sábado, 30 de septiembre de 2017

Zurbarán. San Jerónimo

San jerónimo. 1626. Francisco de Zurbarán
Óleo sobre lienzo. Medidas: 198 cm x 125 cm.
Museo de Bellas Artes de Sevilla

Celebramos la memoria de san Jerónimo, uno de los cuatro santos padres de la Iglesia latina. Vivió en la parte final del Imperio romano. Abrazó la vida monástica, que vivió como intenso esfuerzo por conocer y encarnar la palabra de Dios. A tal fin se retiró a Palestina, donde se entregó al estudio de la Biblia en sus distintos idiomas.

Aquí lo vemos en una representación de Zurbarán, pintada para el convento dominico de San Pablo de Sevilla. Zurbarán lo representa con sus dos atributos característicos: el ropaje rojo de cardenal, que abandonó para retirarse al desierto; y el libro en la mano, como símbolo de su estudio y traducción de la Biblia al latín, la llamada Vulgata. Destaca el dominio del color, típico de la técnica tenebrista de Zurbarán.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Piero della Francesca. San Miguel

Arcángel san Miguel.. 1469. Piero della Francesca
öleo sobre tabla. Medidas: 133 cm x 59 cm.
National Gallery. Londres

En este día celebra la iglesia la fiesta de los santos arcángeles. Por eso contemplamos esta tabla de Piero de la Francesca en la que se representa a san Miguel, con la espada en la mano pisando la serpiente. Se trata de una típica imagen renacentista, con un magnífico estudio anatómico y una belleza en el canon masculino que evoca la perfección clásica.

Piero della Francesca fue un pintor italiano del Quattrocento. Actualmente se le aprecia sobre todo como pintor especialista en frescos, pero en su época fue conocido también como un geómetra y matemático, maestro de la perspectiva y de la geometría euclidiana, temas en los que se concentró a partir del año 1470. Su pintura se caracterizó por su estilo sereno y el uso de las formas geométricas, particularmente en relación con la perspectiva y la luz. Es uno de los principales y fundamentales personajes del Renacimiento.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Juan Martínez Montañés. San Juan Bautista

San Juan Bautista. 1620-1630. Juan Martínez Montañés
Madera tallada y policromada. 154x75x70 cms
The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenía ganas de ver a Jesús.

¿Quién es Jesús? Esta pregunta que se hace Herodes sigue latente en nuestro mundo. Entonces lo compararon con Juan el Bautista. Por eso, contemplamos hoy esta talla de Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568 - Sevilla, 18 de junio de 1649). Su obra conserva la sobriedad clásica propia del Renacimiento, aunque aportando la profundidad de la escultura del Barroco. Se formó en Granada con Pablo de Rojas y completó su educación en Sevilla, donde se estableció para el resto de su vida, convirtiéndose en el máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Fray Bartolomeo. Cristo con los cuatro Evangelistas

Cristo con los cuatro Evangelista. 1516. Fray Bartolomeo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 282 cm x 204 cm.
Palacio Pitti. Roma.

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

La liturgia inicia hoy la lectura del capítulo noveno del Evangelio según san Lucas, con el envió de Jesús a los doce apóstoles para anunciar el Evangelio. La Iglesia nace de este mandato de Jesús, cuyo contenido es dar a conocer la Buena Noticia de que en Jesucristo hemos sido salvados. El Evangelio no sólo será esta Buena Noticia, sino que vendrá contenido en los llamados evangelios canónicos, que nos dan a conocer la obra de Jesucristo.

Por eso, hemos escogido hoy una obra del Cuatroccento italiano, del dominico toscano Fray Bartolomeo. Aparece Cristo resucitado sobre una esfera que representa el globo del mundo, con la cartela Salvator Mundi, es decir, Salvador del Mundo, y coronado todo ello con los signos eucarísticos del cáliz y la patena. Muestra el Señor las señales de su pasión, mediante un atrevido escorzo que nos habla de un movimiento que ha superado la rigidez medieval. A sus pies están los cuatro evangelistas, sin sus atributos característicos, portando los libros de los Evangelios.

martes, 26 de septiembre de 2017

Fernando del Rincón. Santos Cosme y Damián


Milagro de los santos Cosme y Damián. Siglo XVI. Fernando del Rincón
Óleo sobre tabla. Dimensión: Alto: 188 cm.; Ancho: 155 cm.
Museo del Prado. Madrid

Nos recuerda hoy el Martirologio Romano la santidad de Cosme y Damián, cuyos nombres han pasado también a la lista de los santos citados en el Canon Romano. Según la tradición, fueron dos hermanos médicos de Cilicia, en la actual Turquía, que fueron martirizados en el siglo III.  Los hermanos gemelos San Cosme y San Damián nacieron en Cilicia, en algún momento del siglo III. Los médicos ejercían como tal en Siria, y daban auxilio a los más pobres, ofreciendo sus servicios y atención de manera gratuita, por lo que se ganaron la calificación de Ανάργυροι, que significa los “santos anargiros“, término utilizado para quienes no cobraban por sus servicios, viniendo a significar algo así como lo contrario a un mercenario.

Muy poco se sabe de la vida de estos santos mártires, a parte de la tradición que recoge que su Fe era tan grande que curaron muchas enfermedades tan solo con el poder de la oración. Se sabe que fueron martirizados durante la persecución del emperador Diocleciano. El prefecto de Cilicia, llamado Lisías, ordenó su apresamiento y pidió que fueran torturados hasta que renunciases a su Fe. Los médicos no sucumbieron, a pesar de haber sido colgados de una cruz, apedreados, flechados, y finalmente degollados.

Muy poco después de su muerte, se conoce la existencia de diversos templos construidos en su nombre en Jerusalén, Egipto y la antigua Mesopotamia. La devoción a los dos santos médicos se expandió rápidamente debido a la gran cantidad de milagros que realizaban, así como al testimonio admirable de su Fe. En el siglo VI, el emperador Justiniano el Grande ordenó que la ciudad de Ciro fuese dedicada a ellos, y la restauró de manera admirable. En Constantinopla, el mismo emperador ordenó la construcción de una gran basílica en su nombre, donde se venerarían sus reliquias.

El Papa Félix IV construyó en Roma una magnífica iglesia en honor de los santos Cosme y Damián. Un hombre encargado de la limpieza y vigilancia de este templo cayó enfermo de cáncer, que al cabo de cierto tiempo le corroyó totalmente la carne de una de sus piernas. Cierta noche, mientras dormía, soñó que acudían a su lecho los santos Cosme y Damián provistos de medicinas y de los instrumentos necesarios para operarle; pero antes de proceder a la operación uno de ellos preguntó al otro: ¿Dónde podríamos encontrar carne sana y apta para colocarla en el lugar que va a quedar vacío al quitarle la podrida que rodea los huesos de este hombre? El otro le contestó: Hoy mismo han enterrado a un moro en el cementerio de San Pedro ad vincula; ve allí, extrae una de las piernas del muerto, la que haga falta, y con ella supliremos la carroña que tenemos que raerle a este enfermo.

Uno de los santos se fue al cementerio, pero en vez de cortar al muerto la carne que pudiera necesitar, le cortó una de sus piernas y regresó con ella, amputó luego al enfermo la pierna que tenía dañada, colocó en su lugar la del moro, aplicó después un ungüento al sitio en que hizo el injerto y seguidamente los dos santos se fueron después al cementerio con la pierna que habían amputado al sacristán y la dejaron en la sepultura del moro, al lado de su cadáver.

Los artistas han representado después este milagro basándose en esta narración de Jacobo de la Vorágine. Entre las numerosas representaciones que se encuentran en la iconografía españolahe,mos escogido una tabla de Fernando del Rincón, procedente de San Francisco el Fuerte de Gaudalajara, y que fue depositado por fin en el Museo del Prado.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Anónimo. El Salvador

El Salvador XVII. Anónimo
Óleo sobre tabla,  104 cm x 83 cm
Museo del Prado, Madrid. España

«Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»

La fe en Jesús se convierte en la principal decisión de la vida de una persona. Pero la fe no es algo que pueda esconderse, sino que debe iluminar todos los actos de la vida. Contemplamos esta obra anónima procedente del oratorio de la reina Isabel de Farnesio en La Granja, en la que se representa a Jesucristo bendiciendo al mundo, sobre el que se erige su Cruz.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Alejo Fernández. La Virgen de los navegantes

Virgen de los navegantes. 1531-1536. Alejo Fernández
Óleo sobre tabla.
Reales Alcázares. Sevilla

Celebra la Iglesia la memoria de nuestra Señora la Virgen de la Merced. La iglesia reconoce, honra y venera a la Virgen María, principalmente, con el título de madre: Madre de Dios y Señor Jesucristo, y Madre de la iglesia, de todos los hombres, ya que la redención de Jesucristo es universal y todos los hombres son llamados a pertenecer al pueblo de Dios, la Iglesia. Con San Pedro Nolasco, en la primera mitad del siglo XIII, comienza a invocarse a la Virgen bajo el título de la Merced. Santa María de la Merced es una invocación que expresa un aspecto esencial del misterio de María, evocando su presencia maternal y misericordiosa a favor de los fieles cristianos que se hallan en peligros y ansiedad, para que, rotas las cadenas de toda opresión, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu.

La Virgen de los Navegantes o de los mareantes es una pintura de Alejo Fernández, creada como tabla central de un retablo para la capilla de la Casa de Contratación en Sevilla. Es la pintura más temprana que se conoce cuyo tema es el descubrimiento de América. Algún tiempo antes de 1536, los oficiales de la Casa de Contratación encargaron la pintura como la tabla central del retablo que instalaron en la Sala de Audiencias, de manera que la habitación sirviera también como capilla. Los estudiosos datan esta pintura de 1531–36.

En la Era de los descubrimientos, los católicos de toda Europa comenzaban a ver en la Virgen María un símbolo de maternidad y de todo lo que era bueno, amable y misericordioso. En la Virgen de los navegantes María está representada cubriendo con su manto a los españoles. Se alza sobre los mares, uniendo continentes, o sobre la bahía, para proteger a los barcos, su carga y la tripulación conforme se embarcan en la peligrosa travesía del Atlántico. Fernando el Católico y el emperador Carlos V (con la capa roja) están retratados junto a Cristóbal Colón, Américo Vespucio y uno de los Hermanos Pinzón, que se muestran arrodillados. Todos se elevan sobre nubes sobre el agua, debajo de los pies de la Virgen. Alrededor de la Virgen se reúnen figuras de indígenas americanos.