le concedió la libertad en Roma en 1654 lo que le permitió ejercer la profesión de pintor en libertad.

La obra es de un barroquismo exuberado siguiendo las tendencias de la época, y se retrata a si mismo en la escena evangélica, primero en pie por la izquierda, sosteniendo un papel en el que firma la obra, realizada ésta después ya de la muerte de su maestro Velázquez.

jueves, 4 de julio de 2013

El sacrificio de Isaac


El sacrificio de Isaac, 1603. Obra de Caravaggio
Óleo sobre lienzo,104 cm × 135 cm
Galería Uffizi, Florencia, Italia

Hoy la liturgia nos presenta el sacrificio de Isaac, (Génesis 22, 1-19) vemos como Dios ha sido fiel a su promesa concediendo a Abrahán un hijo de Sara. Ahora es Abrahán quien debe mostrar su fidelidad a Dios, estando dispuesto a sacrificar al hijo, como reconocimiento de que éste pertenece a Dios. El mandato divino parece un contrasentido: Abrahán ya había perdido a Ismael al marchar Agar de su lado; ahora se le pide la inmolación del hijo que le queda. Desprenderse del hijo significaba desprenderse incluso del cumplimiento de la promesa que veía realizado en Isaac. A pesar de todo, Abrahán obedece. Como última purificación de su fe se le pide al que había recibido la promesa que sacrifique al hijo que Dios le ha dado. Su fe no vacila: “Dios proveerá el cordero para el sacrificio” (Gn 22,8). Así, el padre de los creyentes se hace semejante al Padre que no perdonará a su Hijo, sino que lo entregará por todos nosotros (cfr Rm 8,32).

A Dios le basta ver la intención sincera de Abrahán de cumplir lo que se le pedía  Con ello es ya como si lo hubiera realizado. Si el detener la mano de Abrahán representaba ya una manifestación del amor de Dios, mayor aún es esa manifestación cuando permite la muerte de Jesús como sacrificio expiatorio por todos los hombres. 

En aquel carnero que Dios pone a disposición de Abrahán (vv. 13-14) vieron algunos Padres de la Iglesia una representación anticipada de Jesucristo, en cuanto que, como Cristo, aquel cordero fue inmolado para salvar al hombre. En este sentido escribía San Ambrosio: «¿A quién representa el carnero, sino a aquél de quien está escrito: “Exaltó el cuerno de su pueblo” (Sal 148,14)? (...) Cristo: Él es a quien vio Abrahán en aquel sacrificio, y su pasión lo que contempló. Así pues el mismo Señor dijo de él: “Abrahán quiso ver mi día, lo vio y se alegró” (cfr Jn 8,56). Por eso dice la Escritura: “Abrahán llamó a aquel lugar, El Señor provee”, para que hoy pueda decirse: el Señor se apareció en el monte, es decir, que se apareció a Abrahán revelando su futura pasión en su cuerpo, por la que redimió al mundo; y mostrando, al mismo tiempo, el género de su pasión cuando le hizo ver al cordero suspendido por los cuernos. Aquella zarza significa el patíbulo de la cruz» (De Abraham 1,8,77-78).

El sacrificio de Isaac es una pintura que en su tiempo escandalizó a Roma, a pesar de ser el sacrificio de Isaac un tema recurrente en el arte del barroco. El problema consistió en la reacción de Isaac, que hasta entonces había mostrado una actitud dócil ante su muerte, convirtiéndose en prefiguración de Cristo. Pero Caravaggio trata el asunto de otra forma, pues Abraham debe doblegar la resistencia de su vástago. La duda del patriarca es captada con maestría por el pintor, que logra representar de manera sublime. El espectador podrá presenciar con intensidad la angustia que irradia la escena.

miércoles, 3 de julio de 2013

La incredulidad de Tomás


La incredulidad de Tomás. 1543-1547. Obra de Francesco Salviati 
Óleo sobre tabla transferido a lienzo. 275 x 234 cm. 
Museo del Louvre, París. Francia


¡Señor mío y Dios mío!

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad. ¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?

Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?» Como sea que el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto has creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio. En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! El, pues, creyó, a pesar de que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que crean sin haber visto. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe. Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Hacen profesión de conocer a Dios, pero con sus acciones lo desmienten. Y Santiago dice: La fe sin obras es un cadáver.

San Gregorio Magno, Homilía 26 sobre los evangelios 

martes, 2 de julio de 2013

Cristo en la tempestad del mar de Galilea


Cristo en la tempestad del mar de Galilea, 1633. Rembrant
Óleo sobre lienzo. 160 x 127 cm. 
Paradero desconocido, robado del Isabella Stewart Gardner Museum, Boston. EE.UU.

El evangelio de hoy,  Mt 8, 23-27, nos narra un momento en el que los discípulos temen ante la aparente despreocupación del Señor. 

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole:
-«¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo:
-«¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados:
-«¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

El artista holandés Rembrandt produjo muchas obras de arte con la intención de describir muchos objetos y situaciones diferentes. No se limita a una forma de pinturas, sino ramificado desde retratos precisos casi psicologicos,  escenas descriptivas y paisajes históricos definidos a veces poco comunes.  Una de las pinturas que pueden definir esto es el  de la tormenta en el Mar de Galilea. Rembrandt pintó este cuadro detallado y expresivo en 1633. Especialmente la expresión que puso en cada uno de los individuos de la imagen es  un análisis del temor, el desasosiego y el ruego casi impaciente que contrastan con el de Cristo recién despertado y que serenamente les dirá, "hombres de `poca fe" porque y a que temeis. Obviamente, una tormenta se está librando y sus vidas están en juego pero, no es esto lo que puede dejarnos a la espera de la actuación de Cristo,es su presencia y su confianza la que deberían haber bastado para estar y vivir confiados. Algunos de los pescadores están luchando duro para mantener el control de su nave, algunos están muy asustados, mientras que otros están suplicando a Jesús para salvarlos. Una persona incluso parece que podría estar mareado y desesperado en exceso. Rembrandt fue capaz de representar todas las emociones de este grupo que estando atrapados en una terrible tormenta, no son capaces de sentir la presencia salvífica de Cristo

lunes, 1 de julio de 2013

Abraham y los tres ángeles


Abraham y los ángeles.s. XVI . Fabrizio Santafede
Óleo sobre lienzo.116 x176 cm
Coleccion Privada

La primera lectura de hoy me deja bastante pensativo y delante de esta imagen puedo pensar e en como Abraham trataba con Dios. Un Dios del que se había fiado, un Dios al que obedeció y un Dios que juez es a la vez misericordioso con el justo. Abraham trata con Dios con confianza, no con regateo, y buscando la justicia divina. 

Ponernos delante de Dios siempre puede enrojecernos, asustarnos, o incluso acostumbrarnos debido a nuestra inseguridad, pero cuando nos sabemos escuchados por Él encontramos un interlocutor que es a la vez juez justo, padre misericordioso y amigo cercano. La oración constante en su presencia es la via segura de comunicación independientemente de las manifestaciones o teofanias que el quiera regalarnos. Pero, ¿que mayor regalo que su Palabra leída, meditada, rezada y contemplada? ¿que mayor don teofánico que la eucaristía, Dios mismo presente y manifestado, dado en alimento para nuestra debilidad?

Cuando los hombres se levantaron de junto a la encina de Mambré, miraron hacia Sodoma; Abrahán los acompañaba para despedirlos.
El Señor pensó:
-« ¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que pienso hacer? Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso, con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra; lo he escogido para que instruya a sus hijos, su casa y sucesores, a mantenerse en el camino del Señor, haciendo justicia y derecho; y asÍ cumplirá el Señor a Abrahán lo que te ha prometido.»
El Señor dijo:
-«La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.»
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.
Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:
-«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?»
El Señor contestó:
-«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.»
Abrahán respondió:
-«Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?»
Respondió el Señor:
-«No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.»
Abrahán insistió:
-«Quizá no se encuentren más que cuarenta.»
Le respondió:
-«En atención a los cuarenta, no lo haré.»
Abrahán siguió:
-«Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta? »
Él respondió:
-«No lo haré, si encuentro allí treinta.»
Insistió Abrahán:
-«Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte? »
Respondió el Señor:
-«En atención a los veinte, no la destruiré.»
Abrahán continuó:
-«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez? »
Contestó el Señor:
-«En atención a los diez, no la destruiré.»
Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su puesto.

Génesis 18, 16-33