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sábado, 25 de marzo de 2017

Roger van der Weyden. La Anunciación

La Anunciación. 1455. Rogier van der Weyden
Óleo sobre tabla. Medidas: 138 cm x 70 cm.
Pinacoteca Antigua. Munich

Celebramos hoy la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Nuevo meses antes de la Navidad, contemplamos el misterio de la Encarnación del Señor, gracias al sí de María. Hemos escogido para esta ocasión la tercera de las tablas, que integra el Tríptico del Altar de Santa Colomba, pintado a mediados del siglo XV por Roger van der Weyden.

María aparece, orante, de rodillas en un reclinatorio, con el libro de la Antigua Alianza. Se le aparece un ángel, vestido con blancas y resplandecientes vestiduras, en el contexto de una rica estancia, con un lecho cubierto por un baldaquín, una de cuyas cortinas está recogida permitiendo la visión del resto de la estancia. Predomina el color rojo del fondo. Delante de ambos personajes, está un jarrón en el que está puesta una azucena, símbolo de la pureza de la Virgen. Por una ventana penetra una rayo de luz, que se dirige hacia María; en este contexto, una paloma que simboliza el Espíritu Santo, alude a la Encarnación del Señor. Del ángel sale un cartela, con la palabras de su salutación Ave Maria. 

martes, 20 de diciembre de 2016

Fra Angelico. La Anunciación

La Anunciación.1425-1428. Fra Angelico
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 194cm x 194cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Leemos hoy en la Eucaristía el relato de la Anunciación,  en nuestro camino litúrgico, junto con María, hacia la celebración del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El recuerdo no sólo es un ejercicio de memoria, sino la certeza, en el Espíritu Santo, de que en nuestro hoy vuelve a realizarse el misterio de la redención de la naturaleza humana, herida por el pecado de los primeros padres, a través de la obediencia del Hijo de Dios.

Fra Angelico puso en relación Encarnación y Redención en su célebre tabla de la Anunciación, custodiada en el Museo del Prado. Aunque Guido di Piero trabajó como pintor e iluminador en Florencia con anterioridad a su ordenación como dominico hacia 1420-1422 y la adopción del nombre de Fra Giovanni de Fiesole (sólo fue llamado Fra Angelico tras su muerte), sus primeras obras documentadas se fechan entre 1423 y 1429. Dentro de este periodo se incluye la realización de esta obra, pintada para el convento de Santo Domingo en Fiésole y probablemente sufragada por Angelo di Zanobi di Taddeo Gaddi, nieto del pintor Taddeo Gaddi.

La Anunciación del Prado es considerada actualmente una de las primeras obras maestras de su autor, y fue realizada en un momento decisivo para el arte florentino, cuando trabajaban en la ciudad epígonos del gótico internacional como Lorenzo Monaco o Gerardo Starnina; pintores al tanto de las innovaciones nórdicas, Gentile da Fabriano; y artistas revolucionarios como Masaccio o Brunelleschi.Iconográficamente se trata de una obra tradicional cuya tabla central muestra el ciclo de la pérdida (Adán y Eva expulsados del Paraíso) y salvación del hombre (Anunciación de María), mientras los cinco paneles de la predella ilustran otros tantos episodios de la vida de la Virgen. Sin embargo, en la plasmación visual de estos temas Fra Angelico demostró conocer las transformaciones que estaban sucediéndose en el arte toscano.

Así, la minuciosidad en la representación de flores y objetos deriva de Gentile da Fabriano, responsable también de la voluntad de unificar el espacio mediante la arquitectura; mientras el intento de profundidad espacial de la camera virginis remite a cuanto habían hecho Masolino y Masaccio en la Capilla Brancacci. De igual modo, la estructura que cobija La Anunciación fue de las primeras en seguir la recomendación dada en 1425 por Brunelleschi para los retablos de San Lorenzo, que debían ser cuadrados y sin adornos. Todo ello no puede hacernos olvidar que estamos ante una obra temprana que, como tal, delata los titubeos de su autor, perceptibles en el deficiente manejo de la perspectiva y el escaso conocimiento de la anatomía.

martes, 29 de septiembre de 2015

El Greco. La Anunciación

Anunciación. 1570-1572. El Greco
 Óleo sobre tabla. Medidas: 26 cm x 20 cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Celebramos hoy la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Como dice san Gregorio, dichos nombres expresan una misión. El de Gabriel significa Fortaleza de Dios, ya que él fue encargado de comunicar a la Virgen maría que habría de concebir al Hijo de Dios. Por eso, hemos escogido esta interesante tabla de El Greco, en la que representa la Anunciación.

Se han apuntado varias fuentes para explicar la forma en que El Greco concibió esta representación: obras de Tiziano como La Anunciación de Santa María degli Angeli (Murano, 1537) o la Santa Catalina de Alejandría del Museum of Fine Arts de Boston (1567), y estampas de Giulio Bonasone y Giorgio Ghisi.

Es una obra muy cuidada en su ejecución, con un dibujo delicado realizado sobre la base de preparación, a la que luego se aplicó una primera capa de color, una emulsión al temple cubierta con un tratamiento posterior al óleo. La tabla fue comprada en 1868 a doña Concepción Parody, hija del cónsul general de las Dos Sicilias, sin que tengamos noticias anteriores de la procedencia. El Estado español adquirió la pintura para el Museo de la Trinidad, y desde esa institución pasó al Prado en 1872

domingo, 14 de junio de 2015

Murillo. La Anunciación

La Anunciación. 1660. Murillo
Óleo sobre lienzo. Medidas: 125 cm x 103 cm.
Museo del Prado. Madrid


«¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»

La Eucaristía de este domingo nos remite al capítulo cuarto del Evangelio según san Marcos. Jesús propone una parábola para explicar qué sentido tiene el Reinado de Dios, en contraste con la grandeza que esperaban sus contemporáneos. Esta imagen esconde la realidad de su propia persona, en la que nos llega el Reino de Dios: humilde en su apariencia, inmenso en su contenido.

Toda la vida del señor expresa este realidad, comenzando por su propia encarnación, en una insignificante muchacha de Israel, en la que el Señor hace obras grandes. Por eso hemos escogido hoy una imagen de la Anunciación de Murillo. La Virgen aparece acompañada de tres de sus atributos tradicionales, el costurero y el libro, símbolos de su laboriosidad y devoción, y las azucenas, símbolo de su pureza. Cuadro de carácter devocional, esta obra forma parte de un tipo de pintura sencilla y llena de ternura que gozó de gran éxito entre la sociedad sevillana tras la epidemia de peste de 1649. 

Este lienzo fue adquirido en Sevilla en 1729-33 por la reina Isabel de Farnesio, citándose en el inventario de 1746 del Palacio de la Granja y en el inventario de 1794 del Palacio de Aranjuez, ambos en Madrid.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Roger van der Weyden. La Anunciación

La Anunciación. 1455. Rogier van der Weyden
Óleo sobre tabla. Medidas: 138 cm x 70 cm.
Pinacoteca Antigua. Munich

Celebramos hoy la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Nuevo meses antes de la Navidad, contemplamos el misterio de la Encarnación del Señor, gracias al sí de María. Hemos escogido para esta ocasión la tercera de las tablas, que integra el Tríptico del Altar de Santa Colomba, pintado a mediados del siglo XV por Roger van der Weyden.

María aparece, orante, de rodillas en un reclinatorio, con el libro de la Antigua Alianza. Se le aparece un ángel, vestido con blancas y resplandecientes vestiduras, en el contexto de una rica estancia, con un lecho cubierto por un baldaquín, una de cuyas cortinas está recogida permitiendo la visión del resto de la estancia. Predomina el color rojo del fondo. Delante de ambos personajes, está un jarrón en el que está puesta una azucena, símbolo de la pureza de la Virgen. Por una ventana penetra una rayo de luz, que se dirige hacia María; en este contexto, una paloma que simboliza el Espíritu Santo, alude a la Encarnación del Señor. Del ángel sale un cartela, con la palabras de su salutación Ave Maria. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Juan Correa de Vivar. La Anunciación

La Anunciación.1559. Juan Correa de Vivar
 Óleo sobre tabla. Medidas: 225cm x 146cm.
Museo del Prado. Madrid. España

La liturgia dfel Cuarto Domingo de Adviento se centra en la Anunciación del ángel a María. En la tabla que contemplamos, la escena muestra a la Virgen, que recibe el anuncio del Arcángel Gabriel, ante la presencia de Dios Padre y el Espíritu Santo en forma de paloma. 

Como símbolos de la virginidad y pureza de María aparece una vara de azucenas blancas en primer plano, y el libro abierto sobre la mesa muestra el pasaje de la zarza ardiendo que, sin consumirse, se aparece a Moisés en el monte Tabor. 

Esta obra es un claro ejemplo de la influencia de la obra de Rafael en Correa, tanto en la composición, que se hace mucho más dinámica que en piezas anteriores, como en el colorido, más claro. 

Esta tabla procede del Monasterio Jerónimo de Guisando, donde formó el panel central de un retablo de estación que se cerraba con otras dos puertas hoy en día también conservadas en el Museo del Prado.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Fra Angelico. La Anunciación

La Anunciación.1425-1428. Fra Angelico
 Óleo sobre lienzo. Medidas: 194cm x 194cm.
Museo del Prado. Madrid. España

Leemos hoy en la Eucaristía el relato de la Anunciación,  en neustro camino litúrgico, junto con María, hacia la celebración del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El recuerdo no sólo es un ejercicio de memoria, sino la certeza, en el Espíritu Santo, de que en nuestro hoy vuelve a realizarse el misterio de la redención de la naturaleza humana, herida por el pecado de los primeros padres, a través de la obediencia del Hijo de Dios.

Fra Angelico puso en relación Encarnación y Redención en su célebre tabla de la Anunciación, custodiada en el Museo del Prado. Aunque Guido di Piero trabajó como pintor e iluminador en Florencia con anterioridad a su ordenación como dominico hacia 1420-1422 y la adopción del nombre de Fra Giovanni de Fiesole (sólo fue llamado Fra Angelico tras su muerte), sus primeras obras documentadas se fechan entre 1423 y 1429. Dentro de este periodo se incluye la realización de esta obra, pintada para el convento de Santo Domingo en Fiésole y probablemente sufragada por Angelo di Zanobi di Taddeo Gaddi, nieto del pintor Taddeo Gaddi.

La Anunciación del Prado es considerada actualmente una de las primeras obras maestras de su autor, y fue realizada en un momento decisivo para el arte florentino, cuando trabajaban en la ciudad epígonos del gótico internacional como Lorenzo Monaco o Gerardo Starnina; pintores al tanto de las innovaciones nórdicas, Gentile da Fabriano; y artistas revolucionarios como Masaccio o Brunelleschi.Iconográficamente se trata de una obra tradicional cuya tabla central muestra el ciclo de la pérdida (Adán y Eva expulsados del Paraíso) y salvación del hombre (Anunciación de María), mientras los cinco paneles de la predella ilustran otros tantos episodios de la vida de la Virgen. Sin embargo, en la plasmación visual de estos temas Fra Angelico demostró conocer las transformaciones que estaban sucediéndose en el arte toscano.

Así, la minuciosidad en la representación de flores y objetos deriva de Gentile da Fabriano, responsable también de la voluntad de unificar el espacio mediante la arquitectura; mientras el intento de profundidad espacial de la camera virginis remite a cuanto habían hecho Masolino y Masaccio en la Capilla Brancacci. De igual modo, la estructura que cobija La Anunciación fue de las primeras en seguir la recomendación dada en 1425 por Brunelleschi para los retablos de San Lorenzo, que debían ser cuadrados y sin adornos. Todo ello no puede hacernos olvidar que estamos ante una obra temprana que, como tal, delata los titubeos de su autor, perceptibles en el deficiente manejo de la perspectiva y el escaso conocimiento de la anatomía.

martes, 25 de marzo de 2014

Bicci di Lorenzo. La Virgen de la Anunciación

La Virgen de la Anunciación. 1430. Bicci di Lorenzo
Temple y oro sobre tabla. Medidas: 69,3 x 30,8 cm / 75,5 x 31,4 cm / 69 x 31,9 cm
Coleccion Thysen (depósito Museo de Arte de Cataluña). España

Celebramos hoy la solemnidad de la Anunciación del Señor. La fecha de esta fiesta viene condicionada por los nueve meses, justo antes del día 25 de diciembre, en el que celebramos la Navidad. Generalmente, como este año sucede, se halla esta celebración en medio de la Cuaresma. Da la impresión de que se rompe la línea que lleva hasta la Pasión del Señor pero, en realidad, nos recuerdo el misterio de la Encarnación del Señor que no es estamos ante el fatal destino de un hombre insigne, sino ante la eterna decisión de Dios de venir en persona a rescatar a su oveja perdida.

Para contemplar este misterio, hemos escogido un tríptico de la Colección Thyssen, que se encuentra depositado en el Museo de Arte de Cataluña. El tríptico muestra en el centro la Crucifixión del Señor, con María y san Juan; las puertas del tríptico contienen, en cambio, la Anunciación. Nos ha parecido una magnífica invitación a la oración en este día de la Anunciación, en medio de la Cuaresma.

La Anunciación nos presenta a María orante, ante un atril que contiene el libro de la Escrituras. El Espíritu Santo se acerca en forma de paloma, y ella asiente con el gesto de cruzar las manos sobre el pecho y una mirada recatada. Frente a ella, en la puerta de la izquierda, el ángel anuncia el mensaje, portando la azucena de la pureza; por encima de él, la figura del Cristo, el Verbo eterno que se encarna por obra del Espíritu Santo. Tanto las tablas laterales, como la central, están coronadas por el querubín de seis alas, típico de la pintura gótica italiana.

La Crucifixión, con un Cristo que todavía sangra por sus heridas, se concibe con los personajes esenciales: la Virgen y san Juan. A los pies de la cruz, y próxima a un charco de sangre que cae por el supedáneo, se coloca la calavera de Adán, cuya presencia, así como la de la sangre que la rodea, es un símbolo de la purificación del pecado original. Rematando la cruz, de la que brota una rama de verde intenso, se sitúa un pelícano con sus cuatro crías. Según la leyenda, el pelícano alimenta a sus crías con la sangre que brota de una herida que él mismo se ha infligido en el pecho. El ave, unida a la Crucifixión, acentúa el carácter de Cristo como Redentor.

lunes, 8 de abril de 2013

La Anunciación


La Anunciación, 1425 - 1428. Obra de fray Angelico
Temple sobre tabla. 194 cm x 194 cm
Museo del Prado. Madrid. España

Hoy a pesar de estar celebrando la Pascua, la Iglesia vuelve a una solemnidad que no pudo celebrar debido a que era lunes santo y esta se trasladaba a hoy lunes de la segunda semana de Pascua. Hablamos de la Anunciación a María por el ángel Gabriel de la dicha de ser madre del Salvador y su aceptación con el "hágase" desinteresado, valiente y generoso que encerró tal respuesta. Con la Encarnación de nuestro Señor en el seno virginal de María, Dios Padre nos regala a su hijo, la salvación y el rescate del hombre se hacen proximos. La nueva creación da comienzo en Cristo que se hace hombre para devolvernos la semejanza  de la primera creatura con Dios antes de que el pecado nos arrebatara tal condición.

Ella se turbó ante estas palabras. ¿Por qué se turba al escuchar unas palabras y no al ver una persona? Porque había venido un ángel amable en su presencia, fuerte en la batalla; suave en la apariencia, terrible en su palabra, pronuncia palabras humanas y promete cosas divinas. De aquí que la virgen a quien la visión apenas impresionara la turbó y mucho la audición, y a la que la presencia del enviado le conmoviera poco, la conturbó con todo su peso la autoridad del que le enviaba. ¿Y qué más? De pronto sintió que había recibido en sí al juez supremo, en quien al principio vio y contempló al mensajero celestial. Y aun cuando con gran suavidad y piadoso afecto Dios convirtió a la virgen en madre y a la esclava el Señor la transforma en Madre suya, sin embargo todas sus entrañas se conmovieron, el alma se resiste y la misma condición humana se estremeció, cuando Dios, a quien toda la creación es incapaz de contener, todo él se encerró y se formó dentro de un seno humano.

Y se preguntaba, dice, qué saludo era aquél. Advierta vuestra caridad que, como hemos dicho, la Virgen no dio su consentimiento a las palabras del saludo, sino a la realidad, y que la voz no tenía el sentido de una acostumbrada cortesía, sino que era portadora de toda la eficacia de la suprema virtud. Reflexiona la Virgen: porque responder sin más es propio de la humana superficialidad, mientras que pensar la respuesta es señal de una gran ponderación y de un juicio muy maduro. Desconoce la grandeza de Dios quien no se espanta de la cordura de esta Virgen y no admira su fortaleza de ánimo. Teme el cielo, se estremecen los ángeles, la criatura no lo soporta, la naturaleza no se basta, y una muchacha de tal modo acoge a Dios dentro de su seno, lo recibe, lo regala con su hospedaje, que obtiene como pensión por la casa y como recompensa por el seno virginal paz para la tierra, gloria para los cielos, salvación para los perdidos, vida para los muertos, parentesco entre el cielo y la tierra y, para el mismo Dios, la participación de la naturaleza humana. Así se cumplió aquello del profeta: La herencia que da el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre.
(San Pedro Crisólogo, Sermón 140)

Este retablo fue pintado para el convento de Santo Domingo en Fiesole, cerca de Florencia. La tabla central muestra bajo el pórtico la Anunciación del Arcángel Gabriel a María, el Momento en que el Espíritu santo desciende sobre "la esclava del Señor" y el verbo viene a morar en María. A la izquierda vemos, la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, imagen del primer Adán, y la primera Eva, figurados después en Cristo y María. Por unos vino elñ pecado y por otros y a través de otros vino la redención al mundo. La condenación y salvación del hombre como ejemplos antagónicos y vías de salvación.

En el banco o predela se narran escenas de la vida de la Virgen: Nacimiento de María y los Desposorios con San José, La Visitación de María a su prima Santa Isabel, Nacimiento del Niño Jesús, la Presentación del Niño en el Templo y la Dormición de la Virgen con Cristo recogiendo su alma. 

Fra Angelico, también conocido como Beato Angelico, dedicó su obra exclusivamente a los temas religiosos pues entendía el arte como un aspecto de la devoción religiosa. Particularmente minucioso en los detalles y calidades de los objetos, naturaleza y personajes representados, Fra Angelico aúna en su estilo de la tradición tardogótica italiana con el nuevo lenguaje renacentista. Ejemplo de ello es la profundidad espacial de la arquitectura que, aunque sigue las recomendaciones de Brunelleschi de centrarse en un escenario cuadrado y sin adornos, denota algunos fallos propios de una obra temprana en la producción del artista.