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jueves, 18 de abril de 2019

Última Cena


Última cena. 1570. Obra de Tintoretto
Óleo sobre lienzo, 228x535 cm
 Iglesia de San Trovaso, Venecia. Italia

Última cena o Lavatorio. 1549. Obra de Tintoretto
Óleo sobre lienzo. 210 cm x 533 cm
Museo del Prado, Madrid. España

Hoy día de Jueves Santo he escogido dos imágenes de un mismo autor, Jacopo Robusti Tintoretto debido a que tal día como hoy la Iglesia celebra en una misma celebración diferentes cosas y en ellos se aprecia muy bien el sentido litúrgico espiritual del día. Por una parte, la institución de la eucaristía,  la del sacerdocio y el amor fraterno, servicio, caridad.

En el cuadro de arriba podemos ver como Cristo, sacerdote eterno distribuye la comunión  la eucaristía  su cuerpo a los discípulos y como éstos hacen extensiva la misma a cuantos a ella se acercan, pobres, enfermos y niños, gozan de sus beneficios y bondades. Solo un personaje queda fuera, ¿Judas, quizás? o es representación de la libre voluntad del hombre de no aceptar el misterio eucarístico distribuido en la iglesia y que es presencia real del salvador entre nosotros.

pero la eucaristía repartida y celebrada por Cristo y después por los discípulos y los sacerdotes de la Iglesia  ha de ser un fiel reflejo del servicio y la entrega, reflejada en el segundo cuadro, en el que vemos a Jesús en el momento cuando se dispone a lavar los pies de San Pedro, como ejemplo de humildad y servicio al prójimo. A la derecha arriba se vislumbra la celebración de la Última Cena en otra estancia, como ejemplo de intimidad.

Dos cuadros que nos dan las claves para entender  los diferentes aspectos de este día santo y ayudados con la meditación de las lecturas de hoy  (Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15) podremos entregarnos, al comienzo de este triduo pascual, a entrar con Cristo en el misterio admirable de la redención.

jueves, 13 de abril de 2017

Última Cena


Última cena. 1570. Obra de Tintoretto
Óleo sobre lienzo, 228x535 cm
 Iglesia de San Trovaso, Venecia. Italia

Última cena o Lavatorio. 1549. Obra de Tintoretto
Óleo sobre lienzo. 210 cm x 533 cm
Museo del Prado, Madrid. España

Hoy día de Jueves Santo he escogido dos imágenes de un mismo autor, Jacopo Robusti Tintoretto debido a que tal día como hoy la Iglesia celebra en una misma celebración diferentes cosas y en ellos se aprecia muy bien el sentido litúrgico espiritual del día. Por una parte, la institución de la eucaristía,  la del sacerdocio y el amor fraterno, servicio, caridad.

En el cuadro de arriba podemos ver como Cristo, sacerdote eterno distribuye la comunión  la eucaristía  su cuerpo a los discípulos y como éstos hacen extensiva la misma a cuantos a ella se acercan, pobres, enfermos y niños, gozan de sus beneficios y bondades. Solo un personaje queda fuera, ¿Judas, quizás? o es representación de la libre voluntad del hombre de no aceptar el misterio eucarístico distribuido en la iglesia y que es presencia real del salvador entre nosotros.

pero la eucaristía repartida y celebrada por Cristo y después por los discípulos y los sacerdotes de la Iglesia  ha de ser un fiel reflejo del servicio y la entrega, reflejada en el segundo cuadro, en el que vemos a Jesús en el momento cuando se dispone a lavar los pies de San Pedro, como ejemplo de humildad y servicio al prójimo. A la derecha arriba se vislumbra la celebración de la Última Cena en otra estancia, como ejemplo de intimidad.

Dos cuadros que nos dan las claves para entender  los diferentes aspectos de este día santo y ayudados con la meditación de las lecturas de hoy  (Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15) podremos entregarnos, al comienzo de este triduo pascual, a entrar con Cristo en el misterio admirable de la redención.

martes, 26 de julio de 2016

Vicente Carducho. La Sagrada Familia.


La Sagrada Familia. 1631. Vicente Carducho
Óleo sobre lienzo. Medidas: 150 cm x 115 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy recordamos en la liturgia a los santos Joaquín y Ana, los padres de la santísima Virgen María. A través de ellos, enlaza Jesús no sólo con la naturaleza humana de una familia de Israel, sino con toda la histora de la salvación.

Vicente Carducho los incluyó en su Sagrada Familia. El cuadro está firmado con iniciales y fechado en 1631, siete años antes de la muerte de su autor, que fue uno de los pintores más influyentes y prolíficos que trabajaron en Madrid en las primeras décadas del siglo XVII. Era de origen florentino y a lo largo de toda su carrera se mostró apegado a un estilo clasicista, de gran claridad narrativa, del que es espléndido ejemplo este cuadro, una de sus composiciones más bellas y equilibradas. El pintor ha cuidado mucho la expresión, pero también los detalles, como demuestra la cesta de frutas o los útiles de labor del primer término, que constituyen espléndidos ejemplos de naturaleza muerta.

El protoevangelio de Santiago cuenta que los vecinos de Joaquín se burlaban de él porque no tenía hijos. Entonces, el santo se retiró cuarenta días al desierto a orar y ayunar, en tanto que Ana (cuyo nombre significa Gracia) "se quejaba en dos quejas y se lamentaba en dos lamentaciones". Un ángel se le apareció y le dijo: "Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo". A su debido tiempo nació María, quien sería la Madre de Dios. Esta narración se parece mucho a la de la concepción y el nacimiento de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana ( I Reyes, I ). Los primeros Padres de la Iglesia oriental veían en ello un paralelismo. En realidad, se puede hablar de paralelismo entre la narración de la concepción de Samuel y la de Juan Bautista, pero en el caso presente la semejanza es tal, que se trata claramente de una imitación. La mejor prueba de la antigüedad al culto a Santa Ana en Constantinopla es que, a mediados del siglo VI, el emperador Justiniano le dedicó un santuario. En Santa María la Antigua hay dos frescos que representan a Santa Ana y datan del siglo VIII. En 1382, Urbano VI publicó el primer decreto pontificio referente a Santa Ana; por él concedía la celebración de la fiesta de la santa a los obispos de Inglaterra exclusivamente. La fiesta fue extendida a toda la Iglesia de occidente en 1584.

San Juan Damasceno, predicando sobre la Natividad de santa María, ensalzó a sus padres con estas bellas palabras:

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Angel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios!

¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los qm saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, lo; labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, e; decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y er todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

sábado, 23 de julio de 2016

Luca Giordano. Santa Brígida.

Santa Brígida salvada de un naufragio por la Virgen. 1700. Luca Giordano
Óleo sobre lienzo. Medidas: 62 cm x 77 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy celebramos la fiesta de santa Brígida de Suecia (1302-1373), que dejó su país para pasar a vivir en Roma en 1349. Allí llevó una vida de santidad realizando numerosos viajes pastorales. Durante una peregrinación a Palestina (1371), el barco que la conducía sufrió un naufragio en Jaffa, evitando la muerte por intervención de la Virgen.

La pincelada libre y colorista de Luca Giordano se acomoda al estilo del final de su etapa española. Se desconoce su destino final, aunque podría ser un estudio preparatorio para un espacio rematado por una bóveda de medio punto, tal y como revela el semicírculo pintado en la parte superior de la composición.

Benedicto XVI nos ha dejado esta hermosa y profunda catequesis sobre la santa, pronunciada el 27 de octubre de 2010:

Podemos distinguir dos periodos en la vida de esta Santa. El primero se caracterizó por su condición de mujer felizmente casada. Su marido se llamaba Ulf y era gobernador de un importante distrito del reino de Suecia. El matrimonio duró veintiocho años, hasta la muerte de Ulf. Nacieron ocho hijos, de los que la segunda, Karin (Catalina), es venerada como santa. Esto es un signo elocuente del compromiso educativo de Brígida respecto de sus propios hijos. Por lo demás, su sabiduría pedagógica era apreciada hasta tal punto que el rey de Suecia, Magnus, la llamó a la corte por un cierto tiempo, con el fin de introducir a su joven esposa, Blanca de Namur, en la cultura sueca.

Brígida, espiritualmente guiada por un docto religioso que la inició en el estudio de las Escrituras, ejerció una influencia muy positiva en su propia familia que, gracias a su presencia, se convirtió en una verdadera iglesia doméstica. Junto con su marido, adoptó la Regla de los Terciarios franciscanos. Practicaba con generosidad obras de caridad hacia los indigentes; fundó también un hospital. Junto a su esposa, Ulf aprendió a mejorar su carácter y a progresar en la vida cristiana. A la vuelta de una larga peregrinación a Santiago de Compostela, efectuado en 1341 junto a otros miembros de la familia, los esposos maduraron el proyecto de vivir en continencia; pero poco después, en la paz de un monasterio en el que se había retirado, Ulf concluyó su vida terrena.

Este primer periodo de la vida de Brígida nos ayuda a apreciar la que hoy podríamos definir una auténtica espiritualidad conyugal: juntos, los esposos cristianos pueden recorrer un camino de santidad, sostenidos por la gracia del Sacramento del Matrimonio. No pocas veces, precisamente como sucedió en la vida de santa Brígida y de Ulf, es la mujer la que con su sensibilidad religiosa, con la delicadeza y la dulzura consigue hacer recorrer al marido un camino de fe...

Cuando Brígida se quedó viuda, comenzó el segundo periodo de su vida. Renunció a otro matrimonio para profundizar en la unión con el Señor a través de la oración, la penitencia y las obras de caridad. También las viudas cristianas, por tanto, pueden encontrar en esta Santa un modelo a seguir. En efecto, Brígida, a la muerte de su marido, tras haber distribuido sus propios bienes a los pobres, aún sin acceder nunca a la consagración religiosa, se estableció en el monasterio cisterciense de Alvastra. Aquí tuvieron inicio las revelaciones divinas, que la acompañaron todo el resto de su vida. Éstas fueron dictadas por Brígida a sus secretarios-confesores, que las tradujeron del sueco al latín y las recogieron en una edición de ocho libros, titulados Revelationes (Revelaciones).

Las Revelaciones de santa Brígida presentan un contenido y un estilo muy variados. A veces la revelación se presenta bajo forma de diálogos entre las Personas divinas, la Virgen, los santos y también los demonios; diálogos en los que también Brígida interviene. Otras veces, en cambio, se trata de la narración de una visión particular; y en otras se narra lo que la Virgen María le revela sobre la vida y los misterios del Hijo. El valor de las Revelaciones de santa Brígida, a veces objeto de alguna duda, fue precisado por el Venerable Juan Pablo II en la Carta Spes Aedificandi: Reconociendo la santidad de Brígida – escribe mi amado Predecesor – la Iglesia, aún sin pronunciarse sobre cada una de las revelaciones, acogió la autenticidad conjunta de su experiencia interior.

De hecho, leyendo estas Revelaciones, se nos interpela sobre muchos temas importantes. Por ejemplo, vuelve frecuentemente la descripción, con detalles muy realistas, de la Pasión de Cristo, hacia la cual Brígida tuvo siempre una devoción privilegiada, contemplando en ella el amor infinito de Dios por los hombres. En la boca del Señor que le habla, ella pone con audacia estas conmovedoras palabras: Oh, amigos míos, yo amo tan tiernamente a mis ovejas que, si fuese posible, quisiera morir muchas otras veces, por cada una de ellas, de la misma muerte que sufrí por la redención de todas. También la dolorosa maternidad de María, que la hizo Mediadora y Madre de misericordia, es un argumento que se repite a menudo en las Revelaciones.

Recibiendo estos carismas, Brígida era consciente de ser destinataria de un don de gran predilección por parte del Señor: Hija mía – leemos en el primer libro de las Revelaciones – Yo te he elegido para mí, ámame con todo tu corazón... más que todo lo que existe en el mundo. Por lo demás, Brígida sabía bien, y estaba firmemente convencida de ello, que todo carisma está destinado a edificar la Iglesia. Precisamente por ese motivo, no pocas de sus revelaciones estaban dirigidas, en forma de advertencias incluso severas, a los creyentes de su tiempo, incluyendo las Autoridades religiosas y políticas, para que viviesen coherentemente su vida cristiana; pero hacía esto con una actitud de respeto y de fidelidad plena al Magisterio de la Iglesia, en particular al Sucesor del Apóstol Pedro.

jueves, 23 de julio de 2015

Luca Giordano. Santa Brígida.

Santa Brígida salvada de un naufragio por la Virgen. 1700. Luca Giordano
Óleo sobre lienzo. Medidas: 62 cm x 77 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy celebramos la fiesta de santa Brígida de Suecia (1302-1373), que dejó su país para pasar a vivir en Roma en 1349. Allí llevó una vida de santidad realizando numerosos viajes pastorales. Durante una peregrinación a Palestina (1371), el barco que la conducía sufrió un naufragio en Jaffa, evitando la muerte por intervención de la Virgen.

La pincelada libre y colorista de Luca Giordano se acomoda al estilo del final de su etapa española. Se desconoce su destino final, aunque podría ser un estudio preparatorio para un espacio rematado por una bóveda de medio punto, tal y como revela el semicírculo pintado en la parte superior de la composición.

Benedicto XVI nos ha dejado esta hermosa y profunda catequesis sobre la santa, pronunciada el 27 de octubre de 2010:

Podemos distinguir dos periodos en la vida de esta Santa. El primero se caracterizó por su condición de mujer felizmente casada. Su marido se llamaba Ulf y era gobernador de un importante distrito del reino de Suecia. El matrimonio duró veintiocho años, hasta la muerte de Ulf. Nacieron ocho hijos, de los que la segunda, Karin (Catalina), es venerada como santa. Esto es un signo elocuente del compromiso educativo de Brígida respecto de sus propios hijos. Por lo demás, su sabiduría pedagógica era apreciada hasta tal punto que el rey de Suecia, Magnus, la llamó a la corte por un cierto tiempo, con el fin de introducir a su joven esposa, Blanca de Namur, en la cultura sueca.

Brígida, espiritualmente guiada por un docto religioso que la inició en el estudio de las Escrituras, ejerció una influencia muy positiva en su propia familia que, gracias a su presencia, se convirtió en una verdadera iglesia doméstica. Junto con su marido, adoptó la Regla de los Terciarios franciscanos. Practicaba con generosidad obras de caridad hacia los indigentes; fundó también un hospital. Junto a su esposa, Ulf aprendió a mejorar su carácter y a progresar en la vida cristiana. A la vuelta de una larga peregrinación a Santiago de Compostela, efectuado en 1341 junto a otros miembros de la familia, los esposos maduraron el proyecto de vivir en continencia; pero poco después, en la paz de un monasterio en el que se había retirado, Ulf concluyó su vida terrena.

Este primer periodo de la vida de Brígida nos ayuda a apreciar la que hoy podríamos definir una auténtica espiritualidad conyugal: juntos, los esposos cristianos pueden recorrer un camino de santidad, sostenidos por la gracia del Sacramento del Matrimonio. No pocas veces, precisamente como sucedió en la vida de santa Brígida y de Ulf, es la mujer la que con su sensibilidad religiosa, con la delicadeza y la dulzura consigue hacer recorrer al marido un camino de fe...

Cuando Brígida se quedó viuda, comenzó el segundo periodo de su vida. Renunció a otro matrimonio para profundizar en la unión con el Señor a través de la oración, la penitencia y las obras de caridad. También las viudas cristianas, por tanto, pueden encontrar en esta Santa un modelo a seguir. En efecto, Brígida, a la muerte de su marido, tras haber distribuido sus propios bienes a los pobres, aún sin acceder nunca a la consagración religiosa, se estableció en el monasterio cisterciense de Alvastra. Aquí tuvieron inicio las revelaciones divinas, que la acompañaron todo el resto de su vida. Éstas fueron dictadas por Brígida a sus secretarios-confesores, que las tradujeron del sueco al latín y las recogieron en una edición de ocho libros, titulados Revelationes (Revelaciones).

Las Revelaciones de santa Brígida presentan un contenido y un estilo muy variados. A veces la revelación se presenta bajo forma de diálogos entre las Personas divinas, la Virgen, los santos y también los demonios; diálogos en los que también Brígida interviene. Otras veces, en cambio, se trata de la narración de una visión particular; y en otras se narra lo que la Virgen María le revela sobre la vida y los misterios del Hijo. El valor de las Revelaciones de santa Brígida, a veces objeto de alguna duda, fue precisado por el Venerable Juan Pablo II en la Carta Spes Aedificandi: Reconociendo la santidad de Brígida – escribe mi amado Predecesor – la Iglesia, aún sin pronunciarse sobre cada una de las revelaciones, acogió la autenticidad conjunta de su experiencia interior.

De hecho, leyendo estas Revelaciones, se nos interpela sobre muchos temas importantes. Por ejemplo, vuelve frecuentemente la descripción, con detalles muy realistas, de la Pasión de Cristo, hacia la cual Brígida tuvo siempre una devoción privilegiada, contemplando en ella el amor infinito de Dios por los hombres. En la boca del Señor que le habla, ella pone con audacia estas conmovedoras palabras: Oh, amigos míos, yo amo tan tiernamente a mis ovejas que, si fuese posible, quisiera morir muchas otras veces, por cada una de ellas, de la misma muerte que sufrí por la redención de todas. También la dolorosa maternidad de María, que la hizo Mediadora y Madre de misericordia, es un argumento que se repite a menudo en las Revelaciones.

Recibiendo estos carismas, Brígida era consciente de ser destinataria de un don de gran predilección por parte del Señor: Hija mía – leemos en el primer libro de las Revelaciones – Yo te he elegido para mí, ámame con todo tu corazón... más que todo lo que existe en el mundo. Por lo demás, Brígida sabía bien, y estaba firmemente convencida de ello, que todo carisma está destinado a edificar la Iglesia. Precisamente por ese motivo, no pocas de sus revelaciones estaban dirigidas, en forma de advertencias incluso severas, a los creyentes de su tiempo, incluyendo las Autoridades religiosas y políticas, para que viviesen coherentemente su vida cristiana; pero hacía esto con una actitud de respeto y de fidelidad plena al Magisterio de la Iglesia, en particular al Sucesor del Apóstol Pedro.

jueves, 23 de abril de 2015

Lambert Sustris. El bautismo del eunuco por Felipe


El bautismo del eunuco etíope por el diácono Felipe, 1545-1550. Lambert Sustris
Óleo sobre lienzo, 71 x 132 cm 
Museo del Louvre, París. Francia

En el libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40, nos relata el acontecimiento que hoy vemos en esta imagen, en que Felipe, después de explicar el sentido de las escrituras y anunciar la Buena Noticia, bautiza al hombre que manifestó creer de todo corazón en Cristo.

Felipe se pone en camino hacia el sur obedeciendo a un ángel y allí se encuentra su misión. El mensaje cristiano está marcado a menudo por llamamientos a nuestro esfuerzo o nuestros servicios, tanto en el caso de Felipe, como en el del eunuco, que sirven y trabajan, uno explicando y otro intentando entender. Un extraño acceso se abre a la fe de forma inesperada ya que, a los que están abiertos a la acción del Espíritu  Santo éste obra en sus mentes y corazones, moviendolos a la conversión.

Dios puede hablarnos en cualquier lugar para enviarnos a cualquier parte.No importa donde nos encontremos, el Señor nos indicará hacia donde debemos ir, aunque en ocasiones no encontremos lógica humana en ello. Felipe da testimonio de esto, fue enviado a un camino poco utilizado, hacia el sur, bajando de Jerusalén hacia Gaza, un camino desértico, donde aparentemente no había nada ni nadie. Muchas veces nuestros ojos no pueden ver lo que nuestro Señor ve. Dios pide que hablemos el Evangelio a toda criatura, pues El no hace acepción de personas. El etíope, un hombre gentil, no era judío claro esta, era quizás, un hombre de raza negra (africano) ;aparentemente había venido a Jerusalén para adorar, lo que significa que simpatizaba, o estaba persuadido del Dios de los judíos. Era un esclavo, pero funcionario de la Reina Candace, éste era el que cuidaba de todos los tesoros de la reina, algo así como el recaudador de Impuestos en la actualidad. Aunque eunuco (castrado por servir en casa de la reina) gozaba de cierto nivel social y posición económica. Había venido desde Egipto para adorar, y además se presentó la oportunidad de poder conseguir parte de la Escritura. Específicamente el Libro de Isaías, estaba deseoso de saber más. Era hombre necesitado en su interior, en busca de la verdad, y de algo que llenara el vacío de su vida. Y ahora estaba a punto de encontrar esta verdad. Dios en su soberana voluntad por medio de su Palabra despierta la inquietud.

Cuando Dios habla, su Palabra es como espada de dos filos, penetra, y además corta hacia dos lados. El Espíritu de Dios le habló a Felipe para que se acercara al carro del Etíope, y Felipe no solo obedeció, sino se esforzó, seguramente tuvo que alcanzar al carro del etíope. La predicación del Evangelio involucra esfuerzo.

Felipe captó la necesidad del funcionario,y tomo como referencia el pasaje que leía el etíope, (Isaías). Presentó el plan de Salvación. Y algo precioso sucedió el etíope, aceptó a Jesucristo como Salvador personal. Esta es la obra de Dios. El etíope tuvo la certeza de su salvación, pero fue mas allá este hombre quería ser bautizado inmediatamente. Reconocía la autoridad de Felipe , sabía también que esta era una oportunidad propicia. Por ello el no dudó en pedírselo a Felipe: “…he aquí agua, ¿que impide que sea bautizado?. No fue cosa fácil dar respuesta a esta pregunta. Ya que Felipe necesitaba estar seguro que la profesión de Fe del nuevo integrante. Entonces respondió: “si crees de todo corazónbien puedes” Y la respuesta fue contundentemente clara: “creo que Jesucristo es el hijo de Dios.” Y el Eunuco fue bautizado.

Debemos estar atentos a la voz de Dios, no importa el lugar, las circunstancias, el peligro ni las personas. Nunca sabremos donde estará la última persona que está siendo tocada por el Espíritu Santo; por ello debemos incansablemente seguir en la tarea de llevar el Evangelio. Dios obrará por medio de su Espíritu y los hombres vendrán al conocimiento de la Verdad.

El artista se recrea en un ambiente sereno, una ciudad al fondo, un encuentro de personajes en el camino y el rió como fuente salvífica. Toda la escena se llena de una bucólica paz con coloridos serenos que invitan a quedarse y contemplar éste fantástico paisaje en el que se desenvuelve todo.

sábado, 3 de agosto de 2013

Jaime Serra. Historias de san Juan Bautista


Historias de sanJuan Bautista. 1356-1359. Jaime Serra
Temple sobre tabla. Medidas: 280 cm x 92 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy leemos en la liturgia eucarística el fragmento de san mateo, en el que se nos cuenta cómo el rey herodes afirmó creer que Jesús era, en realidad, Juan Bautista que habría resucitado.. Eso le da pie al evangelista a contar la historia del martirio de san Juan, a manos del impío rey Herodes.

Como ilustración de esta conocida escena, hemos escogido un autor y una obra, que ya citamos el día de santa María Magdalena: Jame Serra. La obra pertenece al retablo de Nuestra Señora de Tobed (Zaragoza). En la imagen superior, aarecen Herodes y su ilegítima mujer Herodías, celebrando un banquete. Delante de ellos, Salomé danza al son de un músico que tañe un laúd desde un lateral.

En la imagen inferior, madre e hija se encuentran junto a los sayones ejecutando a san Juan Bautista. Por último, debajo de la escena del martirio, se encuentran los piadosos hombres y mujeres que recogen su cadáver y lo entierran, apareciendo ya en la imagen de la izquierda venerando la tumba del santo. En el banco del retablo, están las imágenes de una santa, de san Lorenzo y de san Pablo.

La obra, típica del espíritu didáctico de la época románica y gótica, pone ante la consideración de quienes lo ven la historia, tal cual se canta en el Oficio Divino de la fiesta del martirio de san Juan Bautista. Es decir, las antífonas gregorianas que se cantan este día son, precisamente, las que corresponden a las imágenes que se muestran. Lo cual pone de manifiesto la estrecha conexión que existía entre las diversas artes, con la finalidad de centrar la atención en el misterio al que se refieren.

viernes, 26 de julio de 2013

Vicente Carducho. La Sagrada Familia.


La Sagrada Familia. 1631. Vicente Carducho
Óleo sobre lienzo. Medidas: 150 cm x 115 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy recordamos en la liturgia a los santos Joaquín y Ana, los padres de la santísima Virgen María. A través de ellos, enlaza Jesús no sólo con la naturaleza humana de una familia de Israel, sino con toda la histora de la salvación.

Vicente Carducho los incluyó en su Sagrada Familia. El cuadro está firmado con iniciales y fechado en 1631, siete años antes de la muerte de su autor, que fue uno de los pintores más influyentes y prolíficos que trabajaron en Madrid en las primeras décadas del siglo XVII. Era de origen florentino y a lo largo de toda su carrera se mostró apegado a un estilo clasicista, de gran claridad narrativa, del que es espléndido ejemplo este cuadro, una de sus composiciones más bellas y equilibradas. El pintor ha cuidado mucho la expresión, pero también los detalles, como demuestra la cesta de frutas o los útiles de labor del primer término, que constituyen espléndidos ejemplos de naturaleza muerta.

El protoevangelio de Santiago cuenta que los vecinos de Joaquín se burlaban de él porque no tenía hijos. Entonces, el santo se retiró cuarenta días al desierto a orar y ayunar, en tanto que Ana (cuyo nombre significa Gracia) "se quejaba en dos quejas y se lamentaba en dos lamentaciones". Un ángel se le apareció y le dijo: "Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo". A su debido tiempo nació María, quien sería la Madre de Dios. Esta narración se parece mucho a la de la concepción y el nacimiento de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana ( I Reyes, I ). Los primeros Padres de la Iglesia oriental veían en ello un paralelismo. En realidad, se puede hablar de paralelismo entre la narración de la concepción de Samuel y la de Juan Bautista, pero en el caso presente la semejanza es tal, que se trata claramente de una imitación. La mejor prueba de la antiguedad al culto a Santa Ana en Constantinopla es que, a mediados del siglo VI, el emperador Justiniano le dedicó un santuario. En Santa María la Antigua hay dos frescos que representan a Santa Ana y datan del siglo VIII. En 1382, Urbano VI publicó el primer decreto pontificio referente a Santa Ana; por él concedía la celebración de la fiesta de la santa a los obispos de Inglaterra exclusivamente. La fiesta fue extendida a toda la Iglesia de occidente en 1584.

San Juan Damasceno, predicando sobre la Natividad de santa María, ensalzó a sus padres con estas bellas palabras:

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Angel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios!

¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los qm saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, lo; labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, e; decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y er todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

martes, 23 de julio de 2013

Luca Giordano. Santa Brígida.


Santa Brígida salvada de un naufragio por la Virgen. 1700. Luca Giordano
Óleo sobre lienzo. Medidas: 62 cm x 77 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy celebramos la fiesta de santa Brígida de Suecia (1302-1373), que dejó su país para pasar a vivir en Roma en 1349. Allí llevó una vida de santidad realizando numerosos viajes pastorales. Durante una peregrinación a Palestina (1371), el barco que la conducía sufrió un naufragio en Jaffa, evitando la muerte por intervención de la Virgen.

La pincelada libre y colorista de Luca Giordano se acomoda al estilo del final de su etapa española. Se desconoce su destino final, aunque podría ser un estudio preparatorio para un espacio rematado por una bóveda de medio punto, tal y como revela el semicírculo pintado en la parte superior de la composición.

Benedicto XVI nos ha dejado esta hermosa y profunda catequesis sobre la santa, pronunciada el 27 de octubre de 2010:

Podemos distinguir dos periodos en la vida de esta Santa. El primero se caracterizó por su condición de mujer felizmente casada. Su marido se llamaba Ulf y era gobernador de un importante distrito del reino de Suecia. El matrimonio duró veintiocho años, hasta la muerte de Ulf. Nacieron ocho hijos, de los que la segunda, Karin (Catalina), es venerada como santa. Esto es un signo elocuente del compromiso educativo de Brígida respecto de sus propios hijos. Por lo demás, su sabiduría pedagógica era apreciada hasta tal punto que el rey de Suecia, Magnus, la llamó a la corte por un cierto tiempo, con el fin de introducir a su joven esposa, Blanca de Namur, en la cultura sueca.

Brígida, espiritualmente guiada por un docto religioso que la inició en el estudio de las Escrituras, ejerció una influencia muy positiva en su propia familia que, gracias a su presencia, se convirtió en una verdadera “iglesia doméstica”. Junto con su marido, adoptó la Regla de los Terciarios franciscanos. Practicaba con generosidad obras de caridad hacia los indigentes; fundó también un hospital. Junto a su esposa, Ulf aprendió a mejorar su carácter y a progresar en la vida cristiana. A la vuelta de una larga peregrinación a Santiago de Compostela, efectuado en 1341 junto a otros miembros de la familia, los esposos maduraron el proyecto de vivir en continencia; pero poco después, en la paz de un monasterio en el que se había retirado, Ulf concluyó su vida terrena.

Este primer periodo de la vida de Brígida nos ayuda a apreciar la que hoy podríamos definir una auténtica “espiritualidad conyugal”: juntos, los esposos cristianos pueden recorrer un camino de santidad, sostenidos por la gracia del Sacramento del Matrimonio. No pocas veces, precisamente como sucedió en la vida de santa Brígida y de Ulf, es la mujer la que con su sensibilidad religiosa, con la delicadeza y la dulzura consigue hacer recorrer al marido un camino de fe...

Cuando Brígida se quedó viuda, comenzó el segundo periodo de su vida. Renunció a otro matrimonio para profundizar en la unión con el Señor a través de la oración, la penitencia y las obras de caridad. También las viudas cristianas, por tanto, pueden encontrar en esta Santa un modelo a seguir. En efecto, Brígida, a la muerte de su marido, tras haber distribuido sus propios bienes a los pobres, aún sin acceder nunca a la consagración religiosa, se estableció en el monasterio cisterciense de Alvastra. Aquí tuvieron inicio las revelaciones divinas, que la acompañaron todo el resto de su vida. Éstas fueron dictadas por Brígida a sus secretarios-confesores, que las tradujeron del sueco al latín y las recogieron en una edición de ocho libros, titulados Revelationes (Revelaciones). A estos libros se añadió un suplemento, que lleva por título Revelationes extra vagantes (Revelaciones suplementarias).

Las Revelaciones de santa Brígida presentan un contenido y un estilo muy variados. A veces la revelación se presenta bajo forma de diálogos entre las Personas divinas, la Virgen, los santos y también los demonios; diálogos en los que también Brígida interviene. Otras veces, en cambio, se trata de la narración de una visión particular; y en otras se narra lo que la Virgen María le revela sobre la vida y los misterios del Hijo. El valor de las Revelaciones de santa Brígida, a veces objeto de alguna duda, fue precisado por el Venerable Juan Pablo II en la Carta Spes Aedificandi: “Reconociendo la santidad de Brígida – escribe mi amado Predecesor – la Iglesia, aún sin pronunciarse sobre cada una de las revelaciones, acogió la autenticidad conjunta de su experiencia interior” (n. 5).

De hecho, leyendo estas Revelaciones, se nos interpela sobre muchos temas importantes. Por ejemplo, vuelve frecuentemente la descripción, con detalles muy realistas, de la Pasión de Cristo, hacia la cual Brígida tuvo siempre una devoción privilegiada, contemplando en ella el amor infinito de Dios por los hombres. En la boca del Señor que le habla, ella pone con audacia estas conmovedoras palabras: “Oh, amigos míos, yo amo tan tiernamente a mis ovejas que, si fuese posible, quisiera morir muchas otras veces, por cada una de ellas, de la misma muerte que sufrí por la redención de todas” (Revelationes, Libro I, c. 59). También la dolorosa maternidad de María, que la hizo Mediadora y Madre de misericordia, es un argumento que se repite a menudo en las Revelaciones.

Recibiendo estos carismas, Brígida era consciente de ser destinataria de un don de gran predilección por parte del Señor: “Hija mía – leemos en el primer libro de las Revelaciones – Yo te he elegido para mí, ámame con todo tu corazón... más que todo lo que existe en el mundo” (c. 1). Por lo demás, Brígida sabía bien, y estaba firmemente convencida de ello, que todo carisma está destinado a edificar la Iglesia. Precisamente por ese motivo, no pocas de sus revelaciones estaban dirigidas, en forma de advertencias incluso severas, a los creyentes de su tiempo, incluyendo las Autoridades religiosas y políticas, para que viviesen coherentemente su vida cristiana; pero hacía esto con una actitud de respeto y de fidelidad plena al Magisterio de la Iglesia, en particular al Sucesor del Apóstol Pedro.

En 1349 Brígida dejó para siempre Suecia y se dirigió en peregrinación a Roma. No sólo quería tomar parte en el Jubileo de 1350, sino que deseaba también obtener del Papa la aprobación de la Regla de una orden religiosa que quería fundar, dedicada al Santo Salvador, y compuesta por monjes y monjas bajo la autoridad de la abadesa. Este es un elemento que no debe sorprendernos: en la Edad Media existían fundaciones monásticas con na rama masculina y una rama femenina, pero con la práctica de la misma regla monástica, que preveía la dirección de la Abadesa. De hecho, en la gran tradición cristiana, a la mujer se le reconoce una dignidad propia y – a ejemplo de María, Reina de los Apóstoles – un lugar propio en la Iglesia, que, sin coincidir con el sacerdocio ordenado, es también importante para el crecimiento espiritual de la Comunidad. Además, la colaboración de consagrados y consagradas, siempre en el respeto de su vocación específica, reviste una gran importancia en el mundo de hoy.

En Roma, en compañía de su hija Karin, Brígida se dedicó a una vida de intenso apostolado y de oración. Y desde Roma se fue en peregrinación a varios santuarios italianos, en particular a Asís, patria de san Francisco, hacia el cual Brígida sintió siempre gran devoción. Finalmente, en 1371, coronó su más grande deseo: el viaje a Tierra Santa, a donde se dirigió en compañía de sus hijos espirituales, un grupo al que Brígida llamaba “los amigos de Dios”.

Durante esos años, los pontífices se encontraban en Aviñón, lejos de Roma: Brígida se dirigió encarecidamente a ellos, para que volviesen a la sede de Pedro, en la Ciudad Eterna.

Murió en 1373, antes de que el Papa Gregorio XI volviese definitivamente a Roma. Fue sepultada provisionalmente en la iglesia romana de San Lorenzo en Panisperna, pero en 1374 sus hijos Birger y Karin la volvieron a llevar a su patria, al monasterio de Vadstena, sede de la Orden religiosa fundada por santa Brígida, que conoció en seguida una notable expansión. En 1391 el Papa Bonifacio IX la canonizó solemnemente.

La santidad de Brígida, caracterizada por la multiplicidad de los dones y de las experiencias que he querido recordar en este breve perfil biográfico-espiritual, la hace una figura eminente en la historia de Europa. Procedente de Escandinavia, santa Brígida atestigua cómo el cristianismo había permeado profundamente la vida de todos los pueblos de este Continente. Declarándola copatrona de Europa, el Papa Juan Pablo II auguró que santa Brígida – vivida en el siglo XIV, cuando la cristiandad occidental aún no había sido herida por la división – pueda interceder eficazmente ante Dios, para obtener la gracia tan esperada de la plena unidad de todos los cristianos. Por esta misma intención, que consideramos tan importante, y para que Europa sepa siempre alimentarse de sus propias raíces cristianas, queremos rezar, queridos hermanos y hermanas, invocando la poderosa intercesión de santa Brígida de Suecia, fiel discípula de Dios, copatrona de Europa.

lunes, 22 de julio de 2013

Jaime Serra. Historias de la Magdalena


Historias de la Magdalena. 1356-1359. Jaime Serra
Temple sobre tabla. Medidas: 280 cm x 92 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

Hoy recuerda la Iglesia a santa María Magdalena, la santa que dio testimonio del Señor resucitado. Su advocación gozó de gran popularidad, desde que el abad Odilón de Cluny propagó su culto. En ella se juntaron varios elementos: la mujer que había sido liberada del poder del maligno por Jesús, la testigo de su Muerte y Resurrección, y la penitente que dedicó el esto de sus días a la alabanza del Señor. En cierto modo fue considerada como antecedente de la vida monástica eremítica.

Como muestra pictórica de este conjunto de conceptos, proponemos hoy la contemplación de un Altar con historias bíblicas de la vida de María Magdalena. En la parte superior se representa la cena en casa de Simón, momento en el que la Magdalena lava con perfumes los pies de Cristo y los enjuga con sus propias lágrimas y cabellos (Lucas 7, 36-50). A continuación, la escena de la izquierda representa la visita de las Santas Mujeres al Sepulcro de Cristo, que encuentran vacío y un ángel les anuncia su Resurrección (Marcos 16, 1-8; Mateo 28, 1-7; Lucas 24, 1-8). A la derecha, representación del “Noli me tangere”: la Magdalena es testigo de la primera aparición de Cristo resucitado (Marcos 16, 9-11). Y, por último, la cuarta escena representa el tránsito de la Magdalena, pasaje legendario de la vida de la santa en el que, según la tradición, a su muerte es elevada a los cielos por ángeles. 

En el banco -parte inferior del retablo- aparecen San Pedro, Santo Domingo vestido con los hábitos de monje dominico, y un obispo tocado con la mitra y en cuyas manos pueden observarse las heridas de los estigmas de la Pasión de Cristo. Esta tabla formó junto a su compañera, Historias de San Juan Bautista, los laterales del retablo de Nuestra Señora de Tobed (Zaragoza), que se completaba con la Virgen, el Niño y el rey Enrique II de Castilla (1333-1379) como donante en la tabla central.

jueves, 18 de abril de 2013


El bautismo del eunuco etíope por el diácono Felipe, 1545-1550. Lambert Sustris
Óleo sobre lienzo, 71 x 132 cm 
Museo del Louvre, París. Francia

En el libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40, nos relata el acontecimiento que hoy vemos en esta imagen, en que Felipe, después de explicar el sentido de las escrituras y anunciar la Buena Noticia, bautiza al hombre que manifestó creer de todo corazón en Cristo.

Felipe se pone en camino hacia el sur obedeciendo a un ángel y allí se encuentra su misión. El mensaje cristiano está marcado a menudo por llamamientos a nuestro esfuerzo o nuestros servicios, tanto en el caso de Felipe, como en el del eunuco, que sirven y trabajan, uno explicando y otro intentando entender. Un extraño acceso se abre a la fe de forma inesperada ya que, a los que están abiertos a la acción del Espíritu  Santo éste obra en sus mentes y corazones, moviendolos a la conversión.

Dios puede hablarnos en cualquier lugar para enviarnos a cualquier parte.No importa donde nos encontremos, el Señor nos indicará hacia donde debemos ir, aunque en ocasiones no encontremos lógica humana en ello. Felipe da testimonio de esto, fue enviado a un camino poco utilizado, hacia el sur, bajando de Jerusalén hacia Gaza, un camino desértico, donde aparentemente no había nada ni nadie. Muchas veces nuestros ojos no pueden ver lo que nuestro Señor ve. Dios pide que hablemos el Evangelio a toda criatura, pues El no hace acepción de personas. El etíope, un hombre gentil, no era judío claro esta, era quizás, un hombre de raza negra (africano) ;aparentemente había venido a Jerusalén para adorar, lo que significa que simpatizaba, o estaba persuadido del Dios de los judíos. Era un esclavo, pero funcionario de la Reina Candace, éste era el que cuidaba de todos los tesoros de la reina, algo así como el recaudador de Impuestos en la actualidad. Aunque eunuco (castrado por servir en casa de la reina) gozaba de cierto nivel social y posición económica. Había venido desde Egipto para adorar, y además se presentó la oportunidad de poder conseguir parte de la Escritura. Específicamente el Libro de Isaías, estaba deseoso de saber más. Era hombre necesitado en su interior, en busca de la verdad, y de algo que llenara el vacío de su vida. Y ahora estaba a punto de encontrar esta verdad. Dios en su soberana voluntad por medio de su Palabra despierta la inquietud.

Cuando Dios habla, su Palabra es como espada de dos filos, penetra, y además corta hacia dos lados. El Espíritu de Dios le habló a Felipe para que se acercara al carro del Etíope, y Felipe no solo obedeció, sino se esforzó, seguramente tuvo que alcanzar al carro del etíope. La predicación del Evangelio involucra esfuerzo.

Felipe captó la necesidad del funcionario,y tomo como referencia el pasaje que leía el etíope, (Isaías). Presentó el plan de Salvación. Y algo precioso sucedió el etíope, aceptó a Jesucristo como Salvador personal. Esta es la obra de Dios. El etíope tuvo la certeza de su salvación, pero fue mas allá este hombre quería ser bautizado inmediatamente. Reconocía la autoridad de Felipe , sabía también que esta era una oportunidad propicia. Por ello el no dudó en pedírselo a Felipe: “…he aquí agua, ¿que impide que sea bautizado?. No fue cosa fácil dar respuesta a esta pregunta. Ya que Felipe necesitaba estar seguro que la profesión de Fe del nuevo integrante. Entonces respondió: “si crees de todo corazón, bien puedes” Y la respuesta fue contundentemente clara: “creo que Jesucristo es el hijo de Dios.” Y el Eunuco fue bautizado.

Debemos estar atentos a la voz de Dios, no importa el lugar, las circunstancias, el peligro ni las personas. Nunca sabremos donde estará la última persona que está siendo tocada por el Espíritu Santo; por ello debemos incansablemente seguir en la tarea de llevar el Evangelio. Dios obrará por medio de su Espíritu y los hombres vendrán al conocimiento de la Verdad.

El artista se recrea en un ambiente sereno, una ciudad al fondo, un encuentro de personajes en el camino y el rió como fuente salvífica. Toda la escena se llena de una bucólica paz con coloridos serenos que invitan a quedarse y contemplar éste fantástico paisaje en el que se desenvuelve todo.

lunes, 8 de abril de 2013

La Anunciación


La Anunciación, 1425 - 1428. Obra de fray Angelico
Temple sobre tabla. 194 cm x 194 cm
Museo del Prado. Madrid. España

Hoy a pesar de estar celebrando la Pascua, la Iglesia vuelve a una solemnidad que no pudo celebrar debido a que era lunes santo y esta se trasladaba a hoy lunes de la segunda semana de Pascua. Hablamos de la Anunciación a María por el ángel Gabriel de la dicha de ser madre del Salvador y su aceptación con el "hágase" desinteresado, valiente y generoso que encerró tal respuesta. Con la Encarnación de nuestro Señor en el seno virginal de María, Dios Padre nos regala a su hijo, la salvación y el rescate del hombre se hacen proximos. La nueva creación da comienzo en Cristo que se hace hombre para devolvernos la semejanza  de la primera creatura con Dios antes de que el pecado nos arrebatara tal condición.

Ella se turbó ante estas palabras. ¿Por qué se turba al escuchar unas palabras y no al ver una persona? Porque había venido un ángel amable en su presencia, fuerte en la batalla; suave en la apariencia, terrible en su palabra, pronuncia palabras humanas y promete cosas divinas. De aquí que la virgen a quien la visión apenas impresionara la turbó y mucho la audición, y a la que la presencia del enviado le conmoviera poco, la conturbó con todo su peso la autoridad del que le enviaba. ¿Y qué más? De pronto sintió que había recibido en sí al juez supremo, en quien al principio vio y contempló al mensajero celestial. Y aun cuando con gran suavidad y piadoso afecto Dios convirtió a la virgen en madre y a la esclava el Señor la transforma en Madre suya, sin embargo todas sus entrañas se conmovieron, el alma se resiste y la misma condición humana se estremeció, cuando Dios, a quien toda la creación es incapaz de contener, todo él se encerró y se formó dentro de un seno humano.

Y se preguntaba, dice, qué saludo era aquél. Advierta vuestra caridad que, como hemos dicho, la Virgen no dio su consentimiento a las palabras del saludo, sino a la realidad, y que la voz no tenía el sentido de una acostumbrada cortesía, sino que era portadora de toda la eficacia de la suprema virtud. Reflexiona la Virgen: porque responder sin más es propio de la humana superficialidad, mientras que pensar la respuesta es señal de una gran ponderación y de un juicio muy maduro. Desconoce la grandeza de Dios quien no se espanta de la cordura de esta Virgen y no admira su fortaleza de ánimo. Teme el cielo, se estremecen los ángeles, la criatura no lo soporta, la naturaleza no se basta, y una muchacha de tal modo acoge a Dios dentro de su seno, lo recibe, lo regala con su hospedaje, que obtiene como pensión por la casa y como recompensa por el seno virginal paz para la tierra, gloria para los cielos, salvación para los perdidos, vida para los muertos, parentesco entre el cielo y la tierra y, para el mismo Dios, la participación de la naturaleza humana. Así se cumplió aquello del profeta: La herencia que da el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre.
(San Pedro Crisólogo, Sermón 140)

Este retablo fue pintado para el convento de Santo Domingo en Fiesole, cerca de Florencia. La tabla central muestra bajo el pórtico la Anunciación del Arcángel Gabriel a María, el Momento en que el Espíritu santo desciende sobre "la esclava del Señor" y el verbo viene a morar en María. A la izquierda vemos, la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, imagen del primer Adán, y la primera Eva, figurados después en Cristo y María. Por unos vino elñ pecado y por otros y a través de otros vino la redención al mundo. La condenación y salvación del hombre como ejemplos antagónicos y vías de salvación.

En el banco o predela se narran escenas de la vida de la Virgen: Nacimiento de María y los Desposorios con San José, La Visitación de María a su prima Santa Isabel, Nacimiento del Niño Jesús, la Presentación del Niño en el Templo y la Dormición de la Virgen con Cristo recogiendo su alma. 

Fra Angelico, también conocido como Beato Angelico, dedicó su obra exclusivamente a los temas religiosos pues entendía el arte como un aspecto de la devoción religiosa. Particularmente minucioso en los detalles y calidades de los objetos, naturaleza y personajes representados, Fra Angelico aúna en su estilo de la tradición tardogótica italiana con el nuevo lenguaje renacentista. Ejemplo de ello es la profundidad espacial de la arquitectura que, aunque sigue las recomendaciones de Brunelleschi de centrarse en un escenario cuadrado y sin adornos, denota algunos fallos propios de una obra temprana en la producción del artista.

sábado, 6 de abril de 2013

Cristo resucitado en el cenáculo


Cristo resucitado en el cenáculo. ca.1670. Obra de Mattia Pretti
Óleo sobre lienzo, 149 x 203 cm

Cristo después de resucitar, dice Mateo, se apareció a la Magdalena, quien fue a contarlo a los discípulos, que la tomaron por loca. También se apareció a otros dos discípulos que iban de camino (los de Emaús), volvieron a anunciarlo y tampoco los creyeron. Por último Jesús aparece a los once cuando estaban a la mesa y les reprochó su incredulidad por no creer el testimonio de los que anunciaron su resurrección. El encuentro directo con Cristo los fortalece y los reafirma con valentía y es aquí cuando el discipulado se cambia en apóstol. El mismo Maestro resucitado los hace apóstoles, (del griego: Απόστολος, que significa enviado), y les ordena: Id,  sed propagadores de la doctrina, de la buena nueva del Evangelio.

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:
 ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

Han necesitado que él venga a confirmar lo que otros ya les habían anunciado y yo me pregunto ¿en queé consiste la dicha de creer sin ver cuando a los mismos incrédulos y temerosos discípulos que, aun siendo reprochados, les consoló, confortó y fortaleció el mismo Señor? ¿Tendremos parte de ese consuelo en el reino eterno los que confiados en la palabra de otros y en su testimonio creemos y proclamamos que verdaderamente Cristo ha resucitado? 

El Espíritu Santo actúa en cada uno de nosotros con fuerza. Aceptando la verdad de Cristo, el Espíritu nos vigoriza y anima a proclamar dichosos la Buena Noticia, nos transforma, hace que pasemos de ser discípulos que están en la oscuridad del miedo, y nos convierte en valientes  apóstoles que proclaman en el mundo entero el Evangelio.

La obra de hoy puede hacer reconocernos en esas caras de susto que tienen los discipulos, sus miedos pueden expresar los nuestros. Nos puede llevar dentro del juego de luces y sombras que hay en el lienzo, arrebatándonos al interior de nuestros claroscuros, y haciendonos emerger a la superficie no superficialmente sino atraidos profundamente por la experiencia del resucitado. Somos rescatados de los abismos del pecado y salimos ante la luz de Cristo para, confiados en El, no temer, y anunciar con decisión el mensaje evangelico. El ha vencido al oscuridad y nos ha regalado la luz de la Vida

Ésta es una obra de grandes contrastes tenebristas en la que el pintor parece retomar la técnica ideada por por Caravaggio, "de la emergencia" consistente en aclarar progresiva e irregularmente el marrón negruzco del fondo, de manera que los colores emergen de éste. Los tonos ocres configuran el carácter sobrenatural de la escena, viéndose potenciada la luminosidad que irradia Cristo Resucitado. 
La distribución escalonada de los personajes y el punto de vista cercano al espectador, recuperan la tradición manierista de las grandes composiciones de Tintoretto y Veronés. 
Composición de gran dramatismo en la gesticulación de los personajes, se ve acentuada por la iluminación.

La pintura posiblemente pertenezca al conjunto de cuadros que Preti trajo a Sevilla desde Malta al arzobispo sevillano don Manuel Arias.

jueves, 28 de marzo de 2013

Última cena



Última cena. 1570. Obra de Tintoretto
Óleo sobre lienzo, 228x535 cm
 Iglesia de San Trovaso, Venecia. Italia


Última cena o Lavatorio. 1549. Obra de Tintoretto
Óleo sobre lienzo. 210 cm x 533 cm
Museo del Prado, Madrid. España

Hoy día de Jueves Santo he escogido dos imágenes de un mismo autor, Jacopo Robusti Tintoretto debido a que tal día como hoy la Iglesia celebra en una misma celebración diferentes cosas y en ellos se aprecia muy bien el sentido litúrgico espiritual del día. Por una parte, la institución de la eucaristía,  la del sacerdocio y el amor fraterno, servicio, caridad.
En el cuadro de arriba podemos ver como Cristo, sacerdote eterno distribuye la comunión  la eucaristía  su cuerpo a los discípulos y como éstos hacen extensiva la misma a cuantos a ella se acercan, pobres, enfermos y niños, gozan de sus beneficios y bondades. Solo un personaje queda fuera, ¿Judas, quizás? o es representación de la libre voluntad del hombre de no aceptar el misterio eucarístico distribuido en la iglesia y que es presencia real del salvador entre nosotros.
pero la eucaristía repartida y celebrada por Cristo y después por los discípulos y los sacerdotes de la Iglesia  ha de ser un fiel reflejo del servicio y la entrega, reflejada en el segundo cuadro, en el que vemos a Jesús en el momento cuando se dispone a lavar los pies de San Pedro, como ejemplo de humildad y servicio al prójimo. A la derecha arriba se vislumbra la celebración de la Última Cena en otra estancia, como ejemplo de intimidad. 
Dos cuadros que nos dan las claves para entender  los diferentes aspectos de este día santo y ayudados con la meditación de las lecturas de hoy  (Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14; Primera carta del apóstol San Pablo a los corintios 11, 23-26; Evangelio según San Juan 13, 1-15) podremos entregarnos, al comienzo de este triduo pascual, a entrar con Cristo en el misterio admirable de la redención 

lunes, 11 de marzo de 2013

Jesús y el centurión


Jesús y el centurión, 1571. Obra de Paolo Veronese
Óleo sobre lienzo. 192 x 297 cm
Museo del Prado, Madrid. España

El evangelio de hoy narra la historia de un milagro en el que Cristo devuelve la vida y la confianza. En el evangelio de Juan 4, 43-54 narra los hechos de manera clara y san Agustín comentando este evangelio nos dice:
Así pues, carísimos, aceptad mi opinión sobre este punto, sin menoscabo de que vosotros opinéis algo mejor. De hecho, todos tenemos un único Maestro y somos condiscípulos en una única escuela. Esto, pues, opino, y ved si no es verdadero o se acerca a la verdad lo que opino. Dos días estuvo en Samaría, y creyeron en él los samaritanos; ¡tantos días estuvo en Galilea, y los galileos no creyeron en él! Rehaced o repasad con la memoria la lectura y el sermón del día de ayer: llegó a Samaría, donde lo había predicado primero la mujer con quien había hablado de misterios grandes junto al pozo de Jacob. Tras verlo y oírlo, los samaritanos creyeron en él por la palabra de la mujer, y por la palabra de él creyeron con más firmeza y en mayor número. Así está escrito. Empleados allí dos días —número de días por el que se encomia el número de los dos preceptos, de los cuales dos preceptos pende la Ley entera y los Profetas, como recordáis que en el día de ayer encomié—, partió a Galilea y vino a la ciudad de Caná de Galilea, donde del agua hizo vino.


Pues bien, cuando convirtió allí el agua en vino, sus discípulos, como escribe Juan mismo, creyeron en él. Y, sin embargo, la casa estaba llena de una multitud de convidados. Sucedió un milagro tan grande y no creyeron en él sino sus discípulos. A esta ciudad de Galilea regresó ahora Jesús. Y he aquí que cierto funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo, vino a él y comenzó a rogarle que descendiera a la ciudad o a la casa, y sanase a su hijo, pues comenzaba a morir. Quien rogaba ¿no creía? ¿Qué aguardas que diga yo? Interroga al Señor qué opinaba de él, ya que, una vez rogado, respondió cosas de este calibre: Si no veis signos y prodigios, no creéis. Inculpa al hombre de ser tibio o frío en cuanto a la fe, o de nula fe y, más bien, de desear ponerlo a prueba con motivo de la salud de su hijo: quién era, cuánto podía. Hemos oído, en efecto, las palabras de quien rogaba; las pronunció quien oyó las palabras e inspeccionó el corazón. Finalmente, el evangelista mismo testifica con el testimonio de su relato que aún no había creído quien deseaba que el Señor viniese a su casa a curar a su hijo. En efecto, después que se le notificó que su hijo estaba sano, y descubrió que fue sanado en esa hora —la hora en que el Señor había dicho: «Vete, tu hijo vive»—, creyó él, afirma, y su casa entera. Si, pues, creyó él y su casa entera, precisamente porque se le notificó que su hijo estaba sano, y comparó la hora de los mensajeros con la hora de quien prenunciaba, cuando rogaba no creía aún.



Los samaritanos no habían aguardado signo alguno; sólo habían creído a su palabra; en cambio, sus conciudadanos merecieron oír: Si no veis signos y prodigios, no creéis; y, sin embargo, hecho tan gran milagro, allí no creyó sino él y su casa. Ante la palabra sola creyeron muy numerosos samaritanos; ante aquel milagro, creyó sola la casa donde se realizó. Por tanto ¿qué, hermanos, qué hace el Señor valer para nosotros? Entonces Galilea de Judea era la patria del Señor, porque allí se crió. Ahora, en cambio, porque aquel hecho presagia algo —en efecto, no sin motivo se habla de prodigios, sino porque presagian algo, ya que «prodigio» se llama, por así decirlo, a un prenuncio, a lo que habla por delante, a lo que significa por delante y presagia que algo sucederá—; porque, pues, todo aquello presagiaba algo, todo aquello predecía algo, pongamos de momento nosotros como patria de nuestro Señor Jesucristo, según la carne —de hecho no tuvo patria en la tierra, sino según la carne que recibió en la tierra—; pongamos, pues, como patria del Señor el pueblo de los judíos. He aquí que no se le rinde honor en su patria. Observa ahora a las turbas de los judíos, observa ya a la nación aquella dispersa por todo el orbe de las tierras y arrancada de sus raíces; observa las ramas rotas, cortadas, dispersas, secas, rotas las cuales mereció ser injertado el acebuche. Ve qué dice ahora la turba de los judíos. «A quien dais culto, a quien adoráis era nuestro hermano». Y nosotros respondamos: No se rinde honor a un profeta en su patria. En fin, ellos vieron al Señor Jesús andar en la tierra, hacer milagros, iluminar a los ciegos, abrir los oídos a los sordos, soltar las bocas de los mudos, sujetar los miembros de los paralíticos, andar sobre el mar, dominar los vientos y el oleaje, resucitar muertos, hacer tantos signos, y apenas unos pocos de ellos creyeron.



Hablo al pueblo de Dios: tantos que hemos creído, ¿qué signos hemos visto? Lo que, pues, ocurrió entonces presagiaba esto que acontece ahora. Los judíos fueron o son similares a los galileos; nosotros, similares a los samaritanos. Hemos oído el Evangelio, hemos dado nuestro consentimiento al Evangelio, mediante el Evangelio hemos creído en Cristo; no vemos ningún signo, no exigimos ninguno.



Cristo se nos muestra con confianza, dejémonos curar y recrear en Él




sábado, 9 de marzo de 2013

Mater Dolorosa


Mater Dolorosa. 1570. Obra de Luis de Morales
Técnica mixta sobre tabla. 82,5 x 58 cm. 
Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia

Los sábados la Iglesia suele recordar con especial atención la figura de María. En este tiempo de cuaresma quería traer este magnifico cuadro de "el divino Morales". Una obra que corresponde a los canones contrarreformistas de Trento y que nos hace entender una espiritualidad, que ha llegado hasta nuestros días, cargada de gran contenido espiritual y teológico. Éste concilio promulgó en su última sesión de trabajo, la XXV (el 3 de diciembre de 1563), un decreto sobre las imágenes sagradas, destinado a orientar durante siglos la historia de la iconografía y de la iconología religiosa. La orientación tridentina lleva desde finales del S.XVI a una civilización figurativa bien compuesta y al mismo tiempo unitaria. Una toma de posición contra las iglesias protestantes, que eran iconoclastas por su lógica interna, y sobre el uso de las obras de arte en las iglesias. Los protestantes niegan algunas verdades que se refieren a María y acusan a la iglesia católica de haber hecho que sustituyera a Cristo. Los luteranos y los calvinistas se esfuerzan en reducir su papel en la obra de la redención y niegan hasta la autenticidad de las palabras del ángel: "Ave, Maria, gratia plena" 

Las normas que regulan la iconografía mariana, observadas más o menos por todas partes, están recogidas de este modo por el cardenal Federico Borromeo: "Hay que conservar los símbolos y los misterios que se emplean para representar a la Virgen santísima... No hay que representar a la madre de Dios desvanecida al pie de la cruz, ya que esto va contra la historia y la autoridad de los padres... Que la imagen de la santísima Virgen se parezca en vivo a aquel divino Rostro... Y para que los pintores saquen del natural con más exactitud la imagen de la Virgen , propondré el ejemplo que nos ha dejado el mismo Nicéforo: ... para color prefería el trigueño, cabellos rubios, ojos penetrantes con las pupilas claras y casi del color de oliva. Las cejas curvadas y de buen color negro, la nariz algo larga, los labios redondeados y llenos de la suavidad de las palabras; el rostro ni redondo ni agudo, sino un tanto alargado, lo mismo que las manos y los dedos más bien largos..."
Insistiendo en el parecido de la Virgen madre con el Hijo, característica iconográfica que continúa hasta el S. XVIII, el arzobispo de Milán prescribe: "Por tanto, me gustaría que los pintores, cuando hagan las imágenes de Cristo y de María, recordasen esta sola cosa que la antigüedad creyó de forma unánime y que los santos padres nos transmitieron: que el rostro del Salvador fue admirable por la perfecta semejanza que tenía con el de su madre, de manera que todo el que mire a la madre o al Hijo pueda fácilmente reconocer en la madre al Hijo y en el Hijo a la madre".Denuncia la "indecencia de los que pintan al divino niño mamando de manera que muestran desnudos el pecho y la garganta de la Virgen , siendo así que esos miembros no se deben pintar más que con mucha cautela y modestia" .

El pintor extremeño Luis de Morales, nacido en Badajoz (Extremadura) en 1509, y muerto en 1586, debido a la fama, que disfrutó en vida, y a la predilección por temas religiosos en sus obras, fue llamado "el divino".  Respondió muy bien a las exigencias iconográficas de su tiempo y fue capaz de transmitir en ellas este ideal de Trento de un mayor ardor y devoción. Sus obras estaban caracterizadas por una gran emoción y una matizada delicadeza que las hacía transcender del soporte pictórico elevándolas a cumbres espirituales insospechadas. Algunos estudiosos de Morales sostienen que su estilo manierista estaba inspirado, en Leonardo da Vinci con influencias italianas y flamencas. En su pintura se observa un alargamiento de las figuras y el uso de la técnica del esfumado leonardesco.

Ante una imagen de Morales solo nos queda mirar el personaje y dejar que la serena contemplación nos lleve a adentrarnos en lo mas profundo de la realidad que representa. Una mística pintura que eleva el alma hasta las cumbres divinas, allí donde Dios sosiega y consuela.

viernes, 8 de marzo de 2013

San Juan de Dios

Triunfo de San Juan de Dios. 1740. Obra de Corrado Giaquinto
Óleo sobre lienzo, 213x98 cm
Museo del Prado, Madrid. España

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25,40).

El martirologio de hoy nos trae de esta manera a san Juan de Dios: religioso, nacido en Portugal, que después de una vida llena de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a los necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció compañeros, con los cuales constituyó después la Orden de Hospitalarios de San Juan de Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno descanso (1550).

Nació en 1495, una época bastante convulsa. El reino de Granada había sido conquistado por los reyes Católicos y América estaba recién descubierta. Un mundo en el que se abrían grandes posibilidades de futuro para un joven que procedía de un pequeño pueblo al oeste de la península ibérica, el pueblo portugués de Montemor.

En su juventud tuvo algunas experiencias guerreras y tras desempeñar los oficios de pastor, leñador y albañil, trabajó como librero en Granada. Cierto día en 1539, escuchando el sermón de San Juan de Ávila, cambió su vida. Se convirtió y dedicó su vida a los pobres y los enfermos. Murió en Granada en 1550 tras enfermar gravemente al salvar a un joven que se estaba ahogando en el río Genil. El apellido "de Dios" se lo otorgó un obispo al conocer su obra en favor de los pobres y enfermos. 

Su vida cambió radicalmente tras escuchar al gran san Juan de Ávila, y tuvo tan extraordinaria conmoción espiritual que se puso a dar voces y gritos, "Misericordia Señor, que soy un pecador". Salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios, lo que lo llevaría a ser juzgado por loco y a verse recluido en el Hospital Real granadino. Tenía unos 40 años. 

"... porque predicaba entonces en esta ciudad un santo clérigo que se llamaba el Maestro Avila, predicador apostólico y de muy santa vida, y en la ciudad decían que este Padre Maestro lo había convertido. Y este testigo lo vido en la Iglesia mayor de la ciudad rodeado de mucha gente y dando voces, pidiendo misericordia a Dios y dándose muy grandes golpes en los pechos y decían que se había estado en la Iglesia tres días sin comer ni beber, y unos decían que era loco y otros que no era sino santo y que aquello era obra de Dios".

"... dos hombres honrados de la ciudad, compadeciéndose dél, lo tomaron por la mano, y sacándolo de entre el tumulto del pueblo, lo llevaron al Hospital Real (de Granada), que es do recogen y curan a los locos de la ciudad...".

En la sección aparte donde se recluyen a los dementes del Hospital Real, Juan sufre en propia carne el trato que se da a los enajenados allí internados: celdas oscuras, maniatados, tratados con azotes, baños de sorpresa, exorcismos o cadenas, como corresponde a la terapéutica de la época con estos enfermos:

"... como la principal cura que allí se hace a los tales sea con azotes, y metellos en ásperas prisiones y otras cosas semejantes, para que con el dolor y castigo pierdan la ferocidad y vuelvan en sí, atáronle pies y manos, y desnudo, con un cordel doblado le dieron una buena vuelta de azotes...".
Juan Ciudad advierte a sus custodios:

"... ¿por qué tratáis tan mal y con tanta crueldad a estos pobres miserables y hermanos míos... no sería mejor que os compadeciésedes dellos y de sus trabajos, y los limpiásedes y diésedes de comer con más caridad y amor que lo hacéis...?"

En su encierro, toma conciencia de su misión:

"Iesu‐Cristo me traiga tiempo y me dé gracia para que yo tenga un hospital, donde pueda recoger los pobres desamparados y faltos de juicio, y servirles como yo deseo".

Del hospital lo libró san Juan de Ávila, consciente de que no había locura alguna. Juan se puso bajo la dirección espiritual del Santo Maestro, que aprobó su deseo de dedicarse al servicio de los enfermos, como había meditado durante su permanencia en el hospital. Comienzó a recibir a pobres y enfermos y a pedir limosnas en Granada. Pronto se hizo popular el grito nocturno de Juan por las calles de Granada. "¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!". Las gentes salían a la puerta de sus casas y le daban las sobras de la comida del día. El obispo que le añadió el "de Dios" a su nombre fue quien al saber que éste cambiaba sus ropas por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, le dio un hábito negro con el que se vistió hasta la muerte.

Existe una película sobre el santo de Granada que podéis ver en este enlace. Película san Juan de Dios.

Señor,
tú que infundiste en san Juan de Dios
el espíritu de misericordia,
haz que nosotros,
practicando las obras de caridad,
merezcamos encontrarnos un día
entre los elegidos de tu reino. 

Con respecto al cuadro y su autor solo algún apunte al respecto: Corrado Giaquinto llegó a la corte en el momento en el que se terminaba el Palacio Real y la ocasión le brindó la oportunidad de sumarse a la empresa. Pintó en la escalera de honor La Religión y la Iglesia y España que les ofrece los dones de sus reinos; en el salón de columnas, El Nacimiento del Sol y el Templo de Baco y en la Capilla diversos temas. Amplió su producción a temas alegóricos, mitológicos, religiosos, etc. Sus temas mitológicos pueden aparentar algo superficial; sin embargo, el cultivo de un estilo rococó delicado no le aparta de un sentimiento profundo extraído tal vez de su origen formativo napolitano. En plena actividad, en 1762, solicita pasar por algún tiempo a Nápoles, dejando algunas de sus obras inacabadas. Este lienzo que contemplamos es un estudio para la bóveda de San Giovanni Calabita en el Hospital de Fatebene Fratelli (los hermanos de san Juan de Dios) en Roma. En 1772 aparece documentado en la sacristía grande del Palacio Real de Madrid. En la composición se muestran algunos actos de caridad realizados por el santo, en la zona baja, mientras que en la zona superior se sitúa la coronación de san Juan de Dios por la Virgen, rodeados de ángeles y santos.