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martes, 24 de enero de 2017

Jan Provost. La Virgen con el Niño

Virgen con el Niño. 1500. Jan Provost
Óleo sobre tabla.
Museo de Bellas Artes de Budapest

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.» Les contestó: «¿Quienes son mi madre y mis hermanos?» Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

Este texto nos invita hoy a contemplar a María, la que esuchó la palabra que dios le dirigió por medio del ángel y la escuchó. Por eso contemplamos una tabla del flamenco Jan Provost.

Jan Provost, (Mons, h. 1465-Brujas, 1529) fue un pintor, miniaturista, cartógrafo y arquitecto de la escuela flamenca. ­Estudió primero con su padre Jan ­Provost el Viejo en Mons y después posiblemente en el taller de Simon Marmion en Valenciennes. En 1493 aparece inscrito en el Gremio de San Lucas de Amberes, pero poco después marchó a Brujas, donde fue admitido en el Gremio de Pintores y llegó a ocupar diferentes cargos. Puede ser que llegara a dirigir dos talleres, uno en Brujas y otro en Amberes, como también hiciera Gérard David. Entre los alumnos de su taller destacan su hijo Adriaan Provost y otro familiar llamado Hugo Provost. Entre 1509 y 1527 recibió numerosos encargos de clientes religiosos y políticos. También le fue encargada la dirección de las decoraciones efímeras para la entrada triunfal de Carlos V en 1520. Algunas de sus pinturas reflejan que mantuvo estrechas relaciones con círculos literarios y humanistas. Conoció a Alberto Durero en Amberes en 1520. La influencia de éste, así como la de Quintin Massys, El Bosco y Gérard David, se aprecia en su obra, aunque se permitió licencias iconográficas y formales. De las cien pinturas atribuidas a ­Provost niguna está firmada y solo tres de ellas están datadas. Análisis estilísticos y técnicos, en particular del dibujo subyacente, permiten afirmar que se trata de un grupo más o menos homogéneo. Según Friedländer, si podemos hablar de un renacimiento propio de los Países Bajos, Provost fue, junto con Quintin Massys, su representante más importante.

lunes, 24 de octubre de 2016

Fra Angelico. La virgen de la Granada

La Virgen de la Granada. 1426. Fra Angelico
Temple sobre tabla, Medidas: 87 x 59 cm.
Museo del Prado. Madrid

Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

Este texto de la carta a los Efesios, que leemos en la primera lectura nos invita a imitar con nuestra vida a Cristo, siendo así hijos de la luz. Ejemplo perfecto de ello fue la misma Madre del Señor. Por eso, hemos escogido esta magnífica tabla de fra Angelico.

La Virgen de la Granada es una obra extraordinaria, pintada en uno de los momentos decisivos de la historia del arte, la Florencia del primer cuarto del siglo XV, cuna del Renacimiento, por uno de sus actores principales. Guido di Pietro, llamado Fra Angelico, debió formarse con Lorenzo Monaco y figura ya como maestro independiente en 1418. Entre esa fecha y 1422 ingresó en el convento dominico de San Domenico en Fiesole. La Virgen de la granada, inmediatamente posterior a la Anunciación, delata el conocimiento del altar de Sant´Anna Metterza de Masaccio, realizado para la iglesia florentina de Sant´Ambrogio (1423-24) y hoy en los Uffizi. Su nombre deriva del fruto que sostiene la Virgen, prefiguración del sacrificio y la resurrección de Cristo. Fue adquirida en Florencia en 1817 por Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV duque de Alba de Tormes, y figuró desde entonces en posesión de la familia.

martes, 19 de julio de 2016

Bellini. La Virgen con el Niño entre dos santas

La Virgen con el Niño entre dos santas. 1490. Giovanni Bellini
Óleo sobre tabla. Medidas: 77 cm x 104 cm.
Museo del Prado. Madrid España

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.» Pero él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.» 

Leemos en la Eucaristía de hoy este fragmento del Evangelio según san Mateo, en el que María acude a Jesús. Pero el Señor no se cierra al vínculo de sangre, sino que amplía su familia a todos aquellos que escuchan la palabra de Dios. Por eso, hemos escogido esta obra en la que aparece María con dos santas. La Virgen sostiene en su brazos al Niño Jesús flanqueada por dos santas en una Sacra Conversazione. La santa de la izquierda se ha identificado como Santa Catalina y la de la derecha como Santa Úrsula, que porta la flecha de su martirio, o Santa María Magdalena. Excepto la figura del Niño, las demás se representan de tres cuartos sobre un fondo de cortinaje verde.

martes, 22 de diciembre de 2015

Pedro Berruguete. La virgen con el Niño

La Virgen con el Niño. XV. Pedro Berruguete
Técnica mixta tabla. Medidas: 58 cm. x 43 cm.
Museo del Prado. Madrid

La Iglesia, en su preparación para la inminente celebración del Misterio de la Navidad del Señor, canta con María el Magnificar, su himno de acción de gracias a Dios. El Poderoso ha mirado la humillación de su esclava y, en la Encarnación del Verbo Eterno, nos ha concedido una salvación más allá de nuestras esperanzas o merecimientos.

Por eso, contemplamos hoy esta bellísima tabla de Pedro Berruguete. El Niño desnudo, sentado sobre un cojín; la Virgen tiene un libro abierto en la mano izquierda y con la derecha acaricia la cabeza del Niño; a la izquierda, por la ventana, paisaje con un río.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Dieric Bouts. La virgen con el Niño

La Virgen con el Niño. 1455-1460. Dirk Bouts
Óleo sobre tabla. Medidas: 21 cm x 16 cm.
Museo Metropolitano. Nueva York

El Tiempo de Adviento nos prepara para la venida del Señor. Su primera venida se produjo en la debilidad de nuestra carne. Apareció como un niño, hijo de María. Por eso es fuente de esperanza, al conocer nuestras debilidades. Por eso hemos escogido esta tabla de devoción privada, en la que la Madres sostiene al niño en brazos.

Dieric Bouts ha basado esta exquisita imagen pequeña, en la antigua fórmula bizantina de la Virgen cariñosa (Glykophilousa): un tipo popular en los Países Bajos. Sin embargo, se ha prescindido de los antecedentes de oro y halo de la práctica bizantina y ha dotado a la pintura con una ternura humana y sencillez que no se encuentra en los iconos. Con su modelado sutil y táctil de la carne, el artista acentúa la ilusión de la vida: los seres respiran. Centrándose en la relación amorosa de una madre y su hijo, su interpretación enfatiza las emociones humanas y mejora la experiencia interna de devoción privada.

sábado, 10 de octubre de 2015

Jan Provost. La Virgen con el niño

La Virgen con el niño. 1500. Jan Provost
Óleo sobre tabla. Medidas: 18 cm x 15 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer del pueblo gritando, le dijo: «¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!»
Pero Jesús le respondió: «Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».

La liturgia de este sábado nos propone este texto del Evangelio según san Lucas. María, la que amamantó a Jesús, fue la primera en escuchar su Palabra, guardándola en el corazón, y convirtiéndose en modelo para los discípulos de su Hijo. En este mes dedicado al Santo Rosario, veneramos su fidelidad y alabamos las obras grandes que Dios ha hecho por medio de su humildad.

Contemplamos esta bella representación de María amamantando al niño Jesús. Ante un tapiz de brocado, situado en medio de un arco, María, de pie, en el eje de la composición, amamanta a su hijo. A ambos lados del tapiz, por encima del muro bajo que cierra el jardín en el que está la Virgen -hortus conclusus- se puede ver el paisaje con una ciudad al fondo, a la derecha. 

Considerada tradicionalmente obra de un discípulo de Jan van Eyck, hoy se atribuye a Provost que, como otros pintores brujenses se inspira en modelos anteriores: La Virgen del ábside de Robert Campin y la Virgen de la fuente de Jan van Eyck del Museo Koninklijk de Amberes.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Pedro Berruguete. La Virgen de la Leche

Virgen de la Leche. 1450. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla. Medidas: 61 x 44 cm
Depósito del Ayuntamiento de Madrid

La liturgia nos recuerda hoy a Nuestra Señora la Virgen de Fátima. María mostró, a través de su aparición a unos sencillos pastores, la importancia de la conversión y la penitencia para seguir a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, cuando Europa se desangraba en las crueldades de la Primera Guerra Mundial. Con esta ocasión, queremos hoy hacer un acto de contemplación ante una magnífica imagen de María: la Virgen de la Leche, de Pedro Berruguete.

Es posible que proviniera del hospital de la Concepción, fundado por Francisco Ramírez y del que se hizo cargo su esposa Beatriz Galindo, tras su muerte en 1501. El hospital era también popularmente conocido como ‘hospital de la Latina', en referencia a Beatriz Galindo, apodada ‘la Latina', preceptora de latín de la reina Isabel la Católica y persona muy cercana a ella. El Ayuntamiento se hizo cargo de las pertenencias del Hospital y aunque no existe referencia que confirme la de la pintura de Berruguete a dicho centro, todo parece apuntar a que la comitente de esta obra maestra fue ‘la Latina', que pudo mandar hacerla directamente para dicho hospital o, teniendo en cuenta su pequeño formato, destinarla en origen a su devoción privada y donarla al hospital años después.

Muy posteriormente, la tabla de Berruguete, apareció en el Ayuntamiento, llegando a colgarse en el despacho del alcalde. Siendo alcalde Tierno Galván, se decidió depositarla en el Museo Municipal de la calle Fuencarral -el actual Museo de Historia de Madrid-, donde se exhibió hasta su cierre por obras en 2008. La obra se podía contemplar desde entonces en el Museo de San Isidro.

La composición nos presenta a María en el interior de un templete, coronada como reina de los cielos y entronizada, ofreciendo el pecho a su hijo. Partiendo del modelo rogeriano y de la influencia eyckiana en el manejo de la luz, Pedro Berruguete hace gala de su dominio de la composición y de su originalidad. El artista crea en este templete, una estructura compuesta por elementos arquitectónicos góticos, mudéjares y renacentistas, con la que traduce de forma magistral la indefinición estilística del arte castellano en torno a 1500, en el que no existe un modelo único, sino que los tres coexisten y se utilizan en función de los gustos e intereses del comitente o del uso que se otorgue a un determinado edificio.


Los elementos arquitectónicos que rodean a la Virgen revelan su condición de castellano, a la par que su conocimiento del arte italiano del Quattrocento. El efecto general que se consigue es de un verismo extraordinario, consecuencia de la delicada conjunción de los valores pictóricos y de la elaborada estructura arquitectónica. Sin embargo, el esquema de la perspectiva geométrica subyacente tiene sus imperfecciones. Berruguete, como casi todos los maestros del norte hasta Durero, aplica de forma empírica los conceptos básicos de la perspectiva, pero desconoce las leyes de la geometría científica. El dominio de la perspectiva aérea y el empleo de la perspectiva empírica evidencian que su formación fue más flamenca que italiana.

domingo, 4 de enero de 2015

La Virgen de la Vega

Virgen de la Vega.XII. Anónimo
Madera tallada, cobre dorado y cabujones. Medidas: 72cm
Catedral Vieja. Salamanca.

Volvemos a contemplar este domingo el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios, de la Encarnación del Verbo eterno, que estaba junto a Dios, por quien todo fue hecho, y que por nuestra salvación vino a nuestro mundo para rescatarnos del poder del mal y de las tinieblas. La época románica contempló este misterio ensalzando la figura de la Madre con el Hijo; se prescinde del dato biológico para concebirlos como reyes excelsos, sirviendo el regazo materno de la María como trono desde el que bendice Jesús.

Uno de las tallas románicas más hermosas del Reino de Castilla es la Virgen de la Vega, en Salamanca. Era la titular del monasterio salmantino de Santa María de la Vega, situado en la vega del río Tormes, perteneciente a los canónigos regulares dependientes de los de San Isidoro de León. Ante la ruina de esta iglesia, fue trasladada a otra y más tarde al convento de San Esteban, donde permaneció de 1842 a 1904 que es cuando se instaló definitivamente en el altar mayor de la Catedral Vieja.

Por su técnica se ha datado de finales del siglo XII; la escultura mide 72 centímetros de altura. Se compone de dos figuras, la Virgen con el Niño sentado sobre su rodilla izquierda. Está realizada en madera y recubierta de piezas de cobre dorado y ornamentos formados por cabujones de pedrería de colores. El rostro de la Virgen y la cabeza del Niño junto con las manos de ambos son de bronce fundido y sin dorar. Los ojos en la cara ovalada de la Madre son de azabache y el rostro del Niño con unas facciones infantiles, recordando ya al estilo gótico, presenta los ojos de vidrio azul.

Las vestiduras son de chapa modelada a martillo sobre la madera tallada y sujeta a ella por medio de clavillos también de cobre. Los adornos de cabujones llevan piedras azules, verdes y rojas. La cabeza de la Virgen esta cubierta con un velo y sobre éste una corona real moderna sustituye a la anterior.2

El trono no tiene respaldo, está esmaltado y sus partes frontales están adornadas con querubines dentro de aureolas. En todo alrededor del trono, dentro de unos arcos se encuentran unas figuras en relieve, esmaltadas sobre un fondo dorado, representando a los apóstoles. Los colores empleados son el azul turquesa, azul cobalto, rojo, verde, amarillo, negro y blanco alternados.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Agnolo Gaddi. La Virgen con el Niño y santos

La Virgen con el Niño y santos. 1390. Agnolo Gaddi
Témpera y oro sobre tabla. Medidas: 97cm x 53cm.
National Gallery de Victoria. Melbourne. Australia

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Con estas palabras, que leemos en la primera lectura de hoy, comienza san Juan su Primera Epístola. Nos da testimonio de Jesús como Palabra de la Vida que se ha encarnado, cuyo nacimiento celebramos hace dos días, y en cuya octava se congregan los santos Esteban, Juan y los Inocentes.

Contemplamos una tabla del Trecento italiano en la que aparecen, al pie de la Virgen con el niño, los santos Juan el Bautista, Juan el Evangelista, Santiago (reconocible por su bordón de peregrino), y san Nicolás de Bari. Fue pintada por Agnolo Gaddi, cuyo estilo es un término medio entre el de Giotto y el naciente gótico internacional. En 1394 decoró la bóveda de la capilla mayor de la basílica de la Santa Croce (Florencia) con escenas de la leyenda de la Santa Cruz, en las que se revela como buen narrador.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Pedro Berruguete. La virgen con el Niño

La Virgen con el Niño. XV. Pedro Berruguete
Técnica mixta tabla. Medidas: 58 cm. x 43 cm.
Museo del Prado. Madrid

La Iglesia, en su preparación para la inminente celebración del Misterio de la Navidad del Señor, canta con María el Magnificar, su himno de acción de gracias a Dios. El Poderoso ha mirado la humillación de su esclava y, en la Encarnación del Verbo Eterno, nos ha concedido una salvación más allá de nuestras esperanzas o merecimientos.

Por eso, contemplamos hoy esta bellísima tabla de Pedro Berruguete. El Niño desnudo, sentado sobre un cojín; la Virgen tiene un libro abierto en la mano izquierda y con la derecha acaricia la cabeza del Niño; a la izquierda, por la ventana, paisaje con un río.

viernes, 3 de octubre de 2014

Franciabigio. Virgen con el Niño y los santos Juan el Bautista y Job

Virgen con el Niño y los santos Juan el Bautista y Job. 1516. Francesco Franciabigio
Óleo sobre tabla. Medidas: 209 cm x 172 cm.
Museo de San Salvi. Florencia

Esta semana hemos leído como primera lectura de la eucaristía el Libro de Job. Este libro del Antiguo Testamento nos cuenta la historia de un hombre justo que es puesto a prueba: sufre la pobreza y la enfermedad, pero se mantiene fiel a dios, incluso cuando sus amigos y parientes le reprochan sus supuestos pecados como causa de sus males. Tales pecados no existen; entonces, ¿por qué castiga Dios a un justo, como si no existiese? De este libro surge esta pregunta: ¿Por qué? Hoy recibimos la respuesta, por boca de Dios mismo: nosotros no estamos capacitados para comprenderlo todo, simplemente debemos confiar en la bondad de sus planes. Job concluye hoy afirmando: Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada.

El pintor florentino Franciabigio, compañero de Andrea del Sarto, pintó una tabla dedicada la Virgen con el Niño, ante quien están san Juan Bautista y el santo Job, dos figuros proféticas que simoblizan la paciencia y la confianza en los planes de Dios.

martes, 23 de septiembre de 2014

Giovanni Bellini. La Virgen, el Niño, santos y donante

La Virgen, el Niño, santos y donante. 1505. Giovanni Bellini
Óleo sobre tabla,  91 x 81 cm
Birmingham Museums and Art Gallery. Gran Bretaña

«Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.» Esta fue la respuesta que dio Jesús a quienes le avisaban de que su madre y hermanos le buscaban. Escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica fue, precisamente, lo que el mismo evangelista Lucas, por boca de Isabel, encarecía de la Virgen María. Por eso, como ilustración del Evangelio que nos presenta hoy la Eucaristía, hemos escogido esta tabla del pintor cuatrocentista veneciano Bellini, en la que aparecen la Virgen con el Niño entronizados, rodeados de dos santos y el donante.

En esta tabla se lee una madurez en el estilo del artista ligada a una expresión esfumada del color, del tipo leonardesco. Al fondo aparece un sereno paisaje, con montañas al fondo en tonos azulados. Se trata de una suma de significados metafóricos y religiosos unidos a una profunda poesía y emocionalidad. El paisaje es límpido y enrarecido, con una luminosidad serena, que representa el ideal de la quietud, entendida como conciliación espiritual, idílica y eremítica.

martes, 24 de junio de 2014

Corregio. La Virgen, el niño y san Juan

La Virgen, el niño y san Juan. 1517. Antonio Allegri da Correggio
Óleo sobre tabla. Medidas: 48cm x 37cm.
Museo del Prado. Madrid

Celebramos hoy la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Se trata del único santo cuyo nacimiento terranal se celebra, además del nacimiento o tránsito a la vida eterna en la muerte terrena. como imagen para nuestra contemplación, hemos escogido una tabla destinada a la devoción, en la que aparece la Virgen, junto a los dos niños, pintada por Corregio.

Fuera de Roma o Florencia, ningún pintor fue tan decisivo en la formulación del lenguaje clásico como Antonio Correggio, un artista relativamente conocido en vida pero enormemente influyente tras su muerte, sobre todo en las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a 1600, cuando su combinación de virtuosismo técnico, dramatismo lumínico y expresividad gestual, captó el interés de pintores como Federico Barocci, Anibale Carraci o Giovanni Lanfranco.

Formado con su tío Lorenzo Allegri, la etapa juvenil de Correggio, anterior a su estancia en Roma entre 1518 y 1519, es incomprensible sin el conocimiento de Andrea Mantegna, de quien la tradición hace discípulo, y Leonardo da Vinci. Esta doble influencia se percibe con nitidez en esta obra, pintada en Parma entre 1515 y 1517 mientras trabajaba en la Camera di San Paolo. Si de Mantegna y su San Sebastián (Museo del Louvre) procede el apunte clasicista de la sandalia de la Virgen, las deudas con Leonardo son mayores. Así, la ambientación de la escena en una caverna remite a la Virgen de las Rocas del Louvre, mientras el gesto y peinado de la Virgen derivan de la Leda, conocida sólo por copias, y la exactitud en el tratamiento de la botánica y el sfumato son elementos constantes en la producción madura de Leonardo.

La pintura ilustra el primer encuentro entre el Niño Jesús y su primo, concretamente, el momento en que la Virgen presenta a su hijo a un San Juan Bautista de cabello oscuro que porta una pequeña cruz. La actitud de Jesús, en disposición de abrazar tanto a su primo como a la cruz, adquiere un doble significado afectivo y teológico. Práctica habitual en Correggio fue la reutilización de modelos, lo que explica el parecido del Niño Jesús con el que aparece en la Sagrada Familia con San Juanito del Museo de Bellas Artes de Orleáns.

martes, 13 de mayo de 2014

Pedro Berruguete. La Virgen de la Leche

Virgen de la Leche. 1450. Pedro Berruguete
Óleo sobre tabla. Medidas: 61 x 44 cm
Depósito del Ayuntamiento de Madrid

La liturgia nos recuerda hoy a Nuestra Señora la Virgen de Fátima. María mostró, a través de su aparición a unos sencillos pastores, la importancia de la conversión y la penitencia para seguir a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, cuando Europa se desangraba en las crueldades de la Primera Guerra Mundial. Con esta ocasión, queremos hoy hacer un acto de contemplación ante una magnífica imagen de María: la Virgen de la Leche, de Pedro Berruguete.

En 1951, el historiador Manuel Gómez Moreno atribuyó esta tabla de la Virgen con el Niño a Pedro Berruguete -a quien indiscutiblemente pertenece, después de que fuera hallada entre maderas viejas e imágenes en unos almacenes del Ayuntamiento de Madrid sin que se supiera cómo había llegado ahí ni cuál era su origen.

Es posible que proviniera del hospital de la Concepción, fundado por Francisco Ramírez y del que se hizo cargo su esposa Beatriz Galindo, tras su muerte en 1501. El hospital era también popularmente conocido como ‘hospital de la Latina', en referencia a Beatriz Galindo, apodada ‘la Latina', preceptora de latín de la reina Isabel la Católica y persona muy cercana a ella. El Ayuntamiento se hizo cargo de las pertenencias del Hospital y aunque no existe referencia que confirme la de la pintura de Berruguete a dicho centro, todo parece apuntar a que la comitente de esta obra maestra fue ‘la Latina', que pudo mandar hacerla directamente para dicho hospital o, teniendo en cuenta su pequeño formato, destinarla en origen a su devoción privada y donarla al hospital años después.

Muy posteriormente, la tabla de Berruguete, apareció en el Ayuntamiento, llegando a colgarse en el despacho del alcalde. Siendo alcalde Tierno Galván, se decidió depositarla en el Museo Municipal de la calle Fuencarral -el actual Museo de Historia de Madrid-, donde se exhibió hasta su cierre por obras en 2008. La obra se podía contemplar desde entonces en el Museo de San Isidro.

La composición nos presenta a María en el interior de un templete, coronada como reina de los cielos y entronizada, ofreciendo el pecho a su hijo. Partiendo del modelo rogeriano y de la influencia eyckiana en el manejo de la luz, Pedro Berruguete hace gala de su dominio de la composición y de su originalidad. El artista crea en este templete, una estructura compuesta por elementos arquitectónicos góticos, mudéjares y renacientes, con la que traduce de forma magistral la indefinición estilística del arte castellano en torno a 1500, en el que no existe un modelo único, sino que los tres coexisten y se utilizan en función de los gustos e intereses del comitente o del uso que se otorgue a un determinado edificio.


Los elementos arquitectónicos que rodean a la Virgen revelan su condición de castellano, a la par que su conocimiento del arte italiano del Quattrocento. El efecto general que se consigue es de un verismo extraordinario, consecuencia de la delicada conjunción de los valores pictóricos y de la elaborada estructura arquitectónica. Sin embargo, el esquema de la perspectiva geométrica subyacente tiene sus imperfecciones. Berruguete, como casi todos los maestros del norte hasta Durero, aplica de forma empírica los conceptos básicos de la perspectiva, pero desconoce las leyes de la geometría científica. El dominio de la perspectiva aérea y el empleo de la perspectiva empírica evidencian que su formación fue más flamenca que italiana.

domingo, 25 de agosto de 2013

Claudio Coello: la virgen con el Niño adorados por san Luis, rey de Francia


La Virgen con el Nño adorados por san Luis. 1665.  Claudio Coello
Óleo sobre lienzo. Medidas: 229cm x 249cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Hoy celebra la Iglesia la memoria de un rey santo: san Luis IX de Francia. Hijo de Luis VIII el León y de doña Blanca de Castilla, fue un hombre extremadamente virtuoso, que heredó de su madre una profunda vida espiritual y el anhelo por el cultivo de las virtudes cristianas. vivió entre los años 12214 a 1270. Se casó con Margarita de Provenza, nieta de los reyes de Aragón, con la que tuvo once hijos.

San Luis combinó su tarea de gobierno con un ascetismo que ha sido destacado tanto por la hagiografía católica como por comentaristas laicos (Voltaire llegó a decir que "No es posible que ningún hombre haya llevado más lejos la virtud"). Por momentos parecía un anacoreta, entregándose a prácticas de mortificación como el hacerse azotar la espalda con cadenillas de hierro los días viernes, o actos de autohumillación como lavar los pies a los mendigos o compartir su mesa con leprosos. Perteneció a la Orden franciscana seglar, fundada por San Francisco de Asís. Fundó muchos monasterios y construyó la famosa Santa Capilla en París, cerca de la catedral, para albergar una gran colección de reliquias del cristianismo. Asistió al Concilio Ecuménico latino de Lyon I, (convocado en 1245 y presidido por el Papa Inocencio IV); donde, además de deponer y excomulgar al emperador Federico II se convocó una cruzada (la séptima) de la que se designó a Luis IX al mando.

Como Carlomagno tuvo en Eginardo su biógrafo, Luis IX lo tuvo en Jean de Joinville (1224-1317), amigo suyo y camarada en sus campañas de armas. Sus escritos han creado la tan popular imagen pacífica y piadosa del Rey, y el propio Joinville prestó testimonio ante el Papa Bonifacio VIII, que canonizaría a Luis IX en 1297.

Luis IX fue el último monarca europeo que emprendiera el camino de las Cruzadas contra los musulmanes. La primera vez, entre 1248 y 1254, en lo que luego se llamó la Séptima Cruzada, San Luis desembarcó en Egipto y llegó a tomar la ciudad de Damieta, pero poco después sus tropas fueron sorprendidas por la crecida del Nilo y la peste. Combatiendo en terreno desconocido, cayeron prisioneros de sus enemigos y sólo se salvaron pagando un fuerte rescate. La Octava Cruzada, en 1270, llevó a San Luis frente a Túnez, ciudad a la que puso sitio. La expedición fue un desastre. Buena parte del ejército fue atacado por la disentería, al igual que el propio San Luis, que murió durante el sitio, sin haber conseguido su objetivo, el 25 de agosto de 1270.

San Luis ha sido objeto de una abundante iconografía, sobre todo en la época de la Contrarreforma, para exaltar la imgen del rey cristiano, hijo fiel de la Iglesia y cuya santidad personal resultaba intachable. Precisamente la obra que hoy proponemos está en esta línea. Se trata de una composición de Claudio Coello, en la que el rey santo aparece honrando a la Virgen con el Niño. La obra está dispuesta a manera de gran escena teatral en la que a través de San Juanito, junto al cordero, se invita a participar al espectador. Su composición dinámica y compleja y su color brillante y expansivo evocan modelos del Barroco flamenco. El tema supone una respuesta barroca y espectacular a las “sacras conversaciones” renacentistas.