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lunes, 22 de abril de 2019

Juan de Flandes. Cristo Resucitado

Cristo Resucitado. 1506-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

CRISTO HA RESUCITADO. Aleluya. Este gozoso mensaje ha cambiado el curso de la historia humana, redimida por Dios y convertida en Historia de Salvación.

Contemplamos el radiante mensaje de Cristo resucitado, en la representación que para el Retablo Mayor de la Catedral palentina pintó Juan de Flandes. Aparece el Señor desnudo, cubierto con el manto púrpura de su realeza, que le fue impuesto como burla por los soldados. Lleva en la mano izquierda un báculo en forma de cruz; su mano derecha está extendida en actitud de bendecir, mostrando la herida del clavo. Su pecho desnudo también permite ver la lanzada con la que fue atravesado una vez muerto.

Jesús aparece en pie, entre los soldados que, según el relato de san Mateo, hacían guardia ante su tumba, que aparece al fondo como una puerta que da acceso a una gruta excavada en una montaña; dos soldados al fondo hacen guardia; después aparecen tendidos en el suelo ante Jesús.

sábado, 16 de marzo de 2019

Juan de Flandes. La lamentación sobre Cristo muerto

La lamentación sobre Cristo muerto. 1500. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 23 cm x 30 cm.
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Esta composición, que no sabemos si fue diseñada como una obra autónoma o formó parte de un conjunto más complejo, está inspirada en una pintura perdida de Van der Goes, conocida a través de copias como la que se conserva en Granada, en el Instituto Gómez Moreno. Juan de Flandes tomó de Van der Goes el grupo principal con Cristo y la Virgen, introdujo cambios en san Juan y María Magdalena, presentes también en la pintura de Van der Goes, pero sobre todo modificó el paisaje que sirve de marco a la escena. Este dramático episodio, en el que la Virgen expresa su dolor con el significativo gesto de llevarse la mano al pecho, se ha colocado a los pies del Gólgota, y Juan de Flandes ha optado por incluir en él un fragmento del Calvario con el Buen Ladrón, que todavía permanece en los maderos. Esta variante, respecto a la pintura de Van der Goes, se complementa con un macizo rocoso, a la izquierda, que sirve para equilibrar el conjunto y que deja, en el centro, un espacio para una vista que, con sus lomas y árboles, nos introduce en los últimos planos de la pintura. Las figuras de la Magdalena, que permanece arrodillada a la izquierda, y de san Juan, en el centro, se insertan con dificultad en el espacio, hecho que es más evidente en el caso del apóstol, por su postura y proporción.

sábado, 22 de abril de 2017

Juan de Flandes. Aparición de Cristo a su madre

Aparición de Cristo a su madre. 1500. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 22cm x 16cm.
Gemäldegalerie de Berlín. Alemania

Aunque los evangelios no nos narran una aparición particular del Resucitado a su madre, la tradición cristiana ha considerado con frecuencia esta circunstancia, que no sólo ha pasado al arte, sino que ha sido objeto de la devoción popular a través de las llamadas Procesiones del Encuentro.

Este tema también fue abordado por Juan de Flandes. Su tabla de la Aparición de Cristo a su madre tiene una estructura similar a las de la Anunciación: María se encuentra de rodillas, meditando ante el libro de las Escrituras, que tiene abierto ante ella. Aparece Jesús, revestido únicamente con el manto púrpura de su realeza. Se lee el mensaje: Resurrexit et adhuc sum tecum. Se trata del introito del día de Pascua: He resucitado y estoy contigo.

En la presente tabla predomina el ambiente de oración sobre los sentimientos naturales de alegría. No se trata tanto de un encuentro afectivo, cuanto de la constatación del misterio de la divinidad de Jesucristo, resucitado de entre los muertos. Jesús y María quedan encuadrados por una estructura arquitectónica, en cuyo frontispicio se adivina el escudo de los Reyes Católicos. Por encima de esta estructura, asisten a la aparición en sendos nimbos el Padre Eterno y el Espíritu Santo, confiriendo al conjunto la plenitud teológica del misterio de la Trinidad.

domingo, 2 de abril de 2017

Juan de Flandes. Resurrección de Lázaro.

Resurrección de Lázaro. 1514. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 110 cm x 84 cm.
Museo del Prado. Madrid España.

El quinto domingo de Cuaresma nos propone la liturgia la meditación del signo de la resurrección de Lázaro, recogido en el Evangelio según san Juan. Por este motivo, nos detenemos hoy en una tabla procedente de la Iglesia de San Lázaro de Palencia, pintada por Juan de Flandes a comienzos del siglo XVI: la resurrección de Lázaro. Se trata del último y admirable signo de Jesús, según el Evangelio de san Juan. Lázaro ha muerto, y tras varios días, acude el Señor al ruego de sus hermanas. Conmovido por el dolor, Jesús mantiene un intenso diálogo con María acerca de la resurrección y la vida. Por fin, ante el escepticismo de todos, Jesús manda abrir la tumba y llama a Lázaro, que resucita.

De acuerdo con el estilo de sus años finales en Palencia, el pintor flamenco aumenta el tamaño de las tres figuras principales, Cristo bendiciendo a Lázaro, que sale de la tumba apoyando su mano en la tapa del sepulcro y con los ojos transformados en perlas negras, y una de sus hermanas -Marta según el Evangelio de San Juan (11, 38-44)-, de rodillas, tendiendo los brazos hacia el. Al fondo sitúa el cementerio y la capilla, en ruinas.

Esta tabla de Juan de Flandes pertenecen al retablo mayor de la Iglesia de San Lázaro de Palencia, costeado por don Sancho de Castilla, antiguo preceptor del malogrado príncipe don Juan, heredero de los Reyes Católicos, y patrono de la iglesia desde 1508.

lunes, 13 de marzo de 2017

Juan de Flandes. La oración del huerto

La Oración del Huerto. 1514-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. 110 x 84 cm
Museo del Prado. Madrid

Durante el tiempo de Cuaresma, además de los textos litúrgicos que nos invitan a la conversión, volvemos también con frecuencia nuestra mirada de fe a los misterios de la Pasión del Señor, que durante la Semana Santa tal vez se agolpan ante nosotros y nos abruman; por eso, con tiempo, podemos ir desgranándolos detenidamente. Hoy contemplamos la Oración del Huerto: después de la Última Cena, Jesús se retira con sus discípulos para orar, en un huerto a las afueras de Jerusalén, donde solía ir en otras ocasiones. Sabe que su Hora está cerca, pero que también esa es la hora de las tinieblas. Estamos, pues, ante dos horas, o dos momentos, o dos situaciones completamente distintas: la hora de la salvación, en la que Dios se entrega a sí mismo para rescatar a la oveja perdida; y la hora tenebrosa en la que el hombre cede a la fuerza del mal y provoca la muerte del justo.

Hemos escogido, nuevamente, una obra de Juan de Flandes, que procede del retablo mayor de la iglesia de San Lázaro de Palencia, y que fue adquirida por el Museo del Prado. Cristo aparece apartado de sus discípulos, arrodillado, en actitud orante, pidiendo al Padre que pase de él el cáliz de amargura que ha de tomar y admitiendo que ha de cumplirse su voluntad. El cáliz, efectivamente, está situado sobre una estructura pétrea. Ajenos al drama que está viviendo Jesús, sus tres discípulos más cercanos (Pedro, Santiago y Juan), han cedido al sopor y, abandonando la oración, duermen. Al fondo se ve cómo Judas guía a los centinelas, que alumbrados por un farol se dirigen en silencio a detener a Jesús. Éste está perfectamente iluminado, a pesar de ser de noche; sin embargo, los que van a obrar el mal, necesitan un farol para iluminar la tiniebla en la que voluntariamente se sumergen.

sábado, 11 de marzo de 2017

Juan de Flandes. Entierro de Cristo

Entierro de Cristo. 1506-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

Este sábado primero de Cuaresma nos propone la liturgia el texto del Sermón de la Montaña, en el Evangelio de san Mateo, en el que Jesús afirma que hemos de amar no sólo a quienes nos aman, sino también a nuestros enemigos. Jesús mismo nos dio ejemplo, entregando su vida para salvar a quienes se habían enemistado con Dios y con los hombres, es decir, a todos nosotros. Por eso, vamos al recurrir al mismo autor, Juan de Flandes, para contemplar el misterio del entierro de nuestro Señor Jesucristo.

La obra se encuentra en el retablo mayor de la Catedral de Palencia. Los personajes centrales (Jesús muerto, María, la Magdalena, Nicodemo, José de Aritmatea y el apóstol san Juan), se mezclan con otros personajes y objetos secundarios, como es el perro que en primer plano olfatea el clavo que ha estado clavado en la mano del Señor, símbolo de la fidelidad; o el búho que está asomado en la ventana redonda del fondo, que no sólo alude a la hora de la tarde en la que se verificó el entierro, sino que invita a los creyentes a la actitud de vigilancia, permaneciendo despiertos a la espera del triunfo del Señor en la Resurrección.

Se ha considerado que el personaje situado en el centro de la escena vestido de negro es el propio maestro, por lo que estaríamos hablando de un autorretrato de Juan de Flandes.


viernes, 10 de marzo de 2017

Juan de Flandes. La Crucifixión

La Crucifixión. 1506-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. 123 x 169 cm
Museo del Prado. Madrid

Contemplamos este viernes de Cuaresma el misterio de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, modelo de suma caridad y, sobre todo, decisión del Creador de redimir a su criatura, abajándose hasta lo impensable.

Para ello, recurrimos a una obra de Juan de Flandes, concebida en principio para la calle central del retablo mayor de la Catedral de Palencia, por encargo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Esta tabla estaba flanqueada por un Camino del Calvario y un Entierro de Cristo. La Crucifixión permaneció allí hasta el año 1559, cuando fue sustituida por una talla que representaba a San Antolín. Gracias a un inventario realizado en 1668 se sabe que la pintura seguía en la catedral, en la Sala Capitular. En 1944 fue adquirida por Manuel Arburúa. La tabla permaneció en la colección particular de la familia Arburúa hasta que en 2005 fue adquirida por el Museo del Prado.

La perspectiva adoptada por el pintor es la del punto de vista bajo, lo cual, junto con el predominio de las líneas rectas y la monumentalidad del conjunto, lo cerca a la manera de Mantegna y le confiere un aire italiano. El formato apaisado contribuye a que la cruz domine la composición, alrededor de la cual se sitúan los personajes en semicírculo. En el lado izquierdo coloca a la Virgen, el apóstol Juan, María de Cleofás y María Salomé. En el lado derecho, y en primer plano, sitúa a un soldado con armadura, de espaldas. Detrás de la cruz, y en un plano inferior al de los demás personajes, aparecen María Magdalena y dos hombres a caballo. Sobre la plataforma rocosa del primer plano, ante la cruz, el pintor dispone una serie de elementos con valor simbólico: un frasco de ungüento, alusivo a la redención por Cristo del hombre; unas piedras preciosas, que remiten al Paraíso accesible gracias al sacrificio de Jesús; la calavera y los huesos aluden al lugar de la crucifixión, el Gólgota, donde algunas tradiciones situaban también la tumba de Adán. Por otra parte, el paisaje seco, característico de las llanuras castellanas, encierra también alusiones a los textos que cuentan la muerte de Jesús: la nube oscura, las aves, la presencia conjunta del sol y la luna.

viernes, 6 de enero de 2017

Juan de Flandes. la adoración de los magos.

Adoración de los Magos. 1506-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

Celebramos hoy la Epifanía, es decir, la manifestación de Dios a los hombres en nuestro Señor Jesucristo. La solemnidad alude, en primer lugar, a la manifestación a los magos, que siguieron la estrella hasta que los condujo ante el recién nacido. Es lo que Juan de Flandes reflejó en la tabla que hoy contemplamos, procedente del retablo mayor de la catedral palentina. María, con su vestido negro, realza la figura blanca del niño, ante el que se postra uno de los magos ofreciendo su cofre abierto. Los otros dos contemplan la escena. Representan las tres razas humanas entonces conocidas.


miércoles, 4 de mayo de 2016

Juan de Flandes. La Ascensión

La Ascensión. 1514-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 110 cm. x 84 cm.
Museo del Prado. Madrid

Nos preparamos para la Solemnidad de la Ascensión con esta magnífica tabla de Juan de Flandes, perteneciente al retablo de don Sancho de Castilla de la Iglesia de San Lázaro de Palencia. Cristo se eleva sobre un monte, en presen cia de los apóstoles y de la virgen. Se reconocen Santiago por su bordón de peregrino, y Pedro con la Cruz que guía la Iglesia.


lunes, 14 de septiembre de 2015

Juan de Flandes. Descendimiento de la Cruz

Descendimiento. 1505. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Museo Diocesano de Palencia

O crux, ave spes unica! ¡Salve, oh cruz, nuestra única esperanza!

En la cruz se encuentran la miseria del hombre y la misericordia de Dios. Adorar esta misericordia ilimitada es para el hombre el único modo de abrirse al misterio que la cruz revela. La cruz está plantada en la tierra y parece hundir sus raíces en la malicia humana, pero se proyecta hacia lo alto, como un índice que apunta al cielo, un índice que señala la bondad de Dios. Por la cruz de Cristo ha sido vencido el maligno, ha quedado derrotada la muerte, se nos ha transmitido la vida, se nos ha devuelto la esperanza y nos ha sido comunicada la luz. O crux, ave spes unica!

Como Moisés elevó la serpiente en el desierto –dice Jesús–, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. ¿Qué vemos, por tanto, cuando dirigimos la mirada a la cruz donde fue clavado Jesús?. Contemplamos el signo del amor infinito de Dios a la humanidad.

O crux, ave spes unica! San Pablo habla de ella en la Carta a los Filipenses, que acabamos de escuchar. Cristo Jesús no solo se hizo hombre, semejante en todo a los hombres, sino que también tomó la condición de siervo, y se humilló ulteriormente, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Sí, tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único. Admiramos, asombrados y agradecidos, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, que supera todo conocimiento.

En el jardín del Edén, al pie del árbol estaba una mujer, Eva. Seducida por el maligno, se apropia de lo que cree que es la vida divina. En cambio, es un germen de muerte que se introduce en ella. En el Calvario, al pie del árbol de la cruz, estaba otra mujer, María. Dócil al proyecto de Dios, participa íntimamente en la ofrenda que el Hijo hace de sí al Padre para la vida del mundo; y cuando Jesús le encomienda al apóstol san Juan, se convierte en madre de todos los hombres.

Es la Virgen dolorosa, que mañana recordaremos en la liturgia y que vosotros veneráis con tierna devoción como vuestra patrona. A ella le encomiendo el presente y el futuro de la Iglesia y de la nación eslovaca, para que crezca bajo la cruz de Cristo y sepa descubrir siempre y acoger su mensaje de amor y de salvación.

¡Por el misterio de tu cruz y de tu resurrección, sálvanos, oh Señor! Amén.

San Juan Pablo II
Homilía en Bratislava 14-9-2003

sábado, 16 de mayo de 2015

Juan de Flandes. La Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor. 1514-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 110cm x 84cm.
Museo del Prado. Madrid.

Este año hemos recurrido con frecuencia a la obra de Juan de Flandes; hoy, en la contemplación del misterio de la Ascensión, volvemos a escoger una tabla, procedente de la iglesia de San Lázaro de Palencia. Oculto por una nube, Cristo asciende al cielo ante María y los Apóstoles, entre los que destaca Santiago, con vara ysombrero de peregrino. La parte superior de su cuerpo aparece oculta para otorgar mayor protagonismo a las huellas de sus pies, impresas en la cima del monte de los Olivos.

San León Magno comenta este misterio en su Tratado 74. Éstas son sus palabras:

El misterio de nuestra salvación, amadísimos, que el Creador del universo estimó en el precio de su sangre, ha sido llevado a cabo según una economía de humildad desde el día de su nacimiento corporal hasta el término de la pasión. Y aunque bajo la condición de siervo irradiaron muchos signos manifestativos de su divinidad, sin embargo toda la actividad de este período estuvo orientada propiamente a demostrar la realidad de la humanidad asumida. En cambio, después de la pasión, rotas las cadenas de la muerte, que, al recaer en el que no conoció el pecado, había perdido toda su virulencia, la debilidad se convirtió en fortaleza, la mortalidad en eternidad, la ignominia en gloria, gloria que el Señor Jesús hizo patente ante muchos testigos por medio de numerosas pruebas, hasta el día en que introdujo en los cielos el triunfo de la victoria que había obtenido sobre los muertos.

Y así como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo nos es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la sublimidad de las potestades hasta compartir el trono de Dios Padre. Hemos sido establecidos y edificados por este modo de obrar divino, para que la gracia de Dios se manifestara más admirablemente, y así, a pesar de haber sido apartada de la vista de los hombres la presencia visible del Señor, por la cual se alimentaba el respeto de ellos hacia él, la fe se mantuviese firme, la esperanza inconmovible y el amor encendido.

En esto consiste, en efecto, el vigor de los espíritus verdaderamente grandes, esto es lo que realiza la luz de la fe en las almas verdaderamente fieles: creer sin vacilación lo que no ven nuestros ojos, tener fijo el deseo en lo que no puede alcanzar nuestra mirada. ¿Cómo podría nacer esta piedad en nuestros corazones, o cómo podríamos ser justificados por la fe, si nuestra salvación consistiera tan sólo en lo que nos es dado ver? Por eso dijo el Señor a aquel apóstol que no creía en la resurrección de Cristo mientras no explorase con la vista y el tacto, en su carne, las señales de la pasión: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Pues bien, para hacernos capaces, amadísimos, de semejante bienaventuranza, nuestro Señor Jesucristo, después de haber realizado todo lo que convenía a la predicación evangélica y a los misterios del nuevo Testamento, cuarenta días después de la resurrección, elevándose al cielo a la vista de sus discípulos, puso fin a su presencia corporal para sentarse a la derecha del Padre, hasta que se cumplan los tiempos divinamente establecidos en que se multipliquen los hijos de la Iglesia, y vuelva, en la misma carne con que ascendió a los cielos, a juzgar a vivos y muertos. Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor, que antes eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y para que nuestra fe fuera más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de modoque, en adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial, deben apoyarse en esta instrucción.

martes, 5 de mayo de 2015

Juan de Flandes. Pentecostés

Pentecostés. 1504. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 21 cm x 15 cm
Palacio Real. Madrid

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.

Escuchamos en la liturgia de este martes quinto de Pascua la despedida de Jesús. Se fue, pero dejó a sus discípulos, a la Iglesia, el Espíritu Santo. En la tabla de contemplamos, obra de Juan de Flandes para el Políptico de Isabel la Católica, están los apóstoles en torno a la Virgen María y, sobre ellos, el Espíritu Santo irradia luz sobre el grupo.

viernes, 17 de abril de 2015

Juan de flandes. Multiplicación de los panes y los peces

Multiplicación de los panes y los peces.1496-1504. Juan de Flandes
 Óleo sobre tabla. Medidas: 21 cm x 16 cm.
Palacio Real. Madrid

Leemos hoy el relato de la multiplicación de los panes y los peces. Dice el Evangelio que una multitud seguía a Jesús, a causa de los signos que había realizado. Se sube a un monte, junto al Lago de Galilea, en cuyas faldas había mucho gente, donde manda se siente la gente. Andrés le dice que un joven tiene cinco panes y dos peces.

Esta escena fue pintada por Juan de Flandes, el autor que venimos contemplando estos días de pascua. Esta Tabla de la Multiplicación de los panes y los peces forma parte del llamado Políptico de Isabel la Católica, un conjunto extraordinario de tablas con escenas de la vida y Pasión de Cristo, que muestran la clase de religiosidad de carácter privado de la reina. Su reducido tamaño permitió que pudieran acompañarle en sus viajes, como lo corrobora el hecho de que aparecieran en Medina del Campo cuando la reina murió en 1504.

Cristo aparece sobre un púlpito, bendiciendo al niño que le presenta la cesta con los panes y una bandeja con dos peces, en presencia de una multitud que llena un valle rocoso, que tiene como fondo el mar. La escena se caracteriza por la gran serenidad. Un discípulo que atiende a una mujer con un niño confiere al conjunto una nota de humanidad.

miércoles, 15 de abril de 2015

Juan de Flandes. Cristo resucitado se aparece a María

Cristo resucitado se aparece a María. 1496. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 62 cm x 37 cm.
Museo Metropolitano de Nueva York

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Este texto pertenece al capítulo tercero del Evangelio según san Juan. Son las palabras de Jesús, en su diálogo con Nicodemo, que leemos en la Eucaristía de hoy. Si el amor de Cristo hacia el mundo fue tal, dicho amor encontró en la piedad católica una especial expresión en la manifestación del resucitado a María, su madre.

Contemplamos dicha escena en una tabla, cuya historia es muy interesante. Se trata del lateral derecho de un tríptico, pintado por Juan de Flandes para la Capilla Real de Granada, como encargo de los Reyes Católicos. Pero dicho tríptico no es sino una copia del llmado Tríptico de Miraflores, de Roger van der Weyden, que se veneraba en la Cartuja hasta que las tropas francesas los robaron a principios del siglo XIX, terminando en la Galería de Pintura de Berlín.


La obra está estructurada en dos partes. Dentro del marco de una arco gótico, está la habitación en la que Cristo se muestra a María, dejando ver las llagas de pies y manos. Al fondo, por un ventanal, se ve la resurrección del Señor, en un sepulcro situado en medio de un paisaje despejado, con los soldados tendidos por el suelo en presencia del ángel.

martes, 14 de abril de 2015

Juan de Flandes. Camino de la Cruz

Camino del Calvario. 15012. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

Le contestó Jesús: «Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»

Leemos en la liturgia de este segundo martes de Pascua un fragmento del diálogo entre Nicodemo y Jesús. Contemplar al Hijo del Hombre crucificado se convierte, para los creyentes, en acceso a la vida eterna. Por eso, hemos vuelto a escoger una nueva tabla del Retablo mayor de la catedral Palentina, en la que Juan de Flandes nos presenta al Señor, cargando con la cruz, hacia el Calvario. Un soldado arrastra al Señor con una cuerda, y el Cirineo le ayude, por detrás, a llevar la Cruz. La Verónica, arrodillada, muestra el paño en el que quedará grabada la imagen del Señor. Un soldado, al fondo, lleva la lanza, que en la tabla de la Crucifixión expuesta en el Prado, que se pintó para este retablo, también aparece.

sábado, 11 de abril de 2015

Juan de Flandes. Entierro de Cristo

Entierro de Cristo. 15012. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

Hace una semana asistíamos a la muerte y entierro de nuestro Señor Jesucristo. La alegría de la Pascua no borra nuestro agradecimiento al Señor quien, como dice san Pablo en su himno de la Carta a los Filipenses, se hizo por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Todos estos días hemos venido contemplando la obra de Juan de Flandes, especialmente las tablas que pintó para el retablo mayor de la catedral palentina. Hoy seguimos con el Entierro del Señor. Nicodemos y José de Aritmatea proceden a depositar el cadáver de Jesús en una tumba, mientras María, enlutada, es consolada por Juan, y la Magdalena está a los pies del sepulcro con un frasco para los ungüentos. Las otras tres Marías también están a los pies del sepulcro, y en el centro hay un personaje que ha sido identificado como el propio Juan de Flandes. Un perro, símbolo de la fidelidad, huele en primer plano unas piedras preciosas de colores, símbolo de la grandeza del momento. Por detrás, un ángel contempla la escena; y todavía otro personaje, con un manto rojo, dirige su mirada hacia nosotros en primer plano. Al fondo, desde un óculo abierto en la pared, un búho nos invita a la vigilancia.

viernes, 10 de abril de 2015

Juan de Flandes. Ecce Homo

Ecce Homo. 15012. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 78 cm x 126 cm.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

Este primer viernes de Pascua, volvemos sobre la historia de la Pasión del Señor a través de las excepcionales tablas que Juan de Flandes pintó para el retablo mayor de la Catedral palentina. Contemplamos este Ecce Homo, en el que aparece Cristo después de la flagelación, coronado de espinas, revestido de púrpura y con el cetro que le pusieron en la mano para burlarse. Un rico judío, al que se distingue por la bolsa que cuelga de su cinturón, se dirige con burla hacia él.

La alegría del tiempo de Pascua no borra el recuerdo de la penosa Pasión por la que el Señor llegó a la gloria de la Resurrección. Sus cicatrices nos han curado, y sólo su inmenso amor triunfó sobre la maldad de quienes procuraron su muerte.

jueves, 9 de abril de 2015

Juan de Flandes. Cristo resucitado se aparece a la Virgen con los redimidos de la Antigua Alianza.

Cristo se aparece a la Virgen. 15000. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 21 cm x 15 cm.
National Gallery. Londres

Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.» Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Leemos en la Eucaristía de este Jueves de la Octava de Pascua el siguiente relato del Evangelio según san Lucas. Cristo resucitado se aparece a los discípulos que, atónitos, son incapaces de creer lo que están viendo. El Señor, como hizo con los discípulos de Emaús, les explica que su Pasión y muerte estaba profetizada.

Hemos escogido una nueva tabla de Juan de Flandes, esta vez procedente de la National Gallery de Londres, procedente de un altar pintado para Isabel la Católica. Aparece Cristo resucitado, sentado, ante la Virgen, en su alcoba. Detrás de Cristo, se muestra la multitud de los rescatados por el Señor.

miércoles, 8 de abril de 2015

Juan de Flandes. Cristo y los discípulos de Emaús

Cristo y los discípulos de Emaús. 15012. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla. Medidas: 78 cm x 115 cm.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

La liturgia del Miércoles de la Octava de Pascua se centra en la manifestación del Resucitado a los dos discípulos que volvían a su pueblo, Emaús. Contemplamos la escena en una nueva tabla de Juan de Flandes, pintada para el Retablo Mayor de la Catedral de Palencia.

Cristo aparece al fondo, con un nimbo sencillo sobre su cabeza. Está enmarcado por un adorno arquitectónico, dentro de una habitación de grandes proporciones. En torno a una mesa redonda están sentados los dos discípulos. Uno de ellos porta el típico bordón de los peregrinos compostelanos. Sobre la mesa hay un pan y otros diversos utensilios. Jesús están partiendo en dos trozos el pan, tal como afirma el relato del Evangelio según san Lucas.

Conocemos poco la vida de Juan de Flandes. Su existencia sólo está documentada a partir del momento en que llegó a Castilla, en 1496, para asumir las funciones de pintor de la Corte al servicio de la reina Isabel la Católica hasta la muerte de ésta en 1504.

Probablemente seguidor de la escuela pictórica de Brujas, y por lo tanto indirectamente de Jan van Eyck, Juan de Flandes realizó durante su periodo español numerosas obras en las que aúna la perfección técnica y el dominio de la composición con una extraordinaria sensibilidad hacia la luz y el paisaje castellanos.

martes, 7 de abril de 2015

Juan de Flandes. Cristo se aparece a la Magdalena

Cristo se aparece a la Magdalena. 1506-1519. Juan de Flandes
Óleo sobre tabla.
Retablo Mayor de la Catedral de Palencia

Leemos en la liturgia del Martes de Pascua el relato de la aparición del Resucitado a María Magdalena, tal como nos lo cuenta el Evangelio según san Juan. Es un tema de la iconografía cristiana que ha adoptado el nombre Noli me tangere, debido a las palabras de Jesús a la Magdalena: No me toques, que aún no he subido al Padre.

En la imagen de la tabla del Retablo de la Catedral de Palencia, aparece Cristo revestido con un manto púrpura, llevando un báculo en forma de cruz, en el que ondea un pendón blanco con la cruz roja. María, vestida con ricos ropajes renacentistas, lleva en la mano un frasco verde, para los ungüentos.