Mostrando entradas con la etiqueta manierismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta manierismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de febrero de 2017

El Greco. El Salvador


El Salvador, 1610-1614, Domenico Thotocópoli “el Greco
Óleo sobre lienzo, 100’40 x 80’20 cm
Museo del Greco, Toledo. España 

Hoy en el  evangelio según san Mateo 5, 13-16, Jesús nos dice que y como debemos ser con unas imágenes muy hermosas y esenciales de la vida, la sal y la luz. Indispensables para la vida cotidiana y el desarrollo de la actividad del hombre, las consideramos insignificantes tantas veces no prestando atención a su verdadera importancia. Dos elementos a los que estamos tan acostumbrados  que cuando faltan notamos su ausencia con gran sorpresa. Posiblemente puede ser así nuestra vivencia de fe que, conviviendo con ella a diario, no somos capaces de valorarla y disfrutarla en la medida que se nos da. Es un don y un regalo que debemos poner a disposición y hacer de ésta un gozo para nuestra existencia. Miremos a este Cristo Salvador que hoy nos dice Tu eres la sal y la luz del mundo...

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte; tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero, y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. 

Esta obra sigue la tradición bizantina, aunque también utiliza algunos rasgos del arte de la Contrarreforma. La figura remite al Pantocrátor, tema recurrente de la iconografía cristiana medieval que en esta época prebarroca hay que poner en relación con encargos más pequeños destinados a la devoción particular, y que en manos de El Greco, que nos muestra una canónica imagen frontal de Cristo bendiciendo con la mano derecha a la manera griega y apoyando su brazo izquierdo en el globo del mundo, se conforma como una versión mucho más libre y personal, atrapando al espectador gracias a su majestuosidad y a esa penetrante mirada de extremada expresividad. 

Este Salvador forma parte de un Apostolado, un ciclo que el pintor repitió varias veces en su vida, uno de los conjuntos más singulares de su producción tardía. Aunque su procedencia no está muy clara y hasta hace poco se creyó que habían pertenecido al Hospital de Santiago de Toledo, desde donde, tras las desamortizaciones, habrían pasado a la iglesia de San Pedro Mártir y de ahí al Museo Provincial que se estableció en el monasterio de San Juan de los Reyes, las últimas investigaciones parecen apuntar a una donación de Manuel Marcelino Rodríguez, cura párroco de la iglesia de San Lucas, al Asilo de Pobres de San Sebastián, fundado en 1834.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El Greco. San Martín de Tours

San Martín y el mendigo. 1597-1600. El Greco
Óleo sobre lienzo, 193 cm × 103 cm
Galería Nacional de Arte .Washington, Estados Unidos

Hoy celebra la Iglesia la memoria de san Martín de Tours, nacido en Panonia, Hungría en el 316 y muerto en Francia, 397. La representación que contemplamos fue concebida como parte del programa decorativo de la Capilla de san José en Toledo. La pintura fue realizada para agradar al donante, Martín Ramírez, por lo que El Greco muestra a san Martín, patrono del fundador, como Caballero con su exquisita armadura socorriendo a un mendigo, que se encuentra a la izquierda de la composición.

Martín Ramírez, fue un hombre que había destacado por sus buenas acciones exaltando la importancia de la caridad para la salvación del alma, según se había dispuesto en el Concilio de Trento. La escena se desarrolla en primer plano, excesivamente cercana al espectador. San Martín, vestido con una armadura damasquinada típicamente toledana, va montado en un elegante caballo blanco. Comparte su capa con el pobre que ha encontrado desnudo en el camino, figura que contemplamos a la izquierda de la composición. Al fondo vuelve a aparecer el paisaje toledano, envuelto en tormentosas nubes. Recurre a situar los personajes sobre un pequeño espacio de terreno, dando sensación de cierto agobio. La figura del santo es armoniosa y proporcionada. No se puede decir lo mismo de su caballo, de enormes patas, ni del mendigo, de una altura sorprendente que le hace aun más delgado. Emplea, por lo tanto, dos tipos de canon estético: el tradicional y el personal, diferenciados por la proporción de las figuras. La escena tiene un aire especial por el color empleado y por el lirismo con el que se cuenta la historia y que confiere a la escena un gran espiritualismo. Los azules, grises, verdes y blancos se adueñan del conjunto, destacando sobre marrones y negros. La luz refuerza estas tonalidades y resbala por las figuras, resultando de ello un interesante estudio lumínico.

sábado, 18 de abril de 2015

Cristo camina sobre el lago Tiberiades


Cristo camina sobre el lago Tiberiades. 1560. Obra de Jacopo Robusti, Tintoretto.
Óleo sobre lienzo, 117 × 168,5 cm

El evangelista san Juan en el evangelio de hoy ( Jn 6, 16-21)  nos narra una situación algo insólita, Cristo camina sobre las aguas. La marcha de jesús sobre las aguas esta enmarcada, dentro del evangelio, dentro del discurso del pan de la vida y denominado como el quinto signo.

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafárnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: Soy yo, no temáis. Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

San Juan escribe en un momento en que las comunidades se enfrentaban a un viento contrario, tanto de parte de algunos judíos convertidos que querían reducir el misterio de Jesús a profecías y figuras del Antiguo Testamento, como de parte de algunos paganos convertidos que pensaban que fuera posible una alianza entre Jesús y el imperio. Juan trata de ayudar a las comunidades a descubrir el misterio que envuelve a la persona de Jesús evocando los textos del Antiguo Testamento que aluden al éxodo y el paso, en confianza y no sin la dificultad, del mar Rojo.

Hemos visto a Jesús ayer en la montaña, en el cuarto signo, multiplicando el pan y los peces, ante una muchedumbre hambrienta y deseosa de eventos milagrosos que sacien su fe. La esperanza de la época, el Mesías repetiría el gesto de Moisés de alimentar al pueblo en el desierto. Por esto, de acuerdo con la ideología oficial, el pueblo pensaba que Jesús era el mesías y, por ello, quiso hacer de él un rey.  

Ahora y según el paralelo del evangelio de Marcos, Jesús obligó a sus discípulos a embarcar inmediatamente y a ir para el otro lado del lago (Mc 6,45). Quería evitar que ellos se contaminaran con la ideología dominante.la situación de los discípulos. Esta llamada del pueblo era una tentación tanto para Jesús como para los discípulos. 

Ya era tarde. Los discípulos bajaron al mar, subieron a la barca y se dirigieron a Cafarnaún, al otro lado del mar. Juan dice que ya había oscurecido y que Jesús todavía no había venido a ellos. Además de esto, soplaba un fuerte viento y la mar había empezado a encresparse.Cristo esta en la agitación confortando y fortaleciendo la fe de quienes han de de seguir, tras él, ante las mas duras adversidades, predicando ante tentaciones y persecuciones que los llevaran a confiar de manera plena en Jesús.

Las comunidades en el imperio romano, como apuntaba al principio: al igual que los discípulos, vivían en medio de la noche, con el viento contrario y el mar agitado y ¡Jesús parecía ausente! Entonces Jesús se acerca y dice: “¡Soy yo! ¡No temáis!” Y nos hace recordar el pasaje de Emaus, o la revelación a Moisés en la zarza ardiente y como no el paso de mar Rojo. Un mar que para este pueblo era símbolo del abismo, del caos, del mal (Ap 13,1). Jesús se enfrenta a este mar de adversidad y revela su divinidad dominando y venciendo a éste, impidiendo que la barca de sus discípulos sea tragada por las olas. Después ante la confianza en el maestro y querrer recogerlo, llegan a puerto seguros. "la barca toco tierra en el lugar al que se dirigían" con Cristo.

Hemos vuelto al Tintoreto debido a la fuerza de su trabajo, ya manierista y que nos hace captar la dramatización del momento. Un mar agitado, un cielo tormentoso, tierra cercana pero no segura, una barca sin rumbo, en movimiento y en contraste  una figura casi fantasmagórica de Cristo que aparece como una firme columna en medio de tal tempestad. El claroscuro hace que nos fijemos enseguida en la figura iluminada fuertemente del primer plano, Cristo, y en la barca del fondo agitada por las aguas. Los discípulos agitados parecen reconocer la Señor pero un caótico y embravecido mar se pone en medio de ellos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Bassano. Entrada de los animales en el arca de Noé

Entrada de los animales en el arca de Noé. 1570. Jacopo Bassano
Óleo sobre lienzo. Medidas: 207 cm x 265 cm.
Museo del Prado. Madrid

Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.

En el Evangelio que hoy leemos en la Eucaristía, el Señor nos advierte de la necesidad de estar preparados para la llegada del Reino de Dios, evitando el dormirnos en el pecado, para que no nos suceda como a la generación de Noé. Por eso, hemos escogido este lienzo del manierismo italiano, que describe la entrada de los animales en el arca de Noé, pintado por el veneciano Bassano.

Noé, en el centro de la composición barbado y con túnica encarnada, dirige junto a su familia la entrada de los animales en el arca. Esta pintura se considera una de las primeras aproximaciones de Jacopo Bassano a los temas del Antiguo Testamento, que serían después objeto de diferentes versiones por parte del taller. Esta obra fue legada a Felipe IV (1605-1665) por el príncipe Filiberto de Saboya.

martes, 9 de septiembre de 2014

El Sodoma. Cabeza de Cristo

Cabeza de Cristo. 1525-1550. El Sodoma
Óleo sobre tabla. Medidas: 38 cm. x 31 cm.
National Gallery. Londres

Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salta de él una fuerza que los curaba a todos.

El Evangelio de san Luchas que hoy leemos en la Eucaristía nos refiere la fuerza que irradiaba Jesús, y que atraía en torno a sí a multitudes que buscaban una solución a sus problemas, una esperanza en sus oscuridades, o un consuelo en su dolor.

La obra que contemplamos es una tabla de El Sodoma, que debió formar parte de una obra devocional, en la que aparece Cristo llevando la Cruz y coronado de espinas. La pintura de Giovanni Antonio Bazzi, llamado El Sodoma, se define por el estilo esfumado de Leonardo, el predominio de colores cálidos y claros y una suavidad de claroscuros posiblemente debidos a la influencia del Perugino; la prolífica obra de Bazzi gravitó fuertemente en el manierismo sienés.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Jacopo Bassano. La pesca milagrosa

La pesca milagrosa. 1545. Jacopo Bassano
Óleo sobre lienzo
National Gallery of Art. Washington.

El lienzo del manierista veneciano nos permite contemplar la escena del Evangelio que hoy leemos en la Eucaristía. Jesús, que ocupa la cabecera de una pequeña barca, ha mandado a los apóstoles echar las redes, a pesar de que se han pasado la noche sin pescar nada. Pero Pedro confía en la palabra del Señor, echa las redes, y consiguen una sorprendente captura.

Los tres apóstoles se afanan en la barca de la derecha, pero después, pasa Pedro a la otra barca, se arrodilla delante del Señor, y le pide que se aparte de él, pues es un pecador. Otro apóstol accede también a esa barca, con un manto verde que vuela atrevido al viento.

La escena es característica del clasicismo de Bassano. Está enmarcada sobre un fondo azulado, que pinta el mar, con algunas montañas al fondo. Es llamativa en Jesús su túnica, que trasluce perfectamente una estudiada anatomía, mientras que el manto cubre sus piernas. Desde aquel momento, esos asombrados pescadores de peces se convertirán, por obra del Señor, en pescadores de hombres.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El Greco. San Martín de Tours

San Martín y el mendigo. 1597-1600. El Greco
Óleo sobre lienzo, 193 cm × 103 cm
Galería Nacional de Arte .Washington, Estados Unidos

Hoy celebra la Iglesia la memoria de san Martín de Tours, nacido en Panonia, Hungría en el 316 y muerto en Francia, 397.

Esta obra fue concebida como parte del programa decorativo de la Capilla de san José en Toledo. La pintura fue realizada para agradar al donante, Martín Ramírez, por lo que El Greco muestra a san Martín, patrono del fundador, como Caballero con su exquisita armadura socorriendo a un mendigo, que se encuentra a la izquierda de la composición.

Martín Ramírez, fue un hombre que había destacado por sus buenas acciones exaltando la importancia de la caridad para la salvación del alma, según se había dispuesto en el Concilio de Trento. La escena se desarrolla en primer plano, excesivamente cercana al espectador. San Martín, vestido con una armadura damasquinada típicamente toledana, va montado en un elegante caballo blanco. Comparte su capa con el pobre que ha encontrado desnudo en el camino, figura que contemplamos a la izquierda de la composición. Al fondo vuelve a aparecer el paisaje toledano, envuelto en tormentosas nubes. Recurre a situar los personajes sobre un pequeño espacio de terreno, dando sensación de cierto agobio. La figura del santo es armoniosa y proporcionada. No se puede decir lo mismo de su caballo, de enormes patas, ni del mendigo, de una altura sorprendente que le hace aun más delgado. Emplea, por lo tanto, dos tipos de canon estético: el tradicional y el personal, diferenciados por la proporción de las figuras. La escena tiene un aire especial por el color empleado y por el lirismo con el que se cuenta la historia y que confiere a la escena un gran espiritualismo. Los azules, grises, verdes y blancos se adueñan del conjunto, destacando sobre marrones y negros. La luz refuerza estas tonalidades y resbala por las figuras, resultando de ello un interesante estudio lumínico.

miércoles, 3 de julio de 2013

La incredulidad de Tomás


La incredulidad de Tomás. 1543-1547. Obra de Francesco Salviati 
Óleo sobre tabla transferido a lienzo. 275 x 234 cm. 
Museo del Louvre, París. Francia


¡Señor mío y Dios mío!

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad. ¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?

Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?» Como sea que el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto has creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio. En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! El, pues, creyó, a pesar de que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.

Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que crean sin haber visto. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe. Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Hacen profesión de conocer a Dios, pero con sus acciones lo desmienten. Y Santiago dice: La fe sin obras es un cadáver.

San Gregorio Magno, Homilía 26 sobre los evangelios 

sábado, 15 de junio de 2013

Cristo en la cruz


Cristo en la cruz entre las dos Marias y san Juan. c. 1588. Obra de "El Greco"
Óleo sobre lienzo, 120 x 80 cm
National Gallery, Atenas. Grecia

En la segunda carta de san Pablo a los Corintios (5, 14-21) Pablo nos habla del gran amor con que cristo nos ha redimido. Un amor que nos lleva a vivir en él de una vez para siempre y no morir jamas. Este amor nos ha reconciliado no solo con Dios mismo sino con todo nuestro prójimo, ya que es Cristo quien vive en nosotros y su amor el que hace nuevas todas las cosas.

El Espíritu es ahora el medidor de nuestras relaciones y acciones. Somos hombres nuevos por Cristo, somos criaturas nuevas reconciliadas en el amor de Cristo quien en la Cruz nos ha reconciliado y encargado reconciliar. Él ha sido el primero en todo y en esto debemos también seguir su ejemplo. Si Dios no nos exigía nada al darnos a su Hijo unigénito, cuanto mas nosotros no debemos exigirlas a nuestros hermanos, sino al contrario, darnos como se dio Cristo y ser reflejo y fieles testimonios de ese amor reconciliador. Lo viejo a pasado lo nuevo ha venido por el sacrificio de la Cruz y se ha abierto para todos nosotros la puerta de la justificación por el testimonio redentor. “Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos”.

San Pablo se sabía plenamente amado por Jesucristo y esa conciencia transformó totalmente su existencia, y pasó de ser perseguidor de cristianos a consagrar su vida y todas sus energías al apostolado. Él abre ante nosotros un horizonte más grande, unirnos a su deseo de salvación de todos los hombres. De hacer las cosas para que el amor de Dios llegue a más personas y alcance a todo el mundo. Id y bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, reconciliad a todos con Dios en Crsito Jesús.

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
Por tanto, no valoramos a nadie según la carne.
Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no.
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.




martes, 11 de junio de 2013

El Salvador


El Salvador, 1610-1614, Domenico Thotocópoli “el Greco
Óleo sobre lienzo, 100’40 x 80’20 cm
Museo del Greco, Toledo. España 

Hoy en el  evangelio según san Mateo 5, 13-16, Jesús nos dice que y como debemos ser con unas imágenes muy hermosas y esenciales de la vida, la sal y la luz. Indispensables para la vida cotidiana y el desarrollo de la actividad del hombre, las consideramos insignificantes tantas veces no prestando atención a su verdadera importancia. Dos elementos a los que estamos tan acostumbrados  que cuando faltan notamos su ausencia con gran sorpresa. Posiblemente puede ser así nuestra vivencia de fe que, conviviendo con ella a diario, no somos capaces de valorarla y disfrutarla en la medida que se nos da. Es un don y un regalo que debemos poner a disposición y hacer de ésta un gozo para nuestra existencia.
Miremos a este Cristo Salvador que hoy nos dice Tu eres la sal y la luz del mundo...

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. 
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte; tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero, y que alumbre a todos los de casa. 
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. 

Esta obra sigue la tradición bizantina, aunque también utiliza algunos rasgos del arte de la Contrarreforma. La figura remite al Pantocrátor, tema recurrente de la iconografía cristiana medieval que en esta época prebarroca hay que poner en relación con encargos más pequeños destinados a la devoción particular, y que en manos de El Greco, que nos muestra una canónica imagen frontal de Cristo bendiciendo con la mano derecha a la manera griega y apoyando su brazo izquierdo en el globo del mundo, se conforma como una versión mucho más libre y personal, atrapando al espectador gracias a su majestuosidad y a esa penetrante mirada de extremada expresividad. 

Este Salvador forma parte de un Apostolado, un ciclo que el pintor repitió varias veces en su vida, uno de los conjuntos más singulares de su producción tardía. Aunque su procedencia no está muy clara y hasta hace poco se creyó que habían pertenecido al Hospital de Santiago de Toledo, desde donde, tras las desamortizaciones, habrían pasado a la iglesia de San Pedro Mártir y de ahí al Museo Provincial que se estableció en el monasterio de San Juan de los Reyes, las últimas investigaciones parecen apuntar a una donación de Manuel Marcelino Rodríguez, cura párroco de la iglesia de San Lucas, al Asilo de Pobres de San Sebastián, fundado en 1834.

jueves, 23 de mayo de 2013

Crucificado


Cristo crucificado, 1624. Obra de Luís Tristán 
Óleo sobre lienzo, 213 x119 cm
Museo del Greco, Toledo. España

Hoy, Jueves después de Pentecostés. celebramos a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Esta obra es un ejemplo magistral del que fue el principal continuador del taller del Greco, tanto el alargamiento de las proporciones como la violencia del claroscuro y el modelo del rostro derivan del Greco, aunque Luís Tristán supo dotar a su obra de una personalidad propia que lo consagra como el único pintor salido del taller del cretense cuya personalidad ha trascendido en la historia de la pintura.

El texto de Isaías (52, 13-53, 12) propuesto para la liturgia de hoy nos ha de bastar para la contemplación de esta magnifica imagen.

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenla aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

sábado, 13 de abril de 2013

Cristo camina sobre el lago Tiberiades


Cristo camina sobre el lago Tiberiades. 1560. Obra de Jacopo Robusti, il Tintoretto.
Óleo sobre lienzo, 117 × 168,5 cm
National Gallery of Art, Washington. USA

El evangelista san Juan en el evangelio de hoy ( Jn 6, 16-21)  nos narra una situación algo insólita, Cristo camina sobre las aguas. La marcha de jesús sobre las aguas esta enmarcada, dentro del evangelio, dentro del discurso del pan de la vida y denominado como el quinto signo.

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafárnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: Soy yo, no temáis.
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

San Juan escribe en un momento en que las comunidades se enfrentaban a un viento contrario, tanto de parte de algunos judíos convertidos que querían reducir el misterio de Jesús a profecías y figuras del Antiguo Testamento, como de parte de algunos paganos convertidos que pensaban que fuera posible una alianza entre Jesús y el imperio. Juan trata de ayudar a las comunidades a descubrir el misterio que envuelve a la persona de Jesús evocando los textos del Antiguo Testamento que aluden al éxodo y el paso, en confianza y no sin la dificultad, del mar Rojo.

Hemos visto a Jesús ayer en la montaña, en el cuarto signo, multiplicando el pan y los peces, ante una muchedumbre hambrienta y deseosa de eventos milagrosos que sacien su fe. La esperanza de la época, el Mesías repetiría el gesto de Moisés de alimentar al pueblo en el desierto. Por esto, de acuerdo con la ideología oficial, el pueblo pensaba que Jesús era el mesías y, por ello, quiso hacer de él un rey.  

Ahora y según el paralelo del evangelio de Marcos, Jesús obligó a sus discípulos a embarcar inmediatamente y a ir para el otro lado del lago (Mc 6,45). Quería evitar que ellos se contaminaran con la ideología dominante.la situación de los discípulos. Esta llamada del pueblo era una tentación tanto para Jesús como para los discípulos. 

Ya era tarde. Los discípulos bajaron al mar, subieron a la barca y se dirigieron a Cafarnaún, al otro lado del mar. Juan dice que ya había oscurecido y que Jesús todavía no había venido a ellos. Además de esto, soplaba un fuerte viento y la mar había empezado a encresparse.Cristo esta en la agitación confortando y fortaleciendo la fe de quienes han de de seguir, tras él, ante las mas duras adversidades, predicando ante tentaciones y persecuciones que los llevaran a confiar de manera plena en Jesús.

Las comunidades en el imperio romano, como apuntaba al principio: al igual que los discípulos, vivían en medio de la noche, con el viento contrario y el mar agitado y ¡Jesús parecía ausente! Entonces Jesús se acerca y dice: “¡Soy yo! ¡No temáis!” Y nos hace recordar el pasaje de Emaus, o la revelación a Moisés en la zarza ardiente y como no el paso de mar Rojo. Un mar que para este pueblo era símbolo del abismo, del caos, del mal (Ap 13,1). Jesús se enfrenta a este mar de adversidad y revela su divinidad dominando y venciendo a éste, impidiendo que la barca de sus discípulos sea tragada por las olas. Después ante la confianza en el maestro y querrer recogerlo, llegan a puerto seguros. "la barca toco tierra en el lugar al que se dirigían" con Cristo.

Hemos vuelto al Tintoreto debido a la fuerza de su trabajo, ya manierista y que nos hace captar la dramatización del momento. Un mar agitado, un cielo tormentoso, tierra cercana pero no segura, una barca sin rumbo, en movimiento y en contraste  una figura casi fantasmagórica de Cristo que aparece como una firme columna en medio de tal tempestad. El claroscuro hace que nos fijemos enseguida en la figura iluminada fuertemente del primer plano, Cristo, y en la barca del fondo agitada por las aguas. Los discípulos agitados parecen reconocer la Señor pero un caótico y embravecido mar se pone en medio de ellos.

sábado, 9 de marzo de 2013

Mater Dolorosa


Mater Dolorosa. 1570. Obra de Luis de Morales
Técnica mixta sobre tabla. 82,5 x 58 cm. 
Museo del Hermitage. San Petersburgo. Rusia

Los sábados la Iglesia suele recordar con especial atención la figura de María. En este tiempo de cuaresma quería traer este magnifico cuadro de "el divino Morales". Una obra que corresponde a los canones contrarreformistas de Trento y que nos hace entender una espiritualidad, que ha llegado hasta nuestros días, cargada de gran contenido espiritual y teológico. Éste concilio promulgó en su última sesión de trabajo, la XXV (el 3 de diciembre de 1563), un decreto sobre las imágenes sagradas, destinado a orientar durante siglos la historia de la iconografía y de la iconología religiosa. La orientación tridentina lleva desde finales del S.XVI a una civilización figurativa bien compuesta y al mismo tiempo unitaria. Una toma de posición contra las iglesias protestantes, que eran iconoclastas por su lógica interna, y sobre el uso de las obras de arte en las iglesias. Los protestantes niegan algunas verdades que se refieren a María y acusan a la iglesia católica de haber hecho que sustituyera a Cristo. Los luteranos y los calvinistas se esfuerzan en reducir su papel en la obra de la redención y niegan hasta la autenticidad de las palabras del ángel: "Ave, Maria, gratia plena" 

Las normas que regulan la iconografía mariana, observadas más o menos por todas partes, están recogidas de este modo por el cardenal Federico Borromeo: "Hay que conservar los símbolos y los misterios que se emplean para representar a la Virgen santísima... No hay que representar a la madre de Dios desvanecida al pie de la cruz, ya que esto va contra la historia y la autoridad de los padres... Que la imagen de la santísima Virgen se parezca en vivo a aquel divino Rostro... Y para que los pintores saquen del natural con más exactitud la imagen de la Virgen , propondré el ejemplo que nos ha dejado el mismo Nicéforo: ... para color prefería el trigueño, cabellos rubios, ojos penetrantes con las pupilas claras y casi del color de oliva. Las cejas curvadas y de buen color negro, la nariz algo larga, los labios redondeados y llenos de la suavidad de las palabras; el rostro ni redondo ni agudo, sino un tanto alargado, lo mismo que las manos y los dedos más bien largos..."
Insistiendo en el parecido de la Virgen madre con el Hijo, característica iconográfica que continúa hasta el S. XVIII, el arzobispo de Milán prescribe: "Por tanto, me gustaría que los pintores, cuando hagan las imágenes de Cristo y de María, recordasen esta sola cosa que la antigüedad creyó de forma unánime y que los santos padres nos transmitieron: que el rostro del Salvador fue admirable por la perfecta semejanza que tenía con el de su madre, de manera que todo el que mire a la madre o al Hijo pueda fácilmente reconocer en la madre al Hijo y en el Hijo a la madre".Denuncia la "indecencia de los que pintan al divino niño mamando de manera que muestran desnudos el pecho y la garganta de la Virgen , siendo así que esos miembros no se deben pintar más que con mucha cautela y modestia" .

El pintor extremeño Luis de Morales, nacido en Badajoz (Extremadura) en 1509, y muerto en 1586, debido a la fama, que disfrutó en vida, y a la predilección por temas religiosos en sus obras, fue llamado "el divino".  Respondió muy bien a las exigencias iconográficas de su tiempo y fue capaz de transmitir en ellas este ideal de Trento de un mayor ardor y devoción. Sus obras estaban caracterizadas por una gran emoción y una matizada delicadeza que las hacía transcender del soporte pictórico elevándolas a cumbres espirituales insospechadas. Algunos estudiosos de Morales sostienen que su estilo manierista estaba inspirado, en Leonardo da Vinci con influencias italianas y flamencas. En su pintura se observa un alargamiento de las figuras y el uso de la técnica del esfumado leonardesco.

Ante una imagen de Morales solo nos queda mirar el personaje y dejar que la serena contemplación nos lleve a adentrarnos en lo mas profundo de la realidad que representa. Una mística pintura que eleva el alma hasta las cumbres divinas, allí donde Dios sosiega y consuela.